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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Roberto Palacios Valdés. Planificación y educación superior en Panamá

La Educación Superior es el único instrumento de desarrollo con que cuenta un país, por ello los estados deben planificar qué tipo de educación se requiere para alcanzar los objetivos de un desarrollo sostenible en el tiempo.

Uno de los fenómenos que ha revolucionado el mundo entero ha sido el proceso de globalización que, en mi concepto, ha traído que todos los sistemas económicos hayan tenido que reajustar su proceso de desarrollo, esto incluye: tecnología, educación, competitividad, acceso a mercado. Panamá no se excluye de este fenómeno y ha influido tanto que ha tenido que ajustar los planes educativos en todos los niveles de la educación. Nuestro país, si no se adapta a este proceso, queda excluido del mundo comercial.

Este fenómeno está influyendo en nuestra sociedad contemporánea hasta el punto que, si no nos adaptamos al nuevo ordenamiento económico mundial, quedamos excluido en este proceso de globalización y competencias, de ahí la ES debe aportar a este proceso los profesionales necesarios para garantizar que la oferta educativa se está adaptando a la demanda de mercado. En pocas palabras, es necesario formar el recurso humano para hacerle frente a la globalización.

Hay avances en este proceso en Panamá; por ejemplo: en materia educativa observamos que todas las universidades públicas y privadas han tenido que acreditarse, con el objetivo de que toda institución que imparte educación superior cuente con los instrumentos básicos y necesarios para formar recurso humano para esta nueva concepción del desarrollo. Además, la gestión pública del Estado ha tenido que modernizarse para elevar la competencia como país de servicio que somos, todo este proceso de mejoras en la educación, de la gestión pública ha servido para que Panamá haya podido obtener grado de calificación en cuanto a las inversiones que se realizan dentro del país.

Por supuesto, uno de los obstáculos en la ES —sobre todo en las universidades públicas— son los recursos financieros y presupuestarios que son asignados para el desarrollo educativo. Prácticamente estas limitadas asignaciones solo permiten pagar servicios personales (salario) y muy poco para invertir en otro eje de la educación como son: Investigación, Extensión, Docencia, Gestión, Infraestructura.

Panamá es uno de los países de América Latina que invierte muy poco en la educación superior, de ahí que reafirmo que uno de los obstáculos en este proceso es la poca asignación de recursos que impide que las universidades públicas sean punta de lanza a este proceso de desarrollo.

En síntesis, la planificación en la ES juega un papel importante, porque conjuga o armoniza la visión y la misión de la organización en este caso la ES. Esta planificación conlleva a elaborar valores que identifiquen en toda su extensión al centro educativo que imparte educación superior, no podemos improvisar la planificación de la educación en todo caso debe elaborarse un plan de desarrollo institucional a objeto de imprimirle esa visión y misión que requiere las instituciones educativas para su desarrollo.

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Educación superior y planificación nacional en Ecuador

La educación superior debe responder a las expectativas y necesidades de la sociedad y la planificación nacional, articulando su oferta docente, de investigación y actividades de extensión a la formación de un ser humano integral en armonía con su entorno social y ambiental, a la construcción de una identidad nacional, a la demanda académica, a las necesidades del desarrollo local, regional y nacional; a las tendencias demográficas locales, provinciales y regionales; a la vinculación con la estructura productiva actual y potencial de las diferentes zonas y regiones del país; a las políticas nacionales de ciencia y tecnología, y a la prospectiva de desarrollo científico y tecnológico mundial.

La calidad de la educación es uno de los temas que han estado en el centro del debate en las últimas décadas ligado a la necesidad de aumentar la calidad educativa que se ofrece, atender la expansión educativa de los últimos años y a la necesidad de incluir a todos los sectores de la población en niveles cada vez más altos de escolarización.

La calidad debe ser el referente de la educación superior, en esa búsqueda constante y sistemática de la excelencia, la perfección y la elevación en la producción y transmisión del pensamiento y conocimiento mediante la autocrítica, la crítica externa y el mejoramiento permanente.

Las instituciones de educación superior deben ofrecer a los y las estudiantes las mismas posibilidades en el acceso, movilidad, permanencia y egreso del sistema de educación superior, sin discriminación de género, credo, sexo, etnia, cultura, orientación política, condición socioeconómica o discapacidad que no limite sus facultades de aprendizaje, considerando una pauta distributiva basada en el mérito académico.

