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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Manuel Ferrer. Ecuador: una oportunidad perdida

ecuador

Ecuador ha regresado a una aparente normalidad, como si nada hubiera ocurrido, como si las vidas humanas que se cobró la revuelta fueran un simple instrumento de pago. Aparentemente, como por arte de magia, la mediación de ONU y Conferencia Episcopal Ecuatoriana produjo el milagro de que en muy pocas horas el conflicto pareció desvanecerse y se restauró como por arte de magia el mejor de los mundos posibles, en cuyo advenimiento colaboraron tanto un Gobierno esclavo de sus compromisos con el Fondo Monetario Internacional como unas dóciles organizaciones indígenas despertadas súbitamente de su sopor por mandato de sus dirigentes.

Pero la realidad se aleja mucho de esa supuesta idílica y mentirosa reconciliación.

La torpeza del presidente de la República y de su equipo de gobierno y las brutalidades de las fuerzas del orden público a nadie han pasado inadvertidas. Moreno está ya amortizado, a ojos de la inmensa mayoría social. Si quedaban dudas sobre sus condiciones de gobernante, el cúmulo de errores cometidos en muy pocos días lo sitúa en el cénit de la incompetencia. De aquí al final de su mandato está condenado a ser un pelele en lucha por la supervivencia a quien nadie podrá tomar en serio.

Otras figuras políticas, merecedoras hasta hoy de reconocimiento, han perdido todo crédito al haber trascendido sus manejos y sus intereses. Resulta patético el caso de Ayala Mora, que ingresa por derecho propio en el cementerio de elefantes del que nunca más regresará. Su odio al correísmo y su íntimo desprecio a los ‘indios’ han salido a la superficie merced a un audio difundido por las redes sociales en el que el connotado académico y político socialista deja entrever su desapego del movimiento indígena y de los gremios de trabajadores.

Nebot y Viteri han atizado la hostilidad entre serranos y costeños, enlazando con una penosa tradición que se remonta al siglo XIX. Y Lasso, como en él es habitual, ha mantenido un perfil bajo, con escasa capacidad de liderazgo, a pesar de la cordura de sus puntos de vista en defensa de la República, la Democracia y la Civilidad.

Los correístas han quedado al descubierto como toscos manipuladores que han permitido al inepto presidente de la República servirse de ellos como cabezas de turco sobre las cuales descargar toda la responsabilidad, asociados a sus periclitados amigos chavistas, incapaces de asumir que su tiempo histórico ya pasó y que Maduro no es sino la torpe y dictatorial reencarnación de Chaves que caerá del poder por méritos propios. La persecución emprendida contra algunos de los dirigentes correístas y el victimismo con que éstos se han presentado a la opinión pública, que los ha ignorado, corroboran el final de un ciclo histórico que pudo ser glorioso y se cerró abruptamente cuando empezaron a salir a la superficie prácticas sistemáticas de corrupción gracias a la traición leninista.

La CONAIE, aparentemente vencedora del pulso con el débil e inepto Ejecutivo de Moreno, ha vuelto a demostrar que sólo logra acaparar los focos mediáticos cuando de hacer ruido se trata. Eficaz en las labores de destrucción y de movilización de acarreados indígenas, volverá a fracasar en la elaboración de una estrategia de largo plazo que implique un programa político que involucre a todos los sectores del país.

El desenlace de esta violenta confrontación, que ha abierto profundas heridas en la convivencia ciudadana, no puede ser más dramático. Todos son perdedores, también el sector indígena, satanizado por las clases medias urbanas como responsable de desmanes y destrozos, y como insolidario con los restantes grupos étnicos del país a los que no ha incorporado en sus demandas. Afrodescendientes y montubios, desmovilizados, vuelven a dejar pasar una oportunidad para demostrar que tienen algo que decir y que aportar a la política nacional.


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Manuel Ferrer. La CONAIE cierra las vías de diálogo con el Gobierno de Lenín Boltaire Moreno

conaie

El acuerdo adoptado por la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) el 10 de octubre establece unas condiciones que, en la práctica, inhabilitan cualquier vía de entendimiento con el Gobierno de Moreno:  que el FMI salga del Ecuador y que sean separados de sus cargos la ministra de Gobierno y el ministro de Defensa. Asimismo, ese documento explicita que el móvil del levantamiento no ha sido sólo la eliminación del subsidio de la gasolina, sino “evitar que nos hipotequen el futuro, y que paguemos con hambre y pobreza de dos y tres generaciones lo que no frenamos a tiempo hoy”.

