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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Julio Martín Alarcón. La resaca del 14 de abril de 1931: así se cargó el Lenin español la II República en el 34

“Quiero la República para después, naturalmente, cumplir con nuestra obligación haciéndola derivar hacia la tendencia socialista”. Francisco Largo Caballero, líder de la UGT y miembro fundador del PSOE desde los tiempos de la Restauración, dejaba así de claro el verdadero objetivo de la caída de Alfonso XIII -F. Largo Caballero ‘Escritos de la República’, (F. Pablo Iglesias)-. En abril de 1931 se había conseguido lo primero, para lo cual pactó con conservadores y católicos como Niceto Alcalá Zamora, Miguel Maura o Alejandro Lerroux, pero aquel comité revolucionario, convertido rápidamente en gobierno provisional de la II República, se iba a resquebrajar por la “izquierda”. Antes lo había intentado el general Sanjurjo con un golpe fallido en el 32. No sería el último. Tras la resaca de la fiesta en las calles comenzó una guerra soterrada de cuatro años y otra sangrienta de cuatro más.

En estos días de exaltación republicana por el 90 aniversario de su proclamación cabe destacar que esta no fue obra sólo de la izquierda, sino de una amplia alianza liderada por un conservador católico, como era Niceto Alcalá Zamora, o Lerroux, cuyo republicanismo radical de la primera mitad de siglo derivaría a un centro derecha moderado en 1931. En realidad, el PSOE estaba partido en varias facciones y la UGT, su organización sindical, sólo se sumó por puro tacticismo. El supuesto binomio de una izquierda republicana y una derecha monárquica es un tanto cliché. No todo fue tan sencillo.

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Ramón Álvarez. La República que nació en paz y vivió siempre en guerra

De gran artífice de la Segunda República Española, que presidió después de haber encabezado el gobierno constituyente, a quebradero de cabeza para el Frente Popular, que acabó destituyéndolo tras su victoria en las elecciones de febrero de 1936 para poner en su lugar a su líder, Manuel Azaña. La figura de Niceto Alcalá-Zamora refleja las tensiones que vivió República desde su proclamación el 14 de abril de 1931 con el discurso de ofrecemos en esta entrega hasta su derrota y desarticulación tras una cruenta guerra civil menos de ocho años después.

Ministro de Fomento y de la Guerra con el Partido Liberal Democrático de Manuel García Prieto durante los dos últimos gobiernos de la monarquía parlamentaria de Alfonso XIII, el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923 y la instauración de su Directorio Militar con el aval del rey lo alejaron tanto del Congreso como del propio régimen. Empezaría a forjar una alternativa civil y republicana que agrupase desde el liberalismo al socialismo, con el apoyo de los nacionalismos vasco y catalán.

Fue así como Alcalá-Zamora, tras años de activismo republicano de una base sociológica burguesa, acabó liderando el Comité Revolucionario surgido del Pacto de San Sebastián en agosto de 1930. Tras la dimisión de Primo de Rivera, en la capital guipuzcoana se reunieron fuerzas de todo signo político para formar un frente común republicano. Junto a él aparecían en este organismo otras figuras capitales de todo el arco de la futura República, como Miguel Maura, Alejandro Lerroux, Diego Martínez Barrio, Manuel Azaña, Lluís Nicolau i d’Olwer, Indalecio Prieto o Francisco Largo Caballero, entre otros.

Aunque los planes no siguieron el guión fijado por el Comité tras una frustrada sublevación militar republicana en Jaca y el abortado bombardeo aéreo del Palacio Real por parte de Ramón Franco, hermano del futuro dictador, la convocatoria de elecciones municipales por parte de Alfonso XIII allanó el camino de un movimiento que contaba con una amplia base social y se había articulado durante años.

La cita con las urnas vino a ser un plebiscito. En ciudades como Barcelona, las fuerzas republicanas cuadruplicaron en voto a las monárquicas, y en Madrid las triplicaron. Apenas dos días después, el rey asumía su fracaso y facilitaba la proclamación de la República con su marcha de España y la de su familia. El general José Sanjurjo, que un año después lideraría un golpe de Estado contra el nuevo régimen, se adelantó al Estado Mayor para poner a la Guardia Civil al servicio de Alcalá-Zamora como nueva máxima autoridad.

Pero el mismo día en que el nuevo presidente del gobierno provisional asumía el control militar y proclamaba solemnemente la República en Madrid, en Barcelona Francesc Macià proclamaba la República Catalana. Al gobierno constituyente se habían adelantado también los gobiernos municipales de Vigo, Eibar y Valencia, aunque en su caso sin componente nacionalista alguno.

