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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Manuel Ferrer Muñoz. Fábrica de héroes

Terminado el partido de ida de las semifinales de la Champions League, entre Liverpool y Villarreal, en el que el equipo inglés dio un repaso en el juego a sus contrincantes, un exjugador de la Premier League y comentarista en un programa televisivo, hizo declaraciones insolentes sobre el club de Villarreal, un pequeño pueblo de la provincia de Castellón, de poco más de 50.000 habitantes: “El Villarreal es una desgracia para esta competición. [Se trata de] un equipo que no es lo suficientemente bueno para llegar a la Europa League. Así de malos son». En el partido de vuelta, el Villarreal realizó una primera parte extraordinaria, en que arrolló a su oponente y empató la eliminatoria, aunque el Liverpool logró doblegarlo en la segunda mitad. Una rápida comparación de los recursos económicos en que se sustentan uno y otro equipo desarma la arrogancia de aquel ignorante tertuliano: el Liverpool fue comprado en 2010 por un grupo de inversores estadounidenses que pagó unos 340 millones de euros, en tanto que el actual propietario del Villarreal compró en 1997 el club, que militaba entonces en Segunda División, por 432.000 euros. No cabe duda de que la increíble resistencia que el Villarreal opuso al todopoderoso Liverpool en esa competición, que reúne a los mejores clubes europeos, fue propiciada y alentada por el despectivo comentario de aquel soberbio parlanchín que, dicho sea de paso, nunca dejó de ser un jugador de fútbol de segundo nivel. La engreída Albión, que se expresaba en este caso por la boca del irrespetuoso crítico, había erigido un monumento al heroísmo del pequeño David, que, enardecido, a punto estuvo de tumbar a Goliat.

Cuando Vladímir Putin pensó que lograría cambiar el curso de la guerra en Ucrania –a la que cínicamente sigue refiriéndose como una ‘operación militar especial’- mediante brutales bombardeos de la ciudad de Mariúpol, que la han convertido en un desierto de destrucción y muerte, cometió un tremendo error que elevó a la condición heroica a los soldados ucranianos resistentes en los subterráneos de la acería Azovstal. El oso ruso, encarnado en el paranoico Putin, acaba de consagrar el mito de unos cientos de héroes decididos a pagar con sus vidas el sacrificio reclamado por la nación en armas. Y contra los mitos de nada sirven las armas de destrucción masiva.

Tal vez venga a la memoria de algunos lectores que acceden a la Tribuna Internacional de La Clave la resistencia ofrecida por el pueblo español en 1808 a los afanes expansionistas del entonces poderoso emperador de los franceses, Napoleón Bonaparte, que, aprovechando la crisis institucional abierta en la monarquía española, quiso convertir a España en un feudo francés. Seis años después, se consumaba el fracaso del coloso con pies de barro, cuya estrella se eclipsó ante la ferocidad y el pundonor de un pueblo en armas. La prepotencia del que había sido militante nacionalista corso, después oficial del ejército que combatía los anhelos nacionalistas de Córcega y, finalmente, emperador de los franceses, se disolvió como un azucarillo cuando hubo de enfrentarse al orgullo de quienes rechazaron, por dignidad, rendirse ante el invasor. Las atrocidades cometidas contra los civiles alzados en armas, en mayo de 1808, dotaron de un sentido a la resistencia y derramaron la sangre heroica que enardecería a los patriotas. Y podrían aducirse, hasta el cansancio, tantísimos otros ejemplos que ilustran la torpeza de quienes levantan muros contra sí mismos al procurar alas, inadvertidamente, a pueblos a los que buscan oprimir: las luchas por la independencia de los pueblos americanos, la tenacidad del nacionalismo irlandés, el carácter indómito del pueblo judío avasallado tantas veces en tantos espacios geográficos, la valentía con que húngaros, checoslovacos o polacos lucharon contra la tiranía soviética…

Parecía llegado un nuevo ciclo en que, como consecuencia de la racionalización de los mitos y del carácter crítico y ‘científico’ con que pretende adornarse la nueva narración histórica, empezaba a remitir el proceso de canonización de modelos dignos de ser imitados y ofrecidos por los Estados a los ciudadanos como generadores de legitimidad y como guías de conducta. No obstante, tal vez empieza a revertirse esa tendencia por la reacción colectiva de grupos de personas o de pueblos enteros que, subestimados, humillados o amenazados por un agresor externo, redescubren su propia valía y afrontan con orgullo retos que, desde un planteamiento pragmático, podrían considerarse insuperables.

El ‘más difícil todavía’ que tronaba en los antiguos circos resuena con renovadas fuerzas. Cuanta mayor sea la presión ejercida para sojuzgar a una nación, más firme y determinada será su resiliencia, incluso si, llegado el caso, la fuerza bruta logra un éxito que nunca dejará de ser transitorio. El viejo vae victis! cede el paso al vae victoribus!: porque la sangre derramada por quienes plantaron cara al agresor fertiliza la tierra patria y rebaja al tirano a la condición de bellaco que sólo inspira desprecio y odio.

