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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

Revista Íconos núm. 75: Urbanismos habitados: vida social del entorno construido en América Latina

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María Gabriela Navas-Perrone y Juliana Marcús. Presentación

En “Urbanismos habitados: vida social del entorno construido en América Latina” se presentan las transformaciones urbanísticas de la región, en el marco de la reapropiación capitalista que experimentan las ciudades desde finales del siglo XX. Autores y autoras analizan, de manera teórica y empírica, las reformas del entorno construido en urbes de Argentina (Buenos Aires y Rosario), México (Guadalajara) y Ecuador (Quito), desde un enfoque socioespacial; han tenido en cuenta los factores económicos y políticos que intervienen en su producción, así como la dimensión vivida y percibida inherente al acto de habitar. Así, este dossier contribuye a explicitar el entramado institucional, discursivo, económico y político de las transformaciones urbanísticas implementadas bajo políticas de carácter neoliberal. Tales políticas operan como un dispositivo retórico al servicio de la mercantilización de la ciudad y las zonas rurales, a través de la acción del mercado inmobiliario o de actividades extractivistas.

a)     la noción de resiliencia y su instrumentalización en la praxis urbanística para dar continuidad a la mercantilización de las ciudades sin contradicciones aparentes;

b)    las diversas escalas de actuación, negociaciones e intereses que intervienen en la renovación de la zona costera de Rosario, sus efectos depredadores sobre el medio ambiente y las prácticas cotidianas ligadas a la pesca artesanal de la población del Remanso Valerio;

c)    la reedición de la tradición higienista del urbanismo en el paradigma de la movilidad sostenible implementado en Buenos Aires y otras ciudades de la región, legitimado como estrategia de los Gobiernos locales para afrontar las crisis sanitaria y ambiental, tras la pandemia por la covid-19;

d)   la negociación de sentidos en torno a la gestión del riesgo desde una mirada que incorpora la noción del habitar y que da cuenta de cómo las significaciones que construyen los moradores de zonas amenazadas por la naturaleza suelen desbordar las soluciones técnicas municipales;

e)    el análisis de la fiesta patronal de Tesistán como dispositivo de la memoria y mecanismo de contención ante las presiones inmobiliarias de las políticas de expansión y la sobreoferta de vivienda popular en esta zona periférica de Guadalajara.

Con “Urbanismos habitados…”, se propone abandonar la vocación prescriptiva de soluciones proyectuales alienadas de la vida social para avanzar hacia una comprensión descriptiva, capaz de visibilizar la potencia del habitar. Ello permitirá comprender la producción de las ciudades latinoamericanas y repensar los esquemas disciplinares de la práctica urbanística. La diversidad de apuestas metodológicas y la perspectiva interdisciplinar que caracterizan a este dossier conllevan una nueva reflexión sobre la dimensión habitada del espacio, entendida como la expresión radical del orden social, evidente en las manifestaciones de informalidad urbana o en la naturaleza subversiva de la apropiación del espacio, así como en sus manifestaciones de asimilación o resistencia frente a las reformas urbanísticas. Con cada caso de estudio se reivindica la vida cotidiana, ese sustento al que deberían adaptarse las soluciones urbanísticas, cuya finalidad es combatir los efectos perniciosos de los proyectos neoliberales.

En el artículo “Resiliencia y ciudad neoliberal: una genealogía sobre América Latina”, Andrea Lampis presenta un análisis teórico y sociológico del término resiliencia, que se ha integrado progresivamente a la práctica urbanística, debido al auge de los debates académicos y políticos acerca del cambio climático. El autor realiza una genealogía del concepto desde su aparición en las ciencias naturales, físicas y sociales hasta su instrumentalización en la retórica de la ciudad neoliberal. El desplazamiento de esta noción entre diversos campos del conocimiento es adoptado por la disciplina urbanística para reafirmar su modus operandi, bajo la veracidad científica atribuida a las llamadas “ciencias duras”. Pese a las escasas evidencias científicas que demuestren los impactos de las ciudades resilientes en la protección de las personas y de sus activos económicos y ambientales, el término se ha posicionado en los discursos promotores de las agendas públicas a nivel local, regional y global.

