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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

Jorge Vilches. Pol Pot, cómo exterminar un tercio de la población de un país

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Unos paniaguados de la Ley de Memoria Histórica soltaron el bulo de que España era el segundo país del mundo con más desaparecidos tras Camboya. El país asiático sufrió la mayor tragedia de aquel continente, tras China, y ambos gracias a los comunistas. El autor del genocidio camboyano fue Pol Pot, un auténtico desconocido, que acabó con un tercio de la población de su país, cerca de dos millones y medio de personas. Si usted lleva gafas sepa que Pol Pot hubiera ordenado su muerte. El dictador comunista mandó ejecutar a todo aquel que supusiera una desviación de la naturaleza. Prohibió las medicinas y quemó las bibliotecas para devolver Camboya al estado primigenio, al trabajo en el campo y la subsistencia. Creían que la civilización burguesa había contaminado al hombre, y que la salvación de la humanidad era devolverla a la prehistoria.

Pol Pot había sido un niño rico. Estudió en Francia en 1949, donde estuvo tres años. Allí frecuentó el Partido Comunista, sintiendo una auténtica fascinación por Stalin. Conoció en la ciudad francesa al círculo que se convertiría en el grupo genocida camboyano: Ieng Sary, Khieu Samphan, Son Sen y Huo Yuon, que idearon la dictadura del Estado de Kampuchea. En 1951 fundaron el Partido Comunista de Camboya, y en 1962 Pol Pot fue elegido secretario general. Al año siguiente, al estilo del Che Guevara, crearon una guerrilla, los Jemeres Rojos, y se internaron en la jungla del noroeste del país. Mezclaban la liquidación social con el comunismo campesino. Reclutaron a los más jóvenes, como hicieron las guerrillas latinoamericanas, a partir de 12 años. En 1970 estalló una guerra civil en Camboya. El general Lon Nol quiso derrocar al príncipe Norodom Sihanuk con el apoyo de Estados Unidos. Dicho príncipe pidió ayuda a China. Ahí cobraron importancia los Jemeres Rojos, auxiliados por la propia China y Vietnam del Norte.

Cinco años después, el 17 de abril de 1975, Pol Pot entró con sus jemeres en Phnom Penh, la capital. A partir de ahí empezó el genocidio. Vació las ciudades e instaló a la gente en el campo. El maoísmo hizo el resto. Fue una copia del «Gran Salto Adelante». Pol Pot quiso llenar la Camboya vaciada, y envió a sus compatriotas a campos de trabajo con jornadas de 20 horas al día. Miles de personas murieron de agotamiento. En las ciudades se crearon campos de exterminio, al estilo nazi y soviético. Es famosa la prisión de Tuol Sleng, situada en Phnom Penh, una antigua escuela francesa. Ahí fueron torturados y ejecutados entre 12.000 y 20.000 personas. Descargas eléctricas, vivisecciones y sadismo en más de 150 prisiones por todo el país. Pol Pot y sus comunistas liquidaron a todos los que tenían una profesión «capitalista», como abogados, profesores y médicos, e incluso a aquellos que sabían un segundo idioma. La propiedad privada quedó abolida. La comida la suministraba el partido comunista. Tener una olla particular era considerado un delito, al igual que vestir de una manera distinta. Se ordenó a los campesinos que produjeran dos litros de orina al día para usarlo como fertilizante. Sembró la frontera con Tailandia de minas antipersona para evitar la salida del país. Obligó a una indumentaria a todo el mundo: blusa negra de manga larga abotonada hasta el cuello. Se prohibió la exhibición de sentimientos, como el llanto, porque era una demostración de debilidad.

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