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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Stanley Payne, entrevistado por Jesús Palacios. “La situación política en España es desastrosa”

El prof. Stanley Payne representa ya una institución para el estudio de la historia de España y una referencia para todos los interesados en el convulso y complejo pasado de nuestro país. A Stanley Payne (Texas, EE UU, 1934), miembro de la Real Academia de la Historia y autor de más de 25 libros sobre nuestro siglo XX, puede definírsele como el gran hispanista.

A continuación sigue un extracto de esta interesantísima entrevista, en la que se abordan temas como la Transición, el proceso de deconstrucción que vive España, o la grave crisis que atraviesan los Estados Unidos.

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En estas fechas se le ha rendido un homenaje por sus más de 60 años dedicados a la investigación de la Historia de España. ¿Qué balance hace de todo ese tiempo?

El de ser un testigo privilegiado del «medio siglo de oro» de España. He tenido la oportunidad de haber vivido la segunda época más extraordinaria (tras la etapa 1480-1590) de toda la larga y excepcional historia de España; el auge del franquismo, la cultura tradicional, el desarrollo de la sociedad y su última etapa, la transformación y modernización del país, que resolvió desafíos seculares, y después, la reconciliación y democratización política, y un cuarto de siglo de estabilidad y prosperidad, truncado por la vuelta de la radicalización política.

¿Qué le hubiera gustado investigar y ha quedado pendiente?

La historia que más falta hace es la investigación objetiva, pormenorizada y completa de las dos represiones en la Guerra Civil, pero esto excede de la capacidad de un solo historiador.

¿Se siente orgulloso de ser el primer y único de los hispanistas que públicamente se ha declarado defensor de España, y de que su historia es única en el mundo?

Sí, por supuesto. Ser defensor es ser defensor de la verdad, no patrocinar exageraciones o excusas falsas sobre errores o atrocidades.

Inicialmente recibió la Transición con emoción y esperanza, pero con el tiempo le ha decepcionado. ¿Está España ante un nuevo fracaso histórico?

España está viviendo otra época de crisis, pero no es una experiencia propia a contracorriente, como ha ocurrido en el pasado. Es la crisis común de Occidente, pero en su versión española. El fracaso es haber perdido el espíritu de la reconciliación, que ya se dio entre los españoles en los años sesenta, y la aceptación de la historia que caracterizó a la Transición.

¿Cree que el régimen del 78 ha fracasado, colapsado?

No hay colapso, porque funciona todavía. No es imposible resolver la crisis y salir del bache, pero será difícil.

Y la sociedad, ¿hasta qué grado es culpable de la situación?

Los dos grandes problemas son la fragmentación política y la mala gestión del Estado en varios sectores clave. Hay algo de verdad en eso de que todos los pueblos tienen la clase de gobierno que se merecen. España tiene políticos destructivos e irresponsables, y eso es porque muchos ciudadanos ordinarios los han votado. Estos últimos son igualmente responsables.

La decadencia de España se aceleró con los Borbones, especialmente durante el siglo XIX. De ese periodo es una famosa frase de Federico El Grande, que equivocadamente se atribuye a Bismarck. El rey afirmó que España era la nación de Europa más difícil de arruinar, porque sus gobiernos lo han intentado durante años sin conseguirlo. ¿Pone un foco de esperanza en algún tipo de partido o movimiento social capaz de frenar la deconstrucción de España?

Tener líderes adecuados y elites gobernantes con talento son siempre cosas muy importantes. Pero en una verdadera democracia hay que superar las divisiones políticas, que es algo difícil actualmente en muchos países occidentales, como en Estados Unidos. Una resolución de los problemas básicos puede venir solamente del centro-derecha (PP) y la derecha (Vox), pero esta tiene difícil conseguir una gran expansión nacional por el persistente bloqueo del PP. En la izquierda, es muy difícil que el PSOE vuelva a ser un partido serio.