Los procesos de urbanización no dejan de ser, en última instancia, una expresión de la circulación del capital por la ciudad. Ello implica la revalorización de zonas estratégicas para la rentabilidad económica, que identificamos a través de un tipo de apropiación socioespacial neoliberal. Las operaciones urbanísticas que se promocionan con la retórica de las ciudades resilientes se han concretado bajo un modelo de gestión urbana empresarial que dirige la planificación de las ciudades a nivel global, independientemente de las categorías discursivas empleadas para su promoción y de la ideología de los partidos políticos de turno, a los que se adscriben los Gobiernos locales.

Uno de los principales efectos de este modelo de gestión urbana, en el que se entiende a la ciudad como un negocio rentable, ha sido la destrucción de formas de habitar y de ecosistemas naturales, al ser considerados sobrantes del proceso de acumulación de plusvalías. Teniendo en cuenta que a nivel global este ha sido el marco de actuación de la planificación urbana, es necesario repensar sus contradicciones e indagar otros modelos de gestión orientados a detener y revertir la mercantilización de las ciudades. El objetivo más amplio radica en avanzar hacia un paradigma que considere central la protección de la vida de las personas y la naturaleza.

Desde la anterior premisa, en el primer artículo del dossier, Lampis profundiza en los debates sobre la noción de resiliencia urbana en el marco de la urbanización neoliberal para entender por qué se apela al término resiliencia y cuáles son sus implicaciones en el espacio urbano. Su hipótesis teórica es que la resiliencia [supone] una noción domesticadora funcional a estrategias de tamizaje y control del espacio urbano por parte de intereses y capitales financieros nacionales e internacionales. En torno a esta hipótesis, el autor propone una reflexión crítica del concepto para evitar reproducir viejas y nuevas utopías injustas, a la vez que nos invita a teorizar sobre el cambio urbano con una discusión axiológica de acciones alternativas que podrían implicar una transformación real.

El artículo titulado “Miradas sobre la costa del litoral argentino. La comunidad pesquera ante la planificación metropolitana” constituye un análisis en profundidad sobre los factores e intereses económicos y políticos determinantes de las reformas urbanísticas. El texto evidencia los efectos sociales y ambientales invisibilizados por la retórica promotora de la reconversión del Remanso Valerio (Rosario, Argentina). Para este caso de estudio, Diego Roldán y Lisandro Arelovich analizan el entramado de la praxis urbanística y sus múltiples escalas, interacciones y discursividades, a partir de una reconstrucción histórica de las principales iniciativas municipales e inmobiliarias de los últimos años para rehabilitar esta zona del litoral, así como de sus impactos sobre la población y el barrio antiguo de familias pescadoras. Los autores muestran cómo interactúan los distintos agentes sociales con capacidades, intereses y capitales divergentes en el proceso de renovación de la costa de Rosario, en medio de la tensión entre los intereses políticos e inmobiliarios de los promotores del proyecto y las expectativas y formas de habitar de quienes viven y trabajan en la barriada de pescadores del Remanso.

Al evidenciar los intereses económicos de los agentes promotores de la construcción de una zona recreativa y la extensión de una vía de conectividad automovilística para el Remanso, en el artículo también se muestra cómo la fabricación de discursos estigmatizantes de la población opera de manera estratégica ante la legitimación de este proyecto urbanístico. La construcción de un discurso ligado a la inseguridad existente en la barriada de pescadores del Remanso avala la intervención municipal para la construcción de espacios públicos, de la Hidrovía y del Puente Rosario-Victoria, ofertadas en cuanto mejoramiento de su hábitat. Sin embargo, se ocultan otros efectos el desplazamiento poblacional, la erradicación de las prácticas cotidianas ligadas a la actividad pesquera y la entrega del territorio a los intereses inmobiliarios y financieros del sector privado.

