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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Xavier Colás. Rusia evita agitar el aniversario de la Revolución

rusia

Rusia prefiere no agitar el recuerdo de la Revolución bolchevique, cuyo aniversario se cumplió ayer, 7 de noviembre: hace cien años era 25 de octubre porque Rusia todavía usaba el calendario juliano. El imperio ruso ya había perdido a su zar y los bolcheviques ocuparon la casilla autoritaria que había quedado vacante.

El Kremlin ha preferido que la revolución apenas se recuerde y no va a celebrarlo. El presidente ruso, Vladimir Putin, no quiere que se demonice ni se idealice lo sucedido. Al fin y al cabo considera que la caída de la Unión Soviética fue “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”.

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Félix Rodrigo Mora, Rusia en 1917, la antirrevolución como ‘revolución’

lenin

El centenario de la Revolución Rusa no podía pasar inadvertido en nuestro blog. Y ya ha llegado la primera de las colaboraciones, de la mano de Félix Rodrigo Mora, que nos remite este artículo en que profundiza en el análisis llevado a cabo con anterioridad en su  libro La democracia y el triunfo del Estado. Por una revolución democrática, axiológica y civilizadora.

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En octubre de 2017 se cumple un siglo desde que tuvo lugar la así llamada “revolución socialista” rusa. El tiempo transcurrido; su acabamiento con la patética auto-liquidación de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) en 1991; los decisivos cambios que están teniendo lugar a nivel planetario y la publicación de un buen número de estudios y balances, algunos de calidad en lo fáctico, permiten alcanzar conclusiones fiables sobre lo más determinante en esta materia, a saber, qué es una revolución y cuáles son sus contenidos, metas y procedimientos. Porque los acontecimientos de 1917 no fueron otra cosa, en un último análisis, que una afirmación y refundación del capitalismo con nuevos ropajes, la expresión de una forma más de contrarrevolución burguesa y estatal.

El mal mayor infringido a la humanidad por la descomunal farsa de la “revolución rusa” ha sido desacreditar hasta lo indecible y cubrir de cieno la idea misma de revolución. De ese modo, aquélla ha hecho el mayor servicio posible al capitalismo al garantizarle un amplio periodo de estabilidad, aceptación (o por lo menos resignación) y paz social. Ha conseguido que sus oponentes y críticos actuales no encuentren las ideas necesarias para ir más allá de una actividad disidente de poco calado, aunque a veces de mucha bulla y fanfarria, sin dar el salto a lo más necesario, pensar y efectuar una negación programática y práctica de la totalidad finita del orden constituido, con el fin de avanzar hacia una sociedad sin capitalismo, por tanto, sin artefacto estatal.

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