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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Mauricio Vicent. Al compás de Santiago de Cuba

santiago

Este artículo de Mauricio Vicent ocupa una de las últimas entradas del blog en 2018. Y me emociona cerrar el año con la referencia a una ciudad que, aunque no conozco, está íntimamente ligada a mis orígenes, pues allí nacieron mi abuela y mi bisabuela maternas.

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Lo primero que uno ha de saber al llegar a Santiago es que se encuentra en la ciudad más caribeña y mestiza de Cuba. Si Cuba es calor, Santiago es más calor, fuego en invierno y en verano. Si Cuba es calle, Santiago es más calle. Si Cuba es música, Santiago es la cuna del bolero, de la trova, del son. Y si Cuba es hospitalidad, eclecticismo, mezcla, Santiago es su verdadera capital, quizás por eso aquí amanece una hora antes que en La Habana.

Habían pasado 415 años de su fundación por Diego de Velázquez —el 25 de julio de 1515— cuando llegó el poeta Federico García Lorca y quedó atrapado: “¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas! / Iré a Santiago. / ¡Oh cintura caliente y gota de madera! / Iré a Santiago. / ¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco! / Iré a Santiago”. En 1930, a Lorca le fascinó la personalidad y carácter de la ciudad más oriental de la isla, imposible de entender sin su integración en el majestuoso paisaje de la Sierra Maestra y el abrigo de la bahía santiaguera, en cuyas riberas nació la población. Le impresionó el color de su piel, el carácter extrovertido y alegre de sus gentes, la plasticidad de sus bailes y ritmos y la silueta ondulante de su trama urbana, adaptada a la topografía accidentada del terreno, donde es preciso ascender o descender constantemente, de ahí sus calles escalonadas, los balcones naturales y las pendientes que proporcionan hermosas perspectivas y hacen de Santiago un mirador excepcional.

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