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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Convocatorias abiertas de Urvio. Revista Latinoamericana de Estudios de Seguridad

Urvio, Revista Latinoamericana de Estudios de Seguridad, es una publicación internacional especializada de FLACSO, sede Ecuador, fundada en el año 2007. La revista busca ser una herramienta de debate, actualización, investigación y consulta para académicos y decidores de políticas y opinión pública, tanto en Ecuador, como en América Latina y el mundo en general.

La revista Urvio es una publicación semestral con tres secciones. La primera es Tema Central, sección cerrada que se convoca mediante dossier sobre una temática específica relacionada con la problemática de la violencia y la seguridad en la región. La segunda es la sección de Misceláneos, que desarrolla diferentes temáticas abiertas en torno a la seguridad en América Latina. La tercera sección se titula Estudios Globales. En este apartado se reciben artículos sobre seguridad de diferentes regiones del mundo: Asia, África, América, Europa, Australia y Oceanía.

Actualmente está abierta la convocatoria para el núm. 33: “Financiamiento y flujos financieros ilícitos”.

Pueden enviarse colaboraciones hasta el 10 de enero de 2022

Más información: https://revistas.flacsoandes.edu.ec/urvio/announcement/view/123


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Discurso de Federico García Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo, Fuente Vaqueros (Granada), en septiembre de 1931

Transcribimos el texto íntegro de este discurso donde se proclama el amor de Federico a la palabra escrita, conocedor de que no sólo de pan vive el hombre. De ahí que sintiera “más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento”.

Disfruten de esta maravillosa apología de la lectura que debería presidir nuestras bibliotecas, amenazadas hoy por la desidia y la indiferencia de tantos ‘gestores culturales’ -horrenda expresión, aunque apropiada para designar a esos incompetentes asesinos de ilusiones- incapaces de vibrar con la emoción encerrada en los libros.

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Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión. Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.


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Las contradicciones de Colombia

En días anteriores hemos acogido varios textos que, desde diversas perspectivas, analizan y muestran la crisis social y política por que atraviesa Colombia. Y es nuestra intención continuar por ese camino, persuadidos de que el hallazgo de vías de negociación y de encuentro en que converjan opiniones discrepantes se halla condicionado a la reflexión, a la escucha del otro y a la firme voluntad de construir y de no dinamitar los esfuerzos por la paz y la justicia social.

El artículo de Gustavo Bolívar Moreno, al que podrán acceder a través de este enlace, desvela una dramática realidad: “el nuestro es en un Estado narcoparamilitar que persigue la coca pero no la cocaína. Un gobierno que persigue al consumidor pero no al narcotraficante”.


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Revistas indexadas

Conscientes del notable interés que suscitan las entradas del blog en que se informa de revistas indexadas del área de las ciencias sociales, vamos incrementando y actualizando nuestra página del menú Revistas indexadas.

Agradecemos las noticias que solemos recibir de usuarios del blog, y queremos extender una invitación a todos nuestros lectores para que nos hagan llegar más información de revistas, con sus correspondientes enlaces.


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Revista de Sociología (Universidad de Chile)

La Revista de Sociología mantiene abierta la recepción de manuscritos durante todo el año. Los envíos deben realizarse por correo electrónico (revsoc@facso.cl), y su publicación quedará condicionada a la evaluación positiva de especialistas nominados para dicha finalidad.

La Revista de Sociología es una publicación semestral del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile; es la publicación más antigua de la disciplina en Chile y desde su fundación en 1986 ha buscado difundir avances que busquen una mayor y mejor comprensión de fenómenos sociales de interés para la disciplina y las ciencias sociales en general. Debido a esto, su enfoque temático es amplio para permitir así la difusión de trabajos que potencien una perspectiva tanto inter y transdisciplinar para abordar los diversos objetos de interés para las ciencias sociales. En esta línea, la Revista de Sociología busca publicar principalmente trabajos académicos derivados de investigaciones empíricas y teóricas que contribuyan a la comprensión y/o explicación de fenómenos sociales, así como también manuscritos que contribuyan sustantivamente al debate y reflexión académica respecto de la situación y futuro de la sociedad chilena o las sociedades latinoamericanas. Los trabajos pueden ser enviados en cualquier época del año correo electrónico (revsoc@facso.cl), y su publicación quedará condicionada a la evaluación positiva de especialistas nominados para dicha finalidad.

