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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Ramiro García Pereira. El fiasco de AIU en Ruanda

La Comisión de Educación Superior de Ruanda (institución oficial estatal dedicada a acreditar y reconocer titulaciones universitarias), luego de haber reconocido puntualmente algunos títulos expedidos por la Atlantic International University a lo largo de los años (probablemente por una actuación administrativa corrupta y reiterada), decidió investigar el asunto, debido a la presentación de algunas denuncias, que aseguraban que la AIU no era una universidad acreditada en Estados Unidos ni en ninguna otra parte del mundo.

El desenlace de esa investigación resultó desastroso para los más de cien egresados de esa institución que había en el país: se retiró el reconocimiento de los títulos, que, en consecuencia, quedaron privados de todo valor.

El informe oficial deja bien claro, y sin lugar a duda alguna, que el Gobierno de Ruanda no reconoce a la AIU como una universidad merecedora de tal consideración: sus títulos no son reconocidos ni revalidados, y se prohíbe el ejercicio de cualquier profesión bajo el amparo de títulos de AIU.

Los afectados, es decir, aquellos que habían obtenido un título por esta “universidad”, argumentaron que, si bien AIU no está reconocida por el Departamento de Educación de los Estados Unidos, está reconocida por ASIC del Reino Unido, a lo que la Comisión de Educación Superior de Ruanda respondió que ASIC no es una agencia gubernamental del Reino Unido y que, por lo tanto, no tiene autoridad para acreditar universidades de forma oficial, de donde se deduce que AIU no está reconocida por el Departamento para la Educación del Gobierno británico.

Es un caso realmente lamentable por todas esas personas de Ruanda que perdieron su dinero y su tiempo estudiando en AIU, pensando que iban a ser acreditadas en su país: ahora, si ejercen con títulos AIU, están violando la ley. Sirva esto como advertencia para que gentes de otros países tomen consciencia de la importancia de estudiar en universidades acreditadas oficialmente por los Ministerios de Educación de los países en los que esas universidades están radicadas.

AIU debería buscar acreditación oficial y reconocida en los Estados Unidos o en Inglaterra, o explicar que sus títulos no son reconocidos en ningún país del mundo y que puede ser ilegal ejercer con sus títulos.

Referencias:

https://www.universityworldnews.com/post.php?story=20220119080248799

https://bwiza.com/?Rwandan-graduates-from-Atlantic-International-University-AIU-vows-to-sue-HEC

Documento Oficial con la decisión del HEC: https://twitter.com/hec_rwanda/status/1480519518728429574?lang=es


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Arístides Mínguez Baños. Adiós, muchachos; adiós, alumnos míos

Este emotivo y demoledor artículo debería ser leído, con carácter obligatorio, por todos y cada uno de los paniaguados que, sin comerlo ni beberlo, se han encontrado al frente de los ejércitos de burócratas que siguen persiguiendo con saña de neófitos la completa destrucción de lo que fue el sistema público de enseñanza en España.

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La clase queda vacía. Abro de par en par puertas y ventanas para que se disipe el olor a humanidad. Huele a tigre en celo, diría mi padre, que también se curtió casi por cuarenta años en escuelas públicas. Es lo que tiene trabajar en salas abarrotadas de humanos que oscilan entre la pubertad y adolescencia, con la revolución hormonal y psicológica que conlleva.

Tras el recreo, entran los de 4º. Mi pesadilla: son 36. No me caben. Tenemos que hacer malabares con el exiguo espacio que le hemos robado a la biblioteca y los enrevesados protocolos anti covid que nos obligaron a implantar a principios de curso. Están como piojos en costura. Han tenido educación física y no todos se han aseado como sus profesores insisten. El tufo se hace insoportable. Tanto como el calor. La biblioteca, cosa extraordinaria, dispone de aire acondicionado. Alguno grita que lo conecte. Desde mi equipo directivo han pedido que economicemos gastos. La tarifa eléctrica se ha encarecido de manera brutal y los del gobierno de presuntos ineptos, tránsfugas y meapilas que asola la región llevan meses sin ingresarles regularmente a los centros públicos, haciendo casi imposible que se puedan afrontar los gastos corrientes. Nuestro secretario se niega a dejar de pagar a los proveedores: no puede hacerles ese roto a tantos autónomos y empresas, algunas del entorno. Toca sudar y no poner el aire. Agarro la gorra y me abanico la calva, sudorosa cual manantial: si yo, que peso unas cuantas arrobas más, puedo aguantar la calor, ellos, que son más jóvenes y esbeltos, podrán hacerlo también. La chuscada parece acallar sus protestas.