Así las cosas, no hay salida negociada a la vista, y empieza a cobrar cada vez más visos de verosimilitud la salida del Gobierno de Lenín Boltaire. Eso sí, si ésta llegara a producirse, Moreno habría hecho una brutta figura, y se abriría un interrogante angustioso sobre el inmediato futuro del Ecuador, pues tanto la opción Lasso-Nebot como la opción Correa suscitan rechazos viscerales de sectores muy amplios de la población y ninguna de ellas concita el imprescindible consenso.

El camino de la concordia parece inviable, y Ecuador se aboca a un drama político de tamaño descomunal que amenaza con envolver al país en una situación de gravísima incertidumbre.


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Manuel Ferrer. Y Lenin reinstauró el neoliberalismo

paquetazo

El martes, 1 de octubre, el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, anunció la remisión a la Asamblea Nacional de un paquete de reformas económicas y laborales con las que, según el mandatario, se pretende ‘flexibilizar’ las condiciones de los trabajadores, con la inevitable reducción sustancial de sus beneficios: todo ello en nombre de un supuesto interés común, por lo que la ciudadanía “debía comprender”, según el vicepresidente Otto Sonnenholzner.

Entre otras cosas, esas reformas incluyen la renovación de los contratos ocasionales con un 20% menos de remuneración; el recorte de vacaciones para los trabajadores del sector público (de 30 días, pasarán a disfrutar sólo 15, como en el sector privado), y que los empleados de empresas públicas aporten mensualmente, como mínimo, un día de su salario. También se establece el fin del controvertido subsidio al combustible, con el consiguiente impacto en las economías más precarias y en el sector del transporte, así como en las actividades ilícitas de quienes traficaban con el combustible, causando serios daños a la economía nacional.

La recepción de estas medidas por la ciudadanía ha estado marcada por la indignación y las protestas, hasta el punto de que dos días más tarde se decretaba el estado de excepción.

Eso sí, el Gobierno ecuatoriano satisface así las exigencias del Fondo Monetario Internacional, y se alinea en la ortodoxia neoliberal.

Todo ello de la mano del mismo Lenin. Vivir para ver.


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La última moda en las universidades ecuatorianas

precariedad

Nos llegan noticias de que en muchas universidades -sería el caso de la Central de Quito y de la Vargas Torres de Esmeraldas, por citar dos polos extremos-, los profesores vinculados a la institución por contratos ocasionales están cobrando exclusivamente los meses en que imparten docencia. Y no perciben ingreso alguno el resto del tiempo, que puede alcanzar hasta dos meses.

Cuesta imaginar mayor precariedad laboral, pero no, en Ecuador todo es posible, y el vicepresidente de la República anuncia para este domingo una reforma laboral que empeorará aún las condiciones de los trabajadores.

¿Quién se explica el empeño de Lenin Moreno por acceder a la Presidencia, a cualquier costo, para exhibir ante el pueblo ecuatoriano su incapacidad para mejorar las condiciones de vida de la población?


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Manuel Ferrer Muñoz. Carta abierta al presidente Lenin Moreno

comunicado lenin moreno

El presidente Lenin Moreno ha hablado. Por medio de un breve y conciso comunicado ha querido tranquilizar a los ecuatorianos, después de que el asesinato por su pareja de una joven embarazada haya desatado la furia incontrolada de gente que se siente amenazada por la presencia en Ibarra de muchos venezolanos que huyen de las precarias condiciones de vida en su país.

Moreno ha hablado, y ha abierto la caja de los truenos al establecer de modo temerario un vínculo directo entre la presencia en el país de venezolanos indocumentados y la muerte de una mujer a manos de su novio venezolano.

Ha anunciado la constitución de brigadas para controlar la situación legal de los inmigrantes de esa nacionalidad, no sólo en la frontera sino también en las calles y en los lugares de trabajo.

Ha prometido que se aplicará el peso de la ley a quienes “no hicieron nada ante la violencia, la injusticia y el ejercicio criminal del poder”. Pero tal vez no recuerde que hay un policía encarcelado y pendiente de juicio por haber causado la muerte de una persona que participaba en una violenta manifestación en Mascarilla. ¿Ignora el presidente Moreno que las fuerzas policiales carecen de la preparación y del equipo que se precisan para este tipo de intervenciones? ¿Cree que un solo policía va a exponer su vida y la de su familia en el enfrentamiento con un delincuente, conocedor de las consecuencias que pueden sobrevenirle si causa un daño físico al agresor? ¿Acaso no sabe que policías de Ibarra huyeron como conejos en el Parque Pedro Moncayo ante la violencia promovida por un hombre ayudado por dos mujeres?