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Manuel Ferrer Muñoz. La verdad descarnada

“Este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar; mas cumple tener buen tino para andar esta jornada sin errar”. Estos versos de Jorge Manrique proponen un estilo de vida que quedó arrinconado y abandonado en el baúl de los recuerdos por los valores consagrados en la llamada Posmodernidad. El hombre light, carente de referentes morales e incapaz de asumir compromisos, no mira más allá de lo que entreven su encubierta miopía y su obtusa mollera. No interesa lo que se alce más allá del muro de su pequeño y estrecho universo, que, por tanto, no existe.

De nada importan hoy los errores acumulados jornada tras jornada, si con ello se rasca algo del placer que mendigamos a cualquier costo. Aferrados al presente y angustiados ante el vacío que la pérdida de la fe abre tras la muerte, importa sólo el aquí, ahora. Carpe diem, aférrate al momento presente, atrapa el efímero instante, libérate del peso fetichista de la responsabilidad de tus actos, cubre las apariencias y finge cumplimiento de las normas, aunque, al mismo tiempo, rebusques argucias legales para burlarlas. Huye de conceptos abstractos, como la verdad, los ideales, el sentido de la existencia.

Finjamos. Construyamos un mundo de apariencias, de amor y respeto a la infancia y a las personas mayores, exceptuados, eso sí, los niños cuya llegada al mundo era causa de incomodidad, y los viejos renqueantes a los que, en nuestra generosidad, abrimos las puertas de la eutanasia.

Aparentemos que todo va bien, convenzámonos de que éste es el mejor de los mundos posibles, escondamos la cabeza y cerremos los ojos para evitar el encuentro con las miserias que nos envuelven, con la desfachatez que permea las estructuras sociales, con la hipocresía de una clase política que se proclama cínicamente servidora de la ciudadanía.

Apartemos de nosotros el pensamiento metafísico, y aboguemos por el materialismo, la permisividad, el hedonismo, la cortedad de alas. Aprestémonos a volar como alas de corral y renunciemos a volar como las águilas, que miran al sol de hito en hito. No, no nos conviene tamaña soberbia: conformémonos con ser la cola del león, y rehuyamos la tentación de aspirar a convertirnos en cabeza de ratón, capaces de pensar por cuenta propia.

Mendiguemos salarios que nos permitan satisfacer nuestras aspiraciones consumistas, siempre crecientes, y bendigamos los subsidios como los antiguos romanos bendecían el pan y el circo. Aceptemos con docilidad el mandato de los que se encaramaron al poder mediante procesos electorales diseñados para un reparto equitativo y sucesivo del pastel entre quienes previamente han sido cooptados. Cerremos los ojos a la corrupción de unos y otros, de todos aquellos que logran acceder a un puestecito en el organigrama político, en sus diversas escalas.

Robin Hood desvalijaba a los ricos para distribuir el producto de sus robos entre los pobres. Nuestra noble clase política ha mejorado la estrategia: se hace con nuestros dineros para atender a sus necesidades y negociar apoyos de amigos poderosos y, luego, en noble gesto dadivoso, nos obsequia con las migajas de un pastel que se cocinó con nuestros bolsillos.

Pero hay que callar; si acaso, mascullaremos acobardadas protestas cuando la satisfacción de los de arriba priva de satisfacciones a los de abajo; siempre sottovoce, siempre temerosos de las delaciones, asustados ante las consecuencias del qué dirán.

Eludiremos cuestionar el sistema, entre otras razones porque el pensamiento filosófico se ausentó de las aulas donde se amaestra a nuestros jóvenes. Idiotizada toda una generación y carente de criterios sólidos, ha sido adoctrinada en el convencimiento de que las miserias del presente se explican por la cerrazón, la ceguera mental y el fanatismo religioso de nuestros antepasados. Somos hijos de la luz, mientras que ellos se debatían en las tinieblas. ¡Pobrecillos!

Tal vez un día, al contemplar la trayectoria descrita por una vida llena de vacío, nos interroguemos: y después, ¿qué? Y aflorará la tragedia, dolorosamente punzante, porque algo habíamos intuido en aquellas escasas ocasiones en que nos atrevimos a asomarnos al espejo; y es que, después de todo ese inquieto bullir, llega el cara a cara con la personal inanidad: “Mené, mené, teqel, ufarsin” (Daniel 5, 25-28).

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Manuel Ferrer Muñoz. Si yo fuera niño

Algunos de mis lectores recordarán esta bellísima canción de la película El violinista en el tejado, de 1971, adaptación del musical de Broadway del mismo nombre estrenado en 1964: Si yo fuera rico. Tal vez a otros lectores más jóvenes suene más familiar una boba y pésima comedia española titulada Si yo fuera rico, rodada en 2019: a estos últimos les recomendaría que borren ese recuerdo superfluo de sus memorias.

Tevye, el protagonista de El violinista en el tejado, una película ambientada en la Rusia zarista del siglo XIX, reflexiona sobre la tradición y las dificultades que enfrenta una persona que, además de su condición de pobre, pertenece a una comunidad judía acosada por sus vecinos y perseguida por las autoridades del Estado. Y sueña, con la ingenuidad de un niño, lo que haría de su vida si fuera rico.