Más información


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“A movilizar la palabra”, iniciativa para seguir buscando salidas

El pasado miércoles, en rueda de prensa, fue presentada la estrategia “A movilizar la palabra”. Se trata de un conjunto de acciones que pretende recoger problemáticas, necesidades y propuestas en todo el país. Esta iniciativa es impulsada por más de 50 organizaciones y plataformas de la sociedad civil que se han sumado hasta el momento. Además, cuenta con el apoyo de las Naciones Unidas, de la Pastoral Social y de otros actores internacionales.

“A movilizar la palabra” surge en las asambleas populares, territoriales y sectoriales que han venido desarrollándose en el marco del Paro Nacional que se realiza desde el 28 de abril. En esas asambleas han surgido distintas razones para protestar y, según la presentación de la iniciativa, todas esas voces deben ser protagonistas por encima de concepciones ideológicas. “Sabemos que escuchar las voces de protesta del pueblo plural que emerge es fundamental, y que el momento de consultar, dialogar y representar, ¡es ya!”, dice la comunicación.

La iniciativa “A movilizar la palabra” buscará construir espacios de confianza y de diálogo para recoger y consolidar los mandatos de la ciudadanía y llevarlos a los entes gubernamentales. Además, la estrategia pretende ser el “diálogo más amplio y generoso de la última década” llegando a diversos sectores a través de la tecnología, las redes sociales y el voz a voz para recoger todas las indignaciones que hay en el país.

Texto completo en fuente original:


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Ricardo Silva ante la crisis que vive Colombia

Tanto el artículo de Silva publicado en El Tiempo, al que aquí remitimos, como su entrevista con Mábel Lara, marcan la posición de este intelectual colombiano ante la crisis que vive el país.

Ya en anteriores entradas del blog (La conversación más grande de Colombia, La Comisión Interamericana de Derechos humanos condena al Estado colombiano por graves violaciones de los derechos humanos durante las recientes protestas) nos hemos ocupado del reciente estallido social de Colombia, y privilegiaremos esta cuestión en nuestras próximas publicaciones, conscientes de que estamos ante un conflicto de enormes consecuencias para la región.

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Sorprende que todo esto sorprenda. Pues cuando una clase dirigente se porta como una realeza, descendiente de Dios en una democracia hereditaria, se está escribiendo su descalabro, su caída. Hoy además es imposible posponer una república, o sea una ciudadanía de iguales de acuerdo con una Constitución, a punta de cortinas de humo y de incendios: si un Gobierno renuncia a hacer política, y agarra cara de inquilino que quiere tomar posesión, y no entiende que una sociedad no está hecha a imagen y semejanza de una presidencia, ya no hay Copa América ni Giro de Italia ni Miss Universo que distraigan, no, no hay circos que anestesien a los pueblos sin pan en estos días en los que aquello de que “todos estamos conectados” no es una sospecha de los panteístas, sino un hecho.

Sorprende que sorprenda que el presente no sea el pasado. Hubo fútbol para apaciguar a los países de la masacre de las bananeras, del Bogotazo, del Palacio de Justicia, de la ‘parapolítica’, pero esta vez, aun cuando el Gobierno insistió e insistió en la táctica de disfrazar de servicio social el negocio de la Copa América hasta que se le enredó como cualquier reforma, no iba a haber goles que durmieran a los hinchas que marchan en las calles, ni podrán darse torneos nostálgicos hasta que el Estado –un Estado al que le pesen 57 asesinatos, 18 víctimas de violencia sexual y 2.387 casos de violencia policial durante el paro– tenga un gabinete que represente al país y cree mesas de trabajo de jóvenes que saquen adelante la igualdad de las suertes que proponen tanto el acuerdo de paz como la Constitución: para entender que hoy el circo no engaña e indigna bastan esos dos partidos de la Copa Libertadores entre gases lacrimógenos.

Sorprende que sorprenda que no sean los ochenta. Durante décadas se exigió a nuestros ciclistas que probaran al mundo que aquí había más escarabajos que mulas, se ordenó a nuestros futbolistas que demostraran a la especie que acá no solo matábamos por cometer autogoles y se confió a nuestras reinas de belleza la misión de desmentir ante el universo los monstruos de esta cultura, pero no, ya no: hoy nuestra imagen depende enteramente de nuestra capacidad para pactar la paz porque no solo hemos dejado de ser aquel país con tres canales de televisión, sino que, como cada cual es su propio canal, vemos en vivo esta represión de machos sanguinarios en las calles de Pasto o Popayán. Durante décadas fuimos un país negacionista e iluso que seguía adelante, a pesar de sus guerras y sus desigualdades y sus traumas, con la convicción de que una buena gerencia nos haría libres –y los números volverían innecesarias las palabras–, pero no, ya no: hoy hay que hablar.

