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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

Coronavirus en Colombia y República Dominicana

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Recogemos un texto de una profesora universitaria colombiana que realiza una estancia en República Dominicana como Docente de Alta Calificación.

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Jacqueline Murillo. El candor y el realismo mágico

¿Quién lleva los pantalones?

Colombia, con 50 millones de habitantes, presenta un balance que arroja la suma de 4.881 contagiados y 225 fallecidos. Ante la cascada de infortunios y exabruptos que ha traído esta situación del coronavirus, las administraciones, como en un partido de fútbol, se tiran la pelota, hasta el punto de predicar al otro sobre lo que hay que hacer, aunque el que sentencia tampoco hace nada o sencillamente prefiere hacer parte del espectáculo que mueve masas.

En Bogotá, la capital del país, la alcaldesa ha demostrado las garras que requiere tener una líder y ha tomado el bastón de mando, pese a los tumbos del presidente que hasta ahora parece que se está despertando del sueño profundo que cohabita con los banqueros e industriales. Amasando exuberantes ganancias que tuvieron los bancos en el 2019, el ministro de Hacienda ha favorecido al sector bancario con una inyección robusta de 9 billones, dinero sacado de las arcas de las pensiones del Estado para que los bancos puedan prestar dinero con bajos intereses a los medianos industriales y comerciantes.

Con este panorama tan desolador en términos de resguardar los grandes capitales y desproteger al ciudadano, el presidente de los colombianos convoca a que todos sean patriotas: ¡levantad las banderas!, ¡cantad el himno nacional! Si con esas consignas fuera a resolverse el hambre de los 5 millones de habitantes que viven en las goteras de Bogotá, solo por mencionar a la capital, entonces ya podemos dormir tranquilos, que mañana degustaremos caviar en el desayuno.

Vuelvo al tema de la alcaldesa: decidida a priorizar la vida antes que a resguardar los grandes capitales, ha tomado la vocería para proteger a los sectores más vulnerables de la capital, con pedagogías de impacto para prevenir contagios cuando sea la fecha programada por el gobierno nacional para que sectores como la industria, la construcción y la manufactura puedan a media marcha reanudar sus jornadas con horarios más cortos. Una pedagogía con sentido social y a rajatabla, si se quiere, es la que ha liderado la alcaldesa con determinación y templanza. Es lo que cualquier administrador debiera hacer para salvaguardar a sus ciudadanos que ahora más que nunca se sienten en la orfandad total con un presidente que da tumbos como un futbolista intentando ensartar el balón en el arco, mientras sus ministros dan gambetazos para simular un partido en equipo y sin resultados.

Una isla para dos…. O el realismo mágico

La Española, aquella isla caribeña que albergó la primera Audiencia americana, está compartida por dos países soberanos: Haití, que funge como el país más pobre de América Latina, con 11.12 millones de habitantes, un registro de 72 infectados por el coronavirus y 5 muertos (datos a 17 de abril), y República Dominicana, con 10.63 millones de dominicanos, y un balance al 24 de abril de 5.749 de infectados y 267 fallecimientos.

A vuelo de pájaro y a ojo de buen cubero, se podría analizar la situación de este último país desde varias aristas: la principal fuente de ingresos de República Dominicana es el turismo, o era el turismo (para hablar en términos reales), con 7 aeropuertos, 5 de los cuales internacionales, que recibían turistas de todas las latitudes; y puede que el turismo haya sido un factor determinante en el número de contagiados y fallecidos. De otro lado, también se puede suponer que han influido las carencias en materia de salud, con fuerte incidencia de la diabetes y con muy difundidos problemas coronarios, todo ello causado por los hábitos alimenticios de su población.

Pero hay también algunas especificidades de Dominicana que adquieren cierta relevancia. Se ha decretado toque de queda desde las 17 horas a las 6 de la mañana; sin embargo, durante el día la vida transcurre con normalidad y el confinamiento es voluntario. Esto en un país, como suele pasar en la gran mayoría de Latinoamérica, sin solvencia sanitaria ni planes de contingencia para evitar la extensión del virus.

El gobierno carece de políticas claras para enfrentar la pandemia, llama a la cordura y agradece al pueblo dominicano que respete el toque de queda; pero se lava las manos diciendo que es responsabilidad de cada quien, si sale de casa, contraer el virus; y tampoco tiene un plan de contingencia para aplicar pruebas, ni hospitales para atender a tantísimos contagiados. Por todo eso, el panorama no es nada alentador. En este país, descalcificado por la corrupción, prima más el pensamiento mágico y la recurrencia a cuanto mantra se ocurra a sus imaginativos habitantes; y se repite la cantinela: hemos superado huracanes, ¿por qué ahora no superaremos este virus?, Jehová todo lo preservará.

El caso de Haití, con su baja tasa de infectados y fallecidos, puede explicarse porque la población es muy joven, y porque casi ningún extranjero, amante de los hoteles cinco estrellas o del turismo que llaman ecológico (además de la corrupción, la deforestación ha sido también el cáncer de Haití), se interesa en visitarlo: y no se olvide que la difusión del coronavirus ha seguido las vías del turismo.

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