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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina: casi cien libros en menos de tres años

Lo extraordinario es que la editorial, iniciativa personal de un profesor universitario que realiza su quehacer académico en una universidad ecuatoriana, carece de ánimo de lucro.

Se trata de un espacio alternativo para difundir el pensamiento, dirigido de preferencia a quienes no cuentan con los recursos económicos, para que puedan difundir sus productos editoriales.

En apenas tres años ha logrado publicar 91 libros en la Colección Ciencias Sociales y en la Colección Taller Literario. Se ha caracterizado por ser una tribuna de libertad de expresión y pensamiento, apartada de toda bandería política. Y ha traído el germen de una conciencia literaria.

Acceso al artículo publicado en Ecuador Universitario


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Agustín Laje. La generación de los idiotas

Como continuación de las reflexiones contenidas en la anterior entrada del blog –A vueltas con la idiotez– querríamos recomendarles el contenido de este audiovisual. El extracto que sigue ilustra sobre una de las tesis centrales en el argumentario de este politólogo argentino, que guarda una estrecha conexión con lo que se trató en aquel texto del blog.

Vale la pena seguir el vídeo en su integridad.

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Los jóvenes pasan más tiempo en las escuelas aprendiendo de curricula que están diseñados especialmente por burócratas, por políticos. Pasan años, por lo menos doce años entre la escuela primaria, la escuela secundaria… la universidad. Cuando hablamos de la generación de idiotas no estamos hablando de idiotas culturales, no estamos hablando de gente necesariamente ignorante. Estamos hablando incluso de gente perteneciente a las capas medias, medias altas y altas de la sociedad que ha sido imbecilizada en el marco de su formación educativa estatal, planificada por una clase política a la que conviene tener gente confundida. Porque, en las repúblicas bananeras, ¿qué le conviene a un político populista?, ¿le conviene tener un pueblo lúcido, que sabe bien de dónde viene, hacia dónde va, que tiene seguridad en sí mismo, que sabe lo que representa, que conoce sus capacidades?, ¿o le conviene tener una juventud que ni siquiera sabe si son hombres o mujeres? ¿Qué le conviene a un político que vende además pan y circo? Evidentemente acá hay una responsabilidad política estatal enorme, pero al mismo tiempo es tan sucia la política que hay ya un despertar libertario antiestatista de gente que ya está cansada de la clase política parasitaria, que está contagiando la rebeldía juvenil, la buena rebeldía, no esa rebeldía que sale a destruir monumentos, sale a destruir edificios públicos y privados, de quienes piensan que van a hacer la revolución por cantar un himno, o que piensan que van a salvar al mundo por tomar café en vaso de Starbucks.


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Manuel Ferrer Muñoz. A vueltas con la idiotez

En tiempos marcados por el coronavirus resulta oportuno y casi constituye un deber moral pregonar a los cuatro vientos que la auténtica pandemia, la que de verdad ha puesto el mundo al revés, la que ha arrasado con lo divino y lo humano, la que ha socavado instituciones centenarias, la que ha envilecido a las multitudes, la que ha privado del intelecto a los intelectuales y de criterio ético a muchos profesionales y políticos, no es un bichito que, a lo más, alcanza a matar el cuerpo.

La verdadera plaga, la que ha dejado tras de sí desolación y sombras de muerte, tiene que ver con el empobrecimiento mental de sociedades enteras que, por cobarde sumisión a autoridades que, hipócritamente, dicen velar por los intereses ciudadanos, han renunciado a las señas identitarias del ser humano para perderse en intensificaciones artificiales de las diferencias por motivos políticos e ideológicos, instigadas desde grupos de poder que negocian con las identidades tradicionalmente postergadas. El mundo ha antepuesto la seguridad y la paz del rebaño a la libertad personal que se adquiere mediante la lucha y la crítica al establishment.

Los sueños libertarios que inauguró la Revolución Francesa yacen arrinconados en los desvanes de universidades decrépitas: y eso, suponiendo que una Revolución que invitaba a empapar de sangre los surcos de los campos mereciera ser canonizada como modelo en el que fundar un Nuevo Régimen.

Un manto de imbecilidad se ha extendido, generoso, para cobijar a esos ejércitos desarmados que renunciaron a pensar por sí mismos y que ahora, como perros sumisos, lamen la mano que les da de comer. A todos esos pobres diablos, que constituyen la inmensa mayoría de nuestras sociedades contemporáneas, les invitaría a que acometieran la ímproba tarea de escribir un libro cuyo título debería remedar el que hace ya tiempo dio a la imprenta Félix de Azúa: Historia de un idiota contada por él mismo.

