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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Una perspectiva inusitada de la Guerra Civil española

Recomendamos con calor la lectura de este artículo de Henrique Mariño que, con el título de “Fumetas, morfinómanos, borrachos y cocainómanos en el frente nacional y republicano”, se ha publicado recientemente en Público.

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Los borrachos eran señalados con el dedo en la retaguardia republicana, despreciados por entregarse a los efluvios de Baco mientras los milicianos arriesgaban su vida en el frente. Tampoco gozaban de prestigio los falangistas que se ajustaban el correaje para pegar unos tiros y luego regresar a los bares de sus localidades a ponerse ciegos. La propaganda de ambos bandos durante la guerra civil censuró el consumo desmesurado de alcohol, si bien los defensores del Gobierno legítimo atacaron con mucha más dureza esa práctica, sobre todo si tenían edad militar y habían evitado el fragor de la guerra.

El Luchador se burlaba de los “héroes del bar” que combatían en “el frente del… mostrador”, mientras que el Comisario General de Guerra advertía en 1937 que si los soldados estaban ebrios era imposible que cumpliesen con su deber: “Difícilmente podrá un combatiente meter un tiro en la cabeza del enemigo que avanza si por cada enemigo ve dos o tres y no sabe cuál de ellos es el verdadero”. Empinar el codo implicaba el riesgo de que se fuesen de la lengua, por lo que tanto las autoridades civiles como las militares consideraban el alcoholismo como “el mejor aliado de la quinta columna”, en referencia a los “enemigos emboscados” en la zona republicana.

Los borrachos eran señalados con el dedo en la retaguardia republicana, despreciados por entregarse a los efluvios de Baco mientras los milicianos arriesgaban su vida en el frente. Tampoco gozaban de prestigio los falangistas que se ajustaban el correaje para pegar unos tiros y luego regresar a los bares de sus localidades a ponerse ciegos. La propaganda de ambos bandos durante la guerra civil censuró el consumo desmesurado de alcohol, si bien los defensores del Gobierno legítimo atacaron con mucha más dureza esa práctica, sobre todo si tenían edad militar y habían evitado el fragor de la guerra.

El Luchador se burlaba de los “héroes del bar” que combatían en “el frente del… mostrador”, mientras que el Comisario General de Guerra advertía en 1937 que si los soldados estaban ebrios era imposible que cumpliesen con su deber: “Difícilmente podrá un combatiente meter un tiro en la cabeza del enemigo que avanza si por cada enemigo ve dos o tres y no sabe cuál de ellos es el verdadero”. Empinar el codo implicaba el riesgo de que se fuesen de la lengua, por lo que tanto las autoridades civiles como las militares consideraban el alcoholismo como “el mejor aliado de la quinta columna”, en referencia a los “enemigos emboscados” en la zona republicana.

José Millán-Astray y Francisco Franco, declarado abstemio, llegaron a prohibir el alcohol en la Legión porque lo consideraban un “veneno” que alentaba la indisciplina y las deserciones, pero tuvieron que recular por las protestas, de modo que los legionarios podían beber a placer siempre que permanecieran firmes y bravos. Tenían, pues, que “aguantar como un hombre”, una máxima que fue “la raíz de la masculinidad combatiente chulesca y castiza”, en palabras de Jorge Marco, autor de Paraísos en el infierno. Drogas y guerra civil española (Comares), donde subraya que, frente a ese “signo de virilidad combatiente”, fueron los católicos los que criticaron sin ambages los lingotazos.

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Boaventura de Sousa. Tengo miedo porque el pueblo no sale a protestar a la calle

Boaventura de Sousa Santos (Coímbra, 1940) lleva casi un año confinado en su pueblo. Aproximadamente, el mismo tiempo desde que estalló la pandemia en Portugal. Desde allí ha escrito un completo ensayo sobre su visión de lo que ha supuesto hasta ahora y lo de que debería suponer en el futuro el estallido de la crisis sanitaria. El futuro comienza ahora. De la pandemia a la utopía (Akal, 2021) es el título de la obra en la que este reconocido sociólogo defiende un cambio de era a nivel mundial en el que la naturaleza se encuentra en el centro de todo. Público aprovecha la ocasión para hablar con él sobre por qué tiene miedo a la par que esperanza, pero también en torno al teletrabajo; la respuesta de las organizaciones populares ante la inoperancia de los Estados; la relación entre colonialismo, capitalismo y patriarcado; las noticias falsas; y cómo vivir con incertidumbre científica.

