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Varoufakis habla de política europea y de lo que fue Podemos en España

Cinco meses y diez días como ministro de Finanzas del país más irrelevante del club de los «PIIGS», como despectivamente calificaba la prensa anglosajona a las naciones «periféricas» del sur de Europa desde 2008, le bastaron a Yanis Varoufakis para convertirse en la figura más «sexy» de la izquierda mundial. Su pulso a la «Troika», la hidra de tres cabezas (Comisión Europea, BCE y FMI), su imagen motera y su brillantez le bastaron. Mientras sacaba de quicio a Merkel por oponerse a la austeridad frente a la salvaje crisis de deuda griega, en Alemania las mujeres suspiraban por él. Catedrático de economía, activista, escritor, parlamentario, líder del Frente de Desobediencia Realista, con nueve escaños en el Parlamento heleno, e impulsor de la internacional progresista, mantiene su aura y presenta «Otra realidad (Deusto)» una «econovela», por su trasfondo económico, que nos sitúa en 2025. A la vuelta de la esquina.

[…]

–Denuncia que no hay democracia real en Europa. ¿No nos representa el Parlamento Europeo?

–Ok. Soy muy radical en eso. Cuando digo que hay cero democracia no es por los fallos del sistema. La UE fue creada para no ser democrática. Los estados han evolucionado desde los conflictos en su interior, con instituciones para equilibrar esos conflictos. La UE no fue creada así, surge de la CECA, como un gran cártel del carbón y el acero. Así que la UE se creó para que las grandes industrias mantuvieran los precios altos. Luego se unieron las automovilísticas, las eléctricas, las empresas de bienes y servicios, el sector agrícola y los bancos, en los 70. Ellos crearon en Bruselas la Comisión. Pero los cárteles no están interesados en la democracia. Para ganar legitimidad, crearon el Parlamento Europeo. Por supuesto, la Eurocámara ha ganado poder en estos años, pero no puede legislar. Por eso los europeos no están interesados en la labor de su Parlamento. Le daré otro ejemplo, la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, es quien ostenta el poder. ¿Quién la ha elegido? Merkel y Macron. Ella es responsable del fiasco de la vacunación en Europa, pero no tiene que dar explicaciones. Así que hay un contraste enorme entre países democráticos a los que afectan decisiones que se toman en una zona «libre de democracia».

–¿Nos gobierna entonces el Banco Central Europeo?

–Es la única institución seria. Hace unos días, la comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, pidió que Amazon pagara más impuestos y el Consejo dijo que no. Cuando era ministro de Finanzas, vi que a veces la Comisión quería ayudar a Grecia, pero el Eurogrupo lo vetaba. De hecho, en «petit comité» mis colegas me daban la razón. Así que todos los grandes acuerdos se dan entre Alemania y Francia. Entre Macron y Merkel, y el resto, incluido Sánchez, simplemente dicen «sí». Esta es una forma endemoniada de gobernar Europa.

–¿Si el mundo cambió radicalmente desde la crisis de 2008, por qué Wall St. o el Dax alemán están en máximos?

–Hasta 2008, el sistema estaba guiado por el beneficio que generaban los grandes monopolios. Unas pocas grandes empresas se repartían los sectores. Desde 2008, con el colapso bancario, los bancos centrales acudieron al rescate del capitalismo y desde entonces no han parado. Lagarde no deja de imprimir dinero, como hacía Draghi, para alimentar la maquinaria. Se lo da a los grandes bancos a tipos negativos y estos se lo entregan gratis a las grandes corporaciones que se dedican a recomprar sus acciones y a subirse los sueldos. El sistema ya no necesita el beneficio porque tiene a los bancos centrales. Esto, unido a las nuevas plataformas digitales como Amazon, un nuevo mundo en el que una sola persona decide lo que compras, lo que vendes, los precios y te deja ver lo que quiere, crea un nuevo tecno-feudalismo que ha matado el capitalismo.

–Con este escenario, ¿cómo es que ya hay quien llama a Podemos, Pudimos?

–No es la primera ni la única vez que la izquierda falla. Cuando los banqueros van a Davos, tienen un plan para el mundo. La ultraderecha tiene un plan, la inmigración es el problema. Por contra, la izquierda es un completo desastre. Podemos ha cometido muchos errores, pero sobre todo dos. El primero, apoyaron a Syriza en Grecia sin fisuras. Y cuando Tsipras firmó la rendición a la Troika en julio de 2015, recuerdo que Rajoy salió enarbolando el documento y diciendo ante las cámaras: «Esto es lo que lograréis votando a la Syriza española». Fue un error catastrófico de Pablo Iglesias. El segundo fue no tener un plan para Europa. Porque para asaltar el poder de verdad hay que saber qué se le va a decir a Merkel. Nosotros teníamos un plan para Europa, pero Iglesias no estaba interesado. Fue un suicidio político si lo que quieres es gobernar y el resultado es que Podemos ya es Pudimos.

