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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Call for papers/convocatoria: REMHU, núm. 61 (abril 2021)

Fecha límite para envío de artículos: 10 de enero de 2021

REMHU (Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana),  núm. 61 (www.csem.org.br/remhuwww.scielo.br/remhu), de abril de 2021, incluye un dossier sobre el tema general “Estado de emergencia, COVID-19 y migraciones“.

El objetivo del dossier es analizar la situación marcada por la pandemia de COVID-19 en relación con las personas migrantes y refugiadas, con todas sus implicaciones en términos de derechos humanos y (i)movilidad, destacando también las prácticas de resistencia por parte de las personas directamente involucradas u organizaciones solidarias.

Además, el expediente también puede centrarse en la posible implementación de un “estado de emergencia” o “excepción”, motivado por razones de seguridad, orden o salud pública, como una técnica gubernamental dirigida a la suspensión de derechos o la eliminación física o social de categorías de ciudadanos que, por cualquier razón, parecen no ser parte del sistema político” (Agamben, p. 13).

Algunos de los temas que pueden abordarse:

– Sujetos migrantes (migraciones irregulares, femeninas y LGBT) en el contexto de la pandemia COVID-19.

– Estrategias de resistencia y resiliencia ante la pandemia.

– Estrategias de (i)movilidad en el contexto de la pandemia.

– Prácticas solidarias por parte de la sociedad organizada hacia personas migrantes y refugiadas en el contexto de la pandemia.

– Estado de emergencia/excepción, políticas de migración y suspensión/reducción de los derechos de las personas migrantes y refugiadas.

Todos los artículos deben ser enviados directamente por el portal de la revista www.csem.org.br/remhu (entre 35 y 45 mil caracteres con espacio, incluyendo el resumen y palabras clave (3/5) en la lengua original del texto, el abstract y keywords en inglés).

Las normas bibliográficas y otras informaciones pueden ser encontradas en el sitio REMHU (www.csem.org.br/remhu) o en el sitio SciELO (www.scielo.br/remhu).

Para más información pueden ponerse en contacto con remhu@csem.org.br.


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Catalina Sojos. Sobre las próximas elecciones presidenciales en el Ecuador

Reproducimos este artículo, publicado en El Mercurio y titulado por su autora con un escueto y duro sustantivo: ‘Impudor’

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Y son diecinueve candidatos a la presidencia de este país agonizante; no, amigo lector, no bastó el terremoto de Correa y la pandemia de Moreno pues hoy, aquellos que fungen como líderes y emblemas del cinismo, llegan por veintenas (falló Alvarito) para, una vez más, proclamarse los Mesías de la patria. Y forman la jauría y acechan con sus prebendas y calculan el cómo y el cuándo nos quitarán los últimos resquicios de fe y dignidad soberana. Entonces ensayan sus discursos, preparan sus “sabatinas” o despertar de los lunes o cualquier cosa que nos convenza de su honradez y olvidemos su felonía. Sí, diecinueve que no juega, y el partido todavía no comienza. Así, con esa voracidad que los caracteriza, se presentan y fingen que no les apetece este queso gruyere, este hermoso país descalabrado. Y llegarán con su saxo y su satélite, su banco y su grillete, su guitarra y su arroz verde, sus hospitales y las avionetas. Diecinueve conversaciones en voz baja, casi veinte “alianzas” con aquellos que nos fríen en aceite hirviendo. Ante este estupor que nos domina, sólo queda nuestro voto. ¡No hay mejor cosa que seguir su ejemplo! Votemos por los diecinueve, amigo mío. He aquí la solución que se nos acaba de ocurrir en esta tarde calurosa de otro día de confinamiento ¡Diecinueve votos para todos y que se repartan las sobras, como puedan!

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Manuel Ferrer Muñoz. Prólogo al libro de Crónicas desde Ecuador

crónicas

José Manuel Castellano Gil, Crónicas desde Ecuador, Cuenca, Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina, 2020

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Escribir un prólogo a la obra de un extraordinario prologuista es una pretensión tan temeraria como tratar de vender miel al colmenero. Y es que José Manuel Castellano no sólo posee la visión del historiador y una extraordinaria capacidad de análisis, que le permiten escudriñar hasta los últimos detalles de cuantos libros y documentos caigan en sus manos: esas excelentes cualidades operan en su caso al servicio de un elevado concepto de su profesión de investigador y docente universitario, que es asumida como un ejercicio de compromiso social, y no como simple develamiento de curiosidades, caprichosa recapitulación de hechos pretéritos o mera repetición de socorridas lecciones magistrales.

