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Ana Alonso. Estallido social en Colombia: claves de la protesta contra el presidente Duque

Escribe Héctor Abad Faciolince en El olvido que seremos, la obra en la que rinde homenaje a su padre, el médico Héctor Abad, víctima de la violencia en Colombia, que «sin justicia no puede, ni debe, haber paz». Treinta y cuatro años después de que fuera asesinado en Antioquia la violencia y la desigualdad siguen marcando a un país que en algún momento encarnó la esperanza de la reconciliación.

La oleada de movilizaciones que está viviendo Colombia desde el 28 de abril tiene una causa cercana y otras más lejanas. La gota que hizo colmar el vaso fue la reforma tributaria, lo que el presidente Iván Duque pretendía que fuera su legado. Tras los estragos de la pandemia, con más del 40% de los colombianos en situación de pobreza, la propuesta terminó de exasperar a una población cansada y desesperada.

Pero en realidad estas manifestaciones son una continuación de las que se vivieron en Colombia en 2019 y 2020, hasta que los contagios por el Covid paralizaron cualquier estallido social. Ahora ni siquiera la pandemia sirve como muro de contención.

Nadie sabe si las protestas, que ya se mantienen durante una decena de días, se pararán con el intento de diálogo que promueve el presidente colombiano, Iván Duque, o dejarán más víctimas políticas. Duque tuvo que sacrificar a su ministro de Economía, Alberto Carrasquilla, y retirar su reforma tributaria. Pero la represión con la que las fuerzas del orden han intentado retomar el control ha atizado más la ira de los manifestantes.

Cali es la llamada «capital de la resistencia». Allí se han bloqueado las entradas, incluso la del aeropuerto, y hay desabastecimiento. Los líderes locales han desafiado los decretos de suspensión y los toques de queda. Están en contra de la militarización decretada por el presidente.

«Sentimos miedo cuando cae la noche. Miedo a la violencia, a la barbarie y al dolor. Tenemos miedo de escuchar lo que ha pasado la noche anterior. Este país es descorazonador», escribía Fernando Posada, un politólogo de la Universidad de Los Andes en Bogotá. Posada demanda no una mesa de diálogo sino una negociación con una agenda concreta.

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