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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Javier Martínez Torrón. Políticos simples para sociedades simples

simples

Desde su refugio forzado en el hogar, muchos de nuestros conciudadanos parecen pensar, aunque no lo hagan explícito, que la crisis del coronavirus se irá con la misma facilidad y rapidez que vino, mientras entretienen su tiempo analgésicamente en devorar series televisivas o en intercambiar chistes por WhatsApp. No se les ocurriría pensar que cuando el líquido se derrama de su botella es fácil volverlo a meter, pero sí están instintivamente convencidos de que esta crisis sanitaria pasará pronto, de que el Gobierno -o quien sea- arreglará lo que se ha estropeado, de que esto es cosa de unos días y que luego todo volverá a la normalidad de manera indolora (al menos indolora para quienes no han sufrido la muerte o la enfermedad grave de alguien próximo).

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Manuel Ferrer. De aquellos polvos vienen estos lodos (se busca a los responsables de una tragedia)

8marzo

Se halla en marcha una recogida de firmas para denunciar al presidente del Gobierno de España y a los delegados de gobierno de diecisiete comunidades autónomas por prevaricación, por haber permitido las marchas del 8 de marzo, con pleno conocimiento de que el coronavirus constituía ya una grave epidemia que amenazaba la salud de los españoles.

Hoy, 25 de marzo, el ministro de Sanidad ha reconocido que fue en la última semana de febrero cuando se produjo el contagio importante en la Comunidad de Madrid.

El Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades envió el 2 de marzo un informe a todos los Estados miembros de la Unión Europea, en el que pedía a todos los Gobiernos de la UE que dictaran «medidas de distanciamiento social individual» y les instaba a «considerar la cancelación de las concentraciones masivas en casos excepcionales», donde hubiera existido algún contagio local de coronavirus. El informe también pedía a los gobiernos que recomendaran a sus ciudadanos evitar acudir a actos multitudinarios, como medida preventiva.

Pese a ello, señala la denuncia presentada por Víctor Valladares, seis días después y «sin seguir las pautas marcadas por la UE», las Delegaciones del Gobierno autorizaron la celebración de las multitudinarias manifestaciones del 8 de marzo, «con la anuencia, sin que existiera indicación o resolución alguna por parte del Gobierno central» para prohibir estas convocatorias.

Y antes, en el mes de enero, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la agencia estatal de investigación adscrita al Ministerio de Ciencia e Innovación, había advertido al Gobierno de la “gravedad” del brote de coronavirus.

Pero la obcecación por apuntarse un tanto con una masiva participación en las manifestaciones feministas hizo que el Gobierno de España cerrara ojos y oídos a esas advertencias. Las consecuencias están a la vista.


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Manuel Ferrer. Consejos gratis al presidente del Gobierno de España: rectificar es de sabios

abandono españoles

Dicen que no hay peor ciego que aquel que no quiere ver. Por eso hay que aprender de los propios errores, y por eso es deseable que el Gobierno de España actúe en consonancia con las promesas de su presidente y, llegado el momento, lleve a cabo una revisión crítica de sus recientes actuaciones ante la pandemia del coronavirus: lo que se hizo bien, lo que se hizo mal, lo que podría haberse hecho mejor.

Admitido de modo unánime el pecado original del temerario apoyo a las manifestaciones del 8 de marzo, saltan a la vista muchos de los problemas que afronta el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social para coordinar las acciones que deban acometerse en cada una de las autonomías del Estado. Explicaciones hay obvias y no parece el caso de detenerse en su análisis.

En cambio, se habla poco del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Coordinación, que, con carácter general, ha manejado con torpeza extrema la atención que requerían aquellos compatriotas atrapados en otros países cuando la crisis del coronavirus nos sorprendió a todos por su repentina y extrema virulencia.

Quienes hemos vivido tiempo fuera de España hemos experimentado en nuestras carnes la desidia y la incompetencia de algunos consulados: bastaría traer a colación los casos de corrupción observados en Dakar cuando cientos de senegaleses buscaban desesperadamente medios para ingresar a España, huyendo de la miseria. Saben perfectamente quienes pisaron entonces el terreno que la expedición clandestina de visados por funcionarios corruptos no constituyó precisamente un fenómeno aislado.

