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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Los grandes negocios montados alrededor del coronavirus

 

mascarillas

Este texto de Luis del Val es una llamada de atención sobre los abusos que una y otra vez se comenten contra la ciudadanía, con el mentiroso pretexto de protegerla. Claro que, a los ojos de los políticos que están arriba –(des)gobernando o jugando a la oposición-, estos pequeños detallitos carecen de importancia.

El precio de un producto que debemos llevar obligatoriamente -la dichosa mascarilla- ha subido un 2.500 por ciento. “Para hacerse una idea suponga usted que, en marzo, compraba una barra de pan que le costaba un euro, y que, ahora, esa misma barra le costase 25 euros, es decir 25 veces más cara”.

Y sigue el articulista: “eso es el mercado libre, y la ley de la oferta y la demanda, dirá alguno. Pues no señor. Soy un defensor del mercado libre, pero siempre y cuando no esté obligado a adquirir un producto y a usarlo todos los días. Si las mascarillas fueran voluntarias, pues que las hicieran con luces intermitentes y que su precio fuera veinte euros la unidad, y a mí me daría igual, pero es que nos obligan a comprar mascarillas y a usar una nueva cada día, y si no cumples con esa obligación consumidora, encima, te ponen una multa”.

“¿No hay un ministro de consumo entre las casi dos docenas de ministros de casi todo? ¿Y ese vicepresidente, que siempre dice que está preocupado por la gente y porque la gente llegue a fin de mes? Una familia, formada por los padres y dos niños, tiene un presupuesto mensual de mascarillas de casi 120 euros”.

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Miguel A. Moreta-Lara. Manuel Ferrer vuelve a casa

Miguel Moreta Lara

Me encuentro con una obriella (como escribía el buen Gonzalo de Berceo, uno de los primeros cultivadores de la lengua castellana) o, si quieren, con un ejemplo de microteatro, como dicen ahora los teatreros à la page: es una obra minúscula con poco más de 3.000 palabras, muy bien editada, ilustrada y sabiamente presentada por ¡nada menos que cuatro prologuistas!: un prólogo de la poeta ecuatoriana Catalina Sojos, una nota preliminar del autor, una presentación institucional de la concejal de Cultura de Benamocarra Victoria Téllez y una presentación entrañable del amigo Antonio Clavero. Permítanme que desmienta el tópico taurino que cree que no hay quinto malo, algo muy fácil después de esas cuatro estupendas colaboraciones que sitúan atinadamente al microdrama y al autor en su contexto personal, histórico y literario.

El doctor Manuel Ferrer ha tenido una vida vagabunda. Se formó en los Maristas de Málaga y luego en las universidades de Sevilla, Granada y Navarra. Su profesión lo llevó a vivir en México y Ecuador, de donde finalmente ha regresado a su Málaga natal y a la Axarquía. Quizá esta deriva del profesor nos dé pie a explicar algunas de las tintas con que describe a su personaje principal, el fugitivo Miguel que, en un exótico periplo, acaba por enmaridar con una japonesa.

En su nota preliminar, Manuel Ferrer provee las principales claves de Volver a casa. Afirma que sintió “la necesidad de repasar mi vida y de plasmar esas reflexiones en papel escrito”, al tiempo que se declara historiador: sabemos que ha dedicado varios de sus muchos libros a la historia reciente de España. Por tanto, la trama de esta pequeña obra de teatro vehicula una compleja biografía personal ambientada en la no menos complicada trama de la guerra civil española de 1936.

Este sangriento episodio de nuestra historia reciente, del que todavía nos resentimos, ha sido largamente tratado: su bibliografía investigadora es un bosque inmenso ya inabarcable. Pero todavía pululan las falsedades, al tiempo que se airean los datos más hipócritas, las manipulaciones más groseras y la desmemoria más vil… Sigue siendo una herida abierta. Como decía cierto historiador, la Historia es un cadáver que goza de una siniestra buena salud. De ahí la existencia de un cúmulo de obras literarias (novelas, poemas, películas, obras de teatro, cómics, etc.) con que los creadores alimentan el interés de un público numeroso que busca interpretar y descansar de una vez por todas de un pasado que, como una sombra cainita, no cesa de perseguirnos. Podemos afirmar que, en cuanto españolitos, es difícil sustraernos a un cierto sentimiento de bipolaridad: no hay ciudadano español que, a nivel personal y familiar o a ras de su localidad, no esté habitado por una historia de parientes o paisanos asesinados, encarcelados, represaliados o exiliados (como es el caso de los personajes principales de este microdrama, Miguel e Irina). Y, sin embargo, si queremos escapar a la lluvia de fakes y de tópicos, a esa vieja estrategia autoritaria que envenena nuestros sueños, es necesario acudir a las obras de historiadores foráneos, especialmente anglosajones, que nos expliquen la verdad de una guerra terrible y la maldad de una dictadura subsecuente que, en lugar de cerrar el conflicto, lo alimentó con ejecuciones y represiones de todo tipo.

