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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Manuel Ferrer Muñoz. Hay vida más allá de la academia

En una entrada anterior recogimos la primera versión de este texto que ahora se publica en La Clave.

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Hace tres años, la Mtra. Jacqueline Murillo Garnica sintió la necesidad “de ejercitar la escritura y, con ella, la narrativa de los días, de las emociones, de los sentires”, y a la vez quiso asumir el compromiso de potenciar la capacidad escritural de un grupo de estudiantes del Recinto Juan Vicente Moscoso de San Pedro de Macorís, del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (República Dominicana).

Por iniciativa propia, y sin apoyos institucionales, Jacqueline Murillo puso en marcha un Semillero de Escrituras Creativas que, tras un perseverante esfuerzo de tres años, culminó recientemente en un libro publicado por la Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina. Concluyó así una travesía literaria que “recorrió la geografía dominicana, reproduciendo el sentir del pueblo dominicano, replicando el sabor de los primeros amores, hasta lograr que eros y thanatos dialog[aran] al unísono”.

Por las mismas fechas en que arrancaba aquel semillero, el autor de este texto acometía un reto profesional de envergadura: hastiado de la mezquindad de una institución universitaria en que laboraba, en la ciudad de Ibarra (Ecuador), presentó su renuncia como docente-investigador de ese centro, y promovió un Servicio de Asesoría sobre Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades, que creció y se consolidó libre de corsés académicos y de la rígida y empobrecedora maquinaria burocrática que ahoga el espíritu de la vieja y noble institución universitaria. Con el tiempo, ese blog, que ha calado entre usuarios de los cinco continentes y atraído miles de consultas, se vio complementado por una Asociación civil, Somos Axarquía, que, desde su modestia, formuló el propósito de rescatar y potenciar el patrimonio cultural y artístico de esa peculiarísima comarca de la provincia de Málaga (España).

El pasado sábado, 23 de octubre de 2021, arrancó formalmente un proyecto conjunto, impulsado por Jacqueline Murillo y Manuel Ferrer, quienes desde la publicación del libro Travesías urbanas de la Mtra. Murillo han mantenido una estrecha colaboración. Se trata de un libro de cuentos, que se titulará De perros y gatos, en el que participarán socios del Club de Escritura Creativa de Somos Axarquía y el grupo de estudiantes universitarios de República Dominicana que ha venido trabajando en el Semillero de Escrituras Creativas.

El texto, cuya publicación se prevé para mediados del próximo año, se verá enriquecido por ilustraciones de niños dominicanos y españoles, que plasmarán en imágenes su visión de los gatos y perros que protagonizan estos divertidos relatos de ficción.

No diríamos la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, si omitiéramos la mención de la Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina, que, impulsada a fines de 2018 por el Dr. José Manuel Castellano, está contribuyendo de una manera ejemplar a compartir y democratizar el conocimiento y a apoyar decididamente a los jóvenes en su proceso de crecimiento intelectual, desde la perspectiva de una visión comunitaria. La Editorial no mercadea con los libros, ni con los autores, ni con los lectores, y facilita una plataforma espléndida para la edición de textos en formato virtual, accesibles sin costo alguno desde cualquier parte del mundo. Por cierto, José Manuel Castellano labora en una institución universitaria ecuatoriana, pero emprendió este proyecto editorial por iniciativa propia y con sus propios y exclusivos recursos.

Amigos lectores, la conclusión que se desprende es inequívoca: ¡hay vida más allá de la academia! Aunque tal vez sea más certero afirmar que (¿lamentablemente?) ¡la vida empieza más allá de la academia!


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Manuel Ferrer Muñoz. Hay vida más allá de la academia

Hace tres años, la Mtra. Jacqueline Murillo Garnica sintió la necesidad “de ejercitar la escritura y, con ella, la narrativa de los días, de las emociones, de los sentires”, y a la vez quiso asumir el compromiso de potenciar la capacidad escritural de un grupo de estudiantes del Recinto Juan Vicente Moscoso de San Pedro de Macorís, del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (República Dominicana).

Por iniciativa propia, y sin apoyos institucionales, Jacqueline Murillo puso en marcha un Semillero de Escrituras Creativas que, tras un perseverante esfuerzo de tres años, culminó recientemente en un libro del que nos hemos hecho eco en este blog. Culminó así una travesía literaria que “recorrió la geografía dominicana, reproduciendo el sentir del pueblo dominicano, replicando el sabor de los primeros amores, hasta lograr que eros y thanatos dialog[aran] al unísono”.

