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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Homenaje de alumnos y profesores a un profesor navarro

Koldo Ansa tuvo un reconocimiento muy especial en su último día como profesor de filosofía en el instituto donde ha ejercido durante 29 años. El vídeo al que puede accederse por este enlace muestra a decenas de alumnos formando dos hileras en los pasillos del instituto, aplaudiendo a su profesor.

Ejemplos como éste o como el que recogimos en una entrada reciente del blog, abren espacio a la esperanza en un mundo enrarecido donde la educación, torpemente “gobernada” e instrumentalizada por políticos y burócratas, se halla en crisis, por el temor generalizado de que la libertad de pensamiento propio amenace el control de las masas, como se constata en otro texto del blog, correspondiente al pasado 9 de agosto.

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Era el último día de docencia de Koldo Ansa. Y la forma de reconocerle una trayectoria profesional de 33 años –29 de ellos en el instituto Alaitz de Barañáin– fue que atravesara entre aplausos el último recorrido desde las aulas hasta el despacho de los profesores.

Koldo desconocía lo que habían estado preparado hasta que salió de su última clase de filosofía y se encontró con el pasillo repleto de gente para tributarle una despedida reservada para gente muy especial. Él debe serlo a juzgar por el reconocimiento de la comunidad educativa del centro y de las muestras de cariño que recibió tras salir de la clase de segundo de bachillerato.

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José María Zavala entrevista a Stanley G. Payne

El hispanista estadounidense analiza la situación política internacional, desde la guerra de Ucrania hasta la pasividad de Biden y las nuevas izquierdas. A juicio de Luis María Ansón, la entrevista es «un espejo en el que se refleja de forma descarnada la realidad del mundo actual. Subraya Payne el colapso de gran parte de la civilización occidental, el auge del neomarxismo alentado por la revolución cultural, así como la sustitución del cristianismo por un humanismo mecanicista y transhumanista».

Payne admite la posibilidad, aunque improbable a su juicio, de una escalada mundial del conflicto y califica a Vladímir Putin de «demonio» y a Joe Biden, de presidente «senil, confuso y débil». Advierte que «el porvenir será difícil y muy peligroso» por el auge de China y el colapso de una gran parte de la civilización occidental, como consecuencia de la revolución cultural del «neomarxismo» y la sustitución del cristianismo por el humanismo mecanicista y transhumanista. Y respecto a España, más que la grave situación económica le preocupa su alarmante fragmentación política.

Recogemos algunos fragmentos de la entrevista, que puede descargarse íntegra en la fuente original a través de este enlace.

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¿Pudo haberse evitado la invasión rusa de Ucrania si hubiese existido una negociación decidida y voluntariosa entre Estados Unidos y Rusia?

Parece que sí. Por lo menos fue el argumento empleado antes por Henry Kissinger, como, más modestamente, ha hecho mi antiguo alumno Mario Loyola en un artículo suyo publicado en la revista «National Review». Ciertamente, existía entonces esa posibilidad pero al final se desechó.

¿Cuáles son las causas reales de la invasión rusa de Ucrania?

Las razones tienen que ver con la OTAN y la falta de acuerdos sobre Crimea y el Donbas. Además, al tratar con un presidente americano senil y débil, Putin creyó que tenía una oportunidad muy favorable, aunque finalmente no resultó exactamente así.

[…]

¿Le preocupa el auge exacerbado de los nacionalismos en Europa y, sin ir más lejos, también en España?

El nacionalismo fue el movimiento revolucionario por excelencia del siglo XIX hasta 1945, y luego se extendió a otras partes del mundo. En Europa, el verdadero problema es más el «micro-nacionalismo», aunque puede ser necesaria alguna reforma de la Unión Europa.

Hay quienes caen ahora en la cuenta de que Mussolini llegó al poder en 1922 y que hoy, justo 100 años después, la «ultraderecha» italiana, como ellos la denominan, parte como favorita en las elecciones del próximo 25 de septiembre. ¿La historia tal vez se repita hoy aunque con distintos matices?