Se trata de un caso paradigmático que demuestra cómo la identificación de las necesidades de la población local y la conservación de las apropiaciones cotidianas del Remanso no han sido incluidas en los planes urbanos gestionados por la municipalidad. El artículo aporta evidencias empíricas, producto del trabajo de campo, respecto a las dificultades de la perspectiva urbanística para reconocer el sistema de organización espacial producido “desde abajo”, por quienes han poblado la costa del río desde hace setenta años. Los autores abogan por establecer umbrales de entendimiento frente a estas dimensiones en disputa, destacando las tácticas de resistencia de las poblaciones locales que han sobrevivido a pesar de los intentos institucionales por erradicarla. Se advierte que, de prosperar la reconversión del Remanso Valerio, se  convertiría en el proyecto canalizador y modélico para colonizar urbanísticamente los otros asentamientos populares costeros de la franja sur de Rosario. 

Al develar las retóricas promotoras de las transformaciones urbanísticas, quedan al descubierto las continuidades y rupturas en los modelos de gestión urbana implementados. Así se plantea en el artículo “¿Hay un modelo urbanístico poscovid? La pandemia comocatalizadora de transformaciones urbanas en Buenos Aires”. Tras estudiar los programas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA) para el rediseño de los espacios públicos impulsados durante la pandemia, Diego Ezequiel Vázquez y Martina Daniela Berardo exponen las paradojas de esta reforma urbanística, cuyo fin era diseñar y justificar la política municipal, bajo un discurso que, por un lado, promovió dicha reforma en cuanto respuesta idónea y novedosa a los desafíos de la crisis sanitaria, y, por otro, prolongó los procesos de limpieza social, y de vigilancia y control de los usos, prácticas y conductas en los lugares públicos.

Los resultados expuestos en este artículo se podrían considerar una tendencia en las ciudades tras la pandemia, evidente en la promoción de planes de movilidad sostenible que los Gobiernos locales han asumido como prioridad para producir ciudades saludables, de distancias transitables más cortas y que fomenten la movilidad no motorizada, por ejemplo, los desplazamientos a pie o en bicicleta. Si bien no es reciente esta preocupación por la reforma de los sistemas de transporte para avanzar hacia la descarbonización, es durante y después del confinamiento experimentado a nivel global durante 2020 que este paradigma urbano se ha posicionado en la vanguardia mundial. Tal y como sucede en Buenos Aires, los Gobiernos locales de grandes ciudades apostaron por operaciones de urbanismo táctico, la implementación de supermanzanas y otras reformas en las redes de transporte para alcanzar el modelo de la “ciudad de los 15 minutos”. Aun cuando resulta fundamental la previsión de una adecuada planificación de las infraestructuras de movilidad y dotación de lugares para el ocio y la recreación, en las retóricas promotoras de este tipo de reformas del espacio público se olvida, una vez más, que operan como dispositivo técnico y administrativo para encubrir procesos de mercantilización y de control social.

Aunque la pandemia reforzó retóricas preexistentes sobre el espacio público,enel artículo también se exponen los matices que caracterizaron las diferentes fases de intervención en la ciudad de Buenos Aires: la adopción del paradigma de movilidad consumido a nivel global para convertir a estos espacios en lugares seguros ambiental y socialmente; reconquistarlos apelando a resguardos higiénicos y sanitarios; y ofertarlos nuevamente como sitios ideales para pasear y satisfacer prácticas de consumo. Detrás del rediseño y embellecimiento de los espacios públicos, para gestionar la distancia física y promover su uso intensivo, opera, en rigor, la continuidad y la reedición de la tradición higienista del urbanismo, en el sentido de que la reforma del entorno para generar espacios saludables tiene como último fin el refinamiento de procesos de limpieza social. Vázquez y Berardo sostienen que la pandemia funcionó como un acelerador de criterios de transformación urbana, que no solo se venían implementando con anterioridad en las actuaciones del GCBA, sino que dan continuidad al higienismo, ideología fundante del urbanismo, como disciplina que ha justificado las reformas de las ciudades desde el siglo XIX hasta la actualidad.

