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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Pablo Victoria: La otra cara de la independencia de la América Española

otra cara

Pablo Victoria Wilches, economista e historiador colombiano, especialista en temas tan interesantes como la Guerra de la Oreja de Jenkins, la contribución española a la independencia de Estados Unidos o la independencia de la Nueva Granada, diserta en el Club El Nogal de Colombia con una magnífica conferencia sobre la otra cara -la que la historia oficial ha intentado tapar dos siglos- de la independencia de la América Española.

Sin Pablo Victoria, seguramente nunca se hubiera recuperado el valor histórico de Blas de Lezo, desde Cartagena de Indias a Pasajes. Y sin Pablo Victoria, muchos episodios del terror bolivariano hubieran pasado como el que no quiere la cosa. Afortunadamente, el silencio interesado se acabó, y desde la América Hispana, doscientos años de soledad empiezan a clamar, y ya no hay desierto.

Pasen y vean


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Jacqueline Murillo. Los guandos: el eterno desequilibrio de la sociedad

guandos

Hay una entrada en este blog que ha sido objeto de múltiples visitas, casi 4.000: Los Guandos, de Eduardo Kingman.

Hemos querido colgar hoy un texto que nos hace llegar Jacqueline Murillo, profesora universitaria colombiana, actualmente en República Dominicana, acogida a un programa para la selección de investigadores de excelencia, que nos manifiesta la honda impresión que recibió de esta joya artística, reflejo de una tremenda realidad social que se prolongó durante varias centurias.

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El rostro es reflejo de la angustia, quizá por el peso desproporcionado que debe soportar sobre su espalda el pequeño carguero, o por el miedo latente al próximo latigazo del contramayoral. El destino está escrito y la ansiedad para llegar de primeras al puerto, con la noticia del barco que atracó, apresura el paso del cargador. Solo desea ser escogido para levantar la descomunal carga que llevará amarrada a su espalda; y, luego, para caminar con el sol a cuestas y un baño de sudor escurriendo por su diminuto cuerpo.

El latigazo es casi imperceptible ante la oportunidad de llevar los soles a la casa y con ese dinero solventar la comida del hogar. La diferencia con el peso descomunal que arrastra una hormiga trabajadora radica en que el carguero sufre a todas horas a un contramayoral que le da juete para que acelere el paso y llegue pronto a su destino por las interminables trochas y con la mercancía intacta. El silencio es el mejor cómplice al que el cotero confía sus secretos, pero la contundencia del látigo marca el compás de la canción silenciosa del desventurado. Y como la hormiga que reconoce la valía de su trabajo, el único horizonte que contempla es volver a ser llamado como Sísifo en una interminable noria de dolor e impotencia.

Las grietas en el rostro ajado del cargador semejan las faldas de las cordilleras que lo circundan. El paisaje y él tienen en común las heridas que dejan en ellos los ríos del tiempo. Su mirada se pierde como las nubes en el horizonte difuso del paisaje brumoso de una alborada. Toda la naturaleza conspira en espirales de derrotas en la humanidad de este hombre. Hace ya unas cuantas centurias, Juan Ginés de Sepúlveda los bautizó como los “incapaces relativos”, su destino ya estaba signado por la injusticia. La hormiga lleva su carga para resguardarse y abastecerse en sus épocas austeras, pero el cotero en su arrevesado destino no tiene otra salida que su capacidad de carga que le vindica su epíteto de “relativo”.


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Invitación a presentar artículos para Eutopía núm. 18: Repensando el Desarrollo Territorial en épocas de crisis en América Latina

Portada Letras 20

 Repensando el Desarrollo Territorial
en épocas de crisis en América Latina

Durante las últimas tres décadas, las Ciencias Sociales y los estudios del desarrollo han estado atravesados constantemente por las corrientes de análisis del desarrollo local y el desarrollo territorial. Por un lado, en Europa, es a partir de la década de 1990, que los esfuerzos teóricos en un contexto de diversos cambios socioeconómicos consolidan la noción del desarrollo territorial como un eje fundamental para enfrentar la globalización y para la búsqueda de nuevos determinantes del proceso de desarrollo como la innovación social y la gobernanza. Por otro lado, en América Latina, el desarrollo territorial visto como modelo o paradigma nuevo de desarrollo constituye un tema bastante divulgado en las dos últimas décadas, sin embargo, el enfoque ha sido limitado a la comprensión de los espacios rurales (DTR), y/o al proceso de formulación de la política pública en donde aún constituye un paradigma poco comprendido, discutido y confuso.