La igualdad de oportunidades debe comenzar en los procesos de admisión de los bachilleres que tienen diferente formación dependiendo de los colegios donde se educaron, grandes diferencias de las que no son responsables ellos sino del colegio que los formó, para lo cual se requiere poner en acción programas de nivelación en las instituciones de educación superior.

La inequidad preexistente en la educación latinoamericana se ha acentuado de manera profunda en los últimos años. A nivel mundial, América Latina exhibe la distribución de ingresos más inequitativa y gran parte de esta desigualdad refleja el hecho de que la región no ha invertido lo suficiente en educación de buena calidad para sus niños. Felizmente, el Ecuador está a la cabeza de los países que más ha invertido en educación superior en la última década. Pero la inequidad sigue vigente. Hay que trabajar para eliminar la inequidad.

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La doble moral de Pablo Iglesias

Sería fácil acumular ejemplos que muestran la contradicción entre lo que Podemos proclama y lo que practica -afortunadamente hay que habar ya en pasado- el que fuera su líder hasta el batacazo electoral del 4 de mayo.

A la postre, esas incoherencias lo han conducido al precipicio, por mucho que quiera achacar su caída en desgracia a los tabernarios fascistas tan caros al señor Tezanos.

Si nos preguntamos qué dice el código ético de Podemos sobre las remuneraciones o cesantías de los miembros del partido que dejan de ejercer un cargo público, advertiremos la flagrante oposición entre las palabras y los hechos del fugaz aprendiz de brujo.

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Durante una entrevista en Radio Televisión Española, el 9 de abril, Iglesias justificó la percepción de su indemnización. “Hay algunos que piensan que nosotros no tenemos derecho a lo mismo que el resto que ha estado antes en posiciones de Gobierno”, dijo. Sin embargo, el código ético de su partido, que se puede consultar en su página web, establece “la obligación de no percibir ninguna remuneración ni cesantías de ningún tipo una vez finalizada su designación en el cargo”. Según el documento, “quienes con anterioridad al cargo fueran titulares de un empleo público retomarán con carácter definitivo el último puesto del que fueran titulares definitivos u otro puesto equivalente en términos de salario, dedicación, área de actividad y localidad”. Si no tenían un empleo público, “cobrarán la prestación por desempleo que les corresponda”.

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Se nos ha ido Caballero Bonald

Este artículo de Luis María Ansón rinde homenaje a un grandísimo escritor, nunca apreciado en su justa medida por su independencia de criterio y porque nunca buscó el pesebre de los poderosos.

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Lamentable, lamentable que un escritor de la dimensión literaria de José Manuel Caballero Bonald no fuera académico […]. Caballero Bonald hizo siempre una poesía de vanguardia, independiente, sin sumisiones ni a la dictadura de la crítica ni a la asfixia de los grupos poéticos. En sus versos se escucha la música callada y tiembla la rima interior sobre el fulgor de los endecasílabos y la doble adjetivación antes y después del sustantivo. Lo más importante, sin embargo, es lo que se dice en el poema, el aliento lírico ante la vida y ante la muerte, la intensidad del sentimiento y del pensamiento.

En Somos el tiempo que nos queda enciende el poeta la ceniza de sus labios, ciega la cal y los cuchillos, se fractura en la voz y el holocausto, para mirar después la luz, los péndulos furtivos del otoño, y regresar al cosmos engendrador junto a la mujer que tiene los pechos rendidos de esperarle, olvidado el tamaño caliente de su boca y su cuerpo yacente del que cuelgan las hebras de la intemperie, las trizas del telar del amor. Se refugiaba el autor en las turbias aguas de su memoria para escribir la historia vulnerable de los días antiguos, los momentos que fluyen evocados, los que sangran todavía, los versos sin cicatrizar.

Recordaba Caballero Bonald, tristemente desaparecido a los 94, las memorables tardes, la abdicación del mar en las arenas, el feroz exterminio de los días, la madera podrida de los años, mientras caminaba, ciego, el cuerpo idolatrado. No somos el tiempo que hemos vivido. Somos el tiempo que nos queda, según la misma idea del último José Hierro: qué más da que la nada fuera nada si más nada será después de todo, después de tanto todo para nada. Soporta el poeta el reducto voraz de las injurias, la impaciente codicia del pecho presentido y las aguas tutelares que fluyen del manantial. Tú y yo somos como dos seres primitivos, Adán y Eva, que están en el principio de los tiempos y no tienen nada que ocultarse.