Mientras no adquiramos la capacidad de admitir los propios errores y de reírnos de nosotros mismos y de quienes haga falta, nuestra idiotez tendrá difícil cura. Y la primera tarea que se nos impone es llamar a las cosas por su nombre: al pan, pan, y al vino a vino; y mafias a las mafias que regentan espacios académicos, profesionales y políticos. ¿Cómo se compagina el genuino espíritu universitario con la imposición de ‘verdades’ elaboradas a partir de mentiras mediante el recurso a un arsenal de mecanismos de pensamiento, como la unanimidad o el pensamiento de grupo? ¿Cómo sobrellevar con paciencia la cantinela repetida hasta el hastío de que la educación es competencia exclusiva del Estado y de que quien rehúsa plegarse a ese pensamiento único es un ciudadano pérfido que desafía el orden legal y da un ejemplo vergonzoso a sus hijos? ¿Cómo tolerar que los cuadros dirigentes de partidos políticos impidan la emisión de juicios críticos a integrantes de las mismas formaciones políticas, descalificando a quienes así se manifiestan como ególatras impulsados por personalismos o divismos?

La abulia se ha instalado entre nuestros jóvenes, convenientemente narcotizados para anular sus capacidades reflexivas y afectivas. Un chiste difundido estos días en las redes sociales se burla, malévolo, de la estulticia en que se ha logrado instalar a la juventud: “acavo de terminar el vachiyerato. Lla puedo botar”. Y la tara emocional se revela en un comentario escuchado por quien redacta estas líneas a la profesora de un centro público de enseñanza, que explicaba así la escasa participación en un concurso de fotografía en que los chicos debían retratar a sus abuelos: “la verdad es que no hay mucha motivación; lo primero que preguntan es por los premios y no les interesó mucho”. A fin de cuentas, los abuelos son, como tantos productos del mercado, de usar y tirar: los mimos que recibimos de niños son agua pasada, y ahora, en la adolescencia, no queda tiempo para pensar en momias. Si pregunto por quién pone el cascabel al gato, planteo tal vez un enigma indescifrable para algunos lectores poco ilustrados, desconocedores del significado de ese cuestionamiento. Pero me gustaría emplazar a los lectores algo más versados en el acceso a la palabra escrita a que resuelvan este angustioso interrogante: ¿quién desidiotizará a los idiotas? Porque, en verdad, el desidiotizador que los desidiotizare buen desidiotizador será.

Acceso al texto en fuente original


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Félix de Azúa. El lujo de decir lo que se piensa

En esta entrevista a tumba abierta, el escritor catalán expone sin reservas a Lorena G. Maldonado sus puntos de vista y sus opiniones sobre temas que los modernos inquisidores han establecido como tabúes.  Lo hace sin complejos, en clave de alegría y de escepticismo. Y no oculta la angustia que se apoderó de él, en su momento, cuando “empezó a dudar de conceptos manoseados -y a menudo, tramposos- como progreso, democracia o fraternidad”, y el temor que experimentó a ser fulminado por el ‘ala de la imbecilidad’. Entonces avistó por vez primera el final de una era.

El escritor no duda en reconocerse tonto por haber creído en su juventud en la revolución comunista, el paraíso del proletariado, el padrecito Stalin.

Y las palabras que dedica a las políticas educativas de España son de aúpa: “Se han cargado la educación porque no les interesa la gente educada, es evidente. Yo si fuera político también preferiría que la gente fuera completamente tonta. Se han cargado la educación, ¡adelante…! Hombre, está bien, ¿eh? Piensa que a partir de ahora ni un solo estudiante español será contratado jamás por una universidad extranjera ni podrá trabajar jamás en una empresa seria. Tendrán la reputación que tienen los bachilleres marroquíes o del Líbano o de Etiopía”.

NOTA de SAICSHU: No compartimos el juicio sobre los bachilleres libaneses. Líbano es un maravilloso país, culto y tolerante, que ha subsistido a mil tormentas y que merece ser tratado con mucho respeto.

No se pierdan el texto completo de la entrevista, accesible desde aquí. Y saquen sus propias conclusiones.


