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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

Joel Ortega Juárez. ¿Qué hacer?

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En estos días he tenido algunas pláticas con viejos amigos y camaradas, con cuates más recientes y han aparecido cartas, llamados de personajes de las élites en torno a la situación crítica que vivimos en México.

Existe una creciente preocupación por encontrar un camino, para impedir la imposición de un Estado militarizado.

Durante casi toda mi vida me ha tocado participar en múltiples batallas en defensa de la libertad y contra el capitalismo mexicano en sus diversas formas.

Siempre es desafiante encontrar rutas que consigan sumar a los diferentes. Lo más frecuente y cómodo es agruparse solamente con los que están de acuerdo en casi todo. Esa actitud denominada sectarismo, conduce al aislamiento y a una intolerancia dogmática, donde prevalece esa leyenda de ”mientras más puros mejor aunque seamos pocos”, también lleva al absurdo planteamiento de “si la realidad no coincide con la teoría pobre realidad”.

Un cierto instinto me hace sentir que estamos ante fenómenos inéditos y ante situaciones que pondrán a todos a prueba.

Más allá o más acá de las encuestas, se siente una creciente inquietud y desacuerdo con el gobierno de López Obrador.

Recientemente me encontré con un antiguo maoísta de los sesenta, que también fue delegado al CNH del 68 y me sorprendió gratamente su crítica al gobierno. Aparentemente hay muchos como él, incluso algunos que públicamente han apoyado a la Cuarta Transformación y específicamente a López Obrador.

También he conversado con amigos muy lúcidos y agudos, que incluso votaron por AMLO y ahora están buscando qué hacer para derrotarlo. Alguno de ellos dice que el acuerdo principal del momento es hacer todo lo necesario para lograr ese objetivo.

Compañeras y amigas de varias décadas de amistad y de lucha están hartas de los atropellos de AMLO y sus posturas antifeministas y de confrontación con los movimientos ambientalistas, de pueblos originarios y la militarización nacional.

Entre los chavos hay todo tipo de actitudes. Han surgido experiencias muy originales y formas de participación mucho más variadas que las tradicionales o las de los años sesenta. Desconfían profundamente de los partidos y la vía electoral. Su actividad se realiza por ámbitos muy novedosos en las comunidades, la organización de los consumidores, los grupos autogestionarios y múltiples formas de resistencia no institucional, hay una inédita participación en y por medio de la cultura, en su sentido más amplio.

Las oposiciones liberales y partidistas actúan solamente en el ámbito electoral.

¿Podrán confluir ambas oposiciones?

Compañeros con los que he compartido batallas en el medio universitario, en el sindical, en el partidista e incluso en la herejía de haber llamado a votar por Vicente Fox, están muy interesados en descifrar el momento que estamos viviendo. Se trata de compañeros muy comprometidos y congruentes, incluso hay quienes votaron por AMLO, pero consideran que este gobierno ha cometido una estafa a los electores que votaron por él para realizar un cambio y el presidente hace exactamente lo contrario.

Muchos militantes de grupos comunistas, trotskistas en donde predominan los jóvenes, tienen una abierta oposición al gobierno de la 4T. Dado que sus políticas están “al servicio de la burguesía” y además realizan proyectos contra el medio ambiente y las comunidades originarias, el Tren Maya, las Presas de Morelos y en el Valle del Yaqui, el transístmico y ahora la pretensión de llevar las cerveceras al sur del país.

En el medio universitario crece el rechazo a las políticas gubernamentales y a sus proyectos, como las llamadas Universidades Juárez, donde hay una política laboral muy patronal y de una precariedad casi total en los derechos laborales de los académicos.

Ese rechazo al gobierno está presente en las normales, donde se ha usado la represión contra los estudiantes.

Percibo un clima similar al de 1987-88. Porque como entonces hay un descontento que puede ser canalizado por medio de un frente electoral, en ese caso se trató de un frente de las izquierdas aliadas con la disidencia del PRI.

Por paradójico que parezca, también siento un parecido con el proceso de la campaña del 2000 que sumó a millones contra el PRI y consumó la primera alternancia en el gobierno por vía electoral derrotando al PRI: Hazaña que defraudó Vicente Fox como presidente.

Además del universo anteriormente descrito y al que conozco mejor, están los frentes partidistas y de grupos civiles e incluso empresariales que tienen el objetivo de tener una candidatura opositora única para las elecciones de 2024.

En ese complejo panorama no está nada sencillo construir una opción que tenga viabilidad.

Resulta muy difícil tener como única opción la de un frente electoral contra Morena, basado en el bloque PAN-PRI-PRD. No solo para los opositores de las izquierdas, sino para muchos electores opuestos al PRI por décadas es un viraje casi imposible votar ahora por un bloque de PRI-PAN. Todavía resulta más complicado cuando vemos los escándalos en el PRI y en el PAN de sus principales dirigentes.

La cuestión es que si no hay una candidatura opositora única, el triunfo de MORENA es inminente.

En mi caso personal, tengo más de 20 años de no votar por ningún candidato o partido electoral a ningún cargo. He optado por anular mi voto, no por abstenerme porque la abstención siempre favorece a los poderosos.

Los tiempos están corriendo muy rápido. Pronto vencerán los plazos para el registro de nuevos partidos, pero, aunque estuvieran abiertos la experiencia nos dice que es casi imposible que registren partidos verdaderamente autónomos. Las candidaturas independientes son aún más imposibles, están hechas para grupos muy poderosos con mucho dinero para reunir las firmas y realizar las asambleas correspondientes.

No se pueden descartar fenómenos extra parlamentarios, como los ocurridos en Chile que lograron derrotar a la clase política e imponer la convocatoria a un Constituyente y luego construyeron una alianza electoral que triunfó con Boric.

Ante los graves actos militaristas y contra los más elementales derechos democráticos que realiza el presidente Andrés Manuel López Obrador, se requiere imaginar una ruta o una serie de caminos para poder unir a las oposiciones tan diversas tanto políticamente, ideológicamente y socialmente. Es una labor individual y colectiva de mucha gente.

Es un caleidoscopio ese complejo universo opositor.

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