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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

Carlos García Miranda. Carta a los que les molestan los niños

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Parece ser que creéis que el mundo y sus planes de ocio deben dividirse entre los que tenemos hijos y los que no queréis ver niños ni en pintura. Así me lo dijo una pareja de vuestro rollo que tuvo la desgracia de coincidir con mi hijo en una exposición de fotos. Su madre y yo estábamos enseñándole las obras al mismo tiempo que intentábamos que no se escapara ni pegara grititos de esos que significan “me lo estoy pasando guay”. Justo soltó uno al lado de esa pareja que, tras maldecirlo entre dientes, acabó por decirnos que el niño no tenía que estar allí.

Le explicamos que los bebés tienen que aprender a comportarse, pero que desde antes tienen el mismo derecho que cualquiera a disfrutar de una exposición del ayuntamiento. Eso mismo les dijo el de seguridad al ver la movida, y la responsable, que insistió en que nos quedáramos porque ese espacio era de todos, aunque al final nos fuimos para no discutir. Los de la niñofobia estáis convencidos de que las familias debemos mantener la distancia en barrios periféricos en los que solo hay centros comerciales con parques de bolas.

El caso es que hace nada leí la noticia de que los índices de natalidad están por los suelos porque no hay trabajo ni acceso a la vivienda. Es por eso, pero también porque vivimos en una sociedad que castiga tener hijos (e igual por eso a ti te molestan). Si apuestas por ello, ya puedes olvidarte de compatibilizarlos con las calles del centro, que los carritos no casan con los bolardos ni con los alquileres de más de dos habitaciones. Tampoco encajan en los restaurantes buenos, ni en los trenes con vagones silenciosos, aunque en donde de verdad se pone difícil la cosa es en el trabajo.

Ser padre supone hacer malabares para cuadrar horarios de guarderías y marcarse horas extra de tapadillo de trabajo para que no noten que estás criando a un niño, a ver si se van a pensar que ya no tienes proyección (sí, ya sé que lo he elegido yo). Esa imagen de “tengo todo controlado” tienes que dársela al jefe, a tus compañeros con opciones de quedarse el puesto y a la sociedad capitalista. En las mujeres se multiplica por veinte, que si lo dan todo por el trabajo hasta petarlo son ejemplos de emprendimiento, pero como digan que a las cinco sueltan el boli para cuidar a su familia son víctimas del heteropatriarcado. El nuevo feminismo debería centrarse más en eso y menos en si un maleducado va con las piernas abiertas en el metro.

Vivimos en una sociedad plural que suma todas las edades, incluidos niños movidos, bebés gritones y parejas irascibles. Todos somos necesarios. Nuestros hijos ahora lo parecen menos, pero serán los que igual montan una exposición para contar que al final salió bien lo de España 2050. El futuro de todos no puede molestaros.

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