Por las mismas fechas en que arrancaba aquel semillero, el autor de este texto acometía un reto profesional de envergadura: hastiado de la mezquindad de una institución universitaria en que laboraba, en la ciudad de Ibarra (Ecuador), presentó su renuncia como docente-investigador de ese centro, y promovió un Servicio de Asesoría sobre Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades, que creció y se consolidó libre de corsés académicos y de la rígida y empobrecedora maquinaria burocrática que ahoga el espíritu de la vieja y noble institución universitaria. Con el tiempo, ese blog, que ha calado entre usuarios de los cinco continentes y atraído miles de consultas, se vio complementado por una Asociación civil, Somos Axarquía, que, desde su modestia, formuló el propósito de rescatar y potenciar el patrimonio cultural y artístico de esa peculiarísima comarca de la provincia de Málaga (España).

Este sábado, 23 de octubre de 2021, arranca formalmente un proyecto conjunto, impulsado por Jacqueline Murillo y Manuel Ferrer, quienes desde la publicación del libro Travesías urbanas de la Mtra. Murillo han mantenido una estrecha colaboración. Se trata de un libro de cuentos, que se titulará De perros y gatos, en el que participarán socios del Club de Escritura Creativa de Somos Axarquía y el grupo de estudiantes universitarios de República Dominicana que ha venido trabajando en el Semillero de Escrituras Creativas.

El texto, cuya publicación se prevé para mediados del próximo año, se verá enriquecido por ilustraciones de niños dominicanos y españoles, que plasmarán en imágenes su visión de los gatos y perros que protagonizan estos divertidos relatos de ficción.

No diríamos la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, si omitiéramos la mención de la Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina, que, impulsada a fines de 2018 por el Dr. José Manuel Castellano Gil, está contribuyendo de una manera ejemplar a compartir y democratizar el conocimiento y a apoyar decididamente a los jóvenes en su proceso de crecimiento intelectual, desde la perspectiva de una visión comunitaria. La Editorial no mercadea con los libros, ni con los autores, ni con los lectores, y facilita una plataforma espléndida para la edición de textos en formato virtual, accesibles sin costo alguno desde cualquier parte del mundo. Por cierto, José Manuel Castellano labora en una institución universitaria ecuatoriana, pero emprendió este proyecto editorial por iniciativa propia y con sus propios y exclusivos recursos.

Amigos lectores, la conclusión que se desprende es inequívoca: ¡hay vida más allá de la academia! Aunque tal vez sea más certero afirmar que (¿lamentablemente?) ¡la vida empieza más allá de la academia!


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Editorial de Estudios Sociales de América Latina: una ventana a la esperanza

Poco más de dos años de actividad incesante de la Editorial de Estudios Sociales de América Latina nos ha demostrado que no hay medio hostil ni escepticismo valedero ante el ímpetu de una juventud decidida a ganar la batalla. Inquietar al pueblo frente al espectáculo de la creación artística fue la consigna del Doctor José Manuel Castellano Gil (PhD), director de CES-AL y su equipo de académicos y estudiantes universitarios. Fieles a ella, la Editorial ha logrado sacudir la indiferencia en unos, la inhibición en otros, contagiando a todos su entusiasmo.

La Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina (CES-AL), joven editorial cuencana nacida a finales de 2018 y que tiene como principal fundamento compartir y democratizar el conocimiento, se ha consolidado en el mundo editorial bajo un sistema de acceso abierto, cuyas publicaciones pueden ser descargadas por los lectores sin ningún tipo de costo.

La actividad desarrollada en el 2020 le ha llevado a ubicarse en la posición decimosexta entre las 250 editoriales existentes en Ecuador, además, de convertirse en la primera editorial digital de Latinoamérica. De forma paralela a la publicación de libros, la Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina desempeña también un conjunto de acciones culturales dirigida a la comunidad a través de mesas redondas, conferencias, recitales poéticos y musicales, convocatorias de concursos literarios de ámbito nacional e internacional y en 2020 instauraba los Premios CES-AL con la finalidad de reconocer la contribución científica-académica, la trayectoria profesional en el ámbito literario y potenciar la labor de los jóvenes en distintas disciplinas y manifestaciones culturales.