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Ana Alonso. Estallido social en Colombia: claves de la protesta contra el presidente Duque

Escribe Héctor Abad Faciolince en El olvido que seremos, la obra en la que rinde homenaje a su padre, el médico Héctor Abad, víctima de la violencia en Colombia, que «sin justicia no puede, ni debe, haber paz». Treinta y cuatro años después de que fuera asesinado en Antioquia la violencia y la desigualdad siguen marcando a un país que en algún momento encarnó la esperanza de la reconciliación.

La oleada de movilizaciones que está viviendo Colombia desde el 28 de abril tiene una causa cercana y otras más lejanas. La gota que hizo colmar el vaso fue la reforma tributaria, lo que el presidente Iván Duque pretendía que fuera su legado. Tras los estragos de la pandemia, con más del 40% de los colombianos en situación de pobreza, la propuesta terminó de exasperar a una población cansada y desesperada.

Pero en realidad estas manifestaciones son una continuación de las que se vivieron en Colombia en 2019 y 2020, hasta que los contagios por el Covid paralizaron cualquier estallido social. Ahora ni siquiera la pandemia sirve como muro de contención.

Nadie sabe si las protestas, que ya se mantienen durante una decena de días, se pararán con el intento de diálogo que promueve el presidente colombiano, Iván Duque, o dejarán más víctimas políticas. Duque tuvo que sacrificar a su ministro de Economía, Alberto Carrasquilla, y retirar su reforma tributaria. Pero la represión con la que las fuerzas del orden han intentado retomar el control ha atizado más la ira de los manifestantes.

Cali es la llamada «capital de la resistencia». Allí se han bloqueado las entradas, incluso la del aeropuerto, y hay desabastecimiento. Los líderes locales han desafiado los decretos de suspensión y los toques de queda. Están en contra de la militarización decretada por el presidente.

«Sentimos miedo cuando cae la noche. Miedo a la violencia, a la barbarie y al dolor. Tenemos miedo de escuchar lo que ha pasado la noche anterior. Este país es descorazonador», escribía Fernando Posada, un politólogo de la Universidad de Los Andes en Bogotá. Posada demanda no una mesa de diálogo sino una negociación con una agenda concreta.

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Jaume Pi. La gran hambruna de Ucrania, ¿genocidio de Stalin?

Se calcula que entre los años 1932 y 1933, entre 1,5 y 4 millones de personas murieron de hambre y enfermedades derivadas en la antigua República Socialista Soviética de Ucrania. La cifra se eleva a 12 millones si se suman otras regiones de la URSS afectadas.

Como siempre en estos casos, los historiadores no se ponen de acuerdo respecto a las cifras, pero no es la única controversia que existe en torno al llamado Holodomor, un trágico episodio de gran hambruna colectiva -en ucraniano significa ‘matar por hambre’- que ha permanecido oculto para el gran público.

La razón de esta poca difusión tiene que ver precisamente con el debate sobre los hechos históricos. Hoy en día casi nadie discute la magnitud de la tragedia ni que ésta fue el resultado de las políticas de Moscú, pero aún se duda de la intencionalidad del régimen soviético.

¿Hubo un plan deliberado de Stalin para reprimir el creciente nacionalismo ucraniano o bien el Holodomor fue la consecuencia no deseada de una mala política? ¿Debe considerarse un genocidio? Aunque no hay respuesta concluyente, la mayoría de expertos cree que sí: que el dictador georgiano quiso así dar una lección a la burguesa y rebelde Ucrania.

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La Academia de Ciencias de Cuba premia a nuestra colaboradora Lidia Díaz Gispert

Nos cabe la enorme satisfacción de acoger en el blog la noticia de este importante premio concedido a una de nuestras colaboradoras más constantes y responsables. La Dra. Díaz Gispert es un ejemplo destacado de entrega a su compromiso docente e investigador, y de humildad y de integridad moral. Si a eso se añaden su extraordinario sentido del humor, el arte y la gracia con que cultiva la amistad, su hondo sentido de pertenencia a la familia y al círculo de amigos más cercano, su profundo amor a Cuba, a pesar de los pesares… cabría concluir que Lidia, nuestra gran amiga y compañera, es acreedora dignísima de esa distinción; y, sobre todo, del respeto y del cariño que merecen quienes, sin perder la sonrisa ni las buenas maneras, jamás se esconden ante la dificultad ni se pliegan a los intereses creados. ¡Enhorabuena, Lidia!