Puestos a soñar, yo prefiero imaginar que vuelvo a ser niño, porque el niño es el hombre en estado prístino, antes de que su entorno se haya encargado de recortarle las alas. Además, aquel hombre sabio en quien los creyentes reconocemos al Hijo de Dios invitó a los que le escuchaban a que se hicieran como niños; y ese mensaje, que viene de una fuente tan fiable, ha traspasado ya la barrera de veinte siglos y sigue resonando como un reto difícil de alcanzar. Probaré a adentrarme por ese sueño tan atractivo, que tantos desafíos plantea…

Si yo fuera niño, seguiría pidiendo la luna, como han hecho casi todos los niños desde que el mundo es mundo; y dejaría para los mayores la mesura y el pesimismo supuestamente realistas.

Si yo fuera niña, rechazaría los vestidos de color rosa, jugaría con muñecas y competiría en un equipo federado de fútbol: obviamente, no hablo de fútbol americano sino del bueno, del soccer que se dice en Estados Unidos.

Si yo fuera niña, iría proyectado mi boda con mucha anticipación, y dejaría muy clarito a quien se atreviera a casarse conmigo que me importa un bledo la presencia de muchos invitados, y que si deseo casarme por la Iglesia es porque soy creyente y quiero poner a Dios por testigo de mi amor a la persona que elija para compartir el resto de mi vida.

Si yo fuera niña, le diría a la ministra de Igualdad de España que no me gusta volver a casa sola ni borracha: que se quede ella con esa estúpida aspiración.

Si yo fuera niño –o niña, que igual da-, me costaría mucho entender por qué los políticos que juegan con la educación de los niños, y quieren impedir que éstos jueguen, no se dejan caer de vez en cuando por las escuelas. ¿Acaso esa pandilla de sanguijuelas no se ha enterado de que el acoso escolar se da a diario en todos los rincones del mundo, sin que los servicios sociales hagan nada efectivo por impedirlo? ¿Ignoran quizá que hay miles de niños a los que algunos compañeritos hacen imposible la vida, hasta el punto de incitarles a optar por el suicidio? ¿Son incapaces de entender que los ‘deberes’ con que nos acogotan en las escuelas son un atentado a nuestra creatividad y que, en aras a esa imposición tiránica, sacrificamos un tiempo que necesitamos para jugar? ¿Por qué quieren encerrar a todos los niños en las escuelas tantísimas horas diarias, cuando es posible –y más divertido- aprender desde la libertad y el cariño que se respiran en el propio hogar?

Si yo fuera niña o niño, escribiría una carta a la ministra de Igualdad de España y, en un esfuerzo tremendo por mostrarme cortés, le contaría que eso de niño, niña, niñe es, con diferencia, la tontería más grande de que he oído hablar; y le diría también que los niños –todos los niños, sin necesidad de la repetidera cansina de niños/as- estamos hasta el copete de tanta palabrería insulsa y necia.

Si yo fuera niño –el género importa un pimiento también en este caso-, levantaría en armas a mis compañeros de clase para que impidieran que en los colegios se hable de Manualidades cuando se quiere tratar de la Expresión Artística. ¡Como si la escultura, la pintura o el origami no exigieran actividad de la inteligencia!

Promovería plantones ante las sedes de todos los ayuntamientos del mundo, para que las autoridades municipales dejaran de construir parques infantiles concebidos y diseñados como si los niños fueran hámsteres, obligados a ser felices con las infinitas vueltas a una noria que trata de disimular su cautividad.

Si yo fuera niño, hablaría seriamente con mis padres para que pensaran más en mí y menos en las cosas de sus trabajos, y les preguntaría por qué les obligan sus jefes a pasar casi todo el día fuera de casa.

Reclamaría más días en el campo o en la playa, al aire libre y en libertad, y menos encerronas aburridas en casa, alejado de mis amigos y pegado a aparatos tan hipnóticos como el iPad (incluso estaría dispuesto a reconocer que en esto –quizá sólo en esto- mis padres y mis abuelos, puestos de acuerdo por esta única vez, tienen toda la razón).

Disfrutaría como un enano haciendo construcciones, junto a mis amigos, con los materiales que encontráramos tirados por el campo, y montaríamos una casita en un árbol que fuera nuestro centro de operaciones aventureras.

Me las ingeniaría para pasar muchas horas con mis abuelos, y me esforzaría por no olvidar las conversaciones con ellos, ni las historias que me narraran.

Me quejaría de lo difícil que es practicar la gimnasia artística, porque hay muy pocas instalaciones. ¿Por qué todo tiene que ser fútbol, fútbol y más fútbol, por mucho que a mí me guste el fútbol?