No lo creo. El ultranacionalismo no es ninguna tradición italiana arraigada, como sí lo es el autoritarismo y el expansionismo militar en Rusia. No hay peligro de un «atavismo» político en Italia semejante al ruso. Eso de ondear el espantapájaros del «fascismo» es casi siempre una argucia política, aunque también hay periodistas y profesores que encuentran en ello un modo barato y postizo de garantizarse más empleo. Como dijo Marx, cuando la historia «se repite» es casi siempre como farsa. Ahora bien, es muy distinto si se trata de una verdadera tradición nacional de siglos, como es el caso del autoritarismo y militarismo expansionista rusos. Pero la tradición italiana es muy diferente de la rusa, porque no se trata del fascismo sino del «transformismo»: todo partido de tipo neofascista o de ultraderecha se ha transformado allí, como sucederá del mismo modo con los «Fratelli d’Italia».

[…]

¿Qué le preocupa más de lo que está sucediendo hoy en España? La recuperación económica será larga, dura y difícil, pero aún peor es la fragmentación política, a la cual no se ve ningún remedio inmediato. En el siglo XXI, las izquierdas españolas se han vuelto a su vómito, enarbolando de nuevo la bandera de su tradición de los exaltados desde 1821, brevemente superada durante los años de la Transición. Además, como es típico de las izquierdas españolas siempre tan destructivas, están muy reñidas entre sí.


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Tertulia en la Mitad del Mundo: Café de altura para cuatro

La Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina (CES-AL) tiene el placer de anunciar la emisión del programa «Tertulia en la Mitad del Mundo: Café de altura para cuatro».

Una cita que se celebrará cada segundo domingo de cada mes a partir de septiembre de 2022, y donde se abordarán temas de gran interés nacional (ecuatoriano) e internacional, con la participación de tres destacadas personalidades y bajo la moderación y dirección del Dr. Manuel Ferrer Muñoz.

El programa piloto tendrá lugar el 11 de septiembre.

En las próximas semanas ampliaremos información sobre este primer encuentro.

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Fernando Sabaté Bel. El país del pargo salado. Naturaleza, cultura y territorio en el sur de Tenerife (1875-1950).

Cita completa del libro: Sabaté Bel, Fernando, El país del pargo salado. Naturaleza, cultura y territorio en el sur de Tenerife (1875-1950), San Cristóbal de La Laguna, Instituto de Estudios Canarios, 2011

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Este trabajo, que constituye una interesantísima apuesta por la historia local abordada desde la metodología de la historia oral, fue defendido como tesis doctoral por Fernando Sabaté en septiembre de 2003, en el Departamento de Geografía de la Universidad de La Laguna, y obtuvo la máxima calificación. Se publicó ocho años después en forma de libro (2 tomos) editado por el Instituto de Estudios Canarios.

Como se aclara nada más comenzar el trabajo, la referencia al ‘pargo salado’ constituye una metáfora: se trata de una expresión utilizada antaño por las gentes del país para referirse a un terreno improductivo: “aquello era un pargo salado; no servía ni para cultivar vidrio” (nombre vernáculo de una planta rastrera que se desarrolla en suelos pobres y ensalitrados). La metáfora corresponde, pues, a la explicación exhaustiva de cómo lograron sobrevivir, con cierto grado de dignidad, miles de personas campesinas en un entorno arídico como el del Sur de Tenerife; un territorio en el que, por otra parte, las condiciones sociales de reparto de la tierra y los demás recursos naturales tampoco se lo ponían fácil a la reproducción social de las familias rurales.

Aunque el trabajo repasa información documental, y prácticamente toda la bibliografía escrita sobre el Sur de Tenerife en el momento de su realización, su fuente principal es la información y la tradición oral; demostrando que éstas constituyen una fuente válida e imprescindible para los estudios geohistoriográficos (siempre a cambio de que sea aplicada con rigurosidad y sometida a controles críticos similares a los de cualquier otra fuente). El autor dedicó cerca de una docena de años a entrevistar a un centenar largo de personas campesinas de todo el Sur, en su mayoría ancianas, recogiendo un caudal de saberes y conocimientos que en muchos casos hoy ya no sería posible recuperar, al haber desaparecido sus portadores.