A todos ha brindado su casa para volcar las múltiples manifestaciones del espíritu humano. Ha logrado, al mismo tiempo, coordinar esfuerzos que han dado su fruto en obras de trabajo colectivo.

La Editorial ha logrado crear un estado de conciencia capaz de estimular el trabajo que cada cual realiza en el terreno de la cultura.

Los Premios CES-AL tienen como representación material una estatuilla, la Guacamaya, diseñada y elaborada por el artesano Segundo Gallegos, que contiene una concepción simbólica identitaria vinculada a las propias raíces originarias, que intenta fortalecer los cimientos de la interculturalidad.

Los Premios CES-AL 2021 han recaído en Francisco Proaño Arandi (modalidad Literaria); en Carlos Álvarez Pazos (Investigación y Docencia); en Siboney Godoy Torres (Jóvenes Creadores); y en Milton Serrano Valencia (Comunicación).

CES-AL surgió en 2018 para traer el pueblo al arte, acercándolo a las inquietudes estéticas y culturales. Su labor y producción en época de pandemia ha sido extraordinaria.

Estas líneas, hechas a toda prisa, constituyen el saludo de ECUADOR UNIVERSITARIO al trabajo triunfante de CES-AL, de José Manuel Castellano y su equipo, a los jóvenes universitarios del Austro y a los artistas e intelectuales ecuatorianos, de América Latina y del Viejo Continente que participan decididamente en este proyecto cultural exitoso.

Acceso al texto en fuente original


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Manuel Ferrer Muñoz. Prólogo al libro de Crónicas desde Ecuador

crónicas

José Manuel Castellano Gil, Crónicas desde Ecuador, Cuenca, Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina, 2020

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Escribir un prólogo a la obra de un extraordinario prologuista es una pretensión tan temeraria como tratar de vender miel al colmenero. Y es que José Manuel Castellano no sólo posee la visión del historiador y una extraordinaria capacidad de análisis, que le permiten escudriñar hasta los últimos detalles de cuantos libros y documentos caigan en sus manos: esas excelentes cualidades operan en su caso al servicio de un elevado concepto de su profesión de investigador y docente universitario, que es asumida como un ejercicio de compromiso social, y no como simple develamiento de curiosidades, caprichosa recapitulación de hechos pretéritos o mera repetición de socorridas lecciones magistrales.

Amante de la tierra que pisa, José Manuel se siente tan ecuatoriano y cubano como canario y se entrega con el mismo afán a la tarea de desentrañar aspectos del pasado de los dos hemisferios en que ha transcurrido su vida, que han pasado inadvertidos a otros colegas de profesión, demasiado atentos a las historias oficiales y a la veneración de los héroes patrios. Cosmopolita por convicción, se entrega con pasión a la búsqueda de esas huellas antiguas que, no en pocas ocasiones, le han permitido orientar y encaminar nuestros pasos hacia el futuro: porque José Manuel es un hombre que dialoga, propone y polemiza; un profesor encantado de platicar con sus estudiantes; un colega divertido, a la vez irónico y formal; un reactivo que pone en funcionamiento energías que estaban dormidas o apagadas.

La cabal comprensión de la obra escrita de José Manuel requiere la adopción de esos enfoques analíticos, puesto que nada posee en común con la de los viajeros europeos y norteamericanos de los siglos XVIII y XIX, que visitaron el espacio latinoamericano -la ‘casa grande’- sin despojarse nunca de su condición de extranjeros. Ciertamente, sus relatos nos brindan testimonios y vivencias de sus correrías a veces sorprendentes, sin que deje de traducirse en ellos la visión del turista que, irremediablemente, remite siempre sus observaciones a las costumbres de la tierra patria, consideradas consciente o inconscientemente de validez y vigencia universales.

Por eso me consta la incomodidad de mi amigo José Manuel con la atribución del vocablo ‘extranjero’ referido a su persona, y su rechazo de ese adjetivo, con el que niega cualquier remota identificación, por cuanto se siente y se considera ciudadano de ambos mundos. Así lo afirma en una entrevista que se reproduce en el texto, realizada a raíz de la publicación de su libro Entre Canarias y Ecuador: “Latinoamérica forma parte de la identidad de Canarias”. Y José Manuel puede presumir de canariedad por los cuatro costados. En otro pasaje remacha el argumento de su cosmopolitismo: “uno es de donde nace no sólo por el simple hecho circunstancial de nacer y vivir en un territorio concreto. Uno es, desde mi perspectiva, del lugar donde se esfuerza e intenta colaborar, trabajar y relacionarse con el ‘otro’, con los demás, con la idea de seguir creciendo como comunidad y colectividad”.