Si yo fuera niño recordaría a todos los mayores, a grito pelado, que también ellos fueron niños. Y añadiría que, si somos como somos y si hay cosas que no les agradan en nuestro modo de ser, culpen a la genética, a tanto tiempo encerrados entre cuatro paredes, a su falta de habilidad para llevarnos por las buenas, al exceso de prohibiciones… Bueno, concedería a lo sumo que un poquito, sólo una mínima parte de lo que desagrada a los adultos de nosotros, los niños, se debe a nuestros pequeños errores propios de niños pequeños a los que cuesta moderar sus emociones y mostrarse siempre ecuánimes y circunspectos.

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Manuel Ferrer Muñoz. Franco invadió España: ¡que se sepa!

Permítanme compartir con ustedes la última novedad histórica que descubro en un sesudo artículo de Peio H. Riaño, publicado en el Diario.es

A él pertenecen estas solemnes majaderías: “Francisco Franco invadió España y la dividió en dos para siempre, como dos realidades paralelas e irreconciliables”.

En manipulación del pasado no gana uno para sorpresas.

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Pedro Fernández Barbadillo. De Moscú a Kiev pasando por Guernica

Ha indignado a muchos españoles y entusiasmado a otros la mención que el presidente de Ucrania hizo del bombardeo de Guernica en un discurso en el que nos riñó por no ayudarle lo suficiente frente a la invasión rusa.

¿Por qué pedimos a un político extranjero que conozca nuestra historia cuando no la conocemos nosotros mismos… y cuando la mayoría de los indignados o entusiasmados no habrían sabido situar a Ucrania en un mapa hasta que comenzó la guerra?

Los tópicos y estereotipos a la hora de juzgar a naciones extranjeras son muy frecuentes. La lectura de las opiniones sobre España de la cúpula nacional-socialista alemana provoca risa: Franco no se unía a la guerra en el bando alemán porque era judío y estaba controlado por los curas; no digamos lo que creían de los eslavos. En Gran Bretaña se ignora a Juan Sebastián Elcano hasta el punto de que se enseñaba que Francis Drake fue el primer navegante en circunnavegar el globo. Barack Obama puso a la Córdoba de los Omeyas y Almanzor como ejemplo de tolerancia. Y yo le dije a mi padre que cancelase una suscripción al Economist porque si la revista editada en Londres ilustraba informaciones sobre Madrid y Barcelona con dibujos de bailadoras flamencas y jinetes rondeños ¡qué fiabilidad tenía lo que contara de Oriente Próximo o de Sudamérica!

Guerra civil interminable

Lo lamentable es que el único episodio de la guerra civil española mundialmente conocido, aunque se trate de un episodio menor, y sólo porque en él aparece el supervillano del siglo XX, Adolf Hitler, ha servido para mostrar de nuevo el paletismo español.

Hubo un tiempo, relumbrante a pesar de no ser inclusivo, en el que los españoles, como escribió Rafael García Serrano, «se repartían el mundo como una tajada de melón, como un queso de las propias ovejas, como un huerto familiar». Desde el siglo XIX, con algunas excepciones, los españoles, aunque viajen mucho, viven encerrados mentalmente en aldeas divididas por rencillas donde todos se unen para impedir que nada mejore, ni siquiera se limpien las calles.

El mundo está cambiando y la historia ha regresado. Como ha dicho un general italiano (¡italiano!), Claudio Graziano, «hay dos palabras que ya no existían en nuestro diccionario como europeos, guerra y enemigo, que siguen existiendo». Europa es cada vez más pequeña, más pobre, más dependiente y más vieja. Y en vez de preocuparnos por nuestro futuro rodeado de naciones hostiles, discutimos sobre el pasado. Sirva de modelo cierto ilustre catedrático conocido ya sólo por sus novelerías y sus modales tabernarios, que, a pesar de vivir en Bruselas y de saber alemán, usa la polémica para ¡volver a ajustarle las cuentas a Franco y a Ricardo de la Cierva! Viejos alanceando a muertos. ¡Qué deprimente… y qué rastrero!

Vayamos al pasado sólo para recuperar el que es para mí el mejor análisis de la polémica de Guernica-Ucrania, un artículo de Julio Camba de 1935 titulado “Italianos y etíopes” y publicado por ABC cuando este periódico no era eco atrasado de las consignas progres:

Todos los conflictos bélicos que estallan en el mundo no interesan nunca, a los españoles, más que en cuanto pueden suponer una variación táctica de nuestra antigua e interminable guerra civil. Unas veces hacemos de rusos y japoneses, otras de aliadófilos y germanófilos, y ahora, aunque no pase nada en Abisinia, ahora vamos a hacer de etíopes e italianos.

Y a este genio del columnismo lo quieren sustituir por Manuel Chaves Nogales, que, para mí, no pasa de ser un periodista con un estilo plano y aburrido.

¿Qué pasó en Guernica?

Para concluir, hagamos unos apuntes breves sobre el bombardeo de Guernica.