La coyuntura actual relacionada con distintas crisis ambientales, sanitarias (Covid-19), económicas y sociales, que demuestran el predominio de un modelo urbano desarrollista y un agotado modelo capitalista, nos obliga a generar una reactualización de las reflexiones sobre el desarrollo territorial como alternativa para repensar los territorios urbanos, rurales y sus relaciones. Es necesario en este sentido mostrar las condiciones sobre las cuales es viable una recuperación del control territorial por parte de los actores locales y cuáles pueden ser las estrategias para mejorar la competitividad y atractividad territorial en un contexto global.

El presente número pretende sobrepasar las dificultades tanto en la comprensión del territorio como un espacio dinámico multidimensional y en el enfoque de Desarrollo Territorial. Así, es necesario suscitar una mirada crítica y una toma de distancia necesaria respecto a la concepción del enfoque de Desarrollo Territorial en América Latina.

Algunas de las preguntas que interesa abordar en este número son:

– ¿Cuál es el estado actual del enfoque crítico del Desarrollo Territorial en América Latina?

-¿Qué experiencias en términos de impactos existen en relación con las políticas de desarrollo territorial en el continente?

-¿Se ha logrado sobrepasar el centralismo en los procesos de planificación y desarrollo?

-¿Qué experiencias existen en la implementación de sistemas de gobernanza territorial?

-¿Cuál ha sido la respuesta territorial a la actual situación de pandemia (COVID-19) en América Latina?
Los trabajos deberán ser originales, inéditos y no estar aprobados o haber sido enviados simultáneamente a otra revista para su publicación. Se reciben artículos en español y portugués.

Recepción de artículos

hasta el 30 de agosto de 2020 a través del portal:
http://revistas.flacsoandes.edu.ec/eutopia/user/register
Mayor información: eutopia@flacso.edu.ec


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Jacqueline Murillo. Efluvios del ahora

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Llegó sin previo aviso, corrió la cortina de la oscuridad y se posó en mi silencio. De pronto me encontré con el mutismo de mi propia voz, recorrí espacios de otrora para escudriñar en ellos la verdadera esencia de mi existir; quizás todavía podía unir los rescoldos de ausencias y enmendar en ellos el paso imperecedero del tiempo. Quise detenerlos, mirarme en el espejo, viajar al interior, buscar el camino y reanudar los pasos para reconocer en ellos el vacío que dejaron los años de tanto correrle a la vida.

Inventaba estrategias, me apresuraba a concretar proyectos, miraba al infinito; un trance inhóspito de sucesos desfilaba en mi pensamiento, me mecía en los aires por los espacios de ultramar, pero nunca intenté buscar en lo más cercano la mínima posibilidad de hallar un regazo en mi mente de tranquilidad.

La vida era una máquina que presurizaba todo lo que veía; la estrepitosa ansiedad dejaba a su paso una estela de humo grisáceo. Una contienda de personajes inermes arrastraba las tribulaciones del engañoso comercio que alardeaba con cantos de sirena de las premoniciones del implacable juego del mercado. En un progresivo agotamiento de la naturaleza, brotó como un fantasma un virus para apaciguar también la algarabía de ruidos de la metrópoli.

La metáfora del cielo denso, que se cierne como bocanada incandescente sobre las luces sombrías de las urbes, asciende con acordes de inciensos que se pierden en la espesa bruma que se difumina en el plomizo horizonte de la gran ciudad.

Y ahora me visto de paciencia infinita, recorro con la suavidad de la brisa todos los rincones de la hasta ahora desconocida vida. Disfruto del amanecer, y en él del cantar de los pájaros en la ventana, de la luz que se filtra como rayos tornasoles para avisar que ya es de madrugada. Descubrí el verdadero equilibrio en la finura del pico del colibrí una vez que reposó en una exótica catleya. Advertí el verde intenso y frondoso de los árboles que sostenían los destellos del sol. Vi entre nube y nube un horizonte de gaviotas que piloteaban un viaje con rumbo desconocido. Reconocer en el olor de la lluvia la constancia infinita de las gotas al caer y diluirse en el pavimento, y perder la sensación de desosiego del imperioso tiempo: son sensaciones que me redimen de las afugias y me emplazan en el instante que vivo. Saboreo un café con la tranquilidad que ofrece este confinamiento, mientras escucho la música del silencio como canto de epifanías que auguran una nueva estación.


