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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Reinaldo Spitaletta. El poder de la risa

La risa, la que Aristóteles atribuía solo al hombre entre todos los seres vivientes, ha sido un arma de los vapuleados por los poderes y una característica de “clase” o de falta de ella, según se ría con retorcimientos y movimientos de vientre, mejor dicho, a carcajada batiente, que sería la de los pobres, o se disimule y se suavice, como con temor de ir a desfigurar el rostro o tal vez con miedo a la pata’egallina, que es la de la clase alta.

Hubo momentos en la historia en que reír a carcajadas era, según los moralistas, parte de mala educación. En el caso de las mujeres, por ejemplo, debían, “las verdaderamente educadas”, no levantar la voz y controlar “el trato, la mirada y la risa”, según el Manual de Urbanidad del venezolano Manuel Antonio Carreño. Así que reír, con sonoridades bulliciosas, y con desafuero y desfogue, era propio de la “perrata” o plebe. Las damas de alta cuna no debían exhibir esas vulgaridades del populacho.

La risa ha problematizado la sociedad desde tiempos remotos. No se admite en actos solemnes. Y ha sido proscrita, porque puede contener rasgos subversivos, de mofa hacia el poder, de repulsa del que está oprimido por la religión y por la política, cuando esta no es muestra de libertad y derecho. En tiempos medievales, la risa se asoció con expresiones diabólicas. El demonio puede reír, la divinidad no. Se creyó por momentos que la risa era una artimaña de satán, el gran seductor.

En el Renacimiento, al contrario, fue considerada una especie de don trascendental, un privilegio exclusivo de los humanos para el placer, tal como lo analizó Mijaíl Bajtin en sus textos sobre el carnaval, la fiesta y, en particular, acerca de la obra prodigiosa de Rabelais. En todo caso, la risa tiene alcances hermenéuticos, literarios, históricos. Y en la religión, sobre todo en aspectos del cristianismo, cumplió un rol prominente, sobre todo en la celebración de la Resurrección.

[…]

A veces solo nos queda la risa como defensa. Y, por qué no, como ataque. En Colombia, por ejemplo, en el cuatrienio funesto de Turbay Ayala y su represivo Estatuto de Seguridad, en tiempos en que el mismo presidente (el que quería reducir la corrupción a sus justas proporciones y que decía con su voz nasal que el único preso político de Colombia era él) era un chiste ambulante, el pueblo afiló su ingenio y produjo una caudal infinito de humoradas antiturbayistas.

Y a propósito, en un país como el nuestro, inequitativo, sangriento, de múltiples penas y en el que ni siquiera el presidente es capaz de pronunciarse por la infamia de los “falsos positivos” y manifestar su solidaridad con los familiares de esas 6.402 víctimas, en fin, el señor Duque es una como un reyezuelo de burlas, memes y una algazara de chascarrillos. Lo que, por lo demás, nos caracteriza como una cultura tragicómica. ¡Ah!, puede ser una especie de consuelo bufonesco saber que el presidente, además de rabia, da risa. Y un gran desasosiego.

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Agapito Maestre. Fin de la historia nacional

De acuerdo con las directrices que presiden el quehacer de SAICSHU, acogemos en nuestro blog este artículo, a petición de uno de nuestros lectores, sin que su incorporación al blog implique una toma de postura de nuestro Servicio de Asesoría. Queremos insistir en la apertura institucional del blog a cuantas opiniones se expresen libremente, siempre con respeto a quienes legítimamente puedan discrepar y pensar de otra manera.

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La traición está a punto de consumarse irreparablemente. España como nación está a punto de desaparecer. Salvo la gran historia intelectual de los defensores de España como nación, apenas conseguimos otear en este obscuro horizonte una verdadera, recta y limpia posición política que haga frente a esta gran traición. Una minoría abyecta y rencorosa sin otro designio que el explicado por la patología o el dinero nos lleva al despeñadero.

El acercamiento semanal de cinco terroristas a su zona de nacimiento certifica la catadura inmoral del gobiernode España. El descuartizamiento territorial y moral de España va acompañado del arrasamiento de cualquier tipo de vida espiritual, incluida la interpretación decente de nuestra historia. La muerte de la nación está a la vista de todos, pero la barbarie del hombre actual, caracterizada por su absoluta ahistoricidad, se niega a levantar acta de esta tragedia. Sí, porque la historia nacional de España desapareció hace tiempo de la educación básica de los españoles, los traidores pueden cantar con total desvergüenza su palinodia contra España.