Es un colectivo endiablado: algunos son repetidores, otros han pasado con todas las asignaturas pendientes de 3º de la ESO, por imperativo legal. A bastantes les importa un bledo el sacarse el curso: vienen aquí porque se lo pasan mejor que en la calle, tienen a sus colegas y flirtean con las mozas o mozos de su edad, pero estudiar… que estudien otros. Total, para acabar en el paro o arrancando alcachofas como sus padres.

Los hay, en cambio, que desean estudiar, que ven en los estudios, en el sacrificio y disciplina que llevan implícitos, la única salida a una vida digna. Intuyen que cuanto más formados salgan más sencillo les será encontrar el rumbo en el laberinto de trampas y precariedades que les ofrece la vida real. Con mucha frecuencia, sus compañeros nos impiden dar clase con normalidad. Demasiadas interrupciones, llamadas de atención continuas, riñas o sermones para que cambien de actitud. Inútiles…

He llegado a implorarles que me dejen trabajar. Que respeten a sus compañeros. Que me respeten a mí. Que tengan consideración a las horas de preparación que he tenido que echar en casa para poder darles una clase en condiciones. Callan cinco minutos, pero, al cabo, alguno gasta una broma estúpida y toda la clase cacarea, riendo la guasa del gallito. Los del fondo vuelven a intentar alborotar el gallinero. Algunos, pese a las prohibiciones y recordatorios continuos, manipulan el móvil a hurtadillas.

Tomo asiento, derrotado, cada vez con más ganas de llorar y de someterme. Me miro en los ojos prístinamente azules de S, que se compadece de mi impotencia. Observo a J, cuyo padre abandonó Marruecos con toda su familia y se desloma en campos para darles estudios a sus niñas del alma. Recapacito sobre la “fauna” a la que se supone que he de ayudar a formarse en este centro del extrarradio. Entre mis chiquillos los hay de parentelas musulmanas, ucranianas, rusas, chinas, ecuatorianas, colombianas, pero todos ellos se sienten españoles (aquí han nacido los más y perciben la bandera suya), aunque los del partido ultra les nieguen esta patria por su raza o credo. A pocos metros se alza un poblado de gentes búlgaras a cuyos hijos hemos de atender. Muchos de mis zagales tienen la suerte de tener ascendientes que se preocupan de su educación y los cuidan con esmero, pero otros proceden de familias rotas. Algunos usan la ruptura de la pareja como arma arrojadiza y los críos están desbocados, pagando en sus carnes las desavenencias de sus padres. Otros tienen al padre en el talego o se pasan el día solos, a veces semanas, porque sus progenitores han debido marcharse a otros lugares para trabajar cogiendo la fruta que la temporada marque o porque laboran limpiando casas o en la hostelería con horarios terroríficos. Me golpea el conflicto que tuve con L. No cogió mi optativa, lo matricularon en ella no sé por qué motivo. Al verlo a disgusto le dije que yo tampoco lo había elegido a él, pero, si estaba en mis clases, era mi responsabilidad e iba a hacer todo lo posible por cumplir mi obligación y proporcionarle la mejor formación. Su actitud era pasiva. Se echaba a dormir. Una mañana tuvimos un encontronazo y lo cogí aparte para abroncarlo. Descubrí que sus padres continuaban en América, que él vivía con unos parientes en una casa compartida con personas extrañas y que, para ayudar a que su madre pudiera pagarse el billete a España, él trabaja atendiendo a un anciano y asistiendo a su familiar en el cuidado de su bebé. A veces el anciano o el niño le dan mala noche: por eso no puede evitar dormirse en clase. Cambió por completo la percepción que tenía de él: vi a un titán embutido en el cuerpo de una criaturica de 15 años. En la conversación descubrí que venía sin desayunar. Le imploré que me dejara invitarlo a diario en la cantina. Se negó. Yo no quería herir su dignidad. Le dije sin mentir que no era el único al que le echaba un cable. Nadie se iba a enterar: si no lo hacía, mi conciencia no me lo iba a perdonar. Desde entonces se sienta en primera fila. A veces no viene: sé que ha tenido mala noche y su menudo cuerpo no ha sacado fuerzas para soportar la larga jornada escolar. Ha aprobado todas las evaluaciones y recuperado la pendiente. Quiere ser mecánico. Le he hecho jurar que me tratará bien cuando le lleve mi coche.