  • No fue el primer bombardeo sobre población civil. El Gobierno del Frente Popular empleó su aviación y su armada para bombardear numerosas ciudades en el verano de 1936, desde Huesca a Larache y desde Ceuta a Oviedo. Guernica, además, no era ciudad abierta, sino un objetivo militar.
  • El 31 de marzo de 1937 la aviación italiana bombardeó Durango y causó una cifra de muertos que ronda los 250. La matanza de presos desarmados en las cárceles de Bilbao (muchos de ellos sin relación con la conspiración ni la guerra), cometida el 4 de enero, alcanzó los 224.
  • El número de muertos en Guernica se desconoce porque ni el Gobierno ni la Universidad del País Vasco han elaborado una lista. Las que conocemos, hechas por el general Jesús Salas Larrazábal y una asociación local, sitúan los fallecidos entre 120 y 160, muy lejos de los más de 1.600 que aventuró el Gobierno vasco de 1937 y que muchos historiadores siguen dando como válidos. Otros de éstos afirman que el número es incalculable y jamás se conocerá.
  • El ataque a Guernica lo ordenó por su cuenta el mando alemán de la Legión Cóndor, aliada de los nacionales, para impulsar la ofensiva y la toma de Bilbao.
  • La prensa británica, sobre todo el corresponsal George Steer del The Times, usó el bombardeo para animar al rearme contra Alemania, al que se oponían, entre otros, los laboristas. La misma prensa ignoró el bombardeo de Durango, porque se pretendía separar a Italia de Alemania.
  • Guernica se ha convertido en mito por la negativa del bando nacional a reconocer su responsabilidad en el bombardeo y la campaña posterior, con el cuadro de Picasso.

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Ignacio Sánchez Mejías, los toros y el Guernica de Picasso

El diestro Ignacio Sánchez Mejías, hombre de cultura, había estudiado bachillerato y dos años de Medicina, era hijo de médico, además de amigo de los poetas y escritores de la generación de 1927, e incluso el mismo había escrito y estrenado obras de teatro. Asimismo, contaba con la amistad de escultores como Mariano Benlliure y pintores como Picasso, Martínez de León, Roberto Domingo y otros. Fue mecenas del premio literario Ateneo de Sevilla y cuando el fatal suceso que segó su vida, todos sus amigos se volcaron en dedicarle letras de recuerdo encendido y admiración.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un andaluz tan claro, tan rico de aventura. Y si los poetas y escritores gastaron tinta en su recuerdo despierto, un pintor, Pablo Ruiz Picasso, malagueño y andaluz de corazón quiso también tributarle su particular homenaje y realizó un boceto para dedicarle un cuadro. Aunque todo quedó en proyecto por las circunstancias que se vivían en España en 1935 y 1936, años anteriores a la guerra civil española. En 1939 se convoca una exposición pictórica sobre los horrores de la guerra y en esta presentó Picasso un cuadro basado en el boceto que ideó para dedicar a su amigo Sánchez Mejías. Y como había sucedido el bombardeo que destruyó la ciudad vasca de Guernica, así lo tituló. Un cuadro en el que aparece un toro y algún motivo taurino más. Del boceto para recordar al amigo torero muerto salió una pintura genial de reconocimiento universal.

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Pedro Fernández Barbadillo. Guernica, la mentira que nunca muere

El dicho popular sostiene que las mentiras «tienen las patas cortas». Será en la vida cotidiana, porque en la universitaria las mentiras avanzan con grandes zancadas. Los españoles lo podemos comprobar si nos acercamos al consenso de los historiadores sobre la II República, la Guerra Civil y el régimen franquista.

El «Y punto» de Viñas como argumento

Un ejemplo es la fabulación de que el general Franco hizo matar al gobernador militar de Las Palmas, general Amado Balmes, para dejar Santa Cruz de Tenerife y poder subir al avión que le trasladó a Marruecos. Según el fabulador, el catedrático Ángel Viñas, esa muerte accidental «¡es un asesinato con premeditación y alevosía. Y punto!». Un historiador aficionadoMoisés Domínguez, ha demostrado que la narración no pasa de ser una novela, y encima poco verosímil, ya que ha encontrado hasta la autopsia que se realizó a Balmes. Pero la academia sigue difundiendo la fábula. El único profesor que yo sepa se ha atrevido a señalar al rey desnudo ha sido Stanley Payne en su El camino al 18 de julio.

Un cínico —o quizás un realista—, afirmaba que en la universidad se producía la sustitución de las teorías o los paradigmas desfasados por otros nuevos sólo cuando los viejos que habían elaborado los primeros y se negaban a aceptar las novedades se jubilaban o se morían. Yo aceptaría la afirmación anterior si hubiera esa sustitución de teorías, pero es que los años pasan y vemos que, en este caso, las mentiras se mantienen, incluso engordan. Bien lo sabía el militar, ingeniero e historiador Jesús María Salas Larrazábal, fallecido el 29 de marzo, que, junto con el periodista Vicente Talón, introdujo racionalidad y hechos en el episodio más manipulado de la guerra civil española: el bombardeo de Guernica, realizado el lunes 26 de abril de 1937 por las aviaciones de Italia y Alemania.