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Mario Vargas Llosa. “De esta pandemia saldremos menos arrogantes y mucho más pobres”

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El escritor peruano Mario Vargas Llosa (1936) es un aplicado lector de la prensa internacional y jamás deja de estar alerta a lo que pasa en el mundo. Sus opiniones, por lo mismo, abarcan un gran espectro temático y puede pasar de los diagnósticos del orden mundial a sus intereses literarios en cosa de segundos. Ese fue el tono del diálogo que mantuvo ayer con el periodista y columnista de La Tercera, Héctor Soto, en Conversaciones LT.

Cuando se le preguntó por su opinión con respecto a cómo afectará el golpe de esta enfermedad al planeta, fue bastante claro, aunque indefectiblemente pesimista. “Saldremos de esta pandemia menos arrogantes, más convencidos de que la naturaleza tiene más secretos que debemos descifrar y mucho más pobres”, comentaba desde su casa en Madrid. “Creo que esta situación va a afectar sobre todo a los países que estaban luchando para salir del subdesarrollo. Ojalá no tenga consecuencias políticas catastróficas y no nos vuelva a traer dictaduras, desconfianza y rechazo al sistema democrático y liberal, que es el único que puede sacarnos de la pobreza”.

Ganador del Premio Nobel de Literatura 2010, el autor de La guerra del fin del mundo y La ciudad y los perros entre otras novelas, matizaba así su diagnóstico: “Superaremos esta situación sin ningún lugar a dudas y si somos sensatos dedicaremos más tiempo y dinero a la investigación científica con el objetivo de no permitir o disminuir lo que ha pasado”.

La charla comenzó a través de esta gran pincelada general de Vargas Llosa: “El mundo entero no esperaba una epidemia de esta magnitud y nos ha tomado de sorpresa. Los miles de muertos y las disposiciones estrictísimas que los países han puesto en marcha para frenar esta plaga nos indican que estábamos demasiado ensoberbecidos por los progresos de la técnica y la ciencia: creíamos haber dominado la naturaleza. Pues bien, esta pandemia nos ha demostrado que estábamos en un grave error y que todavía la naturaleza puede darnos sorpresas muy desagradables y violentas”.

Defensor del liberalismo y enemigo de los autoritarismos de cualquier signo, el narrador se refería así al orden político en medio de la crisis sanitaria: “Esta pandemia nos deja algunas enseñanzas de tipo político. En primer lugar, esta experiencia ha dado a los gobiernos una fuerza extraordinaria y muchos hemos consentido en darle ese poder pues pensábamos que era la mejor manera de combatir una plaga que aún no tiene cura. Esto, naturalmente, conlleva muchos riesgos que tienen que ver con la democracia, la libertad de expresión y las libertades públicas. Creíamos que al otorgarle esos suprapoderes actuarían mejor. Sin embargo, varios gobiernos, incluso democráticos, se han aprovechado de estas circunstancias para materializar controvertidas agendas políticas y hacerse propaganda”.

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Mario Vargas Llosa. El ejemplo uruguayo

 

uruguay

¿Por qué no se ha publicitado más la manera tan eficiente como Uruguay ha luchado contra el coronavirus? Es verdad que se trata de un pequeño país, de apenas tres millones y medio de habitantes, aplastado por vecinos tan enormes como Brasil y Argentina. Pero a estos gigantes les hubiera ido bastante mejor si, en vez de hacer lo que han hecho para detener (o incentivar, se diría más bien, en el caso brasileño) la pandemia, hubieran seguido el ejemplo uruguayo.