El estudio de cómo y por qué hemos llegado a esta situación constituye uno de los retos intelectuales más apasionantes de los historiadores y filósofos de nuestro tiempo y, por supuesto, de las próximas generaciones. La mentira, el engaño y la calumnia de los separatistas se han impuesto a la verdad de una historia milenaria de España. Hace tiempo que los políticos rindieron el Estado-nación al separatismo. Los responsables políticos de esta tragedia son todos los presidentes del Gobierno de España, desde 1978 hasta hoy.

Sobra decir que el actual inquilino de La Moncloa está puesto ahí por los exterroristas y los separatistas catalanes y vascos. He ahí la prueba más contundente para decir que España como nación está moribunda.

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Fernando Barrio. El mundo después del Covid-19, el lujo de lo presencial

Cómo cambiará todo, una vez que no haya mascarillas o no tengamos que prestar atención a las limitaciones en distanciamiento social, cuando entremos en una tienda y no tengamos que pensar en que tenemos empapar nuestras manos con gel hidroalcohólico. Al margen de estas trivialidades, nuestra sociedad está sufriendo un cambio en muchos aspectos.

El último libro del psicólogo y psicoanalista José Ramón Ubieto, El mundo pos-Covid. Entre la presencia y lo virtual, publicado gracias a Ned Ediciones dentro de la colección Síntomas Contemporáneos, contextualiza las claves para analizar la «nueva normalidad» a la que vamos a comenzar a enfrentarnos muy pronto. Disponible el próximo 1 de marzo en papel o en formato ebook, desgrana múltiples esferas como el ámbito laboral, el ocio o la educación entre otras; y se refiere a todas las franjas de edad. Todo con el imperativo de llegar a generar nuevos lazos sociales.

Ubieto, en una entrevista con El Independiente, se muestra realista respecto a que «no se puede adivinar» una fecha sobre el final de lo que estamos viviendo actualmente. «Sabemos que las vacunas son el principio, pero tampoco sabemos la evolución que tendrán y es algo que genera mucha incertidumbre», detalla. A esto se le añade que «no será para todos igual», todo ello marcado por campañas de vacunación a distintos niveles. Pero concluye que hacia otoño de 2021 «todo será más o menos normal» en España.

El boom de la digitalización

Lo que sí asevera es que la pandemia ha acelerado el ritmo de digitalización del mundo. «Una digitalización que ya estaba, pero ha supuesto un gran reseteo y toda una oportunidad para afrontar todos los cambios de robotización y automatización», incide. Concluye que se ha dado un salto de diez años en cuestiones como telemedicina, teleducación, o la venida del contexto online al mundo de los cuidados. En esta línea, el experto indica que lo presencial se convertirá en un «servicio de lujo».

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Cintia C. Robles Luján (ed.). Pensar y sentir el exilio: una invitación a la filosofía de María Zambrano

Datos completos:

Robles Luján, Cintia C. (ed.), Pensar y sentir el exilio: una invitación a la filosofía de María Zambrano, Bogotá, Editorial Aula de Humanidades, 2020

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María Zambrano es una de las autoras más significativas del exilio republicano y de la filosofía española, ya que representa la singularidad de una pensamiento que manifiesta su profundo humanismo en la hermandad generacional; su profundo sentido de la escritura en la que va descubriendo su propio tiempo interno, tiempo que se convierte en argumento de libertad y de creación; y su profundo sentido de la patria, una patria interior que la acompaña en su propia circunstancia histórica del exilio y que hace de la suya una filosofía discursivamente confesional y vivencialmente sacrificial.

Los ensayos que conforman Pensar y sentir el exilio: una invitación a la filosofía de María Zambrano pretenden, desde diversas perspectivas, abordar el fenómeno del exilio y se orientan bajo el binomio significativo de sentir y pensar su vivencia como circunstancia histórica, biográfica y generacional. Esta obra invita a la constante reflexión y a recorrer los caminos o islas filosóficas de María Zambrano y, con ello, resignificar la importancia y transcendencia de su pensamiento en la filosofía contemporánea. El libro reúne importantes investigaciones de análisis, interpretación, confrontación y crítica de autores que han dedicado buena parte de su vida académica al estudio de la obra de Zambrano.

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Jorge Fernández Díaz. Los héroes olvidados

El texto que hoy recogemos fue publicado originalmente en el diario La Nación con el título de Los héroes negados que la escuela no quiere recordar, y constituye un ejemplo más de cómo las necesidades políticas de los Gobiernos resultan decisivas para el acceso a la condición de héroes e imponen silencios como el que envuelve esta “historia callada por nuestra estupidez y nuestra mala conciencia”.

