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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

La Universidad, una institución valetudinaria ¿o baletudinaria?

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La Comedia Humana

La endogamia es, tal vez, la más grave enfermedad que afecta a la institución universitaria en muchas partes del mundo. En los casos de España y de Ecuador, que conozco de cerca, no hay ninguna duda al respecto. La anterior entrada de este blog invita precisamente a una reflexión sobre este punto: «Esta facultad es superendogámica; todos son padres, hermanos y hasta amantes».

Pero acaba de descubrirse otra enfermedad que los aficionados al fútbol conocerán por referencias: el ‘baleísmo’, que toma su nombre de un jugador galés que recaló en el Real Madrid hace siete años como la gran esperanza, y que arrastra su desgana por los campos de fútbol, encantado de cobrar una fortuna sin necesidad de partirse el pecho en la cancha.

Así lo ha diagnosticado John Carlin en un reciente artículo publicado en La Vanguardia de Barcelona, en el que identifica a Gareth Bale con la desidia.

“Lleva la desidia –o el pasotismo– a órbitas nunca vistas. La ausencia de complejos con la que exhibe su falta de interés por un trabajo por el que le pagan fortunas, sabiendo perfectamente que cientos de millones miran con lupa todo lo que hace (o lo que no hace) por televisión, le concede lo que me atrevería a llamar la condición de héroe universal. 

[…]

“Cuando lo ponen en el banquillo de suplentes, su hábitat natural, muchas veces no sale ni a calentar. La precisa naturaleza de las múltiples lesiones que le impiden con excesiva frecuencia vestirse de corto suele ser un misterio, lo que genera la sospecha de que a sus virtudes se suma la hipocondría. Para ser justos, cuando no juega por lesión, o por lo que sea, se suele tomar la molestia de acudir al estadio y sentarse en las gradas, aunque nunca visiblemente animando a sus compañeros o demostrando un particular interés por lo que ocurre en el campo. Lo habitual en tales circunstancias es que abandone el estadio unos diez minutos antes del final del partido para evitarse el tráfico en la vuelta a casa.

[…]

“Según todo indica, le importa un pepino lo que la gente piense de él. Es un monumento a la viveza, pero ni se jacta ni se defiende de ello. Será un encanto en su vida privada, no lo sé, pero como personaje público es lo más soso que hay. Le lanzan palos en la prensa madridista, le abuchean desde las gradas del estadio Bernabeu, pero no se inmuta. Jamás ha hecho una declaración o incluso un gesto que indique que se ve como víctima de un trato injusto. No ha hecho ninguna declaración también en parte porque queda claro que, tras siete años viviendo en Madrid, no se ha tomado la molestia de dar siquiera señales de desear aprender el castellano. A la desidia se suma la pereza.

_____

Y cabría preguntarse: ¿no constituye el baleísmo un modelo de vida para tantos profesores universitarios, aburridos de su oficio, enganchados a la ubre que los amamanta sin el menor decoro y preocupados ocasionalmente, si acaso, de fingir algún episódico esfuerzo investigador buscando acá y allá algún texto discretamente plagiable que les permita cubrir las apariencias?

Un pensamiento en “La Universidad, una institución valetudinaria ¿o baletudinaria?

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