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Manuel Ferrer Muñoz. La sociedad del desconocimiento

A principios del siglo XVIII, Leibnitz adquirió la certeza de que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Faltaba poco entonces para que empezara a desplegar sus alas el gran movimiento intelectual que dio en llamarse la Ilustración, que consagró la fe en el progreso humano y su convicción de que no existía impedimento alguno que estorbara la capacidad del hombre para desentrañar el último misterioso resquicio del universo. Relegado Dios a un ‘prudente’ segundo plano, la criatura desplazaba a su Creador y le arrebataba la plenitud del ser y del saber. La ignorancia humana desaparecería como por ensalmo, en la medida en que las Luces de la Razón iluminaran la oscuridad de un mundo anclado en una fe religiosa que había mantenido al hombre alejado de la libertad de pensamiento y sujeto al férreo control de los sacerdotes.

No hace falta decir que el panorama descrito hasta aquí no deja de ser una ensoñación en la que muy pocos ingenuos siguen creyendo. Liberado el hombre de Dios, la Humanidad pareció dirigirse a la autodestrucción con el estallido de la Gran Guerra en 1914. El optimismo pleno derivó bruscamente hacia la angustiosa percepción de que ‘Occidente’ enfilaba una irremediable decadencia.

Y ni aun así quiso admitir el hombre su falibilidad, la limitación de su capacidad para conocer. Y perseveró en su inveterada tendencia a la búsqueda de ídolos que, en último término, se convirtieran paradójicamente en instrumentos para la adoración del ser humano: las tecnologías, por ejemplo. Sin embargo, entrados ya en el siglo XXI, nos sentimos cada vez más inseguros ante el poder de unas tecnologías cuyo manejo amenaza con escaparse de nuestras manos. La perseverante búsqueda de fuentes de energía capaces de atender la creciente y acelerada demanda de las sociedades modernas lleva anejos temores cada vez más profundos sobre las consecuencias medioambientales del recurso a los hidrocarburos o a la energía nuclear. Nos hemos visto instalados en un mundo que cada vez entendemos menos y gestionamos peor. Frankestein parece cobrar vida propia, mientras el hombre teme verse convertido en un muñeco.

Nuestra capacidad de conocer empieza a verse controvertida. Sobre un mismo fenómeno encontramos múltiples y contradictorias explicaciones, sin que acertemos a formarnos criterio propio. Los clásicos organizadores del conocimiento han saltado por los aires en nombre del relativismo, la improvisación o la chapuza manipuladora con que los políticos y sus cortesanos tratan de afrontar los retos que plantea a las modernas sociedades un mundo cambiante, sujeto a la irrupción de fuerzas desconocidas e inexplicables.

Y entonces se recurre al engaño. Los políticos y sus cortesanos, conocedores de que disponen de un tiempo muy corto para hacernos creer que saben lo que se traen entre manos –porque, de otro modo, podríamos darles las espaldas en el siguiente proceso electoral-, se han convertido en vendedores de humo, que improvisan soluciones mágicas, impuestas a la fuerza con el poder que, ingenuamente, transferimos a los Estados para que nos controlen y nos mantengan sumisos.

La sarta de equivocadas decisiones improvisadas durante la ‘pandemia’ del coronavirus, desconocedoras muchas veces de los derechos ciudadanos consagrados en las constituciones, no ha llegado a pasar la debida factura a quienes violaron principios fundamentales de la ideología liberal-democrática, e impusieron auténticas dictaduras sostenidas sólo por la fuerza y no por la razón. Y la precipitación con que muchos gobernantes sacan de la chistera soluciones para frenar la inflación y el encarecimiento de la energía atribuidos a la guerra de Ucrania, que Rusia rechaza que sea guerra, invitaría a la risa si no fuera porque, previsiblemente, serán catastróficos los resultados de esas ‘políticas económicas’ (por asignar un nombre digno a las payasadas de circo que se ensayan alegremente, en la vana esperanza de que alguna produzca efecto).

Lo simpático del caso es que, según los medios de comunicación a los que se acuda, los juicios de los sesudos ‘investigadores’ y ‘expertos’ que pontifican desde las redes discrepan de modo radical. ¿Qué habrá de verdad o de mentira en sus explicaciones de lo que se dice que está ocurriendo, qué argumentos de los que airean -insultando a quienes no los comparten- se sostendrá cuando pasen unos pocos meses? ¿Qué pasa realmente en Ucrania, en China, en Afganistán, en Venezuela, en Rusia?, ¿cuál es la situación de Siria o de Libia?, ¿se abre Marruecos a una democracia de corte occidental, o sigue jugando al despiste?, ¿cuáles son los verdaderos resultados electorales en tantas y tantas convocatorias sospechosas?, ¿cuáles serán los tratos entre los políticos y sus cortesanos encaramados al poder y los cortesanos y los políticos opositores, cuando no hay micrófonos delante?, ¿cuál habrá sido el alcance de la corrupción en países que se nos presentaban como ejemplo de pureza institucional?, ¿cómo justificar desde la ética las monstruosas diferencias sociales y económicas, incluso en sociedades supuestamente asentadas en los principios del Estado de bienestar?

