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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Francisco Martínez Hoyos. Esperanzas y miedos ante la Segunda República

La historia de las emociones, una disciplina reciente, aspira a renovar nuestra comprensión del pasado escudriñando los sentimientos de aquellos que lo vivieron. ¿Qué aporta esta perspectiva a la comprensión de la Segunda República (1931-1936), cuya vida política se vio marcada por un estado emocional incandescente que condujo a posturas antagónicas?

Desacreditada por su complicidad con la dictadura de Primo de Rivera, la monarquía de Alfonso XIII sobrevivió muy poco a la renuncia del general jerezano. La proclamación de la República, el 14 de abril de 1931, fue recibida con ilusión en amplios sectores del país que esperaban una regeneración de la vida pública.

Parecía abierto, así, el camino hacia una evolución pacífica, en un sentido de mayor libertad y modernización. El Socialista, órgano del PSOE, titulaba que el pueblo se había entregado a “manifestaciones delirantes de entusiasmo”. El periódico incluía, a continuación, un grito que resumía el espíritu del momento: “¡Viva España con honra y sin Borbones!”

Mientras tanto, en muchos municipios del sur, como los de Andalucía, quedaban patentes los antagonismos de clase. Mientras la mayoría de la gente salía a la calle para dar vivas a la República, el cacique del lugar y sus partidarios, sin nada que celebrar, presenciaban con inquietud las novedades.

Algunos años después, en 1935, durante un discurso multitudinario en Valencia, Manuel Azaña rememoraría así unos inicios en los que todo parecía posible, unos momentos en los que aún no se había perdido la inocencia: “Acaba de instaurarse la República; eran los tiempos del entusiasmo, de la esperanza […]. Todo el mundo se figuraba que el porvenir consistiría en una senda de flores”.

Para muchos, la instauración de la República equivalía a tocar el cielo. Un poema de Antonio Machado, al estilo de los romances populares, equiparaba el cambio con la llegada de la primavera. Machado, por cierto, izó la bandera tricolor republicana en el ayuntamiento de Segovia. Al parecer, según un testigo, lo hizo con lágrimas en los ojos.

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Julio Martín Alarcón. La resaca del 14 de abril de 1931: así se cargó el Lenin español la II República en el 34

“Quiero la República para después, naturalmente, cumplir con nuestra obligación haciéndola derivar hacia la tendencia socialista”. Francisco Largo Caballero, líder de la UGT y miembro fundador del PSOE desde los tiempos de la Restauración, dejaba así de claro el verdadero objetivo de la caída de Alfonso XIII -F. Largo Caballero ‘Escritos de la República’, (F. Pablo Iglesias)-. En abril de 1931 se había conseguido lo primero, para lo cual pactó con conservadores y católicos como Niceto Alcalá Zamora, Miguel Maura o Alejandro Lerroux, pero aquel comité revolucionario, convertido rápidamente en gobierno provisional de la II República, se iba a resquebrajar por la “izquierda”. Antes lo había intentado el general Sanjurjo con un golpe fallido en el 32. No sería el último. Tras la resaca de la fiesta en las calles comenzó una guerra soterrada de cuatro años y otra sangrienta de cuatro más.

En estos días de exaltación republicana por el 90 aniversario de su proclamación cabe destacar que esta no fue obra sólo de la izquierda, sino de una amplia alianza liderada por un conservador católico, como era Niceto Alcalá Zamora, o Lerroux, cuyo republicanismo radical de la primera mitad de siglo derivaría a un centro derecha moderado en 1931. En realidad, el PSOE estaba partido en varias facciones y la UGT, su organización sindical, sólo se sumó por puro tacticismo. El supuesto binomio de una izquierda republicana y una derecha monárquica es un tanto cliché. No todo fue tan sencillo.

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