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Ignacio Muro. Países frugales, paraísos fiscales

frugales

El uso recurrente del término “frugal”, sinónimo de sencillo, sobrio, mesurado… para definir a Holanda, Irlanda, Luxemburgo… países que comparten la ventaja comparativa que les aporta su especialización en un tipo de economía financiera y rentista, típica de paraísos fiscales, denota el éxito en la imposición de un marco ideológico favorable a determinados lobbies muy poderosos.

Esa manipulación del lenguaje pretende ocultar su capacidad de apropiarse de rentas obtenidas de los escasos recursos de países periféricos de África, Oriente Medio y la India, no solo de los países del sur de Europa. Era en todas esas periferias de donde Appel había extraído los beneficios causantes de la reclamación de la UE por 10.000 M€ que el Tribunal Europeo ha desechado.

A pesar de ello, las “nuevas cigarras” han construido un relato que les hace presentarse como hormigas ahorradoras, justificando una nueva forma de usura que envuelve los comportamientos ociosos en el rigor calvinista. Expertos en imponer sus criterios sobre los de la actividad productiva, están a punto de volver a ganar la batalla de los consensos dominantes.

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Alemania. Comisión Extraparlamentaria de Investigación sobre el Coronavirus

comision alemania

En Alemania se ha organizado un grupo de investigación compuesto de profesionales de la salud y de la economía para indagar sobre las medidas extremas que se han tomado para el coronavirus cuando en realidad, según datos científicos en los que se basan, ha sido similar a un brote fuerte de gripe.

En la conferencia en que han expuesto el porqué de la iniciativa, aseguran: “Nos preguntamos: ¿por qué ya no se permite a las personas visitar a sus padres en hogares de ancianos? ¿Existe un riesgo tan grande de infección? ¿Realmente tenemos un virus asesino aquí? ¿Tenemos rabia o tenemos la peste? ¡Tenemos serias dudas de que éste sea el caso! ¡No tenemos la peste! Lo que realmente nos ayuda en este contexto es la decencia y la honestidad […]. Queremos asegurarnos de que la ACU, el Comité de Investigación Extraparlamentaria Corona, se base en la honestidad y la transparencia”.

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César Rina. La pandemia ciberfetichista

pandemia

Una de las distopías más logradas que conozco es la película El Dormilón, filmada por Woody Allen en 1973. Cuenta la historia de Miles Monroe, que despierta en el año 2174 tras dos siglos de adormecimiento y se encuentra el mundo bastante cambiado, gobernado por una tecnocracia que todo lo controla a través de “reprogramaciones mentales electrónicas.” El futuro según El Dormilón no es negro, no hay alienígenas ni el fondo es nebuloso. Por el contrario, es mundo seguro, limpio, aséptico, blanco y claro, donde huele bien, reina la disciplina y el personal pasa sus días entretenido en múltiples bagatelas, tal y como imaginara el también certero Aldous Huxley en Un mundo feliz.

[Durante los meses de confinamiento] ministros y gurús de la educación han alabado la panacea de la formación online sin mayor debate que si los alumnos tienen o no acceso a Internet o un ordenador personal en casa, obviando que el problema de fondo es que la formación online, con o sin coronavirus, no funciona. A nadie se le escapa que los centros de enseñanza privados online que han proliferado en la última década no son más que empresas expendedoras de títulos [la Atlantic International University constituye un ejemplo clarísimo]. En cambio, las voces de los “expertos” coinciden en señalar las bonanzas de la digitalización, ocultando, quizá con el ánimo de coser las heridas de estas crisis, que si la formación online falla no es principalmente porque los alumnos no tengan Internet, sino porque el país está paralizado, las familias están encerradas en sus casas, desesperadas, y porque delante de un teléfono o un ordenador no es posible educar satisfactoriamente.

La clave no está en si se tiene o no red, sino en si se tiene o no criterio y conocimiento para discernir, para separar la paja del grano

La educación es vivencial y presencial, así ha funcionado durante milenios y todo lo que se salga de esto debería evaluarse, al menos por prudencia, en el ámbito de las quimeras. Por eso mismo sorprende que Manuel Castells desde el Ministerio insista en que en la mayoría de las casas hay capacidad tecnológica para las clases virtuales, cuando el gran reto de nuestro tiempo, tal y como él mismo ha desarrollado en su obra académica, es gestionar la marabunta de información, digerir o comprender algo en la infinitud. Y para ello la clave no está en si se tiene o no red, sino en si se tiene o no criterio y conocimiento para discernir, para separar la paja del grano.

