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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Pedro Corral. Agapito García Atadell, el chequista y criminal sin escrúpulos al que se le atribuyen más de ochocientos asesinatos

El nombre del socialista Agapito García Atadell (Vivero, Lugo, 1902-Sevilla, 1937) posee la extraña cualidad de haber concitado, en plena Guerra Civil, la unanimidad de ambos bandos a la hora de considerarlo un criminal sin escrúpulos. Su metamorfosis es digna de ser iluminada por un detallado ensayo entre la política y la psicología: el joven tipógrafo de ideas revolucionarias, afiliado primero a la UGT y a la Agrupación Socialista Madrileña al llegar a Madrid a principios de los años 20, militante del PCE después y encarcelado hasta en once ocasiones durante la dictadura de Primo de Rivera, acabará acaudillando como figura del PSOE madrileño entre los meses de agosto, septiembre y octubre de 1936 una banda de asesinos y ladrones frentepopulistas que colaboraran en el cruento régimen de terror del Madrid gubernamental.

Desde un palacete requisado del paseo de la Castellana, el de los Condes del Rincón, en la esquina con la desaparecida calle Martínez de la Rosa, llamada “de la S”, donde recibía a sus visitas con bata de casa, haciéndose servir por tres doncellas uniformadas y con delantal de encaje, García Atadell decidirá en esos meses cruentos sobre la vida y la muerte de más de ochocientas personas, desde obreros de ABC a aristócratas, de antiguos rivales políticos a religiosos. Los cadáveres de muchos de ellos formarán parte del tétrico paisaje de aquellos días en los Altos del Hipódromo, la Ciudad Universitaria, la Casa de Campo y el Cementerio del Este.

La “checa” de García Atadell se autodenominaba “Brigada de Investigación Criminal”, aunque en este caso el orden de los factores no altere el producto. La criminal brigada de investigación estaba sujeta teóricamente a jerárquica dependencia de la Dirección General de Seguridad y del Ministerio de Gobernación, cuyos titulares en esos meses fueron el general Sebastián Pozas y, ya en septiembre, con el gobierno de Francisco Largo Caballero, el socialista Ángel Galarza. El mando intermedio entre el Ministerio y la “checa” recayó en el comisario Antonio Lino.

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Ángel Viñas se enfrenta a Vox por la retirada de los nombres de Largo Caballero y de Prieto del callejero de Madrid

En esta entrevista, realizada por Alejandro Torrús, el reconocido economista e historiador considera un error responsabilizar a esos ministros socialistas del estallido de la guerra civil, de las exacciones cometidas en zonas republicanas (salvo el País Vasco) durante los primeros meses, de haber enviado el oro del Banco de España a Moscú,  y de las matanzas de Paracuellos.

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¿Qué aportaciones rescataría usted de Largo Caballero e Indalecio Prieto?

La mejor etapa de Largo Caballero es, para mí, aquella en la que actuó como ministro de Trabajo en el primer bienio de la II República. Con algunas sombras, trató de poner el sistema de relaciones laborales en España a la altura de otros países más avanzados. En el caso de Prieto, también destaco su etapa como ministro de Obras Públicas en el mismo bienio. Fue un hombre más complejo que Largo Caballero y fue lamentable que no viera lo que estaba en juego en la Guerra Civil.

En el último año usted ha escrito, como mínimo, dos artículos en su web combatiendo bulos sobre Largo Caballero y Prieto. ¿Usted cree por qué ahora está siendo objeto de críticas y ataques desde la extrema derecha? Antes era mucho más recurrente la supuesta revolución comunista en la España de 1936

La verdad es que no tengo ni idea. Para mí es inexplicable. Aunque tengo una hipótesis. Ambos eran socialistas y, con Besteiro y De los Ríos, las cabezas del PSOE. Los últimos no jugaron un papel decisivo en la primavera del Frente Popular y luego se eclipsaron, uno sin papel significativo en el Madrid asediado y el otro como ineficaz embajador en Washington. Por contra, Largo Caballero y Prieto dieron la batalla en España.

Desde el hundimiento de la Unión Soviética se ha operado un cambio de paradigma. Atacar al PCE hoy como se hacía antes ya no tiene demasiado sentido porque el comunismo no es el enemigo existencial […]. El enemigo de antaño (el PCE) es hoy también el PSOE. Ergo, hay que batir, abatir al PSOE. Y en el PSOE de la época, el más estridente fue, sin duda, Largo Caballero.

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