Y, sin embargo, a pesar de darle a esta democracia tan frágil el desprestigio de una tiranía, a pesar de la defensa que hicieron los futbolistas colombianos de la sensatez y de las “voces que piden un país más justo”, este gobierno efímero pero terco insistió sin vergüenza en montar su desafiante campeonato de la reactivación, de la unión. Dijo el presidente Duque, allá en su sueño, que “sería absurdo que no se jugara la Copa América acá cuando sí se va a jugar la Eurocopa”. También aseguró –refiriéndose a los estremecedores bloqueos– que “este no va a ser el último paro que viva Colombia en su historia” y que nuestra respuesta como sociedad “va a marcar qué va a pasar en el futuro”, pero poco nombró la huella que ha dejado la represión.

No será este el último paro. Dentro de poco habrá otro y otro y otro más si no se da un nuevo pacto social que empiece por el reconocimiento político de esta enorme protesta contra la violencia estatal. Y todo esto va a ser en vano si seguimos jugando a que el circo sea el pan.

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Nuestros niños amenazados

Si ya en entradas anteriores hemos alertado sobre la violencia de un energúmeno ejercida sobre la madre de un niño autista, o sobre las fobias de gente poco equilibrada a la que estorban los niños, hoy recogemos el lamentable episodio de un bárbaro que, blandiendo una botella de cerveza, amenazaba de muerte a un niño. Nuestra sociedad, enferma, ha dado un paso más hacia la locura colectiva, propiciada por las distorsiones de nuestras rutinas provocadas por la pandemia del coronavirus. Ojalá no nos acostumbremos a estas imágenes degradantes.

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La Policía Local de Vélez-Málaga ha detenido a un hombre vecino del municipio, de 56 años, por amenazar con una botella de cerveza a un niño de 10 años de edad mientras le gritaba “te tengo que matar”.

Los hechos ocurrieron a las puertas de la iglesia de San Andrés de Torre del Mar sobre las ocho y media del sábado ante la presencia de los feligreses que habían acudido a Misa.

El hombre, al parecer en esto de embriaguez, bebía cerveza en la vía pública, sin el uso correcto de mascarilla y acompañado por un perro suelto y sin cuidados mínimos.

Según la madre, las amenazas al menor las había realizado en varias ocasiones, y de hecho, las repitió en presencia de los agentes, por lo que fue detenido y trasladado a la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía.

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Pablo Serrano Álvarez. Ciudad de México, 10 de junio de 1971: el Halconazo. Cincuenta años

Todo era el caos apocalíptico. Gritos, disparos, olor a pólvora y gases lacrimógenos, mantas tiradas en el piso. Algunos valientes tiraban piedras a Los halcones. Quizá hubo disparos del lado de los estudiantes; si así fue, habrán sido pocos y de bajo calibre, defensivos. Nada que hacer frente al ataque comandado por el siniestro militar Manuel Díaz Escobar, organizador de Los halcones y viejo represor de los estudiantes.

El desprestigio del priiato por la utilización abierta del ejército durante todos los años 60 y en 68, sobre todo en Tlatelolco, lo llevó a crear ese grupo paramilitar con todo el respaldo gubernamental, y yo diría que incluso del Estado. El salvajismo con el que actuaron fue dantesco: llegaron a las instalaciones del hospital Rubén Leñero, entonces denominado Cruz Verde –ubicado a unas calles del sitio de la matanza- y sacaban a los heridos y a las enfermeras. Algunos de éstos valientemente intentaban proteger a los heridos. Era el infierno.

Joel Ortega Juárez, 10 de junio: ¡ganamos la calle!,
México, Ediciones de Educación y Cultura, 2011,
(Colección nuestro siglo XX), p. 103.