Comenta que “los privilegiados que pudieron seguir trabajando a través del teletrabajo se cerraron en casa, paradójicamente, para sentirse menos encerrados. Y trabajaron aún más intensamente”. La casa, el hogar, una vez más como privilegio que no está al alcance de cualquiera.

Sí, pero un privilegio matizado. Por un lado, los que pudieron teletrabajar no perdieron su empleo y en algunos casos han visto cómo la relación con sus familias mejoraba. Sabemos que, por ejemplo, en el norte global los padres jóvenes apenas pasaban más de 20 minutos al día con sus hijos, así que ahora han tenido la oportunidad de estar más tiempo con ellos. Al mismo tiempo, sabemos que en todos los países se incrementó, sin excepción, la violencia machista y el feminicidio, por lo que estar en tu casa puede ser bueno pero también sinónimo de convivir más tiempo con el agresor, en este caso tu compañero.

¿Qué impacto tendrá el teletrabajo a partir de ahora?

Digamos que el capitalismo, la nueva ola que emerge a través de la cuarta revolución industrial de la mano de la inteligencia artificial, ha visto en esta pandemia un experimento global en el que poder cambiar las relaciones laborales. Vamos a un estadio en el que no habrá fábricas, pero tampoco protestas de sindicatos, por ejemplo, ni huelgas, mucho más difíciles de construir si no se trabaja codo con codo ni se conoce a los compañeros. Hay un peligro en este capitalismo electrónico porque, de alguna manera, significa un regreso al periodo inicial del capitalismo donde los artesanos trabajaban en sus casas, lo único que ahora lo haremos sometidos al empresario.

Me inquieta ver cómo los sindicatos y los partidos políticos de izquierdas no están interesados en enfrentar este problema que vendrá tras la pandemia. Hay una estrategia global, y no solo en el terreno laboral, sino también en la educación, donde se eliminarán las asociaciones estudiantiles de los campus universitarios y será mucho más difícil articular las demandas. A mi juicio, el capitalismo no ha pasado por ninguna crisis, sino que se ha fortalecido con la pandemia como ya lo hizo con la crisis financiera de 2008.

Al fin y al cabo, la idea del teletrabajo es importante porque creará nuevas oportunidades, pero los grupos sociales más progresistas y populares tendrán que verlo como tal y no dejar que los intereses del capital mundial, que también ven nuevas oportunidades, prevalezcan.

Escribe entre el miedo y la esperanza, como si el primero fuera impuesto y la segunda lo único que nos queda. ¿De qué tiene miedo? ¿Por qué tiene esperanza?

Tengo miedo porque el pueblo no sale a protestar a la calle. Algunos países, sobre todo gobernados por la derecha, han aprovechado la pandemia para legislar cuestiones que empeoran la situación de las clases populares, como Brasil, Colombia, Reino Unido, Estados Unidos y Hungría. Al contrario, en India salieron a la calle pequeños campesinos y agricultores que vieron recortados sus derechos. Mi miedo es que los Estados, cada vez más sometidos a la lógica capitalista, no reciban desde abajo una presión popular pacífica para mejorar las condiciones sociales que se verán mermadas tras la pandemia. Y también me produce miedo que, si bien no veo lo anterior, sí observo cómo la extrema derecha crece en todo el mundo porque ellos no tienen miedo de protestar.

La esperanza viene del estudio que he hecho de la respuesta que han dado algunas comunidades a los efectos de la crisis sanitaria. Mostraron que existía una alternativa posible en la que se podía defender la vida y la economía. Al contrario, los gobiernos de derechas no han protegido ni la una ni la otra, como ocurrió en los países que he comentado antes. Mi esperanza es matizada. Pienso que deberíamos enfrentarnos a un nuevo modelo civilizatorio, empezar una transición a otra sociedad basada en un consumo y producción anticapitalista, antirrascista y antipatriarcal.

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Manuel Ferrer Muñoz. A propósito del libro “El coronavirus como pretexto. Relatos de ficción”

Recogemos aquí las palabras de presentación de este libro que acaba de publicar la Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina. Puede descargarse el texto completo a través del siguiente enlace.