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La demencia fundamentalista quiere apoderarse del relato histórico

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Si no fuera por la gravedad de las consecuencias de las recientes movilizaciones contra imágenes de personajes supuestamente ‘racistas’, darían ganas de reír ante el espectáculo fantasmagórico de los nuevos destructores de ídolos: los mismos que predican la tolerancia y descalifican a la Iglesia católica por el hecho de no contradecirse con sus propios principios constituyentes. La coherencia intelectual de esas actitudes iconoclastas brilla por su ausencia. Tal vez el punto que se nos escapa es que los participantes en esas movidas fanáticas carecen de la mínima sustancia gris en sus cerebros que les dotaría de la condición de criaturas racionales.

¿Y si retiramos -quemamos, pintorreamos, escupimos, arrastramos…- los retratos del Che Guevara, por sus comentarios despectivos sobre indios y negros?

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¿Fue John Wayne supremacista? California se plantea quitar su nombre del aeropuerto

Los demócratas de California quieren impulsar el cambio del nombre del aeropuerto John Wayne, situado en las proximidades de Santa Ana, por la defensa que el actor hizo en vida del supremacismo blanco.

Una resolución aprobada por el Partido Demócrata en Orange County plantea ese cambio de nombre del aeropuerto, aunque ahora corresponderá a la junta rectora de la instalación tomar una decisión, informan medios estadounidenses.

Los detractores del actor recuerdan en una entrevista que concedió en 1971 a la revista Playboy en la que hacía una defensa de la supremacía de los blancos frente a los afroamericanos, los indios nativos y los homosexuales y que en los últimos tiempos se ha vuelto a difundir.

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Pablo Victoria: La otra cara de la independencia de la América Española

otra cara

Pablo Victoria Wilches, economista e historiador colombiano, especialista en temas tan interesantes como la Guerra de la Oreja de Jenkins, la contribución española a la independencia de Estados Unidos o la independencia de la Nueva Granada, diserta en el Club El Nogal de Colombia con una magnífica conferencia sobre la otra cara -la que la historia oficial ha intentado tapar dos siglos- de la independencia de la América Española.

Sin Pablo Victoria, seguramente nunca se hubiera recuperado el valor histórico de Blas de Lezo, desde Cartagena de Indias a Pasajes. Y sin Pablo Victoria, muchos episodios del terror bolivariano hubieran pasado como el que no quiere la cosa. Afortunadamente, el silencio interesado se acabó, y desde la América Hispana, doscientos años de soledad empiezan a clamar, y ya no hay desierto.

Pasen y vean


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Jacqueline Murillo. Los guandos: el eterno desequilibrio de la sociedad

guandos

Hay una entrada en este blog que ha sido objeto de múltiples visitas, casi 4.000: Los Guandos, de Eduardo Kingman.

Hemos querido colgar hoy un texto que nos hace llegar Jacqueline Murillo, profesora universitaria colombiana, actualmente en República Dominicana, acogida a un programa para la selección de investigadores de excelencia, que nos manifiesta la honda impresión que recibió de esta joya artística, reflejo de una tremenda realidad social que se prolongó durante varias centurias.

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El rostro es reflejo de la angustia, quizá por el peso desproporcionado que debe soportar sobre su espalda el pequeño carguero, o por el miedo latente al próximo latigazo del contramayoral. El destino está escrito y la ansiedad para llegar de primeras al puerto, con la noticia del barco que atracó, apresura el paso del cargador. Solo desea ser escogido para levantar la descomunal carga que llevará amarrada a su espalda; y, luego, para caminar con el sol a cuestas y un baño de sudor escurriendo por su diminuto cuerpo.

El latigazo es casi imperceptible ante la oportunidad de llevar los soles a la casa y con ese dinero solventar la comida del hogar. La diferencia con el peso descomunal que arrastra una hormiga trabajadora radica en que el carguero sufre a todas horas a un contramayoral que le da juete para que acelere el paso y llegue pronto a su destino por las interminables trochas y con la mercancía intacta. El silencio es el mejor cómplice al que el cotero confía sus secretos, pero la contundencia del látigo marca el compás de la canción silenciosa del desventurado. Y como la hormiga que reconoce la valía de su trabajo, el único horizonte que contempla es volver a ser llamado como Sísifo en una interminable noria de dolor e impotencia.

Las grietas en el rostro ajado del cargador semejan las faldas de las cordilleras que lo circundan. El paisaje y él tienen en común las heridas que dejan en ellos los ríos del tiempo. Su mirada se pierde como las nubes en el horizonte difuso del paisaje brumoso de una alborada. Toda la naturaleza conspira en espirales de derrotas en la humanidad de este hombre. Hace ya unas cuantas centurias, Juan Ginés de Sepúlveda los bautizó como los “incapaces relativos”, su destino ya estaba signado por la injusticia. La hormiga lleva su carga para resguardarse y abastecerse en sus épocas austeras, pero el cotero en su arrevesado destino no tiene otra salida que su capacidad de carga que le vindica su epíteto de “relativo”.