Arrinconada la fe religiosa, nos preguntamos, temerosos, si habrá vida después de la muerte; y, aterrorizados, nos esforzamos por embotar nuestros sentidos para distraernos de las grandes cuestiones de la vida. Y nos aferramos a discusiones bizantinas, a apasionadas intervenciones en las redes sociales carentes de racionalidad y desprovistas del más elemental sentido común, que dan pábulo y una brizna de sentido a la existencia de pobres idiotas agresivos que se pronuncian sobre lo que ignoran, e insultan, desvergonzados, a quienes no les siguen la corriente.

Tal vez la mejor vía de escape de esas tendencias autodestructoras sea el reconocimiento humilde de las personales limitaciones, la conciencia de nuestra condición de criaturas, falibles pero a la vez abiertas al conocimiento de la verdad, a través de la reflexión. Propiciemos un silencio interior que facilite la imprescindible introspección que nos conecte con los valores espirituales de la vida.

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Santiago Torrado y Francesco Manetto. Gustavo Petro marca la senda de la nueva izquierda latinoamericana

Colombia marca a partir de este domingo el camino de la nueva izquierda latinoamericana. Con un acto de transmisión de mando cargado de simbolismo en la Plaza de Bolívar, en el corazón de Bogotá, y ante una decena de jefes de Estado, Gustavo Petro y Francia Márquez se incorporan a un bloque progresista diverso y heterogéneo que incluye al mexicano Andrés Manuel López Obrador —que no viajó a la capital colombiana, pero estará representado por su esposa, Beatriz Gutiérrez y el canciller, Marcelo Ebrard—, así como a algunos de los invitados: el argentino Alberto Fernández, el chileno Gabriel Boric o el boliviano Luis Arce. A la espera de las presidenciales de octubre en Brasil, donde Lula da Silva parte como favorito, la camada encabezada por Petro llega con la novedad de incorporar una marcada agenda ambiental y postular un modelo económico que dé prioridad a las energías limpias.

“Es una convergencia de izquierdas en un solo Gobierno”, señala el abogado y sociólogo César Rodríguez, profesor de la Universidad de Nueva York, NYU. De un lado la izquierda más política, pues Petro, que en su juventud perteneció a la guerrilla del M-19, tiene más de dos décadas de trayectoria en las instituciones colombianas como congresista y alcalde de Bogotá. Y de otro, Francia Márquez, su número dos,viene del corazón de los movimientos sociales, “que hasta ahora no habían tenido ese nivel de liderazgo y poder nacional ni en Colombia ni en ningún otro país de América Latina”. La nueva vicepresidente es un avance sin precedentes para los movimientos afro, ambientalista y feminista. De ahí el enorme interés que despertó en su reciente gira por Brasil, Chile, Argentina y Bolivia.

Para la internacionalista Sandra Borda, las izquierdas latinoamericanas de esta nueva época “son mucho más diversas que las de la ola rosa” de comienzos de siglo, lo que puede dificultar la acción colectiva. La académica de la Universidad de Los Andes, en Bogotá, que fue candidata del Nuevo Liberalismo y que manifestó su apoyo a Petro, señala dos grandes diferencias con respecto al pasado. “Una, que no es la izquierda explotadora de commodities a diestra y siniestra. Es una izquierda que tiene una agenda ambiental. La otra, que incorpora dentro de su agenda la reivindicación de derechos de identidades y comunidades minoritarias”, señala.

La izquierda tradicional en la región no tenía el medio ambiente entre sus preocupaciones centrales. Incluso, en lo que va del siglo ha tendido a decantarse por favorecer el modelo económico extractivista, con una posición agresiva contra los movimientos ambientalistas —de Lula y Dilma Rousseff en Brasil a Rafael Correa en Ecuador. Con Petro, a la agenda de búsqueda de paz y justicia social en Colombia se suma un importante componente de justicia ambiental, transición energética y cambio climático, un aporte fundamental de los movimientos sociales, valora Rodríguez, coautor de La nueva izquierda en América Latina.