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En el Área de Ciencias Sociales y Humanísticas, la Academia ha premiado al trabajo “Integración de los servicios ecosistémicos en el desarrollo sostenible de ecosistemas de montaña en Cuba”, del que son autoras Lidia Inés Díaz Gispert, Lliney Portela Peñalver y Elia Natividad Cabrera Álvarez, con el Premio Nacional de 2020 de la Academia en el ámbito de las Ciencias Sociales y Humanísticas, el más alto premio a la excelencia científica.

El trabajo completa un conjunto de estudios e investigaciones realizadas en la última década e integra investigaciones sobre el ecosistema montañoso de Guamuhaya, provincia Cienfuegos.


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Rafa Martí. Los lazos de Lasso con Aznar y Casado: el nuevo presidente de los 180.000 ecuatorianos en España

Corría el año 2011 y Guillermo Lasso (Guayaquil, 1955) ya preparaba su salto al poder en Ecuador. Entonces, en el arranque de la carrera política de quien el pasado 11 de abril se convirtió en presidente de Ecuador logrando derrotar a la izquierda después de 15 años en el gobierno, hay dos viejos conocidos: José María Aznar y su pupilo Pablo Casado. Hace diez años, el expresidente y un muy joven líder de los populares viajaron a Ecuador para sentar las bases de lo que sería una opción de derechas para entrar en el palacio de Carondelet de Quito.

“Esa es la esperanza que ahora tenemos frente a los que asesora Pablo Iglesias y con los que pacta el Gobierno de Sánchez”, ha dicho Casado poco después de que el conservador ganase las elecciones. Tanto Casado como Aznar ya veían necesario apoyar hace diez años una contrarrevolución de la derecha en una América Latina donde el chavismo se extendía con fuerza.

Lasso conoció a Aznar a través de diferentes contactos de la derecha latinoamericana que a mediados de los 2000 se concentraban en la Universidad de Georgetown en Estados Unidos, donde el expresidente español fue profesor y donde se formaron los nuevos rostros llamados a liderar el conservadurismo en América Latina y España, como el propio Casado.

En octubre de aquel 2011, la Universidad de las Américas (UDLA) de la capital del país andino concedió el doctorado Honoris Causa a Aznar y a Lasso. El primero acudió en respaldo del segundo. Lasso era un banquero exitoso: había hecho una gran fortuna partiendo desde la nada pero llevaba tiempo alejado de la política. Aunque ejerció como ministro a finales de los 90, el legado corrupto de los anteriores gobiernos de derechas pesaba sobre él ante una hipotética competición con Rafael Correa, entonces presidente, quien gozaba de una enorme popularidad.

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Francisco Martínez Hoyos. Esperanzas y miedos ante la Segunda República

La historia de las emociones, una disciplina reciente, aspira a renovar nuestra comprensión del pasado escudriñando los sentimientos de aquellos que lo vivieron. ¿Qué aporta esta perspectiva a la comprensión de la Segunda República (1931-1936), cuya vida política se vio marcada por un estado emocional incandescente que condujo a posturas antagónicas?

Desacreditada por su complicidad con la dictadura de Primo de Rivera, la monarquía de Alfonso XIII sobrevivió muy poco a la renuncia del general jerezano. La proclamación de la República, el 14 de abril de 1931, fue recibida con ilusión en amplios sectores del país que esperaban una regeneración de la vida pública.

Parecía abierto, así, el camino hacia una evolución pacífica, en un sentido de mayor libertad y modernización. El Socialista, órgano del PSOE, titulaba que el pueblo se había entregado a “manifestaciones delirantes de entusiasmo”. El periódico incluía, a continuación, un grito que resumía el espíritu del momento: “¡Viva España con honra y sin Borbones!”

Mientras tanto, en muchos municipios del sur, como los de Andalucía, quedaban patentes los antagonismos de clase. Mientras la mayoría de la gente salía a la calle para dar vivas a la República, el cacique del lugar y sus partidarios, sin nada que celebrar, presenciaban con inquietud las novedades.