Amante de la tierra que pisa, José Manuel se siente tan ecuatoriano y cubano como canario y se entrega con el mismo afán a la tarea de desentrañar aspectos del pasado de los dos hemisferios en que ha transcurrido su vida, que han pasado inadvertidos a otros colegas de profesión, demasiado atentos a las historias oficiales y a la veneración de los héroes patrios. Cosmopolita por convicción, se entrega con pasión a la búsqueda de esas huellas antiguas que, no en pocas ocasiones, le han permitido orientar y encaminar nuestros pasos hacia el futuro: porque José Manuel es un hombre que dialoga, propone y polemiza; un profesor encantado de platicar con sus estudiantes; un colega divertido, a la vez irónico y formal; un reactivo que pone en funcionamiento energías que estaban dormidas o apagadas.

La cabal comprensión de la obra escrita de José Manuel requiere la adopción de esos enfoques analíticos, puesto que nada posee en común con la de los viajeros europeos y norteamericanos de los siglos XVIII y XIX, que visitaron el espacio latinoamericano -la ‘casa grande’- sin despojarse nunca de su condición de extranjeros. Ciertamente, sus relatos nos brindan testimonios y vivencias de sus correrías a veces sorprendentes, sin que deje de traducirse en ellos la visión del turista que, irremediablemente, remite siempre sus observaciones a las costumbres de la tierra patria, consideradas consciente o inconscientemente de validez y vigencia universales.

Por eso me consta la incomodidad de mi amigo José Manuel con la atribución del vocablo ‘extranjero’ referido a su persona, y su rechazo de ese adjetivo, con el que niega cualquier remota identificación, por cuanto se siente y se considera ciudadano de ambos mundos. Así lo afirma en una entrevista que se reproduce en el texto, realizada a raíz de la publicación de su libro Entre Canarias y Ecuador: “Latinoamérica forma parte de la identidad de Canarias”. Y José Manuel puede presumir de canariedad por los cuatro costados. En otro pasaje remacha el argumento de su cosmopolitismo: “uno es de donde nace no sólo por el simple hecho circunstancial de nacer y vivir en un territorio concreto. Uno es, desde mi perspectiva, del lugar donde se esfuerza e intenta colaborar, trabajar y relacionarse con el ‘otro’, con los demás, con la idea de seguir creciendo como comunidad y colectividad”.

La vinculación de José Manuel al Núcleo del Cañar de la Casa de la Cultura Benjamín Carrión constituye una evidencia manifiesta de su respeto a las instituciones que velan con esmero por la preservación y el fomento de las manifestaciones culturales nacionales, y de su amor a cada rincón del Ecuador donde ha dejado sus huellas, que le hace sentirse ecuatoriano, orense, machaleño, fluminense, quiteño, azuayo, cañarense y azogueño.

Otro rasgo que me gustaría destacar de mi amigo y autor de estas Crónicas es su oposición a las “rígidas estructuras de sumisión y de dependencia globalizadas”, generadoras paradójicamente de desigualdades, injusticias y discriminaciones. Nunca ha abjurado José Manuel de su condición de militante social, empeñado en mil batallas, como revivido Quijote, a sabiendas de la insuficiencia de sus armas para combatir a la barbarie instalada en trincheras infranqueables, pero consciente de que esas posiciones pueden ser erosionadas mediante una resistencia tenaz, civilizada, que logre trasladar a las generaciones futuras el convencimiento de que es posible un mundo mejor. De ahí su interés por el análisis de las sucesivas coyunturas internacionales, su preocupación por el medioambiente, sus críticas al capitalismo, y su llamada a una movilización que aúne fuerzas y voluntades para resistir la imposición de modelos socioeconómicos incompatibles con la dignidad humana, y para promover un cambio radical de mentalidades: de modo muy particular en la actual coyuntura marcada por la pandemia del coronavirus, que se presenta como una invitación urgente para revisar nuestros modos y valores de vida.

Hombre de paz -la paz que sigue a la lucha contra sí mismo, en busca de una continua superación-, José Manuel huye de la confrontación ideológica que se sustenta en estereotipos manidos, aunque no teme al cuerpo a cuerpo, si se tercia. Amante de la verdad, se aferra como un valiente al lema de ‘luz y taquígrafos’, porque practica siempre el juego limpio; y, al tiempo que se duele por esa ‘fauna de tinieblas’ que tantas veces nos circunda, donde el egocentrismo, la arrogancia y la presunción fatua campan a sus anchas, abre su corazón “a mujeres y hombres que viven en la luz y que iluminan a los demás, que nos enseñan en valores, que nos animan a soñar, a volar, a amar, a acariciar los sueños y a abrazar las utopías”.

