ICSH

Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


4 comentarios

Manuel Ferrer. No nos callarán

La entrada anterior del blog sobre el bombardeo de la ciudad de Cabra (Córdoba) durante la Guerra civil española levantó ampollas entre quienes han dado crédito a las versiones manipuladas de la historia, convertida en un pugilato entre malos y buenos. Y eso a pesar de que el autor de ese breve texto se limitó a consignar el escueto dato, incontrovertible, y a opinar que esa acción bélica carecía de justificación estratégica, lo cual no necesita siquiera una mínima argumentación para quienes conocen el desarrollo militar de los acontecimientos entre 1936 y 1939. Parece que la coletilla final (“se entiende así que algunos historiadores la hayan enjuiciado como un crimen premeditado contra población civil indefensa”) pudo sublevar a los inquisidores de la ‘única’ verdad histórica.

Admito que el comentario de un lector a quien consideraba un buen amigo me ha dejado estupefacto: “no quiero formar parte de nada con una persona que equipara los crímenes del fascismo fascista [sic] con los de la República”. No cabe duda del talante totalitario y excluyente del autor de esa sorprendente afirmación, tan rabiosa que le llevó a descubrir una nueva modalidad de fascismo, al parecer aún más extrema: ‘el fascismo fascista’.

Y, sin embargo, pese a reacciones destempladas como la que acaba de referirse, perseveraremos en nuestro empeño por desvelar verdades, gusten o disgusten a inquisidores que se sienten poseídos de la verdad y que, sin formación histórica, insultan y descalifican a quienes hemos dedicado una vida entera al cultivo de ese saber.


Deja un comentario

Manuel Ferrer. Guerra Civil de España, 1936-1939, siempre por desentrañar

monjas profanadas

Franco acaba de abandonar la residencia que lo ha acogido durante 44 años: una estancia más longeva que su permanencia al frente del Estado español, que se prolongó durante 37 años.

Franco se fue del Valle de los Caídos, donde quedan más de treinta mil muertos, muchos sin identificar.

Y, entretanto, el mito de la memoria histórica persevera en su macabro juego, como si la historia fuera unívoca. En el caso de España, los nuevos vencedores de la Guerra Civil, vencidos en 1939, son ahora los héroes, las víctimas, los auténticos patriotas. Y no cabe otra interpretación, porque quien se atreviera a negar esa verdad de fe sería conducido enseguida al cadalso donde terminan los que no se alinean con el pensamiento único que contribuyera a implantar la Ley de Memoria Histórica de diciembre de 2007, tan distante del espíritu de reconciliación y concordia y del respeto al pluralismo que inspiró la Transición, invocados mendazmente en su Exposición de Motivos.

Pero hubo crímenes terribles de parte de ambos contendientes.

La foto de Alfonso Sánchez Portela, uno de los grandes fotógrafos españoles del pasado siglo, que aparece en portada, habla por sí misma de la brutalidad de que hicieron gala sin tapujos los milicianos que lucharon del lado del Gobierno legítimo.

La fotografía, tomada a las afueras del Convento de la Concepción, en Toledo, muestra a un grupo de milicianos posando con los cadáveres de dos monjas cuyas sepulturas habían sido profanadas en el cementerio del citado convento: un testimonio dramáticamente monstruoso de la intensidad de los sentimientos de odio exacerbados al calor de la contienda.

Imágenes atroces como ésta nos ayudan a entender que la pérdida de los valores y la consiguiente obcecación no son patrimonio de una u otra corriente de pensamiento político. En todos los tiempos, al amparo de las más dispares ideologías, o sin subterfugios ideológicos, el cainismo ha campado a sus anchas cuando determinados contextos sociales propiciaban la conversión del hombre en lobo.

En relación con la foto de la portada remitimos a un artículo de publicación reciente, que puede consultarse aquí en fuente original.