Las tensiones entre la reproducción de la vida cotidiana y la perspectiva institucional de la gestión urbana se examinan en el artículo “Habitar territorios en riesgo: apropiaciones espaciales y disputas simbólicas en dos barrios periféricos de Quito”, a partir de la catalogación de estos como zonas de riesgo. Dada la predominancia de estudios que priorizan la información geológica, hidrográfica, topográfica o climática a la hora de evaluar y comprender el riesgo en determinados territorios, el artículo representa un aporte desde el campo de las ciencias sociales, ya que introduce la noción de habitar para indagar las representaciones y acciones de quienes viven en estas zonas de riesgo, así como las negociaciones que intentan lograr frente a los técnicos municipales. Con este enfoque, Alfredo Santillán y Elisa Puga-Cevallos demuestran que la propia población entiende la reproducción de la vida cotidiana en cuanto bien a proteger frente a las declaratorias de riesgo. A la vez, esta reafirmación de su presencia en zonas expuestas a serias amenazas naturales no solo podría incrementar la acumulación del nivel del riesgo, sino que se complejiza hasta el extremo de desestimar la misma situación riesgosa. 

Con los resultados de este estudio, Santillán y Puga-Cevallos identifican las dificultades de los gestores urbanos, encargados de elaborar los diagnósticos de riesgo tradicionalmente sustentados en criterios de evaluación de las características físicas, para detectar las preocupaciones de la población del lugar. De ahí que las soluciones técnicas sean inviables socialmente, pues ignoran las operaciones materiales y simbólicas de la población. Esta disparidad entre los criterios institucionales y los marcos interpretativos de quienes viven en el barrio invita a reflexionar sobre el tecnicismo de la gestión del riesgo –y la gestión urbana en general– para superar la posición irrefutable de la cientificidad y entender el habitar como una entrada analítica indispensable para el proceso de toma de decisiones de las políticas urbanas. 

Los efectos de la urbanización sobre la pérdida de prácticas, formas de organización colectivas y memorias cotidianas se retoman en el artículo “La cuidad se hace en la fiesta: transformaciones periurbanas en las celebraciones patronales de Guadalajara”, a partir del análisis del proceso de metropolización y de periurbanización de Tesistán (Guadalajara, México). Samuel Hernández-Vázquez y Carlos Ríos-Llamas estudian cómo esta localidad se convierte en un nodo estratégico de la periferia para concentrar la dotación de servicios y canalizar las presiones modernizadoras a través de la expansión inmobiliaria en este antiguo territorio agrícola. Ponen la mirada en las tácticas que sus habitantes conservan como parte de la memoria colectiva, a pesar de los impactos de homogeneización cultural, precarización y deterioro ambiental acarreados por las políticas de expansión y la sobreoferta de vivienda popular. Así, a través del análisis de la fiesta patronal, evidencian cómo estas prácticas rituales y los dispositivos de la memoria anclados en las fiestas constituyen un mecanismo de resistencia ante las transformaciones urbanísticas promovidas bajo la retórica del progreso. La fiesta patronal de Tesistán, en su calidad de artefacto de la memoria, revela varios aspectos: los acontecimientos conservados como legado de identidad de los sectores populares, la expresión de maneras de habitar que reflejan el umbral entre lo rural y lo urbano, y las formas de resistencia ante los procesos de urbanización. Así, frente a las transformaciones territoriales, la memoria colectiva prevalece. Se ejemplifica cómo los elementos rituales de la fiesta patronal articulan el territorio y las maneras de habitar, y de cómo la incesante labor del habitar resiste, a pesar de las presiones inmobiliarias que persiguen la reconfiguración socioespacial.

Para concluir esta presentación, reiteramos que este dossier aporta valiosas reflexiones sobre la interacción entre el entorno construido y las formas de habitar en diversas ciudades de América Latina, en contextos de mercantilización espacial. Lo anterior se logra a partir del análisis de los impactos sociales provocados por las transformaciones urbanas, la funcionalidad adscrita a las prácticas y apropiaciones espaciales, y la dimensión simbólica que interviene en la producción de la ciudad. Las perspectivas críticas con que han sido pensados los artículos aquí reunidos ponen en evidencia los intereses económicos y políticos que operan detrás de las reformas del espacio urbano y sus impactos sobre la vida social.

Acceso al núm. 75

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