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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Amazonía brasileña perdió 1.202 kilómetros cuadrados entre enero y abril del 2020

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Pese a la pandemia del coronavirus, que ha motivado paralización de actividades, así como medidas de confinamiento, la selva brasileña ha registrado un grave retroceso a causa de la deforestación.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE), el área de deforestación en abril fue un 64% más alta que en el mismo mes del año pasado. En ese mes se destruyeron 405,6 kilómetros cuadrados de selva.

En lo que va del año, desde enero hasta abril, la Amazonía de Brasil perdió 1.202 kilómetros cuadrados, es decir 55% más que el 2019.

Esto sería causado por la operación de madereros y mineros ilegales lo que está comprometiendo la extensión de este espacio. Ante esta situación, el gobierno brasileño dispuso el envío de soldados a este territorio, y el presidente, Jair Bolsonaro, firmó un decreto que autoriza a emprender acciones preventivas y restrictivas contra la deforestación ilegal y los incendios forestales.

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Rolando Herrera. En México prevén 12 millones de pobres extras

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La contracción económica que ya está generando la pandemia del Covid-19 incorporará a 12.2 millones de mexicanos a la pobreza si la Administración de Andrés Manuel López Obrador no lo impide, advirtió Miguel Székely, director del Centro de Estudios Educativos y Sociales (CEES).

En una investigación desarrollada en conjunto con Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) se sostiene que este aumento masivo de la precariedad económica puede evitarse con la implementación de cinco programas que tendrían un costo de 159 mil millones de pesos, que representan apenas el 0.66 por ciento del PIB.

México, pese a ser la segunda economía de Latinoamérica, indicó Székely, es el país de la región que menos acciones de amortiguamiento ha anunciado.

Székely, quien fue subsecretario de Sedesol (2002-2006) y subsecretario de la SEP (2006-2010), elaboró un estudio para determinar cuál será la población afectada y qué medidas se pueden adoptar para aminorar el efecto.

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Jacqueline Murillo. Miserere para exorcizar la pandemia

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Ahora, cuando nos sentimos más vulnerables, alzamos la mirada para reconocer que vivíamos en una burbuja. Nos creíamos blindados porque pensábamos que teníamos cierta protección, cierta estabilidad, y eso nos permitía respirar relativamente tranquilos, del todo ajenos a las tragedias que se vivían en otros países. Pero como en aquella pintura de Poussin, Et in Arcadia Ego -una de las obras más representativas del barroco, e incluso de la historia (lo dicen los expertos en arte)-, en ese lugar idílico, en esa Arcadia, esos pastores han descubierto que la muerte también está presente en el paraíso.

Recuerdo la portada románica de la catedral de Jaca: “Cristo no perdona el pecado, pero sí al pecador”. Cabría deducir de ahí que desde nuestro nacimiento ya estamos condenados, y ante eso, nada que hacer.

Incluso, veíamos algunas imágenes de África y de otros continentes que nos resultaban un tanto lejanas, y que ahora se han colado entre nosotros. No conocemos con certeza el mensaje de esos Heraldos negros, de esos Bárbaros Atilas del poema de Vallejo, pero lo cierto es que sentimos una especie de latencia que nos pone a reflexionar sobre nuestra fragilidad ante un sistema de salud tan precario como el de Colombia. Me refiero no solo a la salud pública: también “se cuecen habas” en los servicios de salud privada, que están supeditados al monto que paga el usuario. En ningún caso el Estado se encarga de proteger la vida del ciudadano.

De otro lado, atrás han quedado las pompas fúnebres, el rutilante desfile de limosinas y los rituales religiosos tan costosos para asegurar un sepelio como debe ser, acorde con el estrato del fallecido. El negocio de los seguros funerarios también ha sido muy lucrativo. Basta ver ahora las fosas comunes, los cajones en fila para ser sepultados por la máquina que los condenará al silencio eterno: todo queda allí completamente finiquitado y sin los rituales pagados en cómodas cuotas a lo largo de muchos años. La pandemia no da espera para los servicios luctuosos y es mejor evitar cualquier contagio en estos tiempos en los que algunos oportunistas religiosos de oficio hablan de las trompetas que anuncian el apocalipsis o el final de los tiempos: como si el tiempo tuviera un principio y un final. O si no, pregúntenles a los físicos relativistas, acólitos de Einstein, que son diestros en la materia.

