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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Colombia: Oficiales de la Sijín estarían involucrados en el asesinato de Lucas Villa

El 9 de junio se conoció que Lucas Villa Vásquez habría sido asesinado durante una operación ilegal conjunta entre la banda criminal Cordillera y algunos agentes de la Policía Nacional.

De acuerdo con Caracol Radio, desde la Mesa Nacional de Víctimas aseguran que existe un testigo en la Fiscalía que está solicitando asilo político para él y su familia para revelar los nombres de los uniformados de la Sijín que participaron en el atentado contra Villa el 5 de mayo, en el Viaducto César Gaviria Trujillo en Pereira.

Y es que la investigación del crimen de Lucas Villa no avanza, según un informe de Noticias Uno que asegura que la Fiscalía no ha identificado a los autores materiales ni intelectuales del asesinato de Villa, esto a pesar de que la Policía Nacional ofreció una recompensa de hasta 100 millones de pesos por información sobre este crimen.

El pasado sábado 5 de mayo, cuando se conmemoraba un mes de su asesinato, se llevó a cabo un homenaje a Villa con una marcha que inició desde la Universidad Tecnológica de Pereira y en la que estuvieron presentes algunos de sus familiares, quienes también señalaron los pocos avances en las indagaciones por el homicidio del manifestante que ahora se convirtió en unos de los símbolos de las protestas en el país.

En La FM, la tía del estudiante, Martha de Salas, expresó su decepción ante la falta de resultados por parte de las autoridades.

“El sentimiento después de este mes de los hechos en que acribillaron a mi sobrino son de desolación, tristeza e incertidumbre por no dar todavía con el paradero de los responsables”, afirmó.

Pese al dolor, las hermanas de Villa lo recordaron como un manifestante que mediante el amor buscaba cambios para el país y esperan que su memoria sea exaltada.

“El sábado hace un mes fue un acto violento el que nos sometió a unos momentos muy difíciles como familia y lo que queremos es hacerle un contrapeso de demostrar que el amor es tan grande por nuestro hermano, por nuestra familia, por los colombianos que seguimos presentes y que queremos que las demás personas sigan presentes en nosotros y que logremos contagiar a los demás de ese amor que tenemos para que entre todos logremos que cada corazoncito, como decía mi hermano, sea un avance”, dijo en Noticias Uno, Sidssy Uribe Vásquez, una de las hermanas del manifestante.

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Iván Duque, en entrevista con Jan Martínez Ahrens: “No voy a aceptar que nadie desangre a Colombia”

Iván Duque preside un país en llamas. Desde que el pasado 28 de abril se iniciaron las protestas, no hay día en que Colombia no se vea sacudida por la violencia. El detonante ha sido la reforma tributaria, el proyecto estrella del mandato de Duque. Una ley que, mediante un aumento de la presión fiscal, pretendía aliviar la deuda generada por la pandemia y enviar un mensaje de rigor a los mercados. El resultado fue bien distinto.

La medida tocó el nervio profundo de la nación sudamericana y desató la mayor revuelta de los últimos 70 años. De poco sirvió retirarla. El incendio era ya imparable. En menos de un mes han dimitido el ministro de Haciendala canciller y el alto comisionado para la Paz; Colombia ha perdido la sede de la Copa América y Standard and Poor’s ha rebajado la calificación de la deuda. Pero eso ha sido lo de menos. Sobre el asfalto han quedado más de 50 cadáveres y 2.000 heridos. Los bloqueos a carreteras y grandes ciudades asfixian la economía y los episodios de brutalidad policial y linchamientos se suceden por doquier.

De la noche a la mañana, un país que intentaba salir de un largo y doloroso conflicto armado ha vuelto al túnel. Los motivos son aún objeto de discusión, pero hay coincidencia en que los estragos de la pandemia, que ha disparado la pobreza a niveles de hace una década (42% de la población), acrecentaron un malestar antiguo del que ha emergido una Colombia indignada y harta.

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Constanza Vieira. Prosigue la represión en Colombia: Duque impone régimen militar a una cuarta parte de la población

El presidente de Colombia, Iván Duque, prefirió darle una patada al tablero. Optó por militarizar, lejos de tomar en serio un preacuerdo construido durante nueve días entre plenipotenciarios de su gobierno y el Comité Nacional de Paro (huelga), el CNP.

Al cumplirse un mes de la huelga nacional iniciada el 28 de abril, el conservador Duque emitió la noche del pasado viernes un decreto (el 575 de 2021) que impone la “asistencia militar” en ocho departamentos y 13 ciudades, incluidas seis capitales departamentales.

