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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Raúl Peñaranda. Por qué no hubo golpe de Estado en Bolivia

bandera

A diferencia de quienes le han precedido en los artículos del blog dedicados a la actual coyuntura de Bolivia, Raúl Peñaranda entiende que el hecho de que el Ejército no tomara el poder y de que el país viviera sumido en un vacío de poder durante varios días demuestra que Evo Morales no fue expulsado ilegítimamente de la Presidencia.

Peñaranda se pregunta: ¿Cómo puede creerse que en Bolivia hubo un golpe de Estado si los supuestos perpetradores, los comandantes de las Fuerzas Armadas, no tomaron después el poder? ¿Qué clase de golpe de Estado deja a un país durante los dos días siguientes sin Gobierno? ¿Y cómo el supuesto golpista, después de su presunta acción, es destituido por la presidenta que tuvo que proclamarse tras 48 horas de vacío de poder?”

“Morales cayó por una acumulación de eventos que vienen de mucho atrás, como abusos cometidos contra sus adversarios y la Prensa, y numerosas transgresiones al Estado de derecho. Las favorables reformas sociales y políticas que impulsó el líder indígena, y una enorme popularidad previa, fueron eclipsadas por su angurria de perpetuarse en el poder”.

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Bolivia: La noche de los cristales rotos, por María Galindo

cristales rotos

Recogemos aquí esta colaboración que responde a puntos de vista no siempre coincidentes con los del director de SAICSHU, como muestra del respeto al pluralismo ideológico que ha caracterizado desde siempre a nuestro blog.

En este artículo, la artista boliviana María Galindo, fundadora de Mujeres Creando, trata de desentrañar lo que está sucediendo en Bolivia desde una perspectiva muy crítica con lo que considera “un golpe de Estado impulsado por la CIA y la oligarquía fascista terrateniente cruceña”. Y admite la dificultad grande que entraña la identificación de su génesis y de su evolución: “no es fácil de explicarlo porque este conflicto aún no ha terminado. Fue creciendo y metamorfoseándose por horas. El conflicto vació ojos, paralizó tres corazones y apaleó incontables piernas y cabezas hasta convertir las calles de la ciudad de La Paz en un escenario de guerra, que se tranquilizó por pocas horas con un motín policial generalizado”.

Los primeros párrafos del texto de Galindo responden a una visión apasionada que, indudablemente, es la de un sector significativo de la población boliviana que hasta hace unos días ha sostenido mayoritariamente a Morales, aun a pesar de sus flagrantes violaciones a unos preceptos constitucionales que excluían expresamente la reelección:

“Quemar las whiphalas -bandera que ha representado en todo el continente a los pueblos indígenas- de todas las instituciones públicas es un acto fascista, pero igualmente fascista es todo embanderamiento de las ideas, los cuerpos y los espacios.

“Entrar al Palacio de gobierno con una biblia y una carta en la mano para arrodillarse ante cámaras con ningún mandato popular de legitimidad es un acto fascista y golpista.

“Quemar las casas de integrantes del gobierno de Evo Morales es fascismo.

“Quemar la casa del rector de la Universidad Pública, Waldo Albarracín, que ha sido siempre un defensor de derechos humanos es un acto fascista de amedrentamiento social contra cualquiera que ose tomar la palabra, asumir una postura disidente contra Evo Morales o cuestionar el fraude electoral”.

Resulta relevadora la crítica que Galindo dirige al caudillismo de Evo Morales, causante en último término de la crisis:

“Me cansa volver a repetir que El Movimiento al Socialismo (MAS) está exportando al mundo la idea de que lo que está aconteciendo en Bolivia es un bloque popular progresista contra una derecha extrema y fundamentalista. El gobierno de Evo Morales fue desde hace muchos años el instrumento de desmantelamiento de las organizaciones populares dividiéndolas, convirtiéndolas en dirigencias corruptas y clientelares, haciendo pactos parciales de poder con los sectores más conservadores de la sociedad incluidas las sectas cristianas fundamentalistas a las que les regaló la candidatura ilegal fascista de un pastor evangélico coreano, que fue avalado con el beneplácito del MAS.

“Al mismo tiempo Evo Morales fue construyendo en torno de su figura un caudillismo que nos ha llevado al país entero y al propio proyecto masista a un callejón sin salida.

“Él es la figura única convertida de forma delirante en el símbolo y la concentración de poder irreemplazable, en la figura portadora del mito del “presidente indígena” cuyo único poder simbólico es el color de la piel, pues lleva adelante un gobierno habitado por un círculo corrupto de intelectuales y dirigentes que lo veneran porque lo necesitan como careta. Tal cual titulaba Franz Fanon en su libro Piel Negra, Máscaras blancas, Evo es el caudillo y la máscara nada más. Todo su contenido popular es meramente retórico y eso ha llevado al hecho de que hoy esté al frente de un proyecto político agotado, vacío y cuya única posibilidad de continuidad ha sido la