Talón reveló (Arde Guernica) que el delegado del Gobierno vasco había suspendido el tradicional mercado del lunes, aparte de tomar otras medidas para proteger a la población de un bombardeo, cosa lógica debido al bombardeo de Durango efectuado por los italianos el 31 de marzo; la cercanía del frente; y las tropas y fábricas militares que había en la pequeña ciudad. Salas redujo el número de muertos a menos de 130, de los que dio nombre y apellidos, cuando la historiografía antifranquista y abertzale había impuesto el número de 1.654 fallecidos. Para desprestigiar a Salas, que expuso por escrito sus descubrimientos por primera vez en 1981, se le tildó de «general franquista», cuando sus dos ascensos a general de brigada y de división los aprobaron sendos Gobiernos socialistas presididos por Felipe González.

¿El peor libro de Anthony Beevor?

En La Guerra Civil española, escrito para el septuagésimo aniversario de la contienda, el historiador británico Anthony Beevor dedica poco más de dos páginas al bombardeo de Guernica, y, como le replicó Salas en su último libro: “demuestra que en el siglo XXI pueden seguir escribiéndose insensateces sobre el bombardeo de Guernica. Antepone versiones de escritores de su nacionalidad, aunque se alejen por completo de la realidad, a serias investigaciones de españoles, alemanes e italianos”.

Entre otros errores, Beevor escribe que en Guernica «era día de mercado»; no menciona el primer bombardeo, que fue realizado por los italianos y había alertado a los habitantes; repite que los aviones alemanes ametrallaron a las personas que estaban dentro de las calles de la villa; inventa que de Bilbao, más alejado del frente, huía gente a Guernica que llegaba a ésta mientras se producía el bombardeo; ignora las intenciones de los corresponsales británicos de lanzar una campaña contra la amenaza nazi exagerando los horrores de la Luftwaffe… Y por último se sacude su responsabilidad con este párrafo: “nunca se ha sabido con certeza el número de muertos y heridos que produjo el ataque. El gobierno vasco sostuvo que un tercio de la población (1.654 muertos y 889 heridos) sufrió en sus carnes el bombardeo, aunque las investigaciones más recientes sostienen que los muertos no pasaron de 300”.

¿En qué quedamos? ¿Se conoce o no se conoce el número de víctimas? ¿Qué merece más crédito a un historiador: la declaración de uno de los bandos en una guerra o las posteriores investigaciones?

Las ciudades bombardeadas por el Frente Popular

Una de las mentiras que forman parte de la leyenda de Guernica es que se trató del primer bombardeo aéreo de una ciudad. El Gobierno del Frente Popular había hecho bombardear por su aviación, según enumera Salas: Ceuta (20, 26 y 28 de julio), Tetuán (20 y 28 de julio), Melilla (26 y 28 de julio) Larache (28 y 7 de agosto), Cádiz (20 y 26 de julio y 7 de agosto), Toledo (22 de julio), Sevilla (23 y 26 de julio), Córdoba (26 de julio, 5 y 22 de agosto), Siétamo y Leciñena (1 y 2 de agosto), Algeciras y Tarifa (7 de agosto), Palma (13 de agosto), Huesca (24 y 27 de agosto), Oviedo (21, 24, 25 y 27 de agosto).

En la última actualización de su investigación, Guernica, el bombardeo: la historia frente al mito (Galland), editado en 2012, y de donde sacamos las citas anteriores, Salas volvió a desmontar los puntos de la leyenda sobre Guernica tanto los antiguos que provienen de los años de la guerra, como los nuevos. Entre éstos, destaca la afirmación de dos escritores británicos, Gordon Thomas y Max Morgan, en su novela El día en que murió Guernica (1976), de que la víspera del bombardeo hubo una reunión en Burgos de Franco, Mola, Richthofen (jefe de estado mayor de la Legión Cóndor), Velardi (jefe de la Aviación Legionaria italiana) y otros militares para planear el ataque genocida. Esa reunión era imposible, entre otros motivos porque Franco, en Salamanca, se enfrentaba a la rebelión de algunos falangistas y carlistas que no aceptaban su unificación en FET de las Jons; el día 25 había sido detenido el jefe falangista Manuel Hedilla.

Sin embargo, los hechos siguen siendo ignorados en favor del mito. En un artículo del profesor universitario y militar Fernando Puell de la Villa, publicado en el número 7 de la revista Desperta Ferro dedicado a la guerra en Vizcaya en 1937, se incluye un mapa con los datos de la leyenda: bombardeo ininterrumpido «durante más de tres horas» y 1.654 muertos, según el Gobierno vasco.

Mientras la Academia se cierra a la verdad, como la cripta de un vampiro a la luz, la villa de Guernica no tuvo reparos en invitar a Salas Larrazábal a actos sobre el bombardeo.

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Ricardo Miralles. Así fue el bombardeo nazi sobre Guernica: ¿quién, por qué?

La participación de la Alemania nazi en la guerra civil española contribuyó decisivamente a la derrota de la República. Su intervención en los repetidos asaltos sobre Madrid(noviembre de 1936-marzo de 1937), en la decisiva campaña del Norte peninsular (marzo-octubre de 1937), y en las batallas y campañas que culminaron el conflicto (Brunete, Teruel, Aragón, Levante, Ebro y Cataluña), explican, junto a la intervención italiana, el triunfo de Franco y sus generales.