Texto completo en fuente original


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José María Zavala entrevista a Stanley G. Payne

El hispanista estadounidense analiza la situación política internacional, desde la guerra de Ucrania hasta la pasividad de Biden y las nuevas izquierdas. A juicio de Luis María Ansón, la entrevista es «un espejo en el que se refleja de forma descarnada la realidad del mundo actual. Subraya Payne el colapso de gran parte de la civilización occidental, el auge del neomarxismo alentado por la revolución cultural, así como la sustitución del cristianismo por un humanismo mecanicista y transhumanista».

Payne admite la posibilidad, aunque improbable a su juicio, de una escalada mundial del conflicto y califica a Vladímir Putin de «demonio» y a Joe Biden, de presidente «senil, confuso y débil». Advierte que «el porvenir será difícil y muy peligroso» por el auge de China y el colapso de una gran parte de la civilización occidental, como consecuencia de la revolución cultural del «neomarxismo» y la sustitución del cristianismo por el humanismo mecanicista y transhumanista. Y respecto a España, más que la grave situación económica le preocupa su alarmante fragmentación política.

Recogemos algunos fragmentos de la entrevista, que puede descargarse íntegra en la fuente original a través de este enlace.

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¿Pudo haberse evitado la invasión rusa de Ucrania si hubiese existido una negociación decidida y voluntariosa entre Estados Unidos y Rusia?

Parece que sí. Por lo menos fue el argumento empleado antes por Henry Kissinger, como, más modestamente, ha hecho mi antiguo alumno Mario Loyola en un artículo suyo publicado en la revista «National Review». Ciertamente, existía entonces esa posibilidad pero al final se desechó.

¿Cuáles son las causas reales de la invasión rusa de Ucrania?

Las razones tienen que ver con la OTAN y la falta de acuerdos sobre Crimea y el Donbas. Además, al tratar con un presidente americano senil y débil, Putin creyó que tenía una oportunidad muy favorable, aunque finalmente no resultó exactamente así.

[…]

¿Le preocupa el auge exacerbado de los nacionalismos en Europa y, sin ir más lejos, también en España?

El nacionalismo fue el movimiento revolucionario por excelencia del siglo XIX hasta 1945, y luego se extendió a otras partes del mundo. En Europa, el verdadero problema es más el «micro-nacionalismo», aunque puede ser necesaria alguna reforma de la Unión Europa.

Hay quienes caen ahora en la cuenta de que Mussolini llegó al poder en 1922 y que hoy, justo 100 años después, la «ultraderecha» italiana, como ellos la denominan, parte como favorita en las elecciones del próximo 25 de septiembre. ¿La historia tal vez se repita hoy aunque con distintos matices?

No lo creo. El ultranacionalismo no es ninguna tradición italiana arraigada, como sí lo es el autoritarismo y el expansionismo militar en Rusia. No hay peligro de un «atavismo» político en Italia semejante al ruso. Eso de ondear el espantapájaros del «fascismo» es casi siempre una argucia política, aunque también hay periodistas y profesores que encuentran en ello un modo barato y postizo de garantizarse más empleo. Como dijo Marx, cuando la historia «se repite» es casi siempre como farsa. Ahora bien, es muy distinto si se trata de una verdadera tradición nacional de siglos, como es el caso del autoritarismo y militarismo expansionista rusos. Pero la tradición italiana es muy diferente de la rusa, porque no se trata del fascismo sino del «transformismo»: todo partido de tipo neofascista o de ultraderecha se ha transformado allí, como sucederá del mismo modo con los «Fratelli d’Italia».

[…]

¿Qué le preocupa más de lo que está sucediendo hoy en España? La recuperación económica será larga, dura y difícil, pero aún peor es la fragmentación política, a la cual no se ve ningún remedio inmediato. En el siglo XXI, las izquierdas españolas se han vuelto a su vómito, enarbolando de nuevo la bandera de su tradición de los exaltados desde 1821, brevemente superada durante los años de la Transición. Además, como es típico de las izquierdas españolas siempre tan destructivas, están muy reñidas entre sí.