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Cuando el teniente trepó hasta la cima y se llevó los prismáticos de campaña a los ojos, vio el escalofriante espectáculo que se abría paso en la bruma: fragatas, destructores, helicópteros y lanchones iniciaban el masivo desembarco. Era el Día D en el estrecho San Carlos, y la treta del teniente primero Esteban había sido un éxito: una vez tomado el pueblo y requisadas prolijamente las viviendas en busca de radios, armas y vehículos, había permitido que los isleños continuaran con su rutina y había escondido a su tropa. De lejos y con aquellas apacibles chimeneas humeantes, parecía un acceso despejado; si los ingleses no hubieran caído en la trampa su estrategia hubiese sido distinta: los comandos habrían llegado por la noche y habrían asesinado a los soldados argentinos.

En ese momento, Esteban hizo un cálculo correcto: había en aquellas costas cinco mil hombres, y él disponía de solo cuarenta efectivos. Nadie le hubiera reprochado seguir la lógica, que consistía en dar por radio la «alerta temprana» a sus superiores, y luego rendirse con honor. Pero aquel muchacho de 28 años que estaba a cargo de la Compañía C hizo lo inesperado: avisó y presentó batalla. Su proeza está en los libros de la historia militar de la Argentina y de Inglaterra; nadie conocía muy bien, sin embargo, lo que pensaba íntimamente durante esa guerra maldita. Carlos Esteban se había recibido en Córdoba de licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Sabía a esas alturas que Galtieri no sabía, y que esa conflagración era un enorme error estratégico. Estaban destinados a perder, pero no podía contárselo a nadie. Tal vez no le hubiera desagradado a Borges relatar la parábola de un valiente que aun reconociendo la futilidad trágica de su sacrificio, carga todo el tiempo con su secreto escepticismo y realiza a su vez una hazaña heroica.

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Pablo Echenique, el Trump hispanoargentino (que nos perdone Trump)

Se reproduce un artículo publicado en La Razón por Pilar Ferrer, con el título “Echenique: taimado, vengativo y lleno de resentimiento”.

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Ha cruzado todas las líneas rojas al incitar a la violencia. En una actuación llena de vileza el portavoz en el Congreso de Unidas Podemos, Pablo Echenique, reaccionó a favor de los graves disturbios acaecidos esta semana en Madrid y Barcelona en protesta por el ingreso en prisión del rapero Pablo Hasel.

Lejos de calmar los ánimos, este radical argentino animó a “los jóvenes antifascistas a defender la justicia y libertad de expresión”, y colmó de injurias a la Policía. En un gesto de su peculiar humanidad lamentó el ojo perdido de una manifestante en Cataluña,pero ignoró el salvaje lanzamiento de adoquines, piedras y toda clase de objetos contra los sufridos agentes de las Fuerzas de Seguridad. Una posición indigna de un político que confunde la libertad de expresión con el enaltecimiento del terrorismo y alienta los altercados callejeros. Es la suya una manera de calentar a los agitadores, incendiar la calle y despreciar a los pobres comerciantes que ven ateridos la destrucción de su negocio.

El diputado morado es claramente un vergonzante provocador, un instigador de los violentos.

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Fátima Uribarri. George Orwell marcado a fuego por la Guerra Civil española

La ciudad está empapelada de banderas rojas y rojinegras: «Habían pintado la hoz y el martillo y las iniciales de los partidos revolucionarios en todas las paredes; habían saqueado las iglesias», escribe George Orwell en las primeras páginas de Homenaje a Cataluña. Así encontró Barcelona cuando llegó a finales de diciembre de 1936: requisada. Los obreros estaban al mando. Y el trato entre la gente era distinto. «Los camareros y los dependientes de los comercios te trataban de igual a igual». Ese ambiente de camaradería le gustó porque: «Había escasez de todo, pero no privilegios», observó.

[…]

Lo enviaron al frente de Aragón, tranquilo en aquellos días. Cuando volvió a Barcelona de permiso, encontró otra ciudad: la diferencia de clases había regresado. Barcelona seguía «desportillada por la guerra. Pero sin ningún indicio de predominio obrero […]. Los oficiales del nuevo Ejército Popular […] aparecían en enjambres. Todos tenían pistolas automáticas; nosotros, en el frente, no podíamos conseguirlas ni por todo el oro del mundo», escribe.

[…]

Los Orwell logran subir a un tren para huir a Francia. Tienen la enorme fortuna de que, cuando los guardias revisan el convoy, ellos están en el vagón restaurante y «dieron por sentado que éramos gente respetable», escribe Orwell.

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Soraya Constante. En Ecuador debemos vencer el caudillismo

Las elecciones de Ecuador aún no están definidas. Los candidatos que se disputan su pase a la segunda vuelta, que será en abril, acordaron un recuento parcial de los votos.

Es una novedad inusual en la política de mi país: dialogar, negociar y conciliar han sido palabras ajenas al diccionario de nuestra democracia por mucho tiempo. Los últimos cuatro años han sido una saga melodramática de disputa entre el presidente Lenín Moreno y su antiguo aliado y jefe, el expresidente Rafael Correa. Y antes, experimentamos los diez años de correísmo, caracterizados por polarización y caudillismo.