El senador de izquierda Iván Cepeda indicó que, en la práctica, esto sería ni más ni menos que “un golpe de estado”, porque “sustituye la autoridad civil por autoridades militares” en un área habitada por unos 12,7 millones de personas, es decir, la cuarta parte de la población.

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Luis Carlos Castillo. Cali, un proceso brutal y acelerado de empobrecimiento

Charla con Luis Carlos Castillo Gómez, catedrático de la Universidad del Valle y doctorado en Sociología, para entender qué sucede en Cali que pasó de ser la “sucursal del cielo” y de la salsa, a una ciudad destrozada por el estallido de ira de sus habitantes, enfrentados unos contra otros, a palo y bala.

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A raíz de los graves disturbios ocurridos en el país, algunos personajes sostienen que el vandalismo es un fenómeno “organizado” por unos conspiradores comunistas, izquierdistas y terroristas de Colombia y de otras naciones de América Latina ¿Esta interpretación puede tomarse como seria o cierta?

Ese es un enfoque que la sociología considera simplista como interpretación de las protestas y los estallidos sociales que tienen raíces -profundas y complejas- en la exclusión, la pobreza, la miseria y el conflicto político. También debe decirse que cualquier violencia debe ser rechazada, provenga de donde provenga. La destrucción de bienes públicos y privados y el ataque a miembros de la Policía son condenables. De igual manera, hay que rechazar los excesos de la fuerza pública.

¿Usted es profesor permanente de doctorado en sociología. En tal condición ¿ha conocido algún estudio, informe, investigación o encuesta que indique que la afirmación de que el vandalismo es una estrategia ideológica perversa, tiene fundamento documental?

Desde el punto de vista sociológico y de las Ciencias Sociales, no hay ningún soporte documental ni empírico que permita sustentar la hipótesis de que el fenómeno que está enfrentando Colombia, en la actualidad, se pueda explicar como una conspiración comunista o como un organización nacional o internacional de vándalos que estarían detrás de los hechos que han sacudido al país en las últimas semanas.

Los vándalos que destruyen los bienes públicos, tiran piedra a los uniformados y saquean en Cali, ¿responden a iguales motivaciones que los que protagonizan actos violentos en las calles de Bogotá, Pasto o Pereira o son diferentes en cada ciudad?

La expresión “vándalos” no me gusta, precisamente porque simplifica la complejidad del fenómeno y trasmite la falsa idea de que el estallido social y las protestas en Colombia son el resultado de una suma de delincuentes y inadaptados sociales. En cuanto a su pregunta y en la medida en que el “vandalismo” es el término con que se define una expresión violenta de rabia, ira y descontento social, se puede afirmar que hay motivaciones similares en las diferentes ciudades del país. Ahora, insisto, la idea de que existe algo así como una organización nacional de “vándalos” financiados internacionalmente, es tan simplista como pretender explicar el bogotazo del 9 de abril de 1948 (magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán y destrucción posterior de Bogotá en medio del levantamiento popular) por una conspiración comunista internacional de la época.

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Revista Comunicar

Difundimos este comunicado que nos ha hecho llegar el editor jefe de esta revista.

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Recientemente se han publicado los rankings de SCOPUS y Scimago Journal & Country Rank (SJR) 2020, en los que la revista Comunicar ha vuelto a consolidarse como líder internacional en publicaciones científicas.

En el ranking general SCOPUS, con un CiteScore 7,30, obtenemos el 2º puesto del mundo (Q1) (sobre 1.307 revistas indexadas) en ‘Estudios Culturales’. En el área de ‘Educación’ ascendemos 20 puestos hasta el 23º (top 2% mundial sobre 1.319 revistas), y en la de ‘Comunicación’ escalamos hasta el 14º sobre 429 revistas (top 4% mundial). Como dato adicional y de máxima relevancia, destacamos el valor de la ciencia abierta para la Unión Europea. Como Open Access, Comunicar se posiciona como 1ª del mundo en ‘Estudios Culturales’, 2ª en ‘Comunicación’ y 3ª en ‘Educación’. ¡Una gran noticia para toda nuestra comunidad científica en abierto!

Asimismo, en SJR nos posicionamos en Q1 en ‘Estudios Culturales’ (1ª española; posición 9 de 1.103 revistas), ‘Educación’ (1ª española; posición 138 de 1.543 revistas) y ‘Comunicación’ (2ª española; posición 36 de 507 revistas).