–¿Hay similitudes entre Iglesias y usted?

–No le conozco. Somos de izquierdas y yo no tengo pelo…

–Bueno, él se acaba de cortar su famosa coleta.

–Solía llevar coleta hasta que me quedé calvo… (ríe).

–Usted fue muy criticado en su momento por un reportaje para una revista en el que lucía su fantástico apartamento de Atenas junto a su esposa con la Acrópolis de fondo. ¿Cavó su tumba Iglesias cuando se mudó a una casa de campo con piscina y jardín?

–No lo sé. En mi caso fue una estupidez aquel reportaje. Si viene a mi casa, verá que es un apartamento de 120 metros cuadrados que perteneció a mi suegra. ¿Tengo que pedir disculpas? Solo puedo comentar como vivo yo.

–¿Está muerto Podemos?

–Me gustaría que no, pero acabará volviéndose irrelevante.

–¿Tiene alguna relación con Tsipras o son enemigos?

–(Hace un cero con sus dedos) Ninguna, pero no creo en un mundo con enemigos, aunque no tenemos nada que decirnos.

–Para evitar recortes, Sánchez subirá los impuestos. ¿Es esa la fórmula de la izquierda para salir de la crisis?

–No habrá recuperación para la mayoría con estas políticas que van a entregar los fondos de recuperación a una oligarquía.

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Nacho Cardero. La Europa que acabó con Varoufakis salvará a Iglesias

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Varoufakis tuvo que dimitir, o fue forzado a hacerlo, y Tsipras firmó el Memorándum of Understanding (MoU) con Bruselas, que implicaba duros recortes para el pueblo griego.

Hoy, el país heleno no solo ha salido de la UCI y se encuentra estable en planta, sino que recibe las lisonjas de Europa frente a las críticas que recorren Italia y España. “Está haciendo un trabajo estupendo conteniendo la epidemia. Si tuviera que elegir, digamos, entre Grecia y EEUU, quién debería estar dirigiendo el mundo ahora sería Grecia”, escribía Yuval Noah Harari.

Si hace cinco años se discutía agriamente en Europa sobre Grecia y la crisis de deuda, ahora vuelve la confrontación entre los países frugales y los narcisistas mediterráneos —que así se refería Jeroen Dijsselbloem a los países del sur— a cuenta de las condiciones para acceder al Fondo de Recuperación de la UE destinado a paliar los daños económicos de la covid-19, un fondo cuya cuantía se eleva a 750.000 millones de euros.

El debate no es de ayer ni de ahora sino que refleja las dos visiones que sacuden atávicamente Europa, la católica, más solidaria, y la calvinista, de un tono marcadamente comercial, donde hay que pagar intereses por lo que uno usa y recibe.

El dilema que tuvieron que encarar Tsipras y Varoufakis, y que terminó con el segundo convertido en un personaje de película y con el gobierno griego cediendo, es, ‘mutatis mutande’, parecido al que se tienen que enfrentar Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

De ahí que no sean pocos los que vaticinen un final similar, con la implosión del gobierno de coalición español, con Unidas Podemos saliendo del Ejecutivo y un acercamiento del PSOE a tesis más ortodoxas, como las de Ciudadanos e incluso PP, tal y como sugería Ortuzar, para cumplir con las exigencias de Bruselas y sacar adelante los Presupuestos del Estado de 2021.

Creen, esta vez sí, que será el final político de Iglesias, que los hombres de negro, gris o gris marengo, cual fuera la tonalidad escogida esta vez para los ajustes, acabarán imponiendo condiciones tan severas para acceder a las ayudas, bien recortes de sueldos públicos, bien rebajas en las pensiones, que la formación morada no tendrá más remedio que rechazarlas y se verá obligado a salir del Ejecutivo por la puerta de atrás. Igual que Varoufakis.

Esta tesis circulaba con fuerza esta semana en Bruselas a raíz de las declaraciones de Manfred Weber —”No queremos desperdiciar el dinero en gastos del pasado, sino invertir en el futuro […]. El PPE no está dispuesto a que se financien las falsas promesas de Podemos”— y del runrún sobre el alineamiento del Partido Popular Europeo con los países frugales, una ‘liaison’ que posteriormente sería desmentida por el PP de España.

En puridad, la situación actual que encaran Sánchez e Iglesias apenas tiene que ver con la de Tsipras y Varoufakis. En primer lugar, porque Alemania ha acordado con Francia un documento que, si el resto de países dan el visto bueno, dará lugar al mayor paquete de estímulo fiscal de la historia de la UE. Esto no lo hacen solo para avanzar en la unión fiscal, el gran anhelo de la Comisión en pos de la construcción europea. Esto lo hace Merkel porque vislumbra un panorama muy negro por el coronavirus, peor incluso que de la Gran Depresión de 2008.

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