El sistema de salud en Colombia es una trinidad compuesta por el Gobierno, que tiene la dirección y el control a través del Ministerio de Salud y Protección Social, las entidades promotoras de salud (EPD) y las administradoras de riesgos laborales (ARL).  Ya es claro para todos que el CoVid nos cogió con los calzones abajo, y el ítem de la salud se encontraba en cuidados paliativos; sin embargo, los planes de contingencia empezaron a dinamizarse con el confinamiento obligatorio, que fue un recurso utilizado para frenar un poco el contagio y preparar los hospitales y centros especializados y/o improvisados para recibir a tantísimos posibles contagiados. A dos días de restablecerse paulatinamente las tres franjas de la economía en Bogotá, las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) ya se encontraban con el 80% de su capacidad, y en el caso concreto de una clínica situada en el sector de Suba, uno de los más poblados de la capital, hubo que cerrar la UCI de neonatales por contagio de los médicos y del personal asistencial que, por la promiscuidad laboral, trabajan hasta en tres lugares para solventar el sustento familiar.

No había sido capaz de abordar la ausencia temprana de un ser querido, pero también es lamentable reconocer que la burocracia del sistema hace lo propio, y el torbellino de trámites en las diferentes dependencias descoordinadas prolonga la agonía de un paciente oncológico. Algunos especialistas terminan sus contratos, y entonces el paciente vuelve a empezar desde cero; las intermitencias en los cuidados y la falta de coordinación en las unidades especializadas contribuyen a dilatar la atención que merece la persona. A veces los laboratorios no entregan los resultados a tiempo; el servicio de Internet funciona en ocasiones con intermitencia; el patólogo de turno no siempre recibe las pruebas en el tiempo necesario para direccionar el caso; el laboratorio no alcanzó quizá a grabar las pruebas, y los insumos para las quimioterapias tardan más de lo esperado. El tráfico de desconciertos es una espiral en crescendo que va en contravía ante la acuciosa necesidad de saber cómo salieron los exámenes para corroborar que efectivamente vamos por el camino correcto o si se ha producido alguna falla en el tratamiento. Esa constelación de errores puede llegar a ser tan desgastadora como la misma enfermedad que se agazapa en un cuerpo cada vez más exiguo e indefenso.  De alguna forma mi amiga partió como consecuencia de estas penurias; y esto ocurrió antes de la pandemia: de lo contrario, el drama hubiera sido más desgarrador.

Parecería que aquella inscripción de la portada de la catedral de Jaca cobra actualidad cuando los colombianos se ven forzados a acudir a un sistema de salud tan poco eficiente, y terminan ofrendando sus vidas como víctimas silenciosas. Pero ustedes dirán que desde que nacimos ya tenemos la impronta de la muerte: elemental, mi querido Watson, lo que no es normal es que una persona no pueda tener una asistencia digna y termine convirtiéndose en la sustitución sacrificial de que hablaba Girard, pues, de hecho, como decía el maestro, el sacrificio es “una violencia sin riesgo de venganza”.

Colofón: por cierto, hace unos días en Colombia nombraron a Jorge Rodrigo Tovar como el nuevo coordinador de víctimas del Ministerio del Interior. Tovar es hijo de “Jorge 40”, reconocido exparamilitar que purga pena en EE. UU. por narcotráfico y tiene en su haber más de 600 casos criminales.


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Tratamientos contra el coronavirus: ¿ser o no ser?

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Recogemos aquí tres testimonios discrepantes de cómo la estrategia para enfrentar el coronavirus está sujeta a debate y es objeto de juicios contradictorios.

Lo grave es que el accionar de los Gobiernos implica la adopción coercitiva de instrumentos susceptibles de estar equivocados, como se deduce de las opiniones contrapuestas de los especialistas.

En SAICSHU no nos corresponde la indagación médica, que resulta ajena a nuestro propósito, pero sí podemos observar esas contradicciones y las políticas adoptadas por los diversos gobiernos, algunas de ellas manifiestamente desafiantes a un régimen de libertades.