Tenemos también el placer de compartir con vosotros la concesión de los DIPLOMAS DE EXCELENCIA CIENTÍFICA 2021 PARA AUTORES Y REVISORES de Comunicar 2021 (https://bit.ly/3pNQH7N), en la que galardonamos los CINCO ARTÍCULOS de mayor impacto en los últimos años computables publicados en la revista (https://bit.ly/3w1tGR4), así como a los 12 REVISORES EXCELENTES, destacados en calidad y cantidad en la evaluación de los manuscritos de entre un Comité Internacional de Revisores Científicos compuesto por 952 expertos de 53 países (https://bit.ly/34Srpfa).

También os invitamos a consultar, compartir y remitir trabajos al CALL FOR PAPER activo del nº 71 de ComunicarDiscursos del odio en comunicación: Investigaciones y propuestas, cuya recepción se cierra el 30 de septiembre de 2021, que se enfoca a los estereotipos discriminatorios, los discursos del odio, el populismo, los bots y las granjas trolls, la desinformación y otros enfoques relacionados en medios y redes sociales.

Por último, nos complace comunicarle que ya ha sido publicado el nuevo nº 68, Redes, movimientos sociales y sus mitos en un mundo hiperconectado, disponible en de forma abierta y gratuita en nuestra web.

Un saludo cordial,

Ignacio Aguaded

Editor Jefe Revista Científica Comunicar

Indexada en JCR (Q1), Scopus (Q1), Google Scholar (2º top 100)

www.revistacomunicar.com / www.comunicarjournal.com


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Jeanny Posso. Paradojas del paro en Cali (Colombia)

Los paros registrados estos días en Cali no dejan de encerrar paradojas. Participan en ellos estudiantes universitarios, sobre todo de las universidades públicas, aunque durante unas jornadas se sumaron a ellos estudiantes de las privadas, algo nunca antes visto. Y resulta asombroso que estén sostenidos también por jóvenes que no dispusieron de la oportunidad de estudiar y que ahora viven del rebusque, de empleos precarios, o que ni estudian ni trabajan, pero tienen el anhelo del conocimiento.

Muchos de los CAIs (Comandos de Acción Inmediata, esos pequeños puestos de policía de los barrios, como el que aparece en la imagen) a los que se pegó fuego fueron después restaurados por los jóvenes y convertidos por ellos mismos en pequeñas bibliotecas populares. Es probable que, cuando se retorne a la normalidad, sean restituidos en su antigua función: pero su habilitación como bibliotecas -siquiera sea con carácter provisional- dice mucho del anhelo de los jóvenes.


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Estudiantes colombianos en lucha

Este cartel, portado por estudiantes universitarios de Cali (Colombia) en la marcha del 28 de mayo que salió desde Siloé hacia la Universidad del Valle, enlaza de un modo dramático con el testimonio que recogíamos en la anterior entrada del blog: “de nada sirve cursar una carrera en Colombia, aun con excelentes calificaciones, para acceder a un puesto de trabajo acorde con esa preparación académica”.


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Manuel Ferrer Muñoz. Estudiar, ¿para qué?

Año 2009. Mes de febrero. Lugar: Universidad del Valle, en Cali (Colombia). Contexto: un encuentro con un grupo de estudiantes de Sociología para debatir las razones por las que tantos jóvenes colombianos emigran a España y a Italia después de su titulación universitaria. Respuesta unánime: de nada sirve cursar una carrera en Colombia, aun con excelentes calificaciones, para acceder a un puesto de trabajo acorde con esa preparación académica.

Si hoy, en junio de 2021, planteáramos esa misma pregunta en la misma sede, se repetiría idéntica contestación, incluso con más contundencia a la vista del gravísimo conflicto social y político que atraviesa Colombia.

¿Qué dirían ante ese interrogante nuestros estudiantes universitarios ecuatorianos? Y ¿qué dirían los españoles, que persiguen maestrías y doctorados allende las fronteras? ¿Qué opinarían los mexicanos, seducidos siempre por el vecino de norte?

Los resultados de esas hipotéticas encuestas serían abrumadoramente coincidentes en el más profundo pesimismo.

¿Qué haremos? ¿Cerraremos las universidades? ¿Practicaremos un harakiri multitudinario? ¿Practicaremos un acto de fe colectivo en las excelencias que vaya a depararnos la política educativa del presidente Guillermo Lasso? (Porque en Colombia, España y México ya sabemos lo que hay, que, por cierto, no abre vías a la esperanza).

Si de verdad buscamos una respuesta a esas cuestiones, no podremos conformarnos con la búsqueda de soluciones prácticas a las enormes carencias de la educación en los países arriba mencionados -Colombia, Ecuador, España, México-, que no se solucionarán simplemente con la disponibilidad de más recursos económicos o tecnológicos, ni con una revisión de los planes de estudios, ni con una más eficaz capacitación del profesorado.