Con J, S o L en el alma agacho la cabeza y embisto como un toro hacia la pizarra. Me fajo por esos muchachos míos que no se han rendido, a los que aún puedo transmitirles algo de cultura, de educación, de humanidad.

Me paro de vez en cuando. Intento reenganchar a alguno de los díscolos. A veces los dioses me conceden captar el interés de uno, aunque sea por fugaces instantes. Otros, en cambio, duermen sobre los pupitres. Pero son mis muchachos: no los puedo dejar arrumbados así como sí.

Para más INRI, tengo a críos con necesidades educativas especiales (ACNEE). Esas criaturas no son iguales que los demás. Necesitan una atención personalizada y constante, un especialista que les saque el mayor provecho posible, no que los dejen “tirados” en medio de una clase repleta. Por ley, un niño ACNEE debía computar como tres alumnos “normales”: así, si se aplicara ésta, mi clase sería de 42 personas. Y eso, hoy por hoy, es una ilegalidad. Pero los caciques de siempre se pasan sus propias leyes por la entrepierna y con los recortes, aumentan el número de alumnos por aula y reducen el número de profesores, tanto de apoyo como los del resto.

[…]

Miro, entristecido, las aulas que se van vaciando. Intento recordar las caras de los que se han ido a buscar su destino fuera de estos muros. Siento nostalgia. Pero también rabia e impotencia, porque no he podido dar todo lo que podía a las personas que la sociedad ha puesto a mi cargo. Porque no puedo más, porque me siento incapaz para tener más alumnos que este año y tener que prepararme más asignaturas, para las que no he sido formado. Porque ellos tienen derecho a contar con profesores especialistas, motivados, ilusionados y comprometidos.

Porque a mi alrededor, entre mis compañeros, veo caras desoladas, derrotadas, desilusionadas. Porque están destruyendo la Educación Pública. Porque mis alumnos, mis zagales, mis hijos sólo pueden contar con ésta para labrarse un camino en la vida.

Cierro las persianas. Apago las luces, mientras me despido de los que han sido mis muchachos. Y, ya casi sin fe, ruego a mis dioses que me concedan las fuerzas suficientes para seguir amando esta profesión e intentar dar lo mejor de mí a los chicos que me encomienden en el futuro. Pero sé que los dioses nos han abandonado y sólo nos han dejado al frente de educación a chupacirios, a tecnócratas o pseudopedagogos que no valen ni para guano y que, sin tener ni pajolera idea de cómo huele a pie de tiza un aula pública, se atreven a robar el futuro de un país con sus leyes esquizofrénicas e inanes. Y esto se lo achaco igual a gobiernos del PSOE, PP o Podemos, como los que han venido destrozando la educación en los últimos decenios, pariendo leyes cada cual peor que la anterior. Nombres como Solana, Maragall, Aguirre, Wert, Celáa deberían pasar al muladar de la infamia por su crimen lesae educationis. Saben que una sociedad más formada y comprometida no toleraría su mediocridad, su estolidez e incompetencia por muchos escaños o despachos enmoquetados que pisen. Ellos sólo creen en el dios Mercado. Para ellos, mis alumnos, mis hijos sólo son carroña.

Adiós, mis muchachos, adiós, alumnos míos: gracias por haberme enseñado tantas cosas, gracias por hacerme creer que con algunos de vosotros los bárbaros no podrán y que España aún tiene esperanzas.