Quienes vivíamos en Ecuador cuando el terremoto de 2016 nos sentimos desprotegidos e ignorados por el personal del consulado, que nunca se puso en contacto con nosotros para orientarnos, brindarnos asistencia o ponerse a nuestra disposición.

Estos días se produjo un penoso suceso en Guayaquil, cuando se impidió el aterrizaje de un avión fletado por nuestro Gobierno para recoger a ciudadanos españoles varados en Ecuador. Que se sepa, nuestros representantes consulares no mostraron particular sensibilidad para atender a esas personas, que vivieron una atroz pesadilla. Entre ellas había más de cuarenta miembros de la Asociación Española de Sanitarios en Ecuador, que se habían desplazado a este país para una campaña humanitaria.

Y no ha sido un caso aislado. Pregunten, si no, a los más de doscientos españoles retenidos en Filipinas que, desde que se decretara la pandemia de coronavirus, trataron de regresar a sus hogares sin éxito, y sin que nuestra representación diplomática les brindara ninguna ayuda.

En Argentina, la única recomendación que recibieron del consulado las personas que se vieron afectadas por las restricciones de vuelos fue que abandonaran el país cuanto antes.

En Delhi, compatriotas nuestros sufrieron incluso agresiones. Una de esas viajeras refiere que, “tras días de muchos intentos”, la respuesta de la embajada llegó el sábado, 21 de marzo. El correo electrónico de la legación diplomática decía: “Sentimos mucho la situación. La embajada está haciendo todo lo posible para ayudar a los españoles. Registramos sus datos y adjuntamos información de utilidad”. Satisfecha la rutina burocrática, el consulado español en esa ciudad debió de mirar en otra dirección.

Al día de hoy, hasta un centenar de españoles siguen en la capital tailandesa sin encontrar una solución en la embajada, y con la única perspectiva de afincarse en el aeropuerto.

Y, entretanto, la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, pidió ayer “paciencia y colaboración”. Y se queda tan tranquila.

No sería mala idea que el Ministerio de Exteriores empezara a tomar conciencia de que la representación diplomática no es un chollo para conocer mundo, disfrutar de salarios de fábula y de montones de privilegios, con el solo compromiso de hacer el paripé de vez en cuando con solemnes declaraciones en la línea de que España sigue siendo el aliado natural de Hispanoamérica o el interlocutor más fiable con el mundo árabe, como en tiempos del difunto don Francisco.

Y tampoco estaría del todo mal que esas adormecidas legaciones diplomáticas movieran de vez en cuando algún dedito para exigir el cumplimiento de los Convenios Bilaterales y Multilaterales de Seguridad Social suscritos entre España y diversos países, con la modesta finalidad de que se vean reconocidos en un tiempo razonable los derechos laborales de los españoles que, expulsados por la situación económica de su país, emigraron lejos, con sus familias, en busca de un empleo que les permitiera ganarse la vida.

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Algunas noticias sobre el abandono de nuestros patriotas en el extranjero:

https://www.lavanguardia.com/vida/20200320/474265343302/coronavirus-espanoles-extranjero-aeropuertos-regreso-espana.html

https://elpais.com/espana/2020-03-22/espanoles-en-el-extranjero-nosotros-somos-el-coronavirus-para-ellos.html

https://elpais.com/espana/2020-03-20/exteriores-gestiona-la-vuelta-de-mas-de-4000-espanoles-en-el-extranjero.html

https://www.infolibre.es/noticias/politica/2020/03/21/espanoles_extranjero_denuncian_odisea_volver_sus_casas_plena_crisis_del_coronavirus_105162_1012.html


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Solidaridad de políticos catalanes en tiempos de coronavirus

torra

Al independentismo más excitado [la crisis del coronavirus] le ha servido para sacar lo peor, como el «de Madrid al cielo» de la fugada Clara Ponsatí a propósito del mayor número de afectados y fallecidos en la capital española.

