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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

José María Zavala entrevista a Stanley G. Payne

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El hispanista estadounidense analiza la situación política internacional, desde la guerra de Ucrania hasta la pasividad de Biden y las nuevas izquierdas. A juicio de Luis María Ansón, la entrevista es «un espejo en el que se refleja de forma descarnada la realidad del mundo actual. Subraya Payne el colapso de gran parte de la civilización occidental, el auge del neomarxismo alentado por la revolución cultural, así como la sustitución del cristianismo por un humanismo mecanicista y transhumanista».

Payne admite la posibilidad, aunque improbable a su juicio, de una escalada mundial del conflicto y califica a Vladímir Putin de «demonio» y a Joe Biden, de presidente «senil, confuso y débil». Advierte que «el porvenir será difícil y muy peligroso» por el auge de China y el colapso de una gran parte de la civilización occidental, como consecuencia de la revolución cultural del «neomarxismo» y la sustitución del cristianismo por el humanismo mecanicista y transhumanista. Y respecto a España, más que la grave situación económica le preocupa su alarmante fragmentación política.

Recogemos algunos fragmentos de la entrevista, que puede descargarse íntegra en la fuente original a través de este enlace.

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¿Pudo haberse evitado la invasión rusa de Ucrania si hubiese existido una negociación decidida y voluntariosa entre Estados Unidos y Rusia?

Parece que sí. Por lo menos fue el argumento empleado antes por Henry Kissinger, como, más modestamente, ha hecho mi antiguo alumno Mario Loyola en un artículo suyo publicado en la revista «National Review». Ciertamente, existía entonces esa posibilidad pero al final se desechó.

¿Cuáles son las causas reales de la invasión rusa de Ucrania?

Las razones tienen que ver con la OTAN y la falta de acuerdos sobre Crimea y el Donbas. Además, al tratar con un presidente americano senil y débil, Putin creyó que tenía una oportunidad muy favorable, aunque finalmente no resultó exactamente así.

[…]

¿Le preocupa el auge exacerbado de los nacionalismos en Europa y, sin ir más lejos, también en España?

El nacionalismo fue el movimiento revolucionario por excelencia del siglo XIX hasta 1945, y luego se extendió a otras partes del mundo. En Europa, el verdadero problema es más el «micro-nacionalismo», aunque puede ser necesaria alguna reforma de la Unión Europa.

Hay quienes caen ahora en la cuenta de que Mussolini llegó al poder en 1922 y que hoy, justo 100 años después, la «ultraderecha» italiana, como ellos la denominan, parte como favorita en las elecciones del próximo 25 de septiembre. ¿La historia tal vez se repita hoy aunque con distintos matices?

No lo creo. El ultranacionalismo no es ninguna tradición italiana arraigada, como sí lo es el autoritarismo y el expansionismo militar en Rusia. No hay peligro de un «atavismo» político en Italia semejante al ruso. Eso de ondear el espantapájaros del «fascismo» es casi siempre una argucia política, aunque también hay periodistas y profesores que encuentran en ello un modo barato y postizo de garantizarse más empleo. Como dijo Marx, cuando la historia «se repite» es casi siempre como farsa. Ahora bien, es muy distinto si se trata de una verdadera tradición nacional de siglos, como es el caso del autoritarismo y militarismo expansionista rusos. Pero la tradición italiana es muy diferente de la rusa, porque no se trata del fascismo sino del «transformismo»: todo partido de tipo neofascista o de ultraderecha se ha transformado allí, como sucederá del mismo modo con los «Fratelli d’Italia».

[…]

¿Qué le preocupa más de lo que está sucediendo hoy en España? La recuperación económica será larga, dura y difícil, pero aún peor es la fragmentación política, a la cual no se ve ningún remedio inmediato. En el siglo XXI, las izquierdas españolas se han vuelto a su vómito, enarbolando de nuevo la bandera de su tradición de los exaltados desde 1821, brevemente superada durante los años de la Transición. Además, como es típico de las izquierdas españolas siempre tan destructivas, están muy reñidas entre sí.

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