El presidente Moreno ha desatado la xenofobia latente en un amplio sector de la población ecuatoriana, por su desmemoria histórica: ya ha olvidado que hace poco más de veinte años miles de ecuatorianos “invadieron” países como España, Italia y Estados Unidos, y que entre ellos hubo quienes cometieron delitos contra la propiedad y, lo que es peor, propagaron la violencia de género.

Cuando en diciembre de 2004, un ecuatoriano, que ya había acabado con la vida de ocho mujeres en su país, asesinó a una joven estudiante en Lérida (España), ¿hubiéramos tolerado la caza del ecuatoriano, el asalto a sus viviendas, el terror desencadenado en los barrios donde vivían, en represalia por ese crimen?

El presidente Moreno ha callado ante la brutal cacería de venezolanos que se llevó a cabo con total impunidad en las calles de Ibarra la misma noche del crimen. No ha tenido una sola palabra de conmiseración para las víctimas inocentes de una histeria desatada por sembradores de odio, por más que entre sus víctimas hubiera mujeres y niños, tan inocentes como la inmensa mayoría de los venezolanos varones que pululan por las calles de una ciudad que esa noche dejó de ser blanca para ensuciarse con las cobardes agresiones promovidas por gente enloquecida.

El presidente Moreno olvida que el crimen carece de nacionalidad y de etnia. La perversión es personal, no colectiva. No son “malos” los venezolanos, ni los gitanos, ni los españoles, ni los peruanos, ni los judíos. Repase los libros de historia y aprenderá que la noche de los cristales rotos costó la vida a casi cien judíos estigmatizados por el régimen nazi, y que decenas de miles fueron detenidos durante esas horas, para ser deportados horas después a campos de concentración. Eso ocurrió en noviembre de 1938, como prólogo al holocausto que se consumaría durante la Segunda Guerra Mundial.

Y, si la memoria le flaquea y no le alcanza para remontarse tan lejos, pregunte por los más de quince mil ecuatorianos que se instalaron en Venezuela durante la dictadura de Rodríguez Lara. ¿Todos ellos observaron buena conducta en todo momento y ninguno de ellos se topó con la justicia?

Por favor, presidente Moreno, rectifique, ofrezca disculpas públicas a la población y admita que se dejó arrebatar por un ciego apasionamiento. Y permítame un consejo: la misoginia no se cura con xenofobia.


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Estudiante irá a prisión por emitir expresiones de descrédito en contra del rector de la Universidad Técnica de Ambato (Ecuador)

ambato

La siguiente noticia, recogida de El Comercio, 27-11-2018, ilustra de modo elocuente sobre la preocupante deriva autoritaria que se aprecia en Ecuador, donde la libertad de expresión, coartada ya durante el correísmo, encuentra cada vez menos espacios para manifestarse.

El director de este blog ha vivido en primera persona experiencias de este género, y puede dar fe de cómo la emisión de pareceres críticos o de discrepancias convierte a quienes los emiten en víctimas de la represión totalitaria instalada en muchos recintos universitarios: muy en particular si quienes expresan esos puntos de vista no poseen la nacionalidad ecuatoriana.

Recordemos el caso de Fernando Casado, profesor titular del Instituto de Altos Estudios Nacionales de Quito, que, víctima de un atentado contra la libertad de cátedra, de expresión y de opinión, se vio forzado a presentar su renuncia por haber vertido públicamente críticas al gobierno de Lenín Moreno.

Quienes amamos la libertad rechazamos las mordazas que quieren imponerse desde tribunales dóciles a los poderes establecidos a quienes ejercen el legítimo derecho a la crítica y a la difusión de comentarios que pueden no gustar a autoridades académicas corruptas y coludidas con el poder judicial.

Y ese rechazo puede significar, como en el caso de quien redacta estas líneas, el abandono de un país de gente maravillosa tradicionalmente gobernado -en casi todas las esferas- por personajes indignos.

He aquí el texto de la noticia:

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Una estudiante de la Universidad Técnica de Ambato (UTA), Sara Velástegui, cumplirá 40 días de prisión en el Centro de Rehabilitación Social de Ambato desde este martes, 27 de noviembre del 2018. La alumna de la carrera de Derecho fue encontrada culpable por emitir expresiones de descrédito y deshonra dirigido al rector del Alma Mater Ambateña, Galo Naranjo’. Otra de las sanciones que le impusieron los jueces es que debe cancelar una multa de USD 386 y ofrecer disculpas públicas a la autoridad del centro de estudios superiores.

Texto completo en fuente original


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Manuel Ferrer Muñoz. Ecuador ¿ya cambió?

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Pareció que diez años de vendaval revolucionario ciudadano traerían a Ecuador la bonanza económica, limarían las hirientes desigualdades sociales y extirparían el cáncer de la corrupción.