Luis Lacalle Pou, el nuevo presidente de Uruguay, acababa de tomar el poder después de derrotar al izquierdista Frente Amplio, que había acumulado 15 años de gobierno, con equivocaciones notables en política económica, pero respetando la libertad de expresión y las elecciones libres. El martes 13 de marzo se conocieron los primeros cuatro casos confirmados de coronavirus en el país. Enfrentando las presiones de la oposición de izquierda e incluso la de su propia alianza de blancos y colorados, Lacalle Pou se resistió a imponer una cuarentena, como han hecho tantos países en el mundo. Apeló a la responsabilidad de los ciudadanos y declaró que nadie que quisiera salir a la calle o seguir trabajando sería impedido de hacerlo, multado o detenido, y que no habría subida de impuestos porque la empresa privada jugaría un papel central en la recuperación económica del país, luego de la catástrofe. Sólo se suspenderían las clases en los colegios y habría cierre de fronteras, de momento.

La vicepresidenta de Uruguay, Beatriz Argimón, declaró a la prensa: “Para nosotros, la libertad del individuo es muy importante, el presidente nunca quiso tomar una medida que no tuviera en cuenta ese aspecto fundamental que es nuestra filosofía de vida”. El resultado de esta política, que no quiso aprovecharse del virus, como algunos Gobiernos democráticos en Europa y en América Latina, para restringir las libertades y promover su agenda política sin las incomodidades de una oposición parlamentaria, no puede haber sido más positiva. Tengo frente a mí los resultados del último informe emitido en Montevideo, señalando que los fallecidos en Uruguay por obra de la plaga son 23 personas, los contagiados 826 y los recuperados 689. Difícil imaginar un balance menos trágico. Es cierto que Suecia, que siguió una política semejante a la de Uruguay, ha tenido muchos contagios y muertos que lamentar, sobre todo en residencias de ancianos, y, acaso, la ciudadanía local actuara de manera menos prudente y responsable que los uruguayos. Suecia ha tenido superávit en su balance del año, de modo que los estragos económicos de la pandemia lo afectarán mucho menos que a países que, para combatirla, paralizaron su economía y deberán ahora enfrentar las consecuencias.

El gran problema que enfrenta Uruguay es su frontera con Brasil, una ciudad que ambos países comparten, y donde, con el caos brasileño que ha creado Bolsonaro, los contagios del coronavirus se multiplican. Lacalle Pou visitó dos veces la ciudad fronteriza de Rivera y, para saber si se ha contagiado del virus, ha guardado varios días de aislamiento voluntario.

Conozco a Luis Lacalle Pou, he coincidido con él en encuentros de liberales y demócratas, y no me extraña que haya sido esta excepción a la regla apenas asumiera el poder, luego de una campaña electoral formidable. Es un hombre joven, de principios, amante de la libertad y de las ideas del verdadero progreso, que, con su valiente actitud frente a esta plaga que se abate contra el mundo, puede ahorrar a Uruguay buena parte de la catástrofe económica que se cernirá sobre los países donde los Gobiernos, aterrados con la pandemia y la impopularidad, se apresuraron a cerrar fábricas y tiendas e imponer un confinamiento severísimo, o a anunciar subidas de impuestos y nacionalizaciones, sin pensar que todo ello contribuiría a agravar la tragedia económica, una de las herencias de la plaga y, acaso, la más difícil de subsanar.

Recuerdo mucho mi primera visita a Uruguay, en 1966. Era una época de dictaduras militares a diestra y siniestra en América Latina. Una de las excepciones a esta tendencia era Uruguay, y otras, Chile y Costa Rica. Todo era civilizado y notable en este pequeño país de clase media, donde no se veían los gigantescos contrastes económicos y sociales que aparecían por doquier en América Latina. Todo me sorprendía: lo bien escritos que estaban sus periódicos y revistas, la excelencia de sus teatros, la magnífica librería-anticuario de Linardi y Risso, donde encontré primeras ediciones de Onetti y de Borges, y su pléyade de brillantes escritores y críticos —Juan Carlos Onetti, Rodríguez Monegal, Idea Vilariño, Ángel Rama, Mario Benedetti, Ida Vitale, Martínez Moreno, y muchos más— y un semanario, Marcha, que dedicaba la tercera parte de sus páginas a la cultura y jugaría luego un gran papel en toda América Latina. Levantaba la moral de un sudamericano llegar a ese país. Lo más admirable en él era su democracia, la más genuina de todo el continente.