Siempre he admirado la decidida apuesta de José Manuel por los jóvenes, de la que he sido testigo presencial en el curso de una estancia en Cuenca, con motivo de su toma de posesión como miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador. Su aprecio por los Congresos de Escritores Jóvenes, que arrancaron a mediados del siglo XX, no quedó en una simple admiración platónica, sino que encontró su expresión en la puesta en marcha de los Congresos de Jóvenes Investigadores, el primero de los cuales se celebró el año pasado y arrojó unos resultados que llenaban de satisfacción a su impulsor, el cual, lejos de pretender adornarse con méritos ajenos, atribuía generosamente su éxito a los participantes: “el Congreso ha sido y ha supuesto una fuente de aprendizaje intenso para nosotros, hemos aprendido ‘de’ y ‘con’ los jóvenes universitarios”.

Termino estas breves reflexiones introductorias con unas palabras de José Manuel, plasmadas por escrito hace apenas cinco meses, que, si no se analizan con agudeza, podrían interpretarse como el certificado de defunción de la labor de investigación histórica: “nada de atrás nos sirve. Empecemos de nuevo, sin lastres. No nos dejemos engañar nuevamente. Avancemos día a día para cerrar un pasado que no debe volver nunca más”.

Dejaremos atrás los errores del pasado si reflexionamos en torno a ellos y extraemos consecuencias; si nos servimos de la historia para explicarnos a nosotros mismos; si abandonamos la frivolidad de recurrir al conocimiento histórico como simple justificación de festividades patrias útiles a los empresarios del circo nacional. “La juventud -insiste José Manuel, dirigiéndose a las nuevas generaciones- no será futuro, es presente, pero sin escollos rumbientos, ni oxidados. Su lucha es su formación, no la descuiden, porque un pueblo sin formación es un pueblo de vulgares charlatanes de feria”.

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Puede consultarse también en EcuadorUniversitario.Com


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Coronavirus en España: el Dr. Cavadas reclama una auditoría independiente

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Cuando el doctor Pedro Cavadas dijo a finales de enero que le preocupaba “la apariencia de transparencia” de China respecto a las cifras de los contagios de coronavirus en el país, sus palabras fueron tomadas con recelo. Por aquel entonces, España no registraba ningún caso y parecía un virus lejano que nunca iba a llegar aquí.

Ahora, meses después y con la pandemia extendida por todo el mundo, el cirujano ha vuelto a hablar sobre el virus y ha sido muy crítico con la gestión del mismo: “Es más nocivo el resultado del mal manejo de las medidas para combatirlo que el virus en sí mismo, ya que es de baja mortalidad”, recoge el Diario de León. Cavadas está convencido de que “el problema fundamental va a ser más económico que sanitario” y de que “la repercusión económica que supone intentar controlar la expansión del virus genera un daño económico mucho más nocivo que el daño sanitario que provoca el virus”, aunque reconoce que “es una situación de muy difícil manejo.

“La sanidad se paga con dinero y si destruyes el tejido económico, luego no tienes recursos sanitarios para combatir la enfermedad, por lo que en algún momento hay que priorizar uno de los dos”, advierte.

Como ya pidieron algunos de los científicos más prestigiosos del país hace un mes, Cavadas también cree que es necesaria “una auditoría en regla” sobre la gestión de la crisis sanitaria: “No puede ser casual que seamos los primeros en mortalidad en casos y en repercusión económica”.

Para encontrar esos motivos, considera que los que lleven a cabo esa auditoría “tienen que ser técnicos de los de verdad, que no tengan ningún peaje político ni económico que pagar, ya que eso prostituye completamente los resultados”.

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La advertencia de un médico del Ramón y Cajal sobre la vuelta a los colegios: “Es una auténtica locura abrirlos”

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Al doctor César Carballo le preocupa la transmisión aérea y la escasa ventilación de las aulas.

La vuelta al cole está al caer, y lo hace en plena segunda ola de contagios del coronavirus. Por eso, y en pleno debate acerca de cómo se debe realizar la vuelta a las escuelas, hay quien opina que directamente los colegios no deben abrir. El doctor César Carballo opina que es “una locura”.