Muchos de nosotros, ecuatorianos de nacimiento o de corazón, soñamos con una nueva era liberada del lastre de siglos de oprobio y discriminación.

Sin embargo, el balance de esta década contradice el eslógan de la Revolución Ciudadana que preside tantos espacios públicos de tantas localidades, pequeñas y grandes, de la costa, de la sierra y de la Amazonía: Ecuador no cambió.

Al carro de la Revolución Ciudadana treparon muchos advenedizos, atraídos por las perspectivas de rápido enriquecimiento que brindaba un ciclo económico próspero basado en el monocultivo del petróleo, y por la cercanía al centro del poder que excitó su codicia y les hizo soñar con el hallazgo de un redivivo El Dorado. La corrupción empezó a enseñorearse del país.

Todo cambió, para no cambiar nada. Cambiamos de collar al perro, pero la ciudadanía continuó arrastrando sus enfermedades congénitas, propias de sociedades marcadas por el autoritarismo y el arribismo: entre ellas, las prácticas corruptas. Y el cirujano de hierro, hombre de indiscutibles méritos y valía, pero autoritario como ningún otro de sus inmediatos antecesores en la Presidencia de la República, digno émulo de García Moreno[1] (un parecido que muchos vislumbrábamos en nuestro interior, sin sacarlo a relucir para no ser tachados de blasfemos), carecía del talante necesario para impulsar un cambio en profundidad, que requería una mutación radical de mentalidades, que en nada se beneficiaba de las improvisaciones ni de las estadísticas, y que reclamaba la transparencia y la participación de todos, y no sólo de quienes comulgaban a pie juntillas con las ideas del caudillo.

Cabría mencionar ejemplos emblemáticos de corrupción de la época correísta aireados por la prensa todos los días desde que se perdió el miedo a la libre expresión: ahí están nombres tan familiares ya como Petroecuador, Odebrecht, Carlos Pareja o Carlos Pólit, todos ellos asociados a vergonzosos abusos protagonizados por gentes insaciables de riquezas.

Pero cada uno de nosotros, en su personal y diaria experiencia, se halla en condiciones de aportar evidencias de primera mano. Como botón de muestra podría citarse la imposición a muchos empleados públicos de un cierto nivel, en la provincia de Imbabura, de que destinen una cantidad porcentual que oscila en torno al 20% de sus salarios al financiamiento de Alianza País. Quien diga lo contrario miente, aunque habrá muchos empeñados en negar la realidad: ya se sabe que no hay peor ciego que aquél que no quiere ver, ni peor sordo que el que se tapa los oídos.

Con la llegada de Lenin Moreno a la Presidencia descubrimos que el panorama no era tan halagüeño como lo pintaba la propaganda correísta, y que los casos de abusos y de latrocinio del erario distaban de ser simples fantasmas agitados arteramente por una oposición cainita.

Desvanecido así el fervor patriótico de una Revolución Ciudadana devorada por sus propios hijos, y comprometido el futuro de un socialismo que, apenas iniciado el tercer lustro del siglo XXI, ha perdido todo su fuelle, habrá quien piense en un leninismo del siglo XXI capaz de poner el cascabel al gato. Pero tampoco las individualidades ni la buena voluntad de un gobernante que parece seriamente empeñado en una cruzada contra la farsa y la mentira pueden lograr revertir un estado de cosas que nos llena de vergüenza y de confusión.

Por supuesto, los utópicos, dogmáticos y periclitados marxistas -algunos preferimos llamarles marxianos, como decimos hegelianos a los filósofos formados en el pensamiento de Hegel- que aún vegetan en algunos recintos universitarios ecuatorianos son incapaces de articular un programa que vaya más allá de las condenas de la brutal colonización española y de los nefastos colonialismos y neoliberalismo, de la nostalgia de los tiempos de la bienaventurada y extinta Unión Soviética o del culto a personajes mitificados como el Che Guevara, Fidel Castro, Sandino o Hugo Chávez.

Es hora de sumar fuerzas para combatir la corrupción en todas sus modalidades, en todos los estratos sociales, en todos los grupos de edades: maestros, políticos, legisladores, jueces, contratistas, madres y padres de familia, funcionarios, médicos, periodistas, ingenieros, arquitectos, estudiantes… todos ellos han de asumir su responsabilidad, conscientes de que la corrupción de la clase política es sólo el iceberg de una sociedad gravemente enferma.

[1]         Benjamín Ortiz Brennan acaba de realizar su primera incursión literaria a través de una novela titulada A la sombra del magnolio, que transcurre durante los primeros períodos presidenciales de Gabriel García Moreno y de Rafael Correa.