Un edil de la CUP de Vic animó a toser en la cara a los militares de la UME que intervienen en Cataluña. Ayer también, en Catalunya Ràdio, Torra arremetía de nuevo contra el Gobierno, en este caso por haber mandado al Ejército a Cataluña sin avisarle: «Así no se hacen las cosas. Habíamos colaborado bien con el ministro de Sanidad. Y de repente nos ponen en estado de alarma. Nos envían al Ejército y no nos dicen para qué», apuntaba Torra, pasando por encima que días antes miembros de su gobierno habían acusado sin pruebas al Ejecutivo de retener en Madrid material sanitario destinado a Cataluña.

«Si el Ejército quiere venir a Cataluña y nos quiere ayudar, que se plante en la pista del aeropuerto del Prat y pare los aviones», insistió el presidente catalán. Frente a la actitud de Torra, y sin dejar de reclamar también medidas de confinamiento más contundente, desde ERC trataban ayer de desmarcarse de la actitud frentista del presidente autonómico y animaba a no hacer de la gestión de la crisis «una batalla política o partidista».

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España contra el coronavirus: no es oro todo lo que reluce

iglesias coronavirus

En este artículo de José Luis Casal –“¿Un plan de choque de 200.000 millones? Algunos datos preocupantes”- el autor manifiesta su convicción de que “estamos viviendo días en los que se ve quién está al servicio de la sociedad y quién hace las cosas para que la sociedad, o aquellos de su ideología, se lo reconozcan”. Y advierte:

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Sí, sé que toca estar todos a una en estos momentos tan duros para todos, pero conviene ir tomando nota de los despropósitos que estamos viviendo para que no se nos olviden y podamos exigir responsabilidades cuando toque.

Porque nos han metido en un lío tremendo por su incompetencia, mediocridad y ansias de poder. Ansias de salir en una foto moviendo masas bajo la etiqueta del feminismo. Una etiqueta que han hecho propia y que castigan y penalizan a los que no son de los ‘suyos’.

Un lío provocado por quien, con unas ansias de gobernar y pasear en NUESTRO Falcon, ha buscado a socios egoístas, con baja o nula experiencia en este tipo de menesteres y con un deseo de cumplir sus objetivos odiosos de controlar el país, los medios, los servicios secretos… y por tanto a los ciudadanos, aleccionando lo que ha de parecernos bien y lo que no, lo que es correcto y lo que no… generando un ‘conmigo o contra mí’ de libro. Y ya sin hablar de esos que van por libre y siguen erre que erre con su manía del independentismo. Sí, también en momentos como estos. Ya veis, siempre pendientes de los ciudadanos.

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Coronavirus en Ecuador: la alcaldesa de Guayaquil boicotea una operación humanitaria

aeropuerto Guayaquil

Ante el insólito y gravísimo hecho del cierre forzado de la pista del aeropuerto de Guayaquil a dos aviones de aerolíneas europeas que iban vacíos a recoger a extranjeros varados en Ecuador, un eurodiputado ha solicitado respuesta diplomática al vicepresidente de la Comisión Europea y al Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad.

Así justificó esa solicitud dicho parlamentario:

Cuando la tragedia sacudió Ecuador en 2016, España no dudó en ayudar a un país hermano en un momento de necesidad. Hoy mismo le exijo a @JosepBorrellF que la UE responda ante este acto cobarde e irresponsable de la alcaldesa de Guayaquil, impropio del noble pueblo ecuatoriano.

El eurodiputado considera gravísimo el incidente, por cuanto esa actuación tuvo además una clara motivación populista y xenófoba, dado el origen europeo de las aeronaves, y no se basó en ningún criterio médico o de seguridad.

Además de deplorar la cortedad de miras y la mezquindad de quien invadió esferas de competencias ajenas para impedir un rescate humanitario, habrá que atenerse a las repercusiones diplomáticas de este penoso asunto, que, aparte sus posibles consecuencias penales, debería implicar ipso facto la remoción del cargo de alcaldesa de Cynthia Viteri y el fin de su carrera política.