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Pedro Corral. Agapito García Atadell, el chequista y criminal sin escrúpulos al que se le atribuyen más de ochocientos asesinatos

El nombre del socialista Agapito García Atadell (Vivero, Lugo, 1902-Sevilla, 1937) posee la extraña cualidad de haber concitado, en plena Guerra Civil, la unanimidad de ambos bandos a la hora de considerarlo un criminal sin escrúpulos. Su metamorfosis es digna de ser iluminada por un detallado ensayo entre la política y la psicología: el joven tipógrafo de ideas revolucionarias, afiliado primero a la UGT y a la Agrupación Socialista Madrileña al llegar a Madrid a principios de los años 20, militante del PCE después y encarcelado hasta en once ocasiones durante la dictadura de Primo de Rivera, acabará acaudillando como figura del PSOE madrileño entre los meses de agosto, septiembre y octubre de 1936 una banda de asesinos y ladrones frentepopulistas que colaboraran en el cruento régimen de terror del Madrid gubernamental.

Desde un palacete requisado del paseo de la Castellana, el de los Condes del Rincón, en la esquina con la desaparecida calle Martínez de la Rosa, llamada “de la S”, donde recibía a sus visitas con bata de casa, haciéndose servir por tres doncellas uniformadas y con delantal de encaje, García Atadell decidirá en esos meses cruentos sobre la vida y la muerte de más de ochocientas personas, desde obreros de ABC a aristócratas, de antiguos rivales políticos a religiosos. Los cadáveres de muchos de ellos formarán parte del tétrico paisaje de aquellos días en los Altos del Hipódromo, la Ciudad Universitaria, la Casa de Campo y el Cementerio del Este.

La “checa” de García Atadell se autodenominaba “Brigada de Investigación Criminal”, aunque en este caso el orden de los factores no altere el producto. La criminal brigada de investigación estaba sujeta teóricamente a jerárquica dependencia de la Dirección General de Seguridad y del Ministerio de Gobernación, cuyos titulares en esos meses fueron el general Sebastián Pozas y, ya en septiembre, con el gobierno de Francisco Largo Caballero, el socialista Ángel Galarza. El mando intermedio entre el Ministerio y la “checa” recayó en el comisario Antonio Lino.

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Ángel Viñas se enfrenta a Vox por la retirada de los nombres de Largo Caballero y de Prieto del callejero de Madrid

En esta entrevista, realizada por Alejandro Torrús, el reconocido economista e historiador considera un error responsabilizar a esos ministros socialistas del estallido de la guerra civil, de las exacciones cometidas en zonas republicanas (salvo el País Vasco) durante los primeros meses, de haber enviado el oro del Banco de España a Moscú,  y de las matanzas de Paracuellos.

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¿Qué aportaciones rescataría usted de Largo Caballero e Indalecio Prieto?

La mejor etapa de Largo Caballero es, para mí, aquella en la que actuó como ministro de Trabajo en el primer bienio de la II República. Con algunas sombras, trató de poner el sistema de relaciones laborales en España a la altura de otros países más avanzados. En el caso de Prieto, también destaco su etapa como ministro de Obras Públicas en el mismo bienio. Fue un hombre más complejo que Largo Caballero y fue lamentable que no viera lo que estaba en juego en la Guerra Civil.

En el último año usted ha escrito, como mínimo, dos artículos en su web combatiendo bulos sobre Largo Caballero y Prieto. ¿Usted cree por qué ahora está siendo objeto de críticas y ataques desde la extrema derecha? Antes era mucho más recurrente la supuesta revolución comunista en la España de 1936

La verdad es que no tengo ni idea. Para mí es inexplicable. Aunque tengo una hipótesis. Ambos eran socialistas y, con Besteiro y De los Ríos, las cabezas del PSOE. Los últimos no jugaron un papel decisivo en la primavera del Frente Popular y luego se eclipsaron, uno sin papel significativo en el Madrid asediado y el otro como ineficaz embajador en Washington. Por contra, Largo Caballero y Prieto dieron la batalla en España.

Desde el hundimiento de la Unión Soviética se ha operado un cambio de paradigma. Atacar al PCE hoy como se hacía antes ya no tiene demasiado sentido porque el comunismo no es el enemigo existencial […]. El enemigo de antaño (el PCE) es hoy también el PSOE. Ergo, hay que batir, abatir al PSOE. Y en el PSOE de la época, el más estridente fue, sin duda, Largo Caballero.

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