Os prometo que intentaré luchar con dientes y empellones, si falta hiciere, para que podáis elegir vuestro rumbo y no os obliguen a emigrar de vuestra España, ni os fuercen a ser las putas y chaperos de los millonarios que vengan a Eurovegas o engendros semejantes por alumbrar, ni los lacayos de los alemanes, holandeses, nórdicos y británicos que practican el turismo basura y tratan a los españoles (a los mediterráneos todos) como el estercolero de la Troika.

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Exposición «Memorias de un héroe», en homenaje a la figura del mariscal Sucre (Quito, Centro Cultural Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit)

El pasado sábado, 23 de julio, se inauguró la exposición «Memorias de un héroe», preparada en el Centro Cultural Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit de Quito.

Se trata de un homenaje a la figura del mariscal Sucre y de varios héroes que le precedieron en la lucha por la independencia. Se podrán conocer valiosos documentos de puño y letra de Sucre que forman parte del Archivo Histórico de la institución, además de obras de arte con retratos de Juan Pío, Carlos y Rosa Montúfar, entre otros, y objetos de la época, como la silla de manos de la marquesa de Solanda.

Un gran lienzo de Víctor Mideros, alegórico a la gesta de mayo de 1822, preside la exposición.

Les compartimos un fragmento de la intervención de Pablo Rosero Rivadeneira, Coordinador Técnico de la Biblioteca, en ese solemne acto académico promovido por el Centro Cultural Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit para seguir conservando «el alma de la patria».

La exposición estará abierta de martes a sábado de 9h30 a 13h00 y de 14h30 a 17h00 hasta el 19 de noviembre.

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Localización: Cotocollao, José Nogales N69-22 y Francisco Arcos, 170-01, Quito.


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Escribe Alfonso Ussía, nieto del escritor y comediógrafo Pedro Muñoz Seca, ejecutado en Paracuellos de Jarama el 28 de noviembre de 1936

Recogemos este texto de Alfonso Ussía, que simboliza el espíritu de resistencia de quienes rechazamos que se nos imponga una ‘verdad’ histórica exclusivista y sujeta a los intereses de una ideología. Nada como la cáustica ironía de Ussía para poner de manifiesto, desde un comprensible apasionamiento, las aberraciones que vienen de camino.

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Con el fin de adaptarme anímicamente a la Ley de Memoria Democrática de Sánchez, Bolaños, Marlaska, Podemos, ERC y la ETA, necesito pedir perdón. Y lo hago, en hinojos y humillado desde una petición de misericordia iluminada por la gratitud histórica. Quiero agradecer desde aquí a socialistas y comunistas su entereza y coraje por fusilar sin dudar a cinco mil peligrosos elementos de la Reacción Conservadora en Paracuellos del Jarama, entre ellos, a 267 menores de edad. Obviamente, esos asesinatos, ya perdonados por la Ley de Amnistía, no pueden calificarse como tales. Cuando la izquierda fusila, ejecuta a fascistas. Cuando lo hace la derecha, asesina. Perdón por haberme confundido.

Como nieto de un ejecutado en Paracuellos, el escritor y comediógrafo Pedro Muñoz-Seca, quiero pedir perdón a socialistas y comunistas por haberlos responsabilizado de su muerte. El culpable fue él, escribiendo lo que no gustaba a socialistas ni comunistas. Y les agradezco, con muchos años transcurridos después de su valiente gesta, de haberse mofado de Muñoz-Seca, cuando herido de muerte sobre la tierra de Paracuellos, tuvo que esperar más de cuatro minutos de agonía mientras los milicianos, con gran sentido del humor, se reían de sus últimos estertores, para recibir el tiro de gracia. Y deseo agradecerles la eficacia de su tiro de pistola en la sien, tardío pero definitivo, prueba de la caridad y humanidad de quienes se vieron obligados, por culpa de sus comedias, a terminar con su vida.