Así, la irlandesa Dolores Cahill, de brillantísima trayectoria académica y científica en el mundo de la inmunología y de la biología molecular, en una reciente entrevista, pone bajo sospecha la imposición de la mascarilla y del confinamiento, y revela la falta de fundamento científico de muchas políticas observadas por gobiernos de muchos países, incluido el distanciamiento social; al tiempo que, llamativamente, recomienda la hidroxicloroquina como el tratamiento más eficaz.

Por contraste, un estudio sobre la cloroquina y su derivado, la hidroxicloroquina, basado en la observación de 96.000 pacientes en 671 hospitales, revela que esos fármacos no proporcionan ningún beneficio a infectados hospitalizados, y que pueden aumentar el riesgo de problemas cardíacos serios y provocar un mayor riesgo de muerte. No obstante, y aunque estadísticamente los resultados sean válidos, los médicos no aseguran que los peores resultados vistos en pacientes que tomaban cloroquina o su derivado se deban a esos fármacos y no a otro factor que se les haya podido escapar.

Finalmente, Didier Raoult, un destacado virólogo francés, asesor del Gobierno francés considerado como el gran apóstol de la cloroquina, considera un error el confinamiento total,  y recomienda seguir el ejemplo de Corea; es decir, “multiplicar las pruebas, tratar a los afectados y aislar solo a las personas que den positivo”. “Estamos en el siglo XXI. Lo que se debe hacer con las enfermedades infecciosas es detectarlas, confinar a las personas que son contagiosas y reducir el tiempo durante el que lo son”.

El debate está en marcha, y, puesto que hay tanto en juego, hace falta que los científicos se ejerciten en la humildad y consideren que sus conclusiones -parciales, por la simple razón de que vivimos en plena crisis del coronavirus- son falibles. La ciencia nunca debe adoctrinar, sino investigar y proponer explicaciones racionales. Con mayor motivo, los gobiernos deben rehuir la instrumentalización de la enfermedad con fines partidistas y adoptar líneas de actuación flexibles, coherentes y fáciles de observar.

Las pantomimas que a los españoles ha brindado la gestión de la crisis por el actual Gobierno, sumido en el caos, en casuísticas interminables y en perpetuas contradicciones, constituyen un ejemplo apodíctico de lo que hay que evitar.


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Pedro G. Poyatos. ¿Por qué Suecia encabeza la mortalidad per cápita en Europa?

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La estrategia sueca frente al coronavirus, ya cuestionada desde fines del mes pasado-véase nuestra entrada del 28 de abril-, puede considerarse definitivamente errada, al menos en el corto plazo, si se analiza la información que proporciona este artículo.

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Suecia ha alcanzado un triste récord en la pandemia de coronavirus al encabezar durante la última semana el ranking europeo de muertos per cápita. Según Ourworldindata.org, el país nórdico registró entre el 12 y el 19 de mayo un promedio de 6,25 muertes por millón de habitantes y ya supera a Reino Unido, que ocupa el segundo lugar con 5,75.

Bélgica, el país que presenta junto con España la mayor tasa de muertes por habitante relacionadas con el coronavirus en Europa (salvo los microestados), registró de media diaria 4,6 muertes por millón, y a continuación le siguen Francia (3,49); Italia (3) y España (2,95), que durante los últimos días ha visto cómo los fallecidos caían por debajo de la barrera de los cien. Todos ellos países que impusieron el confinamiento y limitaron la libertada de circulación de sus ciudadanos.