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Este breve librito no es uno más de tantos escritos sesudos, inteligentes, preocupones y angustiados sobre la pandemia del covid-19. Este librito breve, que nada tiene de ‘científico’, nace del amor a la vida y del deseo de soñar de unas cuantas mentes calenturientas que decidieron dejar volar la imaginación, más allá de mascarillas, distancias sociales o confinamientos perimetrales.

Si ojeas estas páginas, quedarás deslumbrado por el atrevimiento y la osadía de un grupo de noveles escritores que, al culminar unos Talleres de Escritura Creativa organizados por la Asociación Somos Axarquía con el inestimable concurso del Ayuntamiento de Benamocarra (Málaga, España), decidieron lanzarse al ruedo y pregonar a los cuatro vientos sus ansias de expresarse, de liberarse de las cadenas de las rutinas. Y vencieron a los miedos. Y se superaron a sí mismos. Y dejaron este testimonio vivo de esperanza.

Se unió a esos escritores noveles un invitado muy especial y muy querido, que, silencioso y escondido bajo el seudónimo de Manuela Gato, quiso apoyar el noble esfuerzo de los ocho participantes en aquellos Talleres, y sumar sus fantasías literarias a la locura colectiva que me honro en presentar con estas breves líneas.

No ha sido el único autor en firmar con seudónimo. También Maku Tell y Kassandra Dupont hicieron uso de este recurso, por razones diversas que van desde la coherencia con la propia imagen a la modestia de quien, con muy pocos años a cuestas, acometió molinos de vientos y derribó murallas hasta empezar a encontrarse consigo misma.

Al zambullirte en estos relatos cortos de ficción, disfrutarás con la frescura de sus contenidos y la sencillez de sus planteamientos. Y, probablemente, caerás en la cuenta de que los tiempos que vivimos —inmersos en los fantasmas del miedo y de los negros presagios— servirán de prólogo a una nueva alborada. Ya sabes, no hay mal que cien años dure…

En mi condición de responsable de estos Talleres de Escritura Creativa he de decir que me siento muy orgulloso del esfuerzo y de la disposición de las personas que, durante más de tres meses, han demostrado que querer es poder. A ellas les ruego que no se les ocurra pensar que han llegado a la meta. ¡Están empezando! Y la siguiente etapa tiene un nombre: ‘Érase una vez’, otro proyecto de Somos Axarquía que, de nuevo en conjunción con el Ayuntamiento de Benamocarra, situará en el centro de nuestro interés y de nuestro cariño a los mayores de Benamocarra, con quienes mantenemos una deuda de gratitud imposible de saldar.

¿Y qué decir de los ilustradores que, de modo solidario y desinteresado, han dado color y vida a los relatos? Al agradecerles de corazón su colaboración, les felicito por su talento y los emplazo a futuros proyectos de Somos Axarquía, que requerirán ese toque mágico de la imagen oportuna.

La Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina ha querido incorporar este título a su valiosa y ya extensa producción. Con esto vuelve a confirmar su compromiso con una difusión del saber y de la cultura carente de ánimo de lucro, como lo prueba el hecho de que todas sus publicaciones sean de acceso abierto. Nuestro agradecimiento se dirige a sus responsables y, muy en particular, a la persona de su director, inestimable amigo y colega.

Amigo, no te canso más. Si te agrada lo que vas a leer, piensa que tú también puedes realizar tu sueño. No te cortes las alas, ni vueles como ave de corral. Sueña despierto y vive de esperanza, que, para sembrar pesimismo, ya están las bandadas de pájaros de mal agüero que sobrevuelan nuestros cielos.

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Reinaldo Spitaletta. El poder de la risa

La risa, la que Aristóteles atribuía solo al hombre entre todos los seres vivientes, ha sido un arma de los vapuleados por los poderes y una característica de “clase” o de falta de ella, según se ría con retorcimientos y movimientos de vientre, mejor dicho, a carcajada batiente, que sería la de los pobres, o se disimule y se suavice, como con temor de ir a desfigurar el rostro o tal vez con miedo a la pata’egallina, que es la de la clase alta.

Hubo momentos en la historia en que reír a carcajadas era, según los moralistas, parte de mala educación. En el caso de las mujeres, por ejemplo, debían, “las verdaderamente educadas”, no levantar la voz y controlar “el trato, la mirada y la risa”, según el Manual de Urbanidad del venezolano Manuel Antonio Carreño. Así que reír, con sonoridades bulliciosas, y con desafuero y desfogue, era propio de la “perrata” o plebe. Las damas de alta cuna no debían exhibir esas vulgaridades del populacho.