Pido perdón en nombre de la familia Ceñal. Ocho hermanos asturianos. Ramón y Rafael y el mayor de todos no se hallaban aquella noche en su casa. Los primeros estaban en el Seminario, y el tercero se había incorporado al Ejército Nacional, el que ganó la guerra y hoy, afortunadamente, la ha perdido con más de 80 años de retraso. Pido perdón en nombre de su madre, que vio cómo, con justicia revolucionaria, se llevaron a sus cinco hijos para fusilarlos por el terrible delito de creer en Dios, y entre los cinco, al más pequeño, que había cumplido diez años de edad. Pido perdón a los que se vieron inducidos a fusilar a esos cinco jóvenes y peligrosos cristianos, y lo hago también en nombre de su madre, que no supo interpretar la situación, perdió la cabeza, y se fue apagando poco a poco en un hospital con un rosario entre las manos hasta que su merecido sufrimiento terminó con su vida.

Pido perdón y agradezco a socialistas y comunistas el fusilamiento de los cinco hermanos De la Quadra Salcedo y Arrieta Mascarúa. De los obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas, monjas y hermanas de la Caridad que murieron torturados y fusilados, ellas previamente violadas, por su empecinamiento antidemocrático de creer en Dios y no dar su brazo a torcer, prueba inequívoca de su soberbia, renegando de su fe. Pido perdón a socialistas y comunistas y al presidente de la Generalidad de Cataluña, Luis Companys, por las muchas decenas de miles de militares y paisanos ejecutados, por no tener cabida, lugar ni sitio en la España roja y separada, paraíso de la igualdad, de Largo Caballero, Negrín, Prieto y Stalin. Y como la nueva Ley de Memoria Democrática alcanza hasta 1982, ruego encarecidamente a la ETA, hoy gobernante con sus votos, que me perdone por no saber aceptar las ejecuciones –jamás asesinatos–, de los vascos y demás españoles que no perdieron ni un segundo en intentar ser comprensivos con la valentía de sus comandos. Especialmente, los comandos que asesinaron niños, futuros fascistas.

Pido perdón y agradezco que, al fin, gracias a la Ley de Memoria Democrática de Sánchez, Bolaños, Marlaska, Podemos, ERC y la ETA, haya alcanzado la luz de la verdad, y aprendido la diferencia que se establece entre el asesinato derechista y la ejecución obligada por motivos de progreso, sostenibilidad, empoderamiento y futuro. Perdón, perdón, y gracias mil, Sánchez, Bolaños, Marlaska, ERC, Podemos y la ETA.

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Convocatoria abierta Revista Íconos 76 | Covid-19: de la política a las políticas públicas en América Latina

Editores de dossier: Sofía Cordero, Paúl Cisneros (IAEN, Ecuador) y Magnus Lembke Stockholm University, Suecia).

Recepción de artículos: del 10 de mayo al 13 de septiembre de 2022.

Publicación: Mayo de 2023.

Envío de artículos a través de la plataforma de gestión editorial de Íconos: www.revistaiconos.ec

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Manuel Ferrer Muñoz. Con la fuerza del amor

El pasado 7 de julio, fiesta de San Fermín, Francisco Pérez, obispo de Pamplona, regresaba al Ayuntamiento después de la misa que siguió a la procesión conmemorativa del santo. Junto a él caminaban el alcalde de la ciudad y un grupo de concejales, cuando, al enfilar la calle Curia, una jauría de abertzales trató de agredirlos y, entre gritos e insultos, promovió graves altercados violentos y empezó a arrojarles cerveza. Francisco, que no perdió la calma en ningún momento, rememora lo ocurrido: “yo iba rezando el rosario, y  le decía a la Virgen: ‘Son tus hijos, cuídales, haz que esto no se repita’”.

Ni que decir tiene que Geroa Bai votó en contra de la declaración de condena aprobada por la Junta de Portavoces del Ayuntamiento de Pamplona, y que EH Bildu se abstuvo. Si la violencia se ejerce contra quienes no comulgan con sus ideales, es legítima y patriótica y, por consiguiente, debe ser ensalzada, así sea con disimulo e hipocresía democráticos.

Definitivamente, los herederos de ETA perdieron alma y corazón, si alguna vez los tuvieron, por los vericuetos de la muerte y del terror. Además, la Ley de Memoria Democrática, recientemente aprobada en el Congreso de Diputados del Reino de España, banaliza el sufrimiento de las víctimas y de sus familiares durante decenas de años, en la medida en que los asesinatos de ETA pasarán a ser interpretables como de resistencia al franquismo. Y los criminales verán levantados altares en su honor.

