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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Edwin Cruz. Comprender la incomprensión

todo perdonado

El pasado miércoles 14 de enero, el semanario Charlie Hebdo. Journal irresponsable volvió a circular luego de la execrable masacre de su equipo periodístico. La edición ordinaria se agotó rápidamente y las subsecuentes reimpresiones alcanzaron más de tres millones de ejemplares. Como una muestra de lo que su redactor jefe, Gerard Biard, considera una defensa de la libertad de religión, la portada de la publicación exhibió una caricatura supuestamente de Mahoma, titulada “Todo está perdonado”, en la que el Profeta sostiene un cartel donde puede leerse “Je suis Charlie”. Desde el viernes siguiente, miles de musulmanes y musulmanas en distintos países se volcaron a las calles para protestar por lo que consideran una nueva ofensa a su credo religioso.

La insistencia de la revista en publicar caricaturas del Profeta Mahoma, junto con la mayoría de los argumentos esgrimidos sobre el caso, nos hablan de un inmenso problema de incomprensión, que difícilmente puede reducirse a los problemas geopolíticos y económicos, ni a las complejas constelaciones de intereses en que se desenvuelve la cuestión, aunque tampoco se justifique obviarlas. Los occidentales, incluso los de ‘segunda mano’, como decía la canción, tenemos grandes dificultades cuando se trata de comprender al otro. El problema empieza por asumir un punto de vista egocéntrico en el que los valores propios se erigen como norma para enjuiciar los ajenos.

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2 comentarios

José Antonio Gutiérrez. Yo no soy Charlie

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Comenzaré aclarando, antes que nada, que considero una atrocidad el ataque a las oficinas de la revista satírica Charlie Hebdo en París y que no creo que, en ninguna circunstancia, sea justificable convertir a un periodista, por dudosa que sea su calidad profesional, en un objetivo militar. Miles de personas, comprensiblemente afectadas por este atentado, han circulado mensajes en francés diciendo Je Suis Charlie (Yo soy Charlie), como si este mensaje fuera el último grito en la defensa de la libertad. Pues bien, yo no soy Charlie.

No me identifico con la representación degradante y caricaturesca que hace del mundo islámico, en plena época de la llamada “Guerra contra el Terrorismo”, con toda la carga racista y colonialista que esto conlleva. Europa se consume en una espiral de odio xenófobo, de islamofobia, de anti-semitismo (los palestinos son semitas, de hecho) y este ambiente se hace cada vez más irrespirable. Los musulmanes ya son los judíos en la Europa del siglo XXI, y los partidos neo-nazis están haciéndose nuevamente respetables ochenta años después gracias a este repugnante sentimiento.

Por todo esto, pese a la repulsión que me causan los ataques de París, Je ne suis pas Charlie.

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En la misma línea, y por citar sólo un caso, un artículo de Juan Manuel de Prada se alineado en contra de estas adhesiones entusiastas pero poco reflexivas: “Yo no soy Charlie Hebdo”.