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Israel Viana. La vida secreta de Mao Tse-Tung: el líder comunista de los 40 millones de muertos y las mil amantes

mao

« China, sin Mao Tse-Tung», titulaba ABC en su edición del 10 de septiembre de 1976. El dictador había muerto el día anterior, tras casi tres décadas dirigiendo con mano de hierro los designios del país más poblado del planeta. Tal fue su influencia que acabó convirtiéndose en una especie de icono cultural del siglo XX. En 2017, uno de los retratos que Andy Warhol hizo de él se vendió a través de la casa de subastas Sotheby’s de Hong Kong por más de 17 millones de dólares. Como ya comentaba a este diario entre lágrimas una joven pekinesa frente a las puertas de la Ciudad Prohibida durante el funeral: «Vosotros los extranjeros nunca podréis entender lo que significa para nosotros».

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Según describe el escritor Pedro Arturo Aguirre en « Historia mundial de la megalomanía: Desmesuras, desvaríos y fantasías del culto a la personalidad en la política», Mao Tse-Tung era un «egoísta, absolutamente inescrupuloso, paranoico, envidioso, sanguinario y vil. A pesar de ser considerado uno de los baluartes del comunismo, en realidad no tuvo otra ideología en su vida que no fuera conservar el poder. En lo personal, Mao siempre estuvo reñido con la más mínima higiene corporal pero, eso sí, estaba obsesionado con el sexo».

Muchas de las pretendidas hazañas del padre del comunismo chino fueron leyendas difundidas por él mismo. Un ejemplo es el «Gran Salto Adelante», con el que Mao trató de transformar la tradicional economía agraria del país con una serie de medidas económicas, sociales y políticas, entre 1958 y 1961, pero con las que lo único que consiguió fue acabar con la vida de 40 millones de personas. Una rápida industrialización y colectivización con la que quiso convertir a China en una superpotencia económica y militar, pero acabó en prácticamente un holocausto.

El resultado fue la peor hambruna de la historia, que fue provocada principalmente al expropiar los alimentos del pueblo para enviarlos a la URSS a cambio de fábricas y armas. Superó con creces a la provocada por Stalin en Ucrania, que había acabado unos años antes con diez millones de inocentes. «China tiene en su enorme población uno de los recursos renovables más preciados. Hay que pensar en términos estratégicos. Si alcanzar el rango de potencia nos va a costar el 10 o 15% de la población, es un precio más que asequible», justificó el dictador.

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