De hecho, los homenajes que, impúdicamente, siguen tributándose a terroristas de ETA que salen de la cárcel, sin que desde el Gobierno se haga nada por impedirlos, constituyen un lastre para la convivencia democrática en el País Vasco, y son la expresión del aparente provisional triunfo de los violentos.

Pero la violencia no prevalecerá, y los designios de los violentos se estrellarán, como se estrellan las olas en la playa, como se desinfla la fuerza del huracán, como fracasó la brutalidad de energúmenos como Hitler o Stalin.

Me preguntaba hace unos meses, ante la evidencia del imperio de las fuerzas del mal, simbolizadas en ese hombre que, Thomas Hobbes, hace ¡cinco siglos! retrataba como lobo para los demás hombres: “¿qué hacer para que el hombre deje de ser un lobo para los otros hombres? Si el camino para cambiar y renovar el mundo exige el abandono de cualquier forma de violencia, queda claro que la solución no consiste en exterminar a los lobos”. En efecto, rechazado el brutal remedio de la aniquilación física de los ‘lobos’, no se requiere un alarde de memoria para recordar que la vieja receta para esa radical transformación se resume en una sola palabra: ‘amor’. Ésta es la esencia del mensaje novedoso que Cristo predicó en este mundo y que pocos hombres se han tomado en serio, pues la mayoría prefiere no enterarse: “éste es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”.

La cuestión es la capacidad del corazón humano para aceptar y vivir esa enseñanza, tan profunda como exigente: ¡amar hasta la muerte! La perpetuación de las guerras y de los crímenes y de los sentimientos de venganza parece indicar que esa enseñanza de Cristo se instala en el terreno de la utopía. Pero, ¿y si plantáramos cara a esos fantasmas sombríos y nos atreviéramos a adentrarnos en esa experiencia sanadora, imitando los modos divinos? (“conocerán que sois mis discípulos si os amáis recíprocamente”).

Apliquemos nuestro propósito en los círculos más cercanos -familia y amistades-, perdonando, comprendiendo, dejando atrás los rencores y los malos tratos, compartiendo penas y alegrías, deseando servir y no ser servidos. Y, poco a poco, vayamos dando pasos sucesivos para agrandar el espacio de nuestro compromiso con el amor, sin cálculos, sin fronteras, alejando de nuestros corazones el fanatismo, la intolerancia, la altanería.

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Revista Internacional de Comunicación y Desarrollo (RICD), núm. 16: Economía Política de la Comunicación y Estudios Culturales | Pobreza, hambre y migración

Se ha publicado el decimosexto número de RICD. Y se ha abierto la convocatoria de colaboraciones para los números 17 y 18, hasta el 15 de octubre de 2022 y el 15 de abril de 2023, respectivamente. Para estas próximas ediciones se sugieren las siguientes líneas de trabajo:

Número 17

  1. Los ODS 14 y 15 en las agendas formativas e informativas.
  2. Desinformación.

Número 18 

  1. Comunicación y Pan-Amazonía.
    1. Comunidades, medios comunitarios y de movimientos sociales e indigenistas: formas de comunicar los saberes ancestrales, la participación de las comunidades y las culturas nativas.
    1. Opacidad y cercamiento de los medios de comunicación, de los poderes públicos y de otros agentes políticos y económicos sobre los territorios amazónicos; acuerdos vulnerables y luchas por los recursos naturales.
  2. La Agenda 2030 y los ODS /SDGs en las universidades iberoamericanas.
    1. Comunicación, impacto y sostenibilidad en la comunidad universitaria y en la difusión a la sociedad civil local de la A2030 y los ODS/SDGs.

La Agenda 2030 y los ODS/SDGs en la planificación educativa y de la investigación: ajustes llevados a cabo y resistencias.


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Ramiro García Pereira. Reflexiones finales sobre Atlantic International University

Me entristece asistir al lamentable espectáculo de que gente de AIU, sus trolls pagos o, incluso, personas que estudiaron en esa institución y cayeron víctimas de sus tácticas publicitarias engañosas, difundan mentiras por la web para seguir perjudicando a gente excesivamente confiada.