La vinculación de José Manuel al Núcleo del Cañar de la Casa de la Cultura Benjamín Carrión constituye una evidencia manifiesta de su respeto a las instituciones que velan con esmero por la preservación y el fomento de las manifestaciones culturales nacionales, y de su amor a cada rincón del Ecuador donde ha dejado sus huellas, que le hace sentirse ecuatoriano, orense, machaleño, fluminense, quiteño, azuayo, cañarense y azogueño.

Otro rasgo que me gustaría destacar de mi amigo y autor de estas Crónicas es su oposición a las “rígidas estructuras de sumisión y de dependencia globalizadas”, generadoras paradójicamente de desigualdades, injusticias y discriminaciones. Nunca ha abjurado José Manuel de su condición de militante social, empeñado en mil batallas, como revivido Quijote, a sabiendas de la insuficiencia de sus armas para combatir a la barbarie instalada en trincheras infranqueables, pero consciente de que esas posiciones pueden ser erosionadas mediante una resistencia tenaz, civilizada, que logre trasladar a las generaciones futuras el convencimiento de que es posible un mundo mejor. De ahí su interés por el análisis de las sucesivas coyunturas internacionales, su preocupación por el medioambiente, sus críticas al capitalismo, y su llamada a una movilización que aúne fuerzas y voluntades para resistir la imposición de modelos socioeconómicos incompatibles con la dignidad humana, y para promover un cambio radical de mentalidades: de modo muy particular en la actual coyuntura marcada por la pandemia del coronavirus, que se presenta como una invitación urgente para revisar nuestros modos y valores de vida.

Hombre de paz -la paz que sigue a la lucha contra sí mismo, en busca de una continua superación-, José Manuel huye de la confrontación ideológica que se sustenta en estereotipos manidos, aunque no teme al cuerpo a cuerpo, si se tercia. Amante de la verdad, se aferra como un valiente al lema de ‘luz y taquígrafos’, porque practica siempre el juego limpio; y, al tiempo que se duele por esa ‘fauna de tinieblas’ que tantas veces nos circunda, donde el egocentrismo, la arrogancia y la presunción fatua campan a sus anchas, abre su corazón “a mujeres y hombres que viven en la luz y que iluminan a los demás, que nos enseñan en valores, que nos animan a soñar, a volar, a amar, a acariciar los sueños y a abrazar las utopías”.

Siempre he admirado la decidida apuesta de José Manuel por los jóvenes, de la que he sido testigo presencial en el curso de una estancia en Cuenca, con motivo de su toma de posesión como miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador. Su aprecio por los Congresos de Escritores Jóvenes, que arrancaron a mediados del siglo XX, no quedó en una simple admiración platónica, sino que encontró su expresión en la puesta en marcha de los Congresos de Jóvenes Investigadores, el primero de los cuales se celebró el año pasado y arrojó unos resultados que llenaban de satisfacción a su impulsor, el cual, lejos de pretender adornarse con méritos ajenos, atribuía generosamente su éxito a los participantes: “el Congreso ha sido y ha supuesto una fuente de aprendizaje intenso para nosotros, hemos aprendido ‘de’ y ‘con’ los jóvenes universitarios”.

Termino estas breves reflexiones introductorias con unas palabras de José Manuel, plasmadas por escrito hace apenas cinco meses, que, si no se analizan con agudeza, podrían interpretarse como el certificado de defunción de la labor de investigación histórica: “nada de atrás nos sirve. Empecemos de nuevo, sin lastres. No nos dejemos engañar nuevamente. Avancemos día a día para cerrar un pasado que no debe volver nunca más”.

Dejaremos atrás los errores del pasado si reflexionamos en torno a ellos y extraemos consecuencias; si nos servimos de la historia para explicarnos a nosotros mismos; si abandonamos la frivolidad de recurrir al conocimiento histórico como simple justificación de festividades patrias útiles a los empresarios del circo nacional. “La juventud -insiste José Manuel, dirigiéndose a las nuevas generaciones- no será futuro, es presente, pero sin escollos rumbientos, ni oxidados. Su lucha es su formación, no la descuiden, porque un pueblo sin formación es un pueblo de vulgares charlatanes de feria”.

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