¿Qué llevó a los jóvenes uruguayos a revolucionar aquel país ejemplar desatando la acción armada de los Tupamaros? El ejemplo cubano, por supuesto, el delirante sueño de bajar el paraíso a la tierra a punta de disparos. Las acciones armadas y el terrorismo de izquierda fueron aplastados y el Ejército —quién lo hubiera dicho de Uruguay— estableció una dictadura implacable en lo que hasta entonces parecía la excepción a las malas costumbres políticas latinoamericanas. Durante muchos años Uruguay no fue ni sombra de lo que había sido, y hasta Onetti, probablemente el escritor más indiferente a la política y a la revolución en la historia de América Latina, fue a parar a la cárcel y se salvó (gracias a España) de pasar largos años en prisión. Al final, terminaría en Madrid; no quiso regresar a su país cuando cesó la dictadura y la democracia restablecida decidió condecorarlo.

Todo aquello ha quedado atrás y el paso por el poder del Frente Amplio, esa coalición de todas las izquierdas, ha servido por lo menos para dejar claro que es posible en América Latina un Gobierno de izquierda sin que sucumba la libertad. Otros países latinoamericanos lo han demostrado también, con Gobiernos de derecha que, a diferencia de las caricaturas que les inflige la izquierda, también respetan la ley, la crítica de la prensa y garantizan elecciones libres. Y, sobre todo, no roban, una propensión que comparten (allá y aquí) políticos de todas las ideologías.

Con Luis Lacalle Pou, Uruguay puede ir todavía más lejos, a pesar del coronavirus. Si hay alguien que puede dirigir una transformación profunda de su país, gracias a las ideas democráticas, es él, como ha mostrado en estos días difíciles en los que inició su gestión resistiendo las presiones para que siguiera el ejemplo de tantos Gobiernos que creyeron combatir el flagelo de la pandemia con acuartelamientos obligatorios y cierres de oficinas y de fábricas, lo que siempre agrava la pobreza y no se diga si vienen acompañados de barbaridades como nacionalizaciones y subidas de impuestos. Sería formidable para América Latina que de la tierra de José Enrique Rodó, cuyas ideas fueron una religión para los jóvenes del siglo pasado en todo el continente, saliera, como en estos días, el ejemplo de una sociedad que, construida sobre el principio insoslayable de la libertad, asegure la justicia social apoyada en una economía de mercado, que garantice un alto nivel de vida al conjunto de ciudadanos, premie a los que contribuyen más al progreso común, permita la libre competencia y promueva la cultura, en un ambiente de controversia civilizada. En momentos tan difíciles como los que vive el planeta, soñar no cuesta nada.

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Ayuso amenaza a Iglesias con una querella tras decir que la gestión de las residencias en Madrid fue «un crimen»

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Al hacernos eco de esta nueva “lectura de los acontecimientos”, no nos queda sino renovar el más ferviente deseo de que se dilucide la verdad y los auténticos responsables de la tragedia rindan debidas cuentas en el fuero judicial.

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Pablo Iglesias es el vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Derechos Sociales. El Ejecutivo declaró el pasado 14 de marzo que desde el día siguiente y con la entrada en vigor del estado de alarma, era el «mando único y competente para toda España». Sánchez descargó en ministros como Iglesias, Salvador Illa, Margarita Robles o Fernando Grande-Marlaska la autoridad de la gestión en sus materias correspondientes. De la pandemia del coronavirus que se ha llevado por delante la vida de, al menos, 19.425 personas en las residencias de ancianos, el «número dos» del Ejecutivo no se pronunció hasta el jueves pasado, cuando aprovechó una refriega entre un político de Ciudadanos (Alberto Reyero, consejero de Políticas Sociales en la Comunidad de Madrid) y otro dirigente del PP (Enrique Ruiz Escudero, titular de Sanidad) para pedir una revisión de los cuidados a los mayores. Hoy, 8 de junio, Iglesias se ha subido a la ola de la polémica ya creada y ha atacado a la yugular de dos gobiernos conservadores, Madrid y Castilla y León: «Lo ocurrido en sus residencias es un escándalo, si no un crimen con consecuencias penales».

[…]

La presidenta de la Comunidad de Madrid ha estallado contra un vicepresidente del Gobierno al que durante tres meses no se le ha visto abandonar «su ostentoso» pedestal para visitar una residencia de ancianos, competencia que incluye su cartera. «¿Dónde estaba Pablo Iglesias en los momentos más difíciles? ¿A qué residencia ha ido? ¿A qué hospital ha ido? ¿Cuándo nos ha ofrecido su ayuda?».