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Pedro Carretero. Protestas en el Ecuador

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Está genial que salgáis a manifestaros para que a las universidades no les quiten presupuesto, pero…
¿Alguien ha salido a protestar porque los docentes contratados han estado sin cobrar, sin ingresar un dólar en su casa y sin contrato, tres meses?
¿Alguien ha salido a protestar porque, los dos últimos meses, los docentes y maestros no han cobrado antes del día 20?
¿Alguien ha salido a protestar por tener que poner los docentes sus propios medios para trabajar (y no me refiero desde la pandemia)?
¿Alguien ha salido a protestar por la bajada continuada de los derechos de los docentes o que vivamos con miedo continuamente?
¿Alguien ha salido a protestar por los institutos tecnológicos, controlados por mafias afines al gobierno de turno y con todos sus profesores con contrato temporal, ninguno con nombramiento?
¿Alguien ha salido a protestar porque han querido equiparar a los institutos tecnológicos (lo que en Europa sería una Formación Profesional) con las universidades y les han dejado crear títulos de tercer nivel, que no deberían otorgar ni por sus señas identitarias ni por la formación de su profesorado?
¿Alguien ha salido a protestar por la cantidad de horas de clase que tienen los maestros y el sueldo miserable que reciben, siendo la profesión más importante de un país?
¿Alguien ha salido a protestar porque nos inflen a dar clases saltándose el reglamento de escalafón docente, continuamente?
¿Alguien ha salido a protestar porque nos bajen las horas de investigación continuamente y, sin embargo, nos suban cada día la obligación de publicar?
¿Alguien ha salido a protestar por la cantidad de burocracia que hay en los centros educativos, que quita las ganas de hacer nada?
¿Alguien ha salido a protestar porque investigamos sin medios, o poniendo los medios de nuestro bolsillo, pagando las investigaciones con nuestro dinero?
¿Alguien ha salido a protestar por aquellos centros educativos que se han convertido en haciendas?
¿Alguien ha salido a protestar porque nos quitan la poca sanidad que tenemos y la convierten en un negocio, en un país donde el pobre se muere y el rico, que puede pagar un hospital privado, se salva?
¿Alguien ha salido a protestar porque tenemos un salario base de 400 USD, y un precio de la vida y de los productos (salvo los del campo) más caro que la mitad de los países de Europa?
¿Alguien ha salido a protestar porque se favorece a las instituciones privadas, ya sean colegios, institutos o universidades, antes que a las públicas?
¿Alguien ha salido a protestar porque las farmacias son un negocio mafioso, donde una medicina cuesta 10 veces más que en Europa?
¿Alguien ha salido a protestar porque los bancos nos cobran unas comisiones 10 veces mayores a las cobradas en Europa?
¿Alguien ha salido a protestar porque no tenemos ni siquiera un sindicato que nos defienda a los trabajadores, mucho menos a los profesores?
¿Alguien ha salido a protestar porque la mayoría de las ciudades no tienen un servicio de transporte público digno, limpio, seguro y no contaminante?
¿Alguien ha salido a protestar porque se cargaron una de las mejores redes de ferrocarriles de América del Sur y la hicieron desaparecer?
¿Alguien ha salido a protestar porque se destruye de forma indiscriminada el patrimonio, y los museos están siendo desmantelados o ninguneados?
¿Alguien ha salido a protestar porque no tenemos unas carreteras dignas, una red de alcantarillado decente o un suministro de agua potable que se pueda tomar sin miedo?
¿Alguien ha salido a protestar porque están regalando la Amazonía a las mineras o cargándose las fuentes naturales de agua?

Eso sí, salen a protestar porque les van a quitar un subsidio a la gasolina, que no es un bien de primera necesidad. Suban la gasolina: quien quiera coche que se lo pague; subsidien, si quieren, a los profesionales que demuestren que necesitan ese subsidio para mantener su actividad laboral y que tienen registrada su empresa en el SRI, además de pagar sus impuestos.
Y no hagan caso a los que quieren aprovechar cualquier momento de crisis para su politiquería y posicionarse, ante el cambio, en un carguito.


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Webserie chilena expone “la muerte” de las universidades y cómo mutaron en “productoras de papers que nadie lee”

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Producto de una investigación de tres años, Pliegue, colectivo que busca democratizar la filosofía y la estética contemporánea, estrena Paradojas del Nihilismo: La academia, una webserie de seis capítulos que verá luz el próximo 27 de mayo, y relata una profunda crisis en la universidad como institución.

Con un equipo audiovisual liderado por mujeres, la webserie muestra el triunfo del neoliberalismo cognitivo en las universidades y cómo se convirtieron durante los últimos treinta años en centros de acreditación, impresoras de títulos, compañías que producen empleados y productoras de papers que nadie lee.

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