El médico, adjunto al departamento de Urgencias del hospital Ramón y Cajal de Madrid, dijo este sábado por la noche en el programa LaSexta Noche que “con esta incidencia acumulada, es una auténtica locura abrir los colegios. Volvemos a tirar los dados y a ver el resultado que hay”.

“Me preocupan mucho los profesores, se habla mucho de ellos, y son el principal colectivo de riesgo de los colegios”, dijo Carballo.

El médico mostró también cuáles son sus principales temores: “Me preocupa mucho la transmisión aérea. Son clases de 26 personas, durante una hora exhalando. No va a ser suficiente con ventilar la habitación”, dijo.

Sobre la figura del coordinador covid, Carballo afirma que “debe ser un sanitario y no un profesor. Hay un protocolo que se debía conocer hace meses y llegar al consenso y me preocupa que no haya habido ninguna información”.

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Jorge Alcalde. Rebrotes covid: No, la culpa no es del ciudadano

rebrotes

Cada vez que un portavoz oficial comparece para dar datos sobre la pandemia de COVID-19 en España suele terminar su discurso con el mismo mensaje: una llamada a la precaución, al buen uso de las mascarillas y las prácticas higiénicas de la población. Día a día, los medios de comunicación, en los extensos bloques dedicados a la información sobre el coronavirus, ofrecen imágenes de grupos de jóvenes que no usan mascarilla, reuniones familiares sin distancia de seguridad… España es el país con peores datos de contagios de toda Europa y uno de los peores del planeta. Y en el discurso oficial parece querer instalarse que parte de la culpa la tenemos los ciudadanos: viandantes que no usan medidas sanitarias, los jóvenes y sus botellones, las reuniones familiares demasiado pobladas. ¿Es cierto? ¿De verdad el descontrolado aumento de los rebrotes se debe al descuido de los españoles de a pie?

Para esta pregunta la ciencia sí tiene una contestación y la respuesta es no, los españoles no somos culpables del drama al que nos estamos enfrentando. Al contrario, nos encontramos entre los países del mundo cuyos ciudadanos cumplen mejor las normas sanitarias contra la pandemia.

Lo demuestra, por ejemplo, un informe periódico elaborado por el Imperial College de Londres, sobre «Hábitos de conducta relacionados con la COVID-19». La última encuesta, publicada la primera semana de agosto, sitúa a España entre los cinco países del mundo mejor puntuados en responsabilidad ciudadana.

[…]

A la luz de estos informes es evidente que la tentación de culpar a los hábitos de los españoles del descontrol de los contagios carece de cualquier sustento científico. El comportamiento ciudadano está entre los mejores de todo planeta. No así el control de casos procedentes a través de aeropuertos, el número de rastreadores, la calidad de las pruebas de diagnóstico PCR realizadas y su cantidad, el aprovisionamiento de recursos de atención primaria, la compra adelantada de medicamentos… en esos valores, como es sabido, andamos a la cola. «Qué buen vasallo, si hubiera buen señor».

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Otra voz contra la apertura de los colegios

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José Carlos Díez (Palencia, 1971) es uno de los economistas españoles más mediáticos. Es profesor de la Universidad de Alcalá, y en 2017 fue la persona encargada de la ponencia económica del PSOE, aunque en este momento no está vinculado al partido.

Ha escrito varios libros- entre ellos Hay vida después de la crisis– y ha trabajado en el pasado en el mundo financiero, ocupando entre otros cargos, el de economista jefe de Intermoney.

En la actualidad forma parte -junto con Daniel Lacalle y Miguel Sebastián- del grupo de economistas contratados por el Cabildo de Gran Canaria para trazar una hoja de ruta con la que las Islas Canarias puedan salir de la crisis generada por la covid-19.

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Gran Canaria era un paraíso libre de covid cuando se abrió para el turismo y ahora se ha contaminado. Esto no es culpa de España, ha sido un protocolo europeo. El Gobierno canario quería hacer PCR en origen y la Comisión Europea dijo que no. Ha sido un error como el que se va a cometer con la apertura de los colegios para cerrarlos a las tres semanas o al mes.

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Los grandes negocios montados alrededor del coronavirus

 

mascarillas

Este texto de Luis del Val es una llamada de atención sobre los abusos que una y otra vez se comenten contra la ciudadanía, con el mentiroso pretexto de protegerla. Claro que, a los ojos de los políticos que están arriba –(des)gobernando o jugando a la oposición-, estos pequeños detallitos carecen de importancia.

El precio de un producto que debemos llevar obligatoriamente -la dichosa mascarilla- ha subido un 2.500 por ciento. “Para hacerse una idea suponga usted que, en marzo, compraba una barra de pan que le costaba un euro, y que, ahora, esa misma barra le costase 25 euros, es decir 25 veces más cara”.

Y sigue el articulista: “eso es el mercado libre, y la ley de la oferta y la demanda, dirá alguno. Pues no señor. Soy un defensor del mercado libre, pero siempre y cuando no esté obligado a adquirir un producto y a usarlo todos los días. Si las mascarillas fueran voluntarias, pues que las hicieran con luces intermitentes y que su precio fuera veinte euros la unidad, y a mí me daría igual, pero es que nos obligan a comprar mascarillas y a usar una nueva cada día, y si no cumples con esa obligación consumidora, encima, te ponen una multa”.

“¿No hay un ministro de consumo entre las casi dos docenas de ministros de casi todo? ¿Y ese vicepresidente, que siempre dice que está preocupado por la gente y porque la gente llegue a fin de mes? Una familia, formada por los padres y dos niños, tiene un presupuesto mensual de mascarillas de casi 120 euros”.

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Miguel A. Moreta-Lara. Manuel Ferrer vuelve a casa

Miguel Moreta Lara

Me encuentro con una obriella (como escribía el buen Gonzalo de Berceo, uno de los primeros cultivadores de la lengua castellana) o, si quieren, con un ejemplo de microteatro, como dicen ahora los teatreros à la page: es una obra minúscula con poco más de 3.000 palabras, muy bien editada, ilustrada y sabiamente presentada por ¡nada menos que cuatro prologuistas!: un prólogo de la poeta ecuatoriana Catalina Sojos, una nota preliminar del autor, una presentación institucional de la concejal de Cultura de Benamocarra Victoria Téllez y una presentación entrañable del amigo Antonio Clavero. Permítanme que desmienta el tópico taurino que cree que no hay quinto malo, algo muy fácil después de esas cuatro estupendas colaboraciones que sitúan atinadamente al microdrama y al autor en su contexto personal, histórico y literario.

El doctor Manuel Ferrer ha tenido una vida vagabunda. Se formó en los Maristas de Málaga y luego en las universidades de Sevilla, Granada y Navarra. Su profesión lo llevó a vivir en México y Ecuador, de donde finalmente ha regresado a su Málaga natal y a la Axarquía. Quizá esta deriva del profesor nos dé pie a explicar algunas de las tintas con que describe a su personaje principal, el fugitivo Miguel que, en un exótico periplo, acaba por enmaridar con una japonesa.

En su nota preliminar, Manuel Ferrer provee las principales claves de Volver a casa. Afirma que sintió “la necesidad de repasar mi vida y de plasmar esas reflexiones en papel escrito”, al tiempo que se declara historiador: sabemos que ha dedicado varios de sus muchos libros a la historia reciente de España. Por tanto, la trama de esta pequeña obra de teatro vehicula una compleja biografía personal ambientada en la no menos complicada trama de la guerra civil española de 1936.

Este sangriento episodio de nuestra historia reciente, del que todavía nos resentimos, ha sido largamente tratado: su bibliografía investigadora es un bosque inmenso ya inabarcable. Pero todavía pululan las falsedades, al tiempo que se airean los datos más hipócritas, las manipulaciones más groseras y la desmemoria más vil… Sigue siendo una herida abierta. Como decía cierto historiador, la Historia es un cadáver que goza de una siniestra buena salud. De ahí la existencia de un cúmulo de obras literarias (novelas, poemas, películas, obras de teatro, cómics, etc.) con que los creadores alimentan el interés de un público numeroso que busca interpretar y descansar de una vez por todas de un pasado que, como una sombra cainita, no cesa de perseguirnos. Podemos afirmar que, en cuanto españolitos, es difícil sustraernos a un cierto sentimiento de bipolaridad: no hay ciudadano español que, a nivel personal y familiar o a ras de su localidad, no esté habitado por una historia de parientes o paisanos asesinados, encarcelados, represaliados o exiliados (como es el caso de los personajes principales de este microdrama, Miguel e Irina). Y, sin embargo, si queremos escapar a la lluvia de fakes y de tópicos, a esa vieja estrategia autoritaria que envenena nuestros sueños, es necesario acudir a las obras de historiadores foráneos, especialmente anglosajones, que nos expliquen la verdad de una guerra terrible y la maldad de una dictadura subsecuente que, en lugar de cerrar el conflicto, lo alimentó con ejecuciones y represiones de todo tipo.

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