El progresismo que despunta principalmente con Petro y Boric, que han exhibido afinidad e intercambiado visitas, destaca Rodríguez, entiende que los combustibles fósiles y las industrias extractivas son el pasado. En otras palabras, que no existe futuro en un planeta inhabitable, ni para la izquierda ni para nadie. En campaña, Petro marcó distancia con la Venezuela de Nicolás Maduro, un vínculo con el que lo suelen atacar sus críticos, al subrayar que la dependencia del petróleo es todo lo contrario a sus postulados. Tanto en Colombia como en Chile se habla de que una eventual victoria de Lula frente al presidente Bolsonaro en Brasil consolidaría un nuevo eje progresista, pero está por verse si en caso de regresar al palacio de Planalto estaría dispuesto a abandonar la tradición extractivista.

“Petro ha defendido a la nueva izquierda y probablemente se comprometa con la región a través de esta lente, abordando el cambio climático e impulsando el desarrollo económico en industrias “intensivas en conocimiento””, señala un análisis de la consultora Colombia Risk Analysis sobre la naciente política exterior. “Esto rompe con otros líderes de izquierda, como en México y Brasil, que continúan abogando por un crecimiento basado en materias primas”.

Pero más allá de la viabilidad del plan de Petro a corto plazo, su llegada al poder redibuja también el sistema de contrapesos regionales frente a Estados Unidos. Ese es, por ejemplo, el propósito de López Obrador, que busca liderar un bloque progresista en América Latina y tratar de lograr una mayor capacidad de negociación con Washington. La afinidad con el nuevo gobernante colombiano aumenta su margen para intentar reafirmarse, aunque según apuntó Humberto Beck, profesor e investigador del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México, se trata de una ambición con efectos más simbólicos y retóricos que prácticos.

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Comisión de la Verdad y Proceso de Paz en Colombia

A través de la web de la Comisión de la Verdad puede accederse a una documentación valiosísima y de primera mano de este magno esfuerzo por reconducir Colombia por las vías de la paz y del entendimiento.

Invitamos, pues, a todos los estudiosos del ámbito de las ciencias sociales y a todas las personas interesadas a que profundicen en la lectura de estos textos, que deberían constituir las bases sobre las que se asiente un nuevo modelo de país.

Así lo deseamos de todo corazón, y así esperamos que se trabaje desde las instituciones, la academia y la sociedad civil. Sólo se pierden con certeza las batallas que no se acometen.

Amemos a Colombia con obras y de verdad, e impulsemos una pedagogía del respeto, la comprensión y el perdón.


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Reportaje de Ecuavisa sobre la exposición Memorias de un héroe, en la Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit

La exposición «Memorias de un héroe» es un esfuerzo enorme de la  Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit por rendir un homenaje al mariscal Antonio José de Sucre y a otros héroes de la Independencia, en el marco del año jubilar por el bicentenario de la Batalla del Pichincha.

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Carlos Bravo Regidor. Una entrevista con Daniel Innerarity: lidiar con el desconocimiento

Daniel Innerarity es uno de los filósofos españoles más reconocidos de nuestra época. Recogemos aquí una entrevista sobre su último libro, La sociedad del desconocimiento (Galaxia Gutenberg, 2022). Nos gustaría destacar la importancia de estas reflexiones, que sirven de base para una explicación global de lo que Innerarity llama ‘la sociedad del desconocimiento’: si a finales del siglo XX nos vanagloriábamos de vivir en la sociedad del conocimiento, ahora, según Daniel Innerarity, nos percatamos de que vivimos en la sociedad del desconocimiento. Nuestra irreductible ignorancia se debe a la complejidad de los problemas políticos y sociales, a la deslegitimación de las instituciones de mediación (la prensa, la academia, la ciencia, los partidos políticos, los sindicatos) y a los riesgos ocultos de las tecnologías, entre tantas otras cosas.

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Carlos Bravo Regidor (CBR): El punto de partida de su libro, La sociedad del desconocimiento, es que estamos viviendo un cambio muy profundo, que nuestra era está definida por una transformación fundamental a la que usted llama, en un astuto juego de palabras, “la sociedad del desconocimiento”, ¿en qué consiste, a grandes rasgos, esa tesis?