En el plano operativo, la decisión de Hitler de apoyar a Franco, tomada tempranamente en la noche del 25 de julio de 1936, se tradujo en la puesta en marcha del Sonderstab W o Plan Mayor Especial, para la operación Ejercicio de invierno en la isla Rügen (Wintebürung Rügen), nombre en clave de la unidad de combate que operaría en España bajo el nombre rápidamente popularizado de Legión Cóndor.

A nivel operativo, el jefe militar del contingente germano fue el mayor general Hugo von Sperrle (alias Sander), como asesor militar de Franco para el empleo de la fuerza alemana. El almirante Canaris, interlocutor de Franco, dejó claro desde el primer momento que la organización prevista quedaría bajo un mando militar alemán, subordinado única y exclusivamente al general español. Ese mando alemán fue Sperrle, asistido por su jefe de Estado Mayor, Wolfram von Richthofen, partidario como su superior de hacer un uso muy agresivo de la fuerza aérea. Ambos, Sperrle y Richthofen, jugaron un papel esencial en la planificación y ejecución de las operaciones aéreas emprendidas por dicha fuerza, especialmente en la campaña del Norte, y por ello aparecen como responsables directos del bombardeo de Guernica el 26 de abril de 1937.

Fracasados los intentos de capturar Madrid tras las batallas del Jarama y de Guadalajara, Franco, con el asesoramiento de sus aliados extranjeros, decidió volcarse en el Frente Norte. Para ello concentró a la Legión Cóndor alemana y a una parte de los contingentes italianos: en Vitoria y Burgos se reunieron 110 aviones al iniciarse la ofensiva el 31 de marzo, y otros 42 estaban dispuestos en Logroño y Soria. Los 54 aviones italianos implicaban una potencia de fuego de 148 ametralladoras y casi 21,5 toneladas de capacidad de bombardeo, en tanto que los 85 aviones de la Cóndor suponían otras 190 armas de fuego y una capacidad de carga de casi 51,5 toneladas de bombas. El conjunto de los aviones suponía un total mínimo de más de 370 bocas de fuego y su capacidad de carga de bombas era de casi 77.500 kg.

Al desatarse la batalla el 31 de marzo de 1937, actuaron las tres escuadrillas de bombarderos alemanes Ju-52 lanzando bombas de 250 kg y de 50 kg. Los He-51 y He-45 intervinieron con fuego de ametralladora y bombas ligeras, actuando ya los modernísimos Heinkel He-111 protegidos por los cazas Messerschmitt Bf-109 B alemanes y Fiat CR-32 italianos.

A la altura del 20 de abril de 1937, la ofensiva franquista había quedado paralizada, para disgusto de los mandos de la Cóndor, de manera que ésta concentró sus esfuerzos en hundir todo el flanco Norte vasco, presionando entre Marquina y Guernica. En la mañana del 26 de abril los aviones germanos arrasaron el trayecto ente Arbácegui y Guerricaiz, en la ruta de las tropas y los civiles en retirada desde Eibar y Marquina, y a partir de las 16,30 de la tarde comenzaron los ataques aéreos contra Guernica. Primero lo hizo un Dornier-17 de la Cóndor, al que siguieron tres Savoia 79 italianos. Luego se fue sucediendo una oleada de aviones hasta las 18:30h, que dejó caer sus bombas sobre la indefensa población. En total, cerca de 40 aparatos convirtieron la villa foral en un infierno, destruyendo la ciudad símbolo del nacionalismo local, ocasionando varios cientos de bajas, la mayoría civiles -incluyendo como mínimo 126 muertos-, y quebrando cualquier voluntad de resistencia prolongada.

¿Qué objetivos persiguió el bombardeo y quién lo ordenó?

Poco después de que la ciudad vasca hubiera quedado reducida a escombros y cenizas, se desató una polémica sobre los objetivos del bombardeo y sobre los responsables directos de haber dado la orden de destruirla. Tras las primeras afirmaciones propagandísticas difundidas por el régimen de Franco de que las tropas vascas habían sido las causantes del incendio de Guernica, se dijo que el ataque tenía como objetivo el nudo de carreteras al noreste de la ciudad, así como un puente cercano a la ciudad. Resulta difícil admitir que el objetivo fuera éste y que para alcanzarlo se necesitara tal cantidad de armas, bombas y aviones, además de que ni siquiera fue alcanzado el puente. Aun en el supuesto de admitir eventualmente dicho propósito, habría que incluir el explícito reconocimiento de von Richtoffen, en las anotaciones de su diario personal, de que un bombardeo del área urbana nunca fue descartado por el mando alemán (sic).