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La Universidad de Princeton desenmascarada por un exdecano de la Escuela de Arquitectura

Alejandro Zaera-Polo es uno de los arquitectos españoles más punteros del mundo. Ha dado clase en algunas de las escuelas de arquitectura más prestigiosas, como Yale, y fue decano de la Escuela de Arquitectura de Princeton hasta que iniciaron un proceso contra él por un supuesto plagio, motivo por el que demandó a Princeton por difamación. Tras su destitución, se quedó dando clase en la universidad, pero el control ideológico sobre el trabajo de sus alumnos y la supervisión obligatoria a la que lo sometían terminaron de colmar el vaso. Así que Alejandro Zaera-Polo, antaño decano de esta prestigiosa universidad, les declaró la guerra: hizo escalar su reclamación sobre la libertad académica hasta la cima de la jerarquía y recogió por el camino todo el material, para publicarlo.

Lo que sus detractores definen como un ‘berrinche’ son en realidad más de 800 páginas de documentos en las que se ve, correo electrónico a correo electrónico, cómo las políticas de la identidad, el pensamiento de grupo y la presión están siendo aprovechados allí por algunas personas poderosas para impedir la libertad académica, y para acaparar poder. Es un montón de material que Zaera-Polo ha ordenado y analizado, en forma de ‘etnografía gonzo’, y que ha aderezado con seis horas más de un seminario, grabado por él mismo, disponibles en Vimeo.

Acceso a la entrevista realizada por Juan Soto Ibars para El Confidencial


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Manuel Ferrer Muñoz. El cerco a la libertad en el mundo de los analfabetos

Durante la pasada pandemia tocamos fondo. Los gobiernos de los diversos países abusaron a su antojo del margen de acción que les habían concedido las urnas, restringieron las libertades y los derechos individuales, y aprovecharon para estrechar el cerco a las conciencias ciudadanas e impedir así que su obediencia rendida se dejara seducir por tentaciones libertarias.

Si, pasado el tiempo, los tribunales encargados de velar por la salvaguarda de los principios asentados en las constituciones condenaron aquellas restricciones de derechos, anulando los decretos que habían implantado estados de alarma o regímenes de excepción, las condenas quedaron en brindis al sol que apenas generaron una pequeña incomodidad a los que durante meses y de un modo arbitrario se habían hecho dueños y señores de las vidas de hombres y mujeres. Se había impedido de modo estruendoso el control parlamentario, que impide a los gobiernos actuar sin el contrapeso del Poder Legislativo. Y no pasó nada. El precedente es de una gravedad inquietante y, sin embargo, no se ha registrado la alarma social que cabía esperar.

Se ha avanzado con decisión y pleno éxito hacia el mundo feliz que vaticinó Huxley y que también había predicho Orwell. Huxley alumbró una utopía cuyo advenimiento consideraba inminente, en la que la técnica y el progreso científico servirían a los estados para establecer medios de dominación que acabarían por hacer innecesarios los garrotes y los calabozos. Huxley estaba convencido de que los sofisticados sistemas de persuasión, impuestos desde arriba para sujetar las conciencias individuales, conseguirían que la gente amara la servidumbre. Y, tal vez por primera vez en la historia, todo parece indicar que esas ensoñaciones utópicas han ido realizándose de manera cabal.

Domesticadas las conciencias, todo lo demás viene dado por añadidura. Y estamos asistiendo al inaudito espectáculo de poblaciones enteras satisfechas con el yugo que les ha sido impuesto por los amos del poder. De la rebelión de las masas de Ortega y Gasset no queda ni el más remoto recuerdo.

No resulta difícil identificar el camino que ha permitido alcanzar una meta que podía resultarnos inimaginable hace unos cuantos años. Todo pasa por la apropiación de la enseñanza por los estados nacionales, iniciada ya en el siglo XIX, cuando desplazan a la Iglesia, que tradicionalmente había asumido ese cometido, con la no disimulada intención de formar a ciudadanos conscientes de sus deberes hacia la patria. La proliferación, durante un tiempo, de catecismos constitucionales -que en España irrumpen a partir de 1812, cuando se promulga la primera constitución-, es una evidencia clarísima de cómo el Estado pretende suplantar a la Iglesia en el diseño de un sistema de valores indiscutibles a los que debería prestarse una obediencia rendida: quien no acepte y respete esos ‘dogmas políticos’ se convertirá en un apestado que debe ser anatematizado y separado del cuerpo social.