A continuación remitimos a un artículo de José Hernández, muy crítico con la alcaldesa de Guayaquil

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La alcaldesa de Guayaquil impidió que un avión vacío, que llegaba para buscar ciudadanos europeos, aterrice. Los argumentos esgrimidos dejan helado. Ese avión llegaba con once tripulantes que, según la alcaldesa, debían quedarse hasta el viernes en Guayaquil. ¿Y?
Este es el caso típico de un funcionario que cree solucionar un problema cuando lo que hace es crearlo. Porque la alcaldesa procedió como si ella supiera que esa tripulación está contagiada. ¿No había cómo hacer pruebas mínimas de chequeo? Por supuesto ella dio vuelta a su propio argumento al decir que esa tripulación venía a la ciudad de mayor contagio en Ecuador. ¿Se debe entender que no los dejó aterrizar para protegerlos?

El segundo argumento es igualmente controversial. Ella acusa, se entiende al gobierno, de haber concentrado 200 europeos en Guayaquil para ser transportados en el avión que, finalmente, tuvo que aterrizar en Quito. Para ella era necesario llevarlos a otro aeropuerto. Se antoja obvio que si fueron a Guayaquil es porque era el sitio más cercano de donde se encontraban. Esos 200 europeos, más otros que debían salir en un segundo vuelo, ya están en esa ciudad. ¿No permitirles esa evacuación solucionará el problema?
Viteri, lejos de aportar racionalidad al manejo de esta crisis, la enturbia. Invadió con vehículos del municipio la pista del aeropuerto. Eso es un delito y se entiende que la fiscalía inició ya la investigación. La alcaldesa no tiene esa autoridad y hacerlo acarreará seguramente serias penalizaciones contra el aeropuerto de Guayaquil. Lo que ella hizo es, en realidad, boicotear una operación humanitaria.

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Manuel Ferrer. Coronavirus: los gobiernos europeos acuden en socorro del ciudadano, mientras el ecuatoriano aprieta la clavija a los funcionarios

FRANCE-ECUADOR-POLITICS-DIPLOMACY

El presidente ecuatoriano parece haber entendido al revés la noción de Estado-Providencia, como si fueran los ciudadanos los obligados a sostener al Estado en los momentos difíciles, sin que, al parecer, el Estado deba preocuparse poco ni mucho por los apuros económicos en que se desenvuelve la vida de la mayor parte de la población.

Lenín Moreno dijo que Ecuador pierde ocho millones de dólares al día a causa del coronavirus y del desplome del precio del petróleo; y, ante la adversa coyuntura, receta el siguiente tratamiento: recortes  presupuestarios, reducción de salarios de empleados públicos y endeudamiento.

En Italia, el país que fue la puerta de entrada a Europa del coronavirus a gran escala, Giuseppe Conte ha anunciado un paquete de ayudas de 25.000 millones para familias y empresas, profundizando en medidas tomadas anteriormente. Se han aplazado los pagos de la hipoteca hasta dieciocho meses para los más perjudicados por la crisis existente y se concederán créditos fiscales para pequeñas empresas de hasta el 60% del coste del alquiler. Se proporcionará una ayuda de 600 euros, exenta de impuestos, a los autónomos que hayan perdido el trabajo a consecuencia de la crisis sanitaria.

En Francia, el ministro de Finanzas, Bruno Le Maire, anunció ayudas por valor de 45.000 millones de euros y garantías de préstamos por 300.000 millones. En el asunto de la vivienda, Francia ha profundizado mucho en las ayudas, sobre todo mirando al mundo empresarial: ha anunciado el cese de las facturas de agua, luz, gas y alquiler para las PYMES (Pequeñas y Medianas Empresas) en dificultades a raíz de la crisis sanitaria (siempre y cuando el arrendador pueda asumirlo).

El Gobierno de España aprobó en Consejo de Ministros una moratoria (de entre uno y tres meses) en el pago de la hipoteca para los afectados por la crisis del coronavirus. El decreto incluye también la prohibición de cortar suministros básicos (agua, luz y gas) a colectivos vulnerables.

Pero el Gobierno del Ecuador va a lo suyo: trata de arreglar unas cuentas imposibles mediante el avasallamiento de los ya exprimidos y exhaustos empleados públicos. Por supuesto, la empresa y la banca son sagradas y no deben ser incomodadas.