Daniel Innerarity: Si tuviera que sintetizarla en una idea nuclear sería la siguiente: eso que llamábamos la “sociedad del conocimiento” tenía, a mi juicio, un concepto del conocimiento muy poco problemático, muy acumulativo, de tal manera que el conocimiento iniciaría, digamos, de la Ilustración en adelante, con un proceso en el que tendría lugar una disolución progresiva de nuestra ignorancia. Como consecuencia de múltiples crisis, de la complejidad social, de cierta perplejidad que el mundo contemporáneo produce en nosotros, más bien lo que nos encontramos ahora es que hay una ignorancia irreductible que tenemos que gestionar de alguna manera. No es una tesis pesimista ni derrotista, es simplemente algo que podemos y debemos hacer si queremos afrontar con cierto éxito las crisis de nuestro tiempo.

CBR: ¿Cuáles son las principales causas o motores de ese cambio que desemboca en la conciencia de que vivimos en una sociedad del desconocimiento?

Daniel Innerarity: Probablemente, lo más relevante —y aquí hablo desde el punto de vista de mi propia biografía, por la edad que tengo y la generación a la que pertenezco— es la conciencia de los riesgos. Por un lado, está la conciencia de que las tecnologías, desde la nuclear hasta los desarrollos de la inteligencia artificial, tienen una serie de impactos muy relevantes, aunque todavía no somos capaces de identificarlos muy bien.

No es casual que te hable de mi generación: yo me formé en Alemania con Ulrich Beck, el teórico de la sociedad del riesgo, y con la crisis de Chernóbil. Fuimos muy conscientes de que la contaminación viajaba, de los riesgos de la energía nuclear, de que las protecciones que teníamos eran insuficientes y de que estábamos entrando en un terreno muy enigmático. Desde entonces no hemos hecho más que encadenar una crisis tras otra, y eso nos ha puesto ante un fenómeno que se podría sintetizar diciendo esto: hay demasiadas cosas conectadas con demasiadas cosas de un modo que no es fácil de desentrañar.

En la Ilustración y en la Modernidad clásica podíamos hacer dos operaciones que son —o eran— de gran utilidad. Una, la asignación de responsabilidad, imputar o incluso culpar a una persona cuando había algo que funcionaba mal; y otra, a la hora de resolver un problema, la segmentación, la división del trabajo, la compartimentación, la estandarización. Pero esas dos operaciones funcionan muy mal a la hora de entender y gestionar el mundo en el que estamos.

Respecto a la primera, por supuesto que hay gente culpable y gente malvada, pero la dificultad es que hay más chapuza, desorden, incapacidad e ingobernabilidad que perversión. Con relación a la segunda, lo formularía de la siguiente manera: si queremos arreglar algo, lo tenemos que arreglar todo; no podemos ir por partes, como ha sido la estrategia habitual a la hora de gestionar un problema.

CBR: En los primeros capítulos de su libro usted introduce un par de conceptos que dan cuenta de la disrupción que ocasiona la sociedad del desconocimiento en la experiencia cotidiana, que aluden a ese “terreno muy enigmático” que mencionaba. Uno es el concepto de la “desintermediación”; el otro, el de la “desregulación del mercado cognitivo”. ¿A qué se refieren esos términos? y ¿qué relación guardan entre sí?

Daniel Innerarity: La desintermediación se refiere a la debilidad de las mediaciones y nos plantea un problema en la medida en que toda nuestra estrategia de organización del conocimiento, de militancia sindical, de compromiso político, incluso de experiencia religiosa, pasaba a través de unas instituciones poderosas que organizaban el conocimiento, que establecían orientaciones de acción e incluso la estabilidad de las propias organizaciones. El segundo concepto, la desregulación del mercado cognitivo, se refiere a la consecuencia que tiene la desintermediación, es decir, ahora tenemos un entorno informativo más bien caótico, muy poco organizado, lo cual hemos celebrado como un progreso, pero ¿por qué?

Porque hemos lamentado que partidos, iglesias, sindicatos, profesores y demás ejercieran esa mediación con sesgos y con una intención de dominio y, por tanto, nos ha parecido muy bien que ahora, gracias a Google, a la automedicación, a la experiencia religiosa singular, etcétera, podamos prescindir de esas mediaciones. Pero nos estamos dando cuenta, como en un efecto de rebote, de cómo esa experiencia de desintermediación, que tiene sin duda un primer efecto emancipador, al mismo tiempo puede provocar una sobrecarga en los sujetos.