La risa ha problematizado la sociedad desde tiempos remotos. No se admite en actos solemnes. Y ha sido proscrita, porque puede contener rasgos subversivos, de mofa hacia el poder, de repulsa del que está oprimido por la religión y por la política, cuando esta no es muestra de libertad y derecho. En tiempos medievales, la risa se asoció con expresiones diabólicas. El demonio puede reír, la divinidad no. Se creyó por momentos que la risa era una artimaña de satán, el gran seductor.

En el Renacimiento, al contrario, fue considerada una especie de don trascendental, un privilegio exclusivo de los humanos para el placer, tal como lo analizó Mijaíl Bajtin en sus textos sobre el carnaval, la fiesta y, en particular, acerca de la obra prodigiosa de Rabelais. En todo caso, la risa tiene alcances hermenéuticos, literarios, históricos. Y en la religión, sobre todo en aspectos del cristianismo, cumplió un rol prominente, sobre todo en la celebración de la Resurrección.

[…]

A veces solo nos queda la risa como defensa. Y, por qué no, como ataque. En Colombia, por ejemplo, en el cuatrienio funesto de Turbay Ayala y su represivo Estatuto de Seguridad, en tiempos en que el mismo presidente (el que quería reducir la corrupción a sus justas proporciones y que decía con su voz nasal que el único preso político de Colombia era él) era un chiste ambulante, el pueblo afiló su ingenio y produjo una caudal infinito de humoradas antiturbayistas.

Y a propósito, en un país como el nuestro, inequitativo, sangriento, de múltiples penas y en el que ni siquiera el presidente es capaz de pronunciarse por la infamia de los “falsos positivos” y manifestar su solidaridad con los familiares de esas 6.402 víctimas, en fin, el señor Duque es una como un reyezuelo de burlas, memes y una algazara de chascarrillos. Lo que, por lo demás, nos caracteriza como una cultura tragicómica. ¡Ah!, puede ser una especie de consuelo bufonesco saber que el presidente, además de rabia, da risa. Y un gran desasosiego.

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Agapito Maestre. Fin de la historia nacional

De acuerdo con las directrices que presiden el quehacer de SAICSHU, acogemos en nuestro blog este artículo, a petición de uno de nuestros lectores, sin que su incorporación al blog implique una toma de postura de nuestro Servicio de Asesoría. Queremos insistir en la apertura institucional del blog a cuantas opiniones se expresen libremente, siempre con respeto a quienes legítimamente puedan discrepar y pensar de otra manera.

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La traición está a punto de consumarse irreparablemente. España como nación está a punto de desaparecer. Salvo la gran historia intelectual de los defensores de España como nación, apenas conseguimos otear en este obscuro horizonte una verdadera, recta y limpia posición política que haga frente a esta gran traición. Una minoría abyecta y rencorosa sin otro designio que el explicado por la patología o el dinero nos lleva al despeñadero.

El acercamiento semanal de cinco terroristas a su zona de nacimiento certifica la catadura inmoral del gobiernode España. El descuartizamiento territorial y moral de España va acompañado del arrasamiento de cualquier tipo de vida espiritual, incluida la interpretación decente de nuestra historia. La muerte de la nación está a la vista de todos, pero la barbarie del hombre actual, caracterizada por su absoluta ahistoricidad, se niega a levantar acta de esta tragedia. Sí, porque la historia nacional de España desapareció hace tiempo de la educación básica de los españoles, los traidores pueden cantar con total desvergüenza su palinodia contra España.

El estudio de cómo y por qué hemos llegado a esta situación constituye uno de los retos intelectuales más apasionantes de los historiadores y filósofos de nuestro tiempo y, por supuesto, de las próximas generaciones. La mentira, el engaño y la calumnia de los separatistas se han impuesto a la verdad de una historia milenaria de España. Hace tiempo que los políticos rindieron el Estado-nación al separatismo. Los responsables políticos de esta tragedia son todos los presidentes del Gobierno de España, desde 1978 hasta hoy.