En el caso de la gente de AIU o de sus trolls rentados, es claro el porqué lo hacen; pero en el caso de quienes estudiaron allí y buscan de algún modo justificar que lo que estudiaron debe ser reconocido, me parece triste en verdad.

Debe quedar claro, de una vez y por todas, que cualquier título expendido por AIU no será reconocido por ningún país serio en el mundo, por la sola razón de que AIU no está reconocida ni por el Departamento de Educación de los Estados Unidos, ni por OfQual ni por el Department for Education del Reino Unido.

Tampoco AIU cuenta con el sello de CHEA, ni de ninguna autoridad ministerial educativa de ningún país del mundo. Sus títulos no están acreditados por ninguna agencia gubernamental en ningún país del mundo.

Si a pesar de esto quieren estudiar en AIU, pueden hacerlo, pero sepan que los títulos que expiden no son títulos universitarios o terciarios acreditados oficialmente.

Con esto quiero decir que, tal vez, AIU pueda ofrecer ciertos programas formativos de buena calidad, donde uno aprende muchas cosas buenas, útiles o valiosas para nuestra vida privada, para nuestras propias metas personales. AIU puede ser una excelente opción para mucha gente que busque formación continua no acreditada o reconocida de forma oficial, pero no es una opción para quien busque obtener un título universitario reconocido y acreditado.

Si quieren estudiar carreras cuyos títulos universitarios online estén reconocidos y sean revalidados en los países donde residen, existen muchas ofertas a lo largo y ancho del mundo, en universidades serias y reconocidas por los países donde operan. México, España e Inglaterra tienen grados, posgrados, maestrías y doctorados a precios razonables, impartidos por universidades y colegios de formación terciaria prestigiosos, completamente acreditados y reconocidos oficialmente, que pueden ser revalidados en cualquier parte del mundo. No se dejen engañar, no se quieran engañar a ustedes mismos. Después van a lamentarlo: y conozco un par de casos que avalan estas prevenciones.


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Ramiro García Pereira. Atlantic International University, Argumentos falaces. Núm. 4: «Según el Departamento de Educación de Estados Unidos, la acreditación de una autoridad acreditadora reconocida se acepta como el equivalente estadounidense al reconocimiento ministerial de instituciones pertenecientes a la educación nacional por parte de otros países»

Este argumento (la acreditación de Atlantic International University por ASIC, que supuestamente es una autoridad acreditadora reconocida y aprobada por el Ministerio del Interior de Reino Unido), es completamente una falacia y el más nocivo de todos los argumentos. Nuevamente se recurre a la mentira, al engaño y, posiblemente, a la intencionalidad de engañar de modo intencional.

ASIC, primero que nada, es un organismo privado que opera en el Reino Unido con el solo fin de dar una esponsorización a estudiantes de otros países que quieran estudiar en el Reino Unido, tal como lo dice en su página web oficial: “ASIC is a UK Visas and Immigration approved accreditation body for the purposes of the Short-term study visa”. (En español: “ASIC es un organismo de acreditación aprobado por Visas e Inmigración del Reino Unido a efectos del visado de estudios de corta duración”).