Así que cuando, al final del largo escrutinio inicial, Guillermo Lasso —el exbanquero de derecha que busca la presidencia por tercera vez y que terminó con una ventaja de más de 33.000 votos—, accedió a un diálogo con Yaku Pérez —el candidato de la izquierda indígena— y aceptaron un recuento, fue una sorpresa. Una buena señal que no debería esfumarse, especialmente después del cruce de trinos de ambos durante el fin de semana que apunta a desconocer lo acordado. No solo deberían respetar su inusual acuerdo, que es tan buena noticia en Ecuador, sino que deberían saber que una posible alianza los ayudaría a vencer al candidato que impulsa el correísmo.El recuento es una medida deseable en un país en donde el sistema electoral ha estado en entredicho y la palabra “fraude” ha sido recurrente en los procesos electorales. Hace cuatro años, el propio Lasso puso en duda la transparencia del Consejo Nacional Electoral cuando impugnó los resultados. Ahora, tras las votaciones del 7 de febrero, la palabra fue pronunciada por Pérez, quien parecía que pasaría a la segunda vuelta con Andrés Arauz, el aspirante que apoya Correa.

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Manuel Ferrer. Gobierno de España, ¿bicefalia o bipolaridad?

Unos tiemblan y otros causan temblores.

El PP (Partido Popular), que ha disfrutado de largas y jugosas estancias al frente del Gobierno de España, suspira en los tribunales bajo la amenaza de un tesorero escaldado y resentido, dispuesto a no dejar títere con cabeza.

Entretanto, el Gobierno de coalición del PP (Pedro Sánchez-Pablo Iglesias) protagoniza un esperpéntico espectáculo de matriz hegeliana, y así lo ha apreciado La España que Reúne, un club de opinión por el entendimiento constitucional que congrega a políticos que han dejado atrás su actividad pública y a intelectuales de diverso signo. En un manifiesto refrendado por mas de doscientas firmas, titulado Cesar en la infamia: Pablo Iglesias debe ser destituido, se pronuncian en contra de las temerarias declaraciones del vicepresidente 2º del Gobierno, que ha cuestionado de modo irresponsable la normalidad democrática de España.

En efecto, resulta inaudito que, en el seno del propio Ejecutivo, se expresen voces opositoras -las de Podemos– que claman contra las más importantes iniciativas legislativas de sus socios. Y no sólo eso. Llegan a cuestionar incluso la vigencia del Estado de derecho.

Sólo la presencia al frente de ese engendro de Gobierno de un personaje de la talla moral de Pedro Sánchez explica que se perpetúe aquel sinsentido, que ridiculiza al Reino de España ante los otros Estados miembros de la Unión Europea y compromete gravemente la llegada de los fondos comunitarios que deberían posibilitar el comienzo de los trabajos de reconstrucción de la economía nacional, destrozada por el coronavirus.

Mientras el funambulista y el chantajista siguen practicando sus indignos juegos partidistas, la ciudadanía asiste, estupefacta, a tan degradantes escenas y espera -incrédula- que el creciente clamor por la destitución del golfo de Vallecas, hoy Marqués de Galapagar, propicie el advenimiento de una política de Estado, no dictada por miserables y mezquinas miras electoralistas.


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La locura como recurso literario: ‘Le Horla’, de Guy de Maupassant

Redactado en forma de un diario íntimo, con un preciso registro de fechas y acontecimientos, Le Horla, de Guy de Maupassant, narra la historia de un hombre acaudalado que vive en una mansión al borde del Sena, cerca de París. La acción se desarrolla entre el 8 de mayo y el 10 de septiembre. En un principio, todo se refiere al gozo de la existencia, a la identidad, que será lo que acabe destruyendo al protagonista.

Maupassant no elige la forma de un diario aleatoriamente: decide que es esta la mejor forma de tratar el tema de la presencia de un ser que se apodera del alma y la voluntad de un ser humano. Maupassant privilegia al narrador autodiegético, consiguiendo que al contar su propia historia sea el centro de atención, y que el héroe se convierta en víctima.

La historia nos zambulle rápidamente en unos fenómenos irracionales que desatan el miedo, la angustia y la desesperación del protagonista. El narrador se siente un día plácidamente feliz y al otro cansado y sin poder moverse. Algo se lo impide, lo horroriza, apoderándose de él. Una presencia invisible que le roba la energía, que se sienta sobre su pecho.

Ese algo, ese ser es al que nombra el Horla, ¿es una criatura secreta? ¿O se trata simplemente de la locura?

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