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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

Antonio Alarcos. ¿Permanecer pasivos ante la vulneración flagrante de nuestros derechos más básicos y elementales?

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La fuerza de este artículo, escrito ciertamente desde la pasión, radica en que pone de manifiesto las tremendas incoherencias de quienes se han atrevido a imponernos normas coactivas, sin que les asistiera un conocimiento mínimamente razonable de las causas y de las características de lo que impropiamente la Organización Mundial de la Salud llamó ‘pandemia’.

La acumulación de errores cometidos no ha venido acompañada del imprescindible mea culpa; y no sólo eso: además de practicar el «sostenella y no enmendalla», estos irresponsables, en su osadía inaudita, siguen estableciendo disposiciones coactivas que literalmente contradicen las que habían impuesto meses antes. Con ellos, ha sucumbido el principio de contradicción. A partir de ahora, A=no A. Y olé.

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Anonadado, ojiplático, estupefacto y desconcertado: así debería quedar usted tras enterarse de que la Comisión de Salud Pública de España decidió el pasado 22 de marzo que los casos confirmados de COVID19 con síntomas leves no realizarán aislamiento a la par que se mantienen otras medidas.

Durante los dos últimos años usted ha sido aislado de su entorno social, maltratado psicológicamente a través de los medios de comunicación, coaccionado para administrarse un fármaco con una tecnología nunca antes probada en humanos y ha sido económicamente arruinado. Así: tal cual, sin matices.

Me estoy dirigiendo concretamente a usted que me está leyendo: ¡mírese!; ¿recuerda cómo era su vida?, ¿recuerda cuáles eran sus preocupaciones?, ¿recuerda sus sueños?, ¿recuerda sus aficiones?, ¿recuerda qué tan amplio era su círculo social?, ¿recuerda cómo se relacionaba con los demás?

Dos años de distopía es tiempo suficiente para que usted haya sido completamente alienado: su personalidad ha cambiado, usted ha sido condicionado por limitaciones impuestas que han propiciado cambios en su entorno social, económico y cultural. ¿Cree que ya está acabando lo peor?

Usted ha aceptado, y sigue aceptando, todos estos cambios nocivos para usted y para todos de forma sumisa. Usted sigue tragando con la vulneración flagrante de sus derechos más básicos y elementales. Usted sigue aceptando decisiones políticas arbitrarias, dañinas, esperpénticas e injustificables; una detrás de otra, sin un mínimo de crítica, sin ninguna reacción o reflexión. ¿Y cree, de verdad, que lo peor ha pasado?

Unos cuantos políticos, a los que no se les ha exigido ninguna formación ni bagaje para ostentar sus cargos, se reunieron y decidieron eliminar la obligatoriedad de los aislamientos para las personas con infección confirmada de SARS-CoV-2 que cursen con enfermedad leve o que no estén enfermos (los llamados asintomáticos) a partir del lunes 28 de marzo.

A estas alturas y teniendo un mínimo de sentido común, usted sabrá que la primera medida cautelar ante una enfermedad infecto-contagiosa es la de aislar a los enfermos ¿verdad?. Entonces, siendo la primera medida que hay que tomar para evitar nuevos contagios, ¿no debería ser también la última medida en ser retirada?. No lo piense mucho: la respuesta es sí.

Sin embargo, en la práctica, el sentido común no se aplica: total, ¿para qué? ¡si usted traga!:

En la práctica, su hijo sano deberá seguir llevando la mascarilla en el colegio o en el instituto rodeado de otros niños sanos. Y usted traga.

En la práctica, usted, que está sano, deberá seguir utilizando el cubrebocas en el gimnasio mientras hace deporte. Y traga.

En la práctica, una persona con Certificado COVID podrá viajar estando infectado, mientras que una persona sana y no infectada no podrá hacerlo si no se ha pinchado o tan sólo por haber rechazado la última dosis. Y usted traga.

En la práctica, usted deberá mantener su cara tapada en el cine, en el teatro o en un concierto con, al menos, un trapo de tela o una mascarilla reutilizada durante días. ¿Por qué? Pues no lo sé, pero usted traga.

Quizá podría llegar usted a pensar que, si se eliminan los aislamientos de las personas infectadas, sería previsible que el número de contagios aumentará o, incluso, pudiera llegar a dispararse. ¡No se preocupe, hombre!. Eso no va a pasar. ¿Sabe por qué? Porque estos mismos políticos decidieron en esa misma reunión que las pruebas diagnósticas ya no se harán con carácter general: sólo se realizarán para casos graves de COVID19, mayores de 60, inmunodeprimidos, embarazadas y personal sanitario o sociosanitario. ¿Ve qué fácil? Si no hacemos pruebas, no detectamos “casos”, y si no encontramos los “casos”, la incidencia no sube: jugada maestra.

Usted ha sido sistemáticamente adaptado y acostumbrado al terror, a los toques de queda, a los confinamientos, a la pérdida de derechos, a la ruina económica y a la muerte: está tan acostumbrado a todo esto que ahora nuestros políticos han decidido cambiar el caballo bayo por el caballo rojo, es decir, que toca guerra. ¿Cuál ha sido su reacción? Que usted traga. Se le podrán, quizá, atribuir muchos defectos; pero no el de imprevisible.

Ante las tamañas tragaderas que usted tiene casi me da reparo hasta insinuarlo, pero me veo en la obligación moral de hacer esto directamente ante el caos y la ruina a la que nos están llevando, de tal modo que ¿le puedo pedir un favor?: Apague la televisión, piense en todo lo que ha pasado, observe las incongruencias, detecte las mentiras, deje de tragar y trate de impedir que se genere un nuevo orden mundial en el que todos nos convirtamos en esclavos o en carne de cañón. Defiéndase directamente de aquellos que tratan de convertirnos en eso. No están lejos, no están en un país remoto: los tenemos aquí, nos están destrozando la vida y todo indica, a la vista de las decisiones que toman en todos los ámbitos, que no cesarán en su empeño de empeorar aún más la situación.

Así que ya sabe, piense, reflexione y «si vis pacem, para bellum».

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