Si la transformación del ‘súbdito’ en ‘ciudadano’, tal vez el logro más importante de la Revolución Francesa, parecía el preludio de una nueva era en que la libertad presidiría la vida política, pronto se evidenció que la buena salud de los estados nacionales requería ciudadanos sumisos y devotos, que delegaran sus derechos en un cuerpo de sesudos representantes que velarían por sus intereses y que les ahorrarían preocupaciones. La nueva élite política, cada vez más profesionalizada, acabó por mutarse en el remedo de la vieja aristocracia y fue arrinconando al pueblo, relegándolo al papel de devota claque, dispuesta siempre a aplaudir la acción de sus representantes… al menos mientras sus mentes no se vieran contaminadas por el ejercicio de pensar por propia cuenta. Y ahí radicaba el peligro que amenazaba potencialmente la estabilidad de las nuevas instituciones: era preciso castrar el intelecto de los ciudadanos, por el bien de la sociedad. Y dicho, y hecho.

Para prevenir los extravíos de intelectos pensantes, los nuevos aristócratas, celosos de la preservación de sus disimulados privilegios, fueron estableciendo un férreo control del sistema educativo que les permitiera adoctrinar a ciudadanos dóciles, incapaces de pensar por sí mismos, simples repetidores de consignas. Por eso, la educación debía ser arrebatada a la familia mediante una hábil prestidigitación que la encomendara a instituciones controladas por el Estado, desde las cuales se velaría por el libre desarrollo de la personalidad y de las capacidades de los alumnos, y por la formación de ciudadanos responsables: palabras grandilocuentes cuya operatividad se ve desmentida por los resultados con lamentable frecuencia. De ahí a la ‘escolarización’ obligatoria no iba más que un paso.

El caso del Reino de España es emblemático de cuanto venimos exponiendo. Si bien la Constitución reconoce el derecho a la educación, no establece el deber de la escolarización, que sí ha sido recogido en las leyes orgánicas de la educación. Y no deja de ser paradójico el contraste entre los bochornosos resultados del sistema educativo español, desacreditado una y otra vez por las instancias evaluadoras supranacionales, y la machacona vigilancia ejercida para que nadie se atreva a educar a sus hijos al margen del sistema: unos controles que adoptan tintes de auténtico terrorismo psicológico, que no excluye la denuncia anónima, como hemos podido constatar en nuestras propias carnes quienes apostamos por la educación en casa. El único argumento esgrimido por las instancias oficiales encargadas de cazar a los que osaron educar a sus hijos por cuenta propia es la cansina reiteración de que así lo dispone la ley: y retarla es un mal ejemplo para los hijos y un desafío irresponsable que podría derivar en la pérdida de la patria potestad.

Así, pues, acudamos a la escuela, reeduquémonos quienes habíamos apostado erróneamente por un régimen de libertad de pensamiento, aprendamos que el festín de las libertades ya terminó y que, por si no nos habíamos enterado, hace ya tiempo que empezó un prolongado ayuno de ideas, amorosamente diseñado por nuestros representantes políticos para que, con la práctica de esa dieta, alcancemos el suficiente grado de estupidez que nos asegure la plena felicidad. Y delatemos a los individuos asociales que osan poner en tela de juicio las sabias leyes que emanan del talento y la abnegación de los dignos y mal pagados depositarios de la soberanía, cuyos nombres deberíamos reproducir con letras de oro en los muros de nuestras ciudades, en esos templos del saber que son las escuelas, en los recintos carcelarios donde más de uno de esos conspicuos legisladores debería ser resguardado durante muchos años… siquiera sea para que dejen de insultarse entre sí y de vomitar procacidades.

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Manuel Ferrer Muñoz. El mejor piropo que haya recibido nunca

Al parecer, ha llegado el momento largamente esperado de que los hombres empecemos a recibir piropos de las mujeres.

El que sigue, que me ha hecho llegar una querida amiga, miembro del Club de Escritura que dirijo desde hace casi dos años, constituye uno de esos argumentos que animan a seguir en la pelea diaria y a reforzar la autoestima: “A ti te dejaría el lápiz con los ojos cerrados”. Sin embargo, el piropo me emplaza en una difícil tesitura: si acometo la empresa, cuya ejecución sopeso desde hace tiempo, de escribir una autobiografía, ¿quién me dirigirá unas palabras tan motivadoras?


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Ismael Arana. El Partido Comunista de China reescribe su historia

La utilización de la historia y su manipulación con fines torpemente partidistas no es sólo ocurrencia del actual Gobierno de España o de los independentistas catalanes que abogan por la recuperación de una trayectoria nacional independiente que nunca existió.

Unos y otros, ambos aprendices de brujos, tal vez hayan acudido a las fuentes de donde brota la más genuina mistificación, para abrevar directamente en ellas. Y es que el funambulismo del Partido Comunista de China es de tal envergadura que sus grotescas revisiones del pasado resultan difícilmente superables. Los extractos de este artículo de Ismael Arana arrojan luz sobre el cinismo y la desfachatez del que tal vez sea el más impúdico de los sistemas de gobierno de los tiempos que vivimos.