Sobra decir que el actual inquilino de La Moncloa está puesto ahí por los exterroristas y los separatistas catalanes y vascos. He ahí la prueba más contundente para decir que España como nación está moribunda.

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Fernando Barrio. El mundo después del Covid-19, el lujo de lo presencial

Cómo cambiará todo, una vez que no haya mascarillas o no tengamos que prestar atención a las limitaciones en distanciamiento social, cuando entremos en una tienda y no tengamos que pensar en que tenemos empapar nuestras manos con gel hidroalcohólico. Al margen de estas trivialidades, nuestra sociedad está sufriendo un cambio en muchos aspectos.

El último libro del psicólogo y psicoanalista José Ramón Ubieto, El mundo pos-Covid. Entre la presencia y lo virtual, publicado gracias a Ned Ediciones dentro de la colección Síntomas Contemporáneos, contextualiza las claves para analizar la «nueva normalidad» a la que vamos a comenzar a enfrentarnos muy pronto. Disponible el próximo 1 de marzo en papel o en formato ebook, desgrana múltiples esferas como el ámbito laboral, el ocio o la educación entre otras; y se refiere a todas las franjas de edad. Todo con el imperativo de llegar a generar nuevos lazos sociales.

Ubieto, en una entrevista con El Independiente, se muestra realista respecto a que «no se puede adivinar» una fecha sobre el final de lo que estamos viviendo actualmente. «Sabemos que las vacunas son el principio, pero tampoco sabemos la evolución que tendrán y es algo que genera mucha incertidumbre», detalla. A esto se le añade que «no será para todos igual», todo ello marcado por campañas de vacunación a distintos niveles. Pero concluye que hacia otoño de 2021 «todo será más o menos normal» en España.

El boom de la digitalización

Lo que sí asevera es que la pandemia ha acelerado el ritmo de digitalización del mundo. «Una digitalización que ya estaba, pero ha supuesto un gran reseteo y toda una oportunidad para afrontar todos los cambios de robotización y automatización», incide. Concluye que se ha dado un salto de diez años en cuestiones como telemedicina, teleducación, o la venida del contexto online al mundo de los cuidados. En esta línea, el experto indica que lo presencial se convertirá en un «servicio de lujo».

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Cintia C. Robles Luján (ed.). Pensar y sentir el exilio: una invitación a la filosofía de María Zambrano

Datos completos:

Robles Luján, Cintia C. (ed.), Pensar y sentir el exilio: una invitación a la filosofía de María Zambrano, Bogotá, Editorial Aula de Humanidades, 2020

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María Zambrano es una de las autoras más significativas del exilio republicano y de la filosofía española, ya que representa la singularidad de una pensamiento que manifiesta su profundo humanismo en la hermandad generacional; su profundo sentido de la escritura en la que va descubriendo su propio tiempo interno, tiempo que se convierte en argumento de libertad y de creación; y su profundo sentido de la patria, una patria interior que la acompaña en su propia circunstancia histórica del exilio y que hace de la suya una filosofía discursivamente confesional y vivencialmente sacrificial.

Los ensayos que conforman Pensar y sentir el exilio: una invitación a la filosofía de María Zambrano pretenden, desde diversas perspectivas, abordar el fenómeno del exilio y se orientan bajo el binomio significativo de sentir y pensar su vivencia como circunstancia histórica, biográfica y generacional. Esta obra invita a la constante reflexión y a recorrer los caminos o islas filosóficas de María Zambrano y, con ello, resignificar la importancia y transcendencia de su pensamiento en la filosofía contemporánea. El libro reúne importantes investigaciones de análisis, interpretación, confrontación y crítica de autores que han dedicado buena parte de su vida académica al estudio de la obra de Zambrano.

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Jorge Fernández Díaz. Los héroes olvidados

El texto que hoy recogemos fue publicado originalmente en el diario La Nación con el título de Los héroes negados que la escuela no quiere recordar, y constituye un ejemplo más de cómo las necesidades políticas de los Gobiernos resultan decisivas para el acceso a la condición de héroes e imponen silencios como el que envuelve esta “historia callada por nuestra estupidez y nuestra mala conciencia”.

