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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

Manuel Ferrer. La Navidad que se nos va

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Hace años adapté estos versos de la Novena de Aguinaldos al gusto actual, porque el lenguaje de la versión tradicional resultaba ininteligible, por anticuado. Fue un regalo que quise hacer a Diana, mi esposa, como reconocimiento de amor a Colombia, su tierra.

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Gozos ante la Venida del Niño Dios

-Dulce Jesús mío,

mi niño adorado,

¡ven a nuestras almas,

ven, no tardes tanto!


-¡Maravilla inmensa

de mi Dios amado,

que hasta hacerte un niño

Tú te has rebajado!

-¡Oh Divino Niño,

ven para enseñarnos

la prudencia que hace

verdaderos sabios!

¡Ven a nuestras almas,

ven, no tardes tanto!


-¡Oh, Dios poderoso

que, amoroso hablando,

al pueblo de Israel

diste los mandatos!

Ven, no te retrases,

para rescatarnos.

Y que un niño débil

muestre fuerte brazo,

¡Ven a nuestras almas,

ven, no tardes tanto!


-¡Oh raíz sagrada

de Jesé, en lo alto

erguida y alzada,

muestras el camino

a tu pueblo santo!

-¡Niño de mi alma,

que has sido llamado

lirio de los valles,

bella flor del campo!

¡Ven a nuestras almas,

ven, no tardes tanto!


¡Llave de David

que abre al desterrado

las cerradas puertas

del regio palacio!

¡Sácanos, oh, Niño,

con tu blanda mano,

de la cárcel triste

que labró el pecado!

¡Ven a nuestras almas,

ven, no tardes tanto!


¡Oh, lumbre de Oriente

sol de eternos rayos,

que entre las tinieblas

tu esplendor veamos!

¡Niño tan precioso,

dicha del cristiano,

luzca la sonrisa

en tus dulces labios!

¡Ven a nuestras almas,

ven, no tardes tanto!


¡Espejo sin mancha,

Santo de los santos,

sin igual imagen

del Dios soberano!

¡Borra nuestras culpas,

salva al desterrado

y, en forma de Niño,

da a este pobre amparo!

¡Ven a nuestras almas,

ven, no tardes tanto!


¡Rey de las naciones,

Mesías esperado,

de mi alma anhelo,

pastor del rebaño!

¡Niño que apacientas

con blando cayado

a la oveja arisca,

y al cordero manso!

¡Ven a nuestras almas,

ven, no tardes tanto!


¡Ábranse los cielos,

baje de lo alto

bienhechor rocío,

como riego santo!

¡Ven, hermoso Niño!

Ven, Dios tan amado;

luce, hermosa estrella;

brota, flor del campo.

¡Ven a nuestras almas,

ven, no tardes tanto!


¡Ven, que ya María

extiende sus brazos,

prepara sus risas

al Dios humanado!

¡Ven, que ya José,

con anhelo santo,

se dispone a darte

amoroso abrazo!

¡Ven a nuestras almas,

ven, no tardes tanto!


¡Del débil auxilio,

del doliente amparo,

consuelo del triste,

luz del desterrado!

¡Vida de mi vida,

mi dueño adorado,

mi constante amigo,

mi divino hermano!

¡Ven a nuestras almas!,

¡ven, no tardes tanto!


Véante mis ojos

de ti enamorados.

Abrace tu cuello,

estreche tus manos.

Aun hecho de barro

te aprieto en mis brazos,

te canto la nana,

te miro extasiado.

¡Ven a nuestras almas,

ven, no tardes tanto!


-Ven, Salvador nuestro,

por quien suspiramos,

¡Ven a nuestras almas,

ven, no tardes tanto!

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