En los momentos más difíciles de la pandemia, se quejó, «él, que también tenía ese mando único de las residencias, no ha tenido la dignidad de pisar una sola, ni de salir de su mundo maravilloso para estar con los necesitados», se revolvió.

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Manuel Rico. ¿Ayuso, responsable de las muertes de ancianos en residencias de Madrid?

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En este artículo se responsabiliza a la presidenta de la Comunidad de Madrid del desastre que ha conmovido a todo un país. Se trata de un punto de vista respetable, sustentado en evidencias bien argumentadas. Pero hay mucho más, como iremos mostrando en sucesivas publicaciones.

Lo cierto es que los políticos españoles se han convertido en expertos en arrojar la pelota al tejado del vecino, al tiempo que, al atribuir la responsabilidad de los errores a otros agentes, vierten los insultos más infames y convierten la gestión política en espectáculo digno de verduleras.

Pablo Iglesias, desde su condición de vicepresidente 2º del Gobierno español, ha contribuido con eficacia a envilecer y crispar el debate público, con descalificaciones propias del más desaforado e irresponsable cabecilla de un partido que, por las apariencias, se ha encaramado al Gobierno sólo para destruir lo que resta de la arquitectura constitucional de 1978.

Difícilmente el Poder Judicial, puesto en solfa por el mismo Iglesias y presionado desde todas las instancias, va a lograr depurar responsabilidades. Pero posiblemente sea la única puerta a la esperanza.

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Más de 1.950 personas que vivían en residencias de la Comunidad de Madrid fallecieron en marzo en el propio centro, sin ser trasladados a un hospital para recibir asistencia sanitaria. Así lo demuestran los datos oficiales a los que ha tenido acceso infoLibre, donde figuran desglosados centro a centro el número de fallecimientos, cuántos se produjeron en los propios geriátricos y cuántos tras ingresar en un hospital.

Esa cifra supone que el 80% de las muertes de residentes se produjo en las propias instalaciones donde vivían, sin que tuvieran acceso a una derivación hospitalaria. A 30 de marzo, se habían registrado ese mes 2.465 decesos de mayores en residencias madrileñas. Apenas 500 murieron tras ingresar en un hospital.

Los datos certifican que en los hospitales madrileños se atendió la orden de no derivar determinados pacientes desde las residencias a los hospitales, dictada desde la Consejería de Sanidad que dirige Enrique Ruiz Escudero (PP).

Como desveló infoLibre la semana pasada, la Consejería de Sanidad aprobó un Protocolo que ordenaba no trasladar a determinados pacientes de las residencias a los hospitales. Entre los criterios que utiliza el documento para condenar a determinados enfermos a permanecer en la residencia figuran algunos relacionados con la discapacidad física o mental del residente. Y en todo momento plantea la cuestión como una orden, no como una recomendación o sugerencia. Entre otras, se utilizan las siguientes expresiones literales: “NO se derivarán al hospital a los pacientes que cumplan con los siguientes criterios”, “Se procederá a derivar al hospital a los pacientes que NO tengan las siguientes características, serían CRITERIOS DE EXCLUSIÓN” [las mayúsculas son del original]. También explica cómo medicar en los geriátricos a los pacientes que tienen “criterios de exclusión de derivación”. Y la instrucción afectó tanto a enfermos con “infección respiratoria” como a los que tenían “otra patología”.

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Coronavirus en Brasil: 7 errores que llevaron a Brasil a la crítica situación actual

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De acuerdo con cifras recientes, Brasil se convirtió en el cuarto país con más casos registrados de coronavirus del mundo (241.000) y el sexto con más muertes (16.118), hasta el 17 de mayo.

No obstante, expertos de la salud advierten que el número total de infecciones confirmadas podría ser mucho más alto que las cifras oficiales, debido a la falta de pruebas realizadas a la población.

Varias regiones del país han entrado en una situación crítica, con los sistemas de salud al borde del colapso por el creciente número de pacientes y la escasez de medios.

[…]

Juliana Gragnani, de BBC News Brasil, consultó con cinco expertos en salud para poder entender cuáles fueron los errores cometidos y por qué el confinamiento obligatorio podría ser la mejor opción para algunas de las regiones del país.

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