ASIC no tiene autoridad para reconocer oficialmente universidades ni colegios de ninguna parte del mundo, como se dice en el artículo de Wikipedia correspondiente:“Qualifications attained in ASIC accredited schools, therefore, have no value in respect to UK government recognition. ASIC is an independent company with no formal recognition to accredit or inspect international schools on behalf of the UK government, obtaining an ASIC-approved qualification or certificate from one of these international institutions, therefore, holds no formal recognition in the UK”. (En español: “Las calificaciones obtenidas en las escuelas acreditadas por la ASIC, por lo tanto, no tienen ningún valor con respecto al reconocimiento del gobierno del Reino Unido. La ASIC es una empresa independiente sin reconocimiento formal para acreditar o inspeccionar escuelas internacionales en nombre del gobierno del Reino Unido, por lo que la obtención de un título o certificado aprobado por la ASIC en una de estas instituciones internacionales no tiene ningún reconocimiento formal en el Reino Unido”). El acuerdo entre CHEA y ASIC es sólo para visado de estudiantes, no por otro motivo, y el reconocimiento que ASIC hace de AIU es sólo un modo de decir al Gobierno británico de forma coloquial lo siguiente: “mirá, los estudiantes de AIU podrían llegar a ser potenciales beneficiarios de una visa de corto plazo para estudiar algo corto en el Reino Unido”. Pero el que ASIC diga eso no quiere decir ni asegura en forma alguna que el Gobierno del Reino Unido vaya a hacer caso: esa mera recomendación no implica en forma alguna que se diga que un título de AIU sea reconocido en Inglaterra; porque ASIC no tiene la capacidad ni la misión de hacer eso, sólo es una agencia de recomendación de visados estudiantiles de breve tiempo, que tampoco garantiza que puedas estudiar en una universidad del Reino Unido; implica  simplemente que podés llegar a estudiar algo formal, tal vez un curso de peluquería, porque ASIC sólo puede esponsorizar visado para estudios cortos.


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Ramiro García Pereira. Atlantic International University, Argumentos falaces. Núm. 3: “CHEA es la acreditadora más importante del Departamento de Educación de Estados Unidos”

Esto es completamente falso, no tiene ni un ápice de verdad y es muy grave que se difunda de esta manera, lo que denota el desconocimiento de lo que es CHEA o, peor aún, que se miente a conciencia, para inducir al error adrede.

CHEA -Council for Higher Education Accreditation- o, en español, “Consejo para la Acreditación de la Educación Superior”, primero que nada, no es un organismo dependiente del Departamento de Educación de los Estados Unidos. Así lo declara su página web oficial: “CHEA is the only nongovernmental higher education organization in the United States that undertakes this scrutiny. The federal government, through the U.S. Department of Education, conducts governmental recognition reviews”. (En español: “CHEA es la única organización no gubernamental de enseñanza superior de Estados Unidos que lleva a cabo este escrutinio. El gobierno federal, a través del Departamento de Educación de los Estados Unidos, lleva a cabo los exámenes de reconocimiento gubernamental”. Así, pues, en la página oficial de CHEA, se aclara muy bien que se trata de un organismo no gubernamental: es una institución privada, que carece de autoridad para acreditar u otorgar reconocimiento oficial. ¿Cuál es la función de CHEA, entonces? Básicamente, lo que hace CHEA es decir: “miren, esta institución educativa tiene buenos programas formativos”, pero hasta ahí llega, sólo puede reconocer calidad, pero no otorgar reconocimiento o acreditación oficial.

De hecho, se considera buena cosa que las universidades tengan el reconocimiento tanto de CHEA como del Departamento de Educación. Sin embargo, el reconocimiento de CHEA por sí sólo no tiene validez formal oficial, y las “universidades” de Estados Unidos reconocidas por CHEA que no tengan reconocimiento del Departamento de Educación al mismo tiempo no son universidades debidamente acreditadas por el Gobierno de los Estados Unidos, ya que es obligatorio que las universidades “verdaderas” que operan en el territorio estadounidense se amparen en las exigencias del “Higher Education Act of 1965”, que exige que las universidades obtengan acreditación de alguno de los organismos reconocidos por el Departamento de Educación de los Estados Unidos. Y no es el caso de AIU.

En todo caso, AIU no está reconocida directamente por CHEA, sino que CHEA reconoce parcialmente a ASIC*, como organismo que puede servir para “recomendar visas de estudio”.

De esto último se tratará, con el necesario detalle, en el siguiente texto.

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*Las siglas ASIC corresponden a «Accreditation Service for International Schools, Colleges and Universities» (ASIK UK), y su traducción al español es «Servicio de Acreditación de Colegios y Universidades Internacionales». Realiza su trabajo de forma independiente, y es reconocida por el Gobierno del Reino Unido para la acreditación de universidades de forma oficial. Su rol es el de patrocinador de visas muy restringidas a estudiantes extranjeros para estudios cortos (no necesariamente universitarios) en el Reino Unido.