Perdimos de vista la perspectiva de lo que significa la universidad, una institución cuyo sentido redujimos miserablemente a la simple expedición de unos títulos que capacitan para desempeñar tareas a las que van anexos envidiables ingresos económicos, una plausible estabilidad laboral y un prestigio social que rivaliza con el que gozaba antes la vieja aristocracia de la sangre.

Y porque extraviamos esa perspectiva, erramos con la pregunta. Y es que no importa el ‘para qué’, sino el ‘qué’.

Cuando empezaba el siglo XX, la universidad estaba dando pasos de gigante en algunos países europeos, porque los avances científicos de los siglos XVIII y XIX reforzaron el papel de la investigación en áreas especializadas, sin que se cuestionaran los rasgos identitarios de la academia, que se remontaban a los siglos XII y XIII y que comportaban una estrecha relación entre maestros y discípulos.

Pero, con el transcurrir del tiempo, la universidad dejó de ser un espacio para pensar y discutir puntos de vista, para aprender de maestros comprometidos en la búsqueda del saber (investigación y estudio) y en su difusión (docencia y publicación). Y la universidad empequeñeció su misión -la pesquisa de una visión integradora del hombre y de la sociedad-, para dispersarse en una constelación de saberes especializados, inconexos e incomunicados entre sí.

La universidad acabó por eludir los grandes interrogantes de la vida humana: el sentido de la vida y del tiempo, el porqué de la muerte, la existencia de Dios, las nociones éticas del bien y del mal, la responsabilidad social de cada hombre… Hubo, ciertamente, un acercamiento a la sociedad y a sus demandas, pero, sobre todo, a través de su contribución -y supeditación- al Estado y a la empresa: y lo que empezó constituyendo un compromiso social ha ido derivando, al incorporarse la institución universitaria a la economía de mercado, a una subordinación de la universidad a los intereses y necesidades del poder político y del gran capital.

Sentadas las anteriores premisas, la conclusión implacable y desmoralizadora es que el fin último que se propone la inmensa mayoría de quienes acometen el estudio de estudios universitarios es rendir tributo a las exigencias del Estado y de la empresa, en la confianza de que mediante esa subordinación se logre obtener un beneficio personal que, ciertamente, en los tiempos actuales es muy incierto y volátil.

En verdad, si es esto lo que se busca, no vale la pena invertir tiempo ni dinero ni ilusiones en unos estudios burocratizados, impartidos por unos maestros desmotivados -cuando no manifiestamente incompetentes-, en unas anodinas aulas universitarias donde rara vez se alza una voz que cuestione el sistema o que trascienda la atonía de unas instancias pseudoacadémicas que se limitan a funcionar como guarderías en las que entretener y domesticar a jóvenes que ninguna resistencia ofrecerán al adoctrinamiento.

Pero, si nos esforzamos por renovar el auténtico espíritu universitario, que rastrea el saber en las bibliotecas, los archivos y los laboratorios, que se incardina en el aquí y hoy de nuestras sociedades, que rastrea la verdad en la maraña de medias verdades que repiten monótonamente indecentes docentes, tal vez empecemos a atisbar que las grandes aventuras y las batallas épicas a que está llamada nuestra juventud se librarán en los campus universitarios… o no se librarán nunca.

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Convocatorias abiertas de Urvio. Revista Latinoamericana de Estudios de Seguridad

Urvio, Revista Latinoamericana de Estudios de Seguridad, es una publicación internacional especializada de FLACSO, sede Ecuador, fundada en el año 2007. La revista busca ser una herramienta de debate, actualización, investigación y consulta para académicos y decidores de políticas y opinión pública, tanto en Ecuador, como en América Latina y el mundo en general.

La revista Urvio es una publicación semestral con tres secciones. La primera es Tema Central, sección cerrada que se convoca mediante dossier sobre una temática específica relacionada con la problemática de la violencia y la seguridad en la región. La segunda es la sección de Misceláneos, que desarrolla diferentes temáticas abiertas en torno a la seguridad en América Latina. La tercera sección se titula Estudios Globales. En este apartado se reciben artículos sobre seguridad de diferentes regiones del mundo: Asia, África, América, Europa, Australia y Oceanía.

Actualmente está abierta la convocatoria para el núm. 33: “Financiamiento y flujos financieros ilícitos”.

Pueden enviarse colaboraciones hasta el 10 de enero de 2022

Más información: https://revistas.flacsoandes.edu.ec/urvio/announcement/view/123