Hoy en día, no cabe ninguna duda en cuanto a la responsabilidad alemana (e italiana) en la autoría material del bombardeo de Guernica. Subsiste, en cambio, mayor discusión en cuanto a la autoría de la orden -si es que tal orden se produjo formalmente-, pero, en base a lo expuesto, el punto de vista verosímil es el que sigue: la planificación estratégica del bombardeo se inscribió en la línea de cooperación germano-española durante la campaña del Norte, y ésta implicaba que el general Sperrle, comandante de la Legión Cóndor, estaba sólo y exclusivamente bajo el mando de Franco. Esto quiere decir que lo que tuvo que producirse fue una interacción permanente de las responsabilidades entre las autoridades franquistas y alemanas. Por tanto, la responsabilidad por el bombardeo de Guernica alcanzaría en igual medida a Franco, como jefe máximo de las armas de los sublevados, a Mola, como comandante en jefe del Ejército del Norte, a Kindelán, como jefe de las fuerzas aéreas nacionales, y a Sperrle, responsable de la Legón Cóndor.

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Gustavo Morales. La mentira de Guernica

El bombardeo de Guernica es uno de los mitos de la guerra civil española. Como todos los mitos tiene una parte de verdad y otra, de mentira. La población, divisa del secesionismo vasco que alojaba una fábrica de armas y varios cuarteles, fue bombardeada el 26 de abril de 1937 por aviones de la Legión Cóndor alemana, con ayuda de la Aviación legionaria italiana. El objetivo era obstaculizar la retirada del ejército gubernativo en la campaña de Vizcaya, por un lado, y probar, como ya se había hecho en Durango, el bombardeo en alfombra o de saturación. La primera parte estaba dentro de los planes tácticos de guerra, la segunda era un experimento realizado por los aviadores germanos. Claude G. Browers, embajador de Estados Unidos en Madrid, en su libro Misión en España, dice: «Guernica, tanto por los sistemas de bombardeo empleados, como por el tipo de armas utilizadas, fue un test, un laboratorio para la Luftwaffe de Herman Goering». Hasta ahí la verdad.

La acción formaba parte de la ofensiva del Norte. Cayeron Eibar y su comarca, de gran importancia por su abundante industria de armamento y por su posición estratégica. Las tropas rebeldes habían entrado en la población, mientras las gubernamentales huyeron por la carretera Durango-Bilbao.

El mito inventado fue convertirlo en un símbolo de defensa del Frente Popular, a pesar de que el número de víctimas fue de 126 personas y 52 edificios destruidos. En aquel entonces, la maquinaria propagandística del Gobierno habló de miles de muertos, bulo que se desvaneció ante los estudios más rigurosos realizados por historiadores de un lado y de otro, españoles y extranjeros. El día de mercado había acabado cuando empezó el bombardeo, que no duró ni tres horas por imposibilidad técnica de las aeronaves participantes.

La prensa extranjera se hizo eco del mítico bombardeo. El corresponsal George Steer publicaba en The Times, la «devastación absoluta de Guernica». Pero no fue el único, tanto Daily Worker como News Chronicle exageraron las víctimas. También el periódico francés L’Humanité hizo lo propio. Al día siguiente, Daily Herald se preguntaba quién perpetró la atrocidad.

El director general de Bellas Artes, Josep Renau, encargó al pintor malagueño, Pablo Picasso, un cuadro para exhibirlo en el pabellón español de París dentro de la Exposición Internacional de 1937, con un claro objetivo propagandístico, usando como señuelo el bombardeo de Guernica. Picasso cobró del gobierno de Madrid 200.000 francos franceses de entonces (unos once millones cuatrocientos treinta mil doscientos ochenta y ocho euros de hoy) por la obra de casi ocho metros de ancho y cuatro de alto, con insólitas referencias taurinas que algunas fuentes explican con acierto porque el boceto del cuadro estaba destinado originalmente a un amigo torero muerto, Sánchez Mejías. Para pintar el cuadro, el Gobierno republicano compró en Francia por un millón de francos, un antiguo palacio del siglo XVII en el número 7 de la calle de Grands Agustins, que se habilitó y entregó al pintor para su uso exclusivo.

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La historia de España, maltratada en el nuevo currículo de Bachillerato de España

El decreto que implanta este nuevo atentado al aprendizaje de la historia de España incurre en aberraciones que han suscitado el escándalo indignado de los profesionales de la historia, por cuanto no hace mención alguna a la historia de España anterior a la Constitución de 1812. En consecuencia, no dedica un solo párrafo a la romanización de la Península, ni a la Reconquista ni al Descubrimiento de América. Conclusión: ¡España data de principios del siglo XIX!

Según las luminarias que han contribuido a la plasmación de ese engendro legislativo, se contemplan sólo aquellos hechos que han llevado a la «convivencia democrática» actual.

En sucesivos textos iremos desgranando los errores y los horrores de esta nueva abominación de unas autoridades educativas que no merecen ya ningún respeto.

Para que nuestros hijos alcancen a conocer algo de historia de España será preciso taponarles los oídos cuando acudan a los centros docentes, maniatados por un programa desquiciado, y acudir a espacios no ideologizados y competentes que analicen el pasado con perspectiva crítica y no instrumentalizada.