Algunos años después, en 1935, durante un discurso multitudinario en Valencia, Manuel Azaña rememoraría así unos inicios en los que todo parecía posible, unos momentos en los que aún no se había perdido la inocencia: “Acaba de instaurarse la República; eran los tiempos del entusiasmo, de la esperanza […]. Todo el mundo se figuraba que el porvenir consistiría en una senda de flores”.

Para muchos, la instauración de la República equivalía a tocar el cielo. Un poema de Antonio Machado, al estilo de los romances populares, equiparaba el cambio con la llegada de la primavera. Machado, por cierto, izó la bandera tricolor republicana en el ayuntamiento de Segovia. Al parecer, según un testigo, lo hizo con lágrimas en los ojos.

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Manuel Ferrer Muñoz. El triunfo de los sabihondos

Corren tiempos difíciles y cuesta mantener viva la ilusión en el día a día, ante la acumulación de malas noticias y el aparente fracaso de los idealistas que sueñan -¿soñaban?- con un mundo mejor. Contemplar el futuro con esperanza es un ejercicio que plantea retos muy difíciles incluso a los más entusiastas.

Vivimos una época propicia para los marisabidillos, los sabelotodos, los pedantes hinchados de autosuficiencia.

La universidad -esa institución que otrora acogía lo mejor y propiciaba la libertad creadora e investigadora- bosteza, aburrida y avergonzada de sí misma, apartando la mirada de los fatuos trepas arribistas, expertos en hinchar sus curricula con supuestos méritos rutilantes, que destellan con el brillo del oropel vano.

No importa lo que se sea ni lo que se valga. Cuentan los ‘méritos’ que pueden pesarse, contarse, medirse. Importan sólo las apariencias.

En busca de una utópica e imposible ‘objetividad’ se han inventado mecanismos supuestamente asépticos y en verdad estúpidos, como la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) en España, dedicados a la ‘científica’ evaluación, certificación y acreditación de los méritos de quienes aspiran a plazas de docencia-investigación.

Las rigideces, las inconsistencias y la necedad de una pretensión cuantificadora del saber constituyen un terreno abonado para el astuto desempeño de los redichos y repelentes personajillos con los que abríamos estas reflexiones. La cancha queda a su disposición para su personal y exclusivo disfrute, porque el verdadero mérito es incompatible con la ridícula vanidad de quien dedica su tiempo a contar cuántas referencias aparecen a sus publicaciones en artículos de colegas, y se afana -hasta perder el sueño- en obtener constancia del día y hora en que empezó y terminó la impartición de un programa académico, del número de horas que duró un seminario en el que participó, de la indexación de las revistas que acogieron artículos de su autoría…

El pensamiento ha huido de las aulas universitarias y brilla por su ausencia en ese remedo que es la enseñanza virtual.

Un repaso a los cursos de formación online ofrecidos por empresas que, a cambio de suculentos ingresos, participan en la farsa instrumentada por las instituciones de los Estados constituye un ejercicio de autoflagelación intelectual y moral, cuando se palpa el grado de estupidez que destila el obsesivo afán por controlar que se han leído todos los contenidos del programa, que se han hecho los penosos ejercicios de evaluación, que se ha gastado ante la pantalla del ordenador un inconmensurable número de horas.

Convertimos el saber en una mercancía, que se cotiza al alza, y no porque se ame la sabiduría -¡Dios nos libre!-, sino porque el acceso a una certificación que ‘garantice’ la personal valía intelectual es clave para acceder al sistema y poder sestear en él el resto de nuestros días, si se puede, con la única razonable exigencia de no contradecir los valores del sistema ni de pensar por cuenta propia.

Y, sin embargo, el aprecio y la dicha de vivir en libertad resultan incomparables con el mezquino placer que deriva del pesebre lleno a rebosar para satisfacción del asno. Se entiende, pues, que Spinoza, uno de los más comprometidos amantes de la libertad, titulara así el último capítulo del Tratado teológico-político, uno de sus libros más audaces: “En el que se hace ver que en un Estado libre es lícito a cada uno no sólo pensar lo que quiera, sino decir aquello que piensa”. No olvidemos nunca que la búsqueda sincera y comprometida del saber, de la verdad, sin anteojeras ni cortapisas, nos hace libres. Y no renunciemos a un don tan excelso por un plato de lentejas, como el que sedujo a Esaú y le costó la primogenitura.

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