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Cuando el teniente trepó hasta la cima y se llevó los prismáticos de campaña a los ojos, vio el escalofriante espectáculo que se abría paso en la bruma: fragatas, destructores, helicópteros y lanchones iniciaban el masivo desembarco. Era el Día D en el estrecho San Carlos, y la treta del teniente primero Esteban había sido un éxito: una vez tomado el pueblo y requisadas prolijamente las viviendas en busca de radios, armas y vehículos, había permitido que los isleños continuaran con su rutina y había escondido a su tropa. De lejos y con aquellas apacibles chimeneas humeantes, parecía un acceso despejado; si los ingleses no hubieran caído en la trampa su estrategia hubiese sido distinta: los comandos habrían llegado por la noche y habrían asesinado a los soldados argentinos.

En ese momento, Esteban hizo un cálculo correcto: había en aquellas costas cinco mil hombres, y él disponía de solo cuarenta efectivos. Nadie le hubiera reprochado seguir la lógica, que consistía en dar por radio la «alerta temprana» a sus superiores, y luego rendirse con honor. Pero aquel muchacho de 28 años que estaba a cargo de la Compañía C hizo lo inesperado: avisó y presentó batalla. Su proeza está en los libros de la historia militar de la Argentina y de Inglaterra; nadie conocía muy bien, sin embargo, lo que pensaba íntimamente durante esa guerra maldita. Carlos Esteban se había recibido en Córdoba de licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Sabía a esas alturas que Galtieri no sabía, y que esa conflagración era un enorme error estratégico. Estaban destinados a perder, pero no podía contárselo a nadie. Tal vez no le hubiera desagradado a Borges relatar la parábola de un valiente que aun reconociendo la futilidad trágica de su sacrificio, carga todo el tiempo con su secreto escepticismo y realiza a su vez una hazaña heroica.

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Pablo Echenique, el Trump hispanoargentino (que nos perdone Trump)

Se reproduce un artículo publicado en La Razón por Pilar Ferrer, con el título “Echenique: taimado, vengativo y lleno de resentimiento”.

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Ha cruzado todas las líneas rojas al incitar a la violencia. En una actuación llena de vileza el portavoz en el Congreso de Unidas Podemos, Pablo Echenique, reaccionó a favor de los graves disturbios acaecidos esta semana en Madrid y Barcelona en protesta por el ingreso en prisión del rapero Pablo Hasel.

Lejos de calmar los ánimos, este radical argentino animó a “los jóvenes antifascistas a defender la justicia y libertad de expresión”, y colmó de injurias a la Policía. En un gesto de su peculiar humanidad lamentó el ojo perdido de una manifestante en Cataluña,pero ignoró el salvaje lanzamiento de adoquines, piedras y toda clase de objetos contra los sufridos agentes de las Fuerzas de Seguridad. Una posición indigna de un político que confunde la libertad de expresión con el enaltecimiento del terrorismo y alienta los altercados callejeros. Es la suya una manera de calentar a los agitadores, incendiar la calle y despreciar a los pobres comerciantes que ven ateridos la destrucción de su negocio.

El diputado morado es claramente un vergonzante provocador, un instigador de los violentos.

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Fátima Uribarri. George Orwell marcado a fuego por la Guerra Civil española

La ciudad está empapelada de banderas rojas y rojinegras: «Habían pintado la hoz y el martillo y las iniciales de los partidos revolucionarios en todas las paredes; habían saqueado las iglesias», escribe George Orwell en las primeras páginas de Homenaje a Cataluña. Así encontró Barcelona cuando llegó a finales de diciembre de 1936: requisada. Los obreros estaban al mando. Y el trato entre la gente era distinto. «Los camareros y los dependientes de los comercios te trataban de igual a igual». Ese ambiente de camaradería le gustó porque: «Había escasez de todo, pero no privilegios», observó.

[…]

Lo enviaron al frente de Aragón, tranquilo en aquellos días. Cuando volvió a Barcelona de permiso, encontró otra ciudad: la diferencia de clases había regresado. Barcelona seguía «desportillada por la guerra. Pero sin ningún indicio de predominio obrero […]. Los oficiales del nuevo Ejército Popular […] aparecían en enjambres. Todos tenían pistolas automáticas; nosotros, en el frente, no podíamos conseguirlas ni por todo el oro del mundo», escribe.

[…]

Los Orwell logran subir a un tren para huir a Francia. Tienen la enorme fortuna de que, cuando los guardias revisan el convoy, ellos están en el vagón restaurante y «dieron por sentado que éramos gente respetable», escribe Orwell.

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