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La segunda, de 1981, llegó poco después del fin de la Revolución Cultural y con Deng Xiaoping ya al mando. El documento finiquitó el periodo de Mao juzgando que su liderazgo fue “un 70% acertado y un 30% erróneo” y sentó las bases para la era de la “reforma y apertura” que catapultó la economía china en las siguientes décadas.

El contenido de esta tercera resolución todavía se desconoce y tan solo se hará público una vez concluya el cónclave. Aún así, todo apunta a que no contemplará una revisión crítica del pasado, sino que más bien se centrará en resaltar los logros del partido bajo la batuta de Xi -lucha contra la corrupción, fin de la pobreza extrema- y apuntalará el consenso en torno a la necesidad de su continuidad al frente de la nación.

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Manuel Ferrer Muñoz. Hay vida más allá de la academia

En una entrada anterior recogimos la primera versión de este texto que ahora se publica en La Clave.

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Hace tres años, la Mtra. Jacqueline Murillo Garnica sintió la necesidad “de ejercitar la escritura y, con ella, la narrativa de los días, de las emociones, de los sentires”, y a la vez quiso asumir el compromiso de potenciar la capacidad escritural de un grupo de estudiantes del Recinto Juan Vicente Moscoso de San Pedro de Macorís, del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (República Dominicana).

Por iniciativa propia, y sin apoyos institucionales, Jacqueline Murillo puso en marcha un Semillero de Escrituras Creativas que, tras un perseverante esfuerzo de tres años, culminó recientemente en un libro publicado por la Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina. Concluyó así una travesía literaria que “recorrió la geografía dominicana, reproduciendo el sentir del pueblo dominicano, replicando el sabor de los primeros amores, hasta lograr que eros y thanatos dialog[aran] al unísono”.

Por las mismas fechas en que arrancaba aquel semillero, el autor de este texto acometía un reto profesional de envergadura: hastiado de la mezquindad de una institución universitaria en que laboraba, en la ciudad de Ibarra (Ecuador), presentó su renuncia como docente-investigador de ese centro, y promovió un Servicio de Asesoría sobre Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades, que creció y se consolidó libre de corsés académicos y de la rígida y empobrecedora maquinaria burocrática que ahoga el espíritu de la vieja y noble institución universitaria. Con el tiempo, ese blog, que ha calado entre usuarios de los cinco continentes y atraído miles de consultas, se vio complementado por una Asociación civil, Somos Axarquía, que, desde su modestia, formuló el propósito de rescatar y potenciar el patrimonio cultural y artístico de esa peculiarísima comarca de la provincia de Málaga (España).

El pasado sábado, 23 de octubre de 2021, arrancó formalmente un proyecto conjunto, impulsado por Jacqueline Murillo y Manuel Ferrer, quienes desde la publicación del libro Travesías urbanas de la Mtra. Murillo han mantenido una estrecha colaboración. Se trata de un libro de cuentos, que se titulará De perros y gatos, en el que participarán socios del Club de Escritura Creativa de Somos Axarquía y el grupo de estudiantes universitarios de República Dominicana que ha venido trabajando en el Semillero de Escrituras Creativas.

El texto, cuya publicación se prevé para mediados del próximo año, se verá enriquecido por ilustraciones de niños dominicanos y españoles, que plasmarán en imágenes su visión de los gatos y perros que protagonizan estos divertidos relatos de ficción.

No diríamos la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, si omitiéramos la mención de la Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina, que, impulsada a fines de 2018 por el Dr. José Manuel Castellano, está contribuyendo de una manera ejemplar a compartir y democratizar el conocimiento y a apoyar decididamente a los jóvenes en su proceso de crecimiento intelectual, desde la perspectiva de una visión comunitaria. La Editorial no mercadea con los libros, ni con los autores, ni con los lectores, y facilita una plataforma espléndida para la edición de textos en formato virtual, accesibles sin costo alguno desde cualquier parte del mundo. Por cierto, José Manuel Castellano labora en una institución universitaria ecuatoriana, pero emprendió este proyecto editorial por iniciativa propia y con sus propios y exclusivos recursos.

Amigos lectores, la conclusión que se desprende es inequívoca: ¡hay vida más allá de la academia! Aunque tal vez sea más certero afirmar que (¿lamentablemente?) ¡la vida empieza más allá de la academia!