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El trauma del movimiento estudiantil de 1968 no se había desvanecido del ambiente político y social de México al iniciar la década de los setenta del pasado siglo. La herida se encontraba abierta y sangraba aún. La persecución y la represión gubernamental contra los estudiantes y sectores populares continuó en el gobierno encabezado por el presidente populista Luis Echeverría Álvarez, sucesor del presidente autoritario Gustavo Díaz Ordaz. El ejército, las policías y las autoridades de inteligencia prosiguieron en su encono contra las movilizaciones, oposiciones, disidencias o acciones de los demandantes de democracia, libertad, justicia e igualdad. Cualquier indicio de expresión o acción era perseguido y reprimido con la inteligencia política del gobierno, o, más aún, con la represión armada y violenta de grupos relacionados con el ejército y las policías. Esto sucedía en todo el país, mucho más en la ciudad de México. Luego de los sucesos lamentables del 68, poco quedaba de la organización estudiantil y popular. Presos políticos, exiliados en el extranjero, escondidos, los estudiantes y líderes tuvieron escaso margen de organización y acción para seguir en la lucha opositora al gobierno autoritario mexicano. Los sobrevivientes de brigadas, asambleas y manifestaciones se replegaron y dividieron.

Sin embargo, hubo una organización que se denominó Comités de Lucha que, mediante un Consejo, continuó agrupando y organizando a los estudiantes de la UNAM, el IPN, las Normales, Universidad de Chapingo, Universidad Iberoamericana e incluso a El Colegio de México, entre otros más. Ese Comité agrupaba a cincuenta escuelas y regulaba las acciones y manifestaciones de los estudiantes, dando continuidad al movimiento estudiantil de tres años antes, aunque con cierta autonomía que le brindaba libertad de maniobra y movilidad. Esta organización buscaba el alejamiento con los líderes del 68, la conquista de la manifestación callejera, la vinculación popular con la lucha obrera, incidir en la reforma universitaria (se identificaron con las movilizaciones universitarias de Nuevo León, que buscaban la paridad), la distancia con respecto a propuestas izquierdistas, la libertad de los presos políticos, la democracia sindical, la democratización de la enseñanza y la no negociación con el gobierno federal por ningún motivo. Esta agrupación era poco institucionalizada y se oponía al radicalismo, sin liderazgos encumbrados y donde imperaba el asambleísmo. No era una organización consolidada y fuerte, pero tuvo sus seguidores gracias a la labor de los líderes que atraían a los estudiantes en cuanto a la conciencia opositora que debía mantenerse.

El Manifiesto publicado el mismo 10 de junio de 1971, expresó que esta organización era heredera de los “estudiantes politécnicos, normalistas universitarios, de quienes pelearon por defender el derecho de nuestro pueblo a la enseñanza, de quienes se tiñeron de rojo al fundirse con las luchas del proletariado en 58-59… los luchadores de hoy somos quienes inundamos de voces y puños las calles lluviosas en julio-diciembre del 68 para gritar por los obreros enmudecidos por el charrismo, por los campesinos que luchan por la tierra, junto al pueblo que se ha levantado más de una vez con sus cananas cruzadas para arrojar a los poderosos al estercolero de la historia”.[1] Desde ya, pugnaba por la desaparición de los grupos paramilitares financiados y organizados por el gobierno, que en este caso los atacaron de manera sangrienta.

Las premisas rebasaron los hechos, se organizó una manifestación para el jueves 10 de junio de 1971, a la que de entrada se opusieron los ex líderes del 68 y otros personajes radicales provenientes de la izquierda, que no se identificaron con la organización y acciones del Comité. El espíritu de lucha por la libertad era lo que animaba a los miembros del Comité, como Joel Ortega Juárez lo escribió:

Cualquier centro educativo era un buen espacio para tirar el rollo y reclutar muchachos (pocas mujeres, por cierto), para organizar los Clubes de la Juventud Comunista y sin falta los Comités de lucha que hicieran posible la consigna: “Es sólo el principio; lucha. La lucha continúa”.

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V Congreso Internacional: Lectura y escritura en la sociedad global

Organiza Universidad del Norte, Barranquilla (Colombia).

Se celebrará de manera virtual los días 24 y 25 de junio de 2021.

Las inscripciones y actividades son totalmente gratuitas y contará con:

  • 8 conferencistas internacionales
  • 18 microtalleres sobre uso de herramientas digitales para mediar la lectura y la escritura
  • 4 páneles de expertos
  • 3 conversatorios

Se dará certificado de asistencia a quien asista a actividades de las dos jornadas, previa inscripción en https://inscripcioncilesg.questionpro.com/.

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