Entonces aparecen todo un conjunto de patologías. La desorientación o, por ejemplo, la experiencia de que no hay una solidaridad sindical organizada, sino que más bien se nos considera a los trabajadores como empresarios de nosotros mismos o la automedicación, a veces abusiva y estúpida, o el hecho de que muchas personas sucumban ante la ilusión de que el conocimiento, en el fondo, es algo accesible, fácil, que se puede organizar sin ninguna disciplina, una palabra, por cierto, muy significativa, que hemos utilizado a la hora de organizar nuestro conocimiento.

Sabemos muy bien de lo que queremos huir: queremos huir del paternalismo cognitivo y eso está muy bien, pero probablemente estemos en un momento de desorientación que, por cierto, nos pone en manos de otras mediaciones más invisibles, como el algoritmo de Google, o de nuevas formas de dominio, más sutiles, que no estamos acostumbrados a combatir.

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Pablo Rosero Rivadeneira. Se buscan patriotas

En días de convulsión social, mirando con dolor el extremismo y la violencia, me dediqué a transcribir el proceso que las autoridades españolas siguieron contra Francisco Calderón, uno de los héroes del Estado Libre de Quito de 1812 y padre del ‘Héroe Niño’ de Pichincha, Abdón Calderón.

Un malintencionado revisionismo histórico ha querido restar mérito al proceso que inició en Quito en 1809 y culminó con la Batalla del Pichincha del 24 de mayo de 1822. El 10 de agosto ha sido reducido a una revuelta de unos cuantos potentados afectados en sus intereses olvidando la lapidaria sentencia de los barrios de Quito reunidos en el Convite de San Roque, pocos días después del 10 de agosto:

«No hay rey, no hay legítimo dueño. Nosotros hemos quedado libres naturalmente«.

Un velo de silencio cómplice se ha echado sobre los años que transcurrieron entre 1810 y 1822, como si nada hubiera pasado, como si las vicisitudes del Estado Libre de Quito pudieran ser despachadas en dos líneas de un aburrido texto de historia.

Olvida ese silencio cómplice el primer esfuerzo por el autogobierno desconociendo el poder divino de los reyes e intentando avanzar de a poco hacia la supremacía del pueblo. Pareciera que, a lo largo de doscientos años, al poder le fue -y le es- más conveniente hacer una caricatura de los héroes para difuminar su aporte a la memoria común.

¿Qué ha quedado en Quito de Francisco Calderón, fusilado en Ibarra luego de la retirada quiteña de noviembre de 1812? Apenas el nombre de una plaza y una calle cuyo origen desconocen los ciudadanos que transitan por ellas todos los días. ¿Qué ha quedado de todos los que con él lucharon por un proyecto diferente de sociedad? Nada. Más bien se ha ultrajado su memoria colocando el nombre de sus perseguidores -Montes y Sámano- a dos calles quiteñas.

Más triste ha sido la suerte de Abdón Calderón, convertido en caricatura por un romántico trasnochado y sus Leyendas del Tiempo Heroico. Reducido al hazmerreír de un cómico al que no le falta algo de razón por ese endiosamiento de las figuras históricas transmitido por un sistema educativo colapsado que no enseña ni a pensar ni a sentir.

Sin embargo, Francisco y Abdón dieron todo lo que podían dar por la causa de una sociedad mejor. En estos días de oscuridad me he preguntado quién de nosotros estaría dispuesto a perder bienes, fortuna, buen nombre, por un ideal superior. ¿Quién podría deponer posiciones e intereses personales para restituir la justicia y el sentido común?

Mucho se criticó en los días del Bicentenario la figura de los héroes. Quizá con razón, al mirar con vergüenza que los ideales que inspiraron la independencia nunca terminaron de hacerse realidad.

Pero es innegable que en doscientos años algo se ha avanzado y que si hemos caminado ha sido posible gracias al sacrificio no sólo de los grandes próceres sino de la gente de a pie que echa a andar la rueda de la historia todos los días.

¡Y qué falta hacen en estos días nuevos héroes dispuestos a mirar por el país, más allá de los minúsculos y cobardes intereses de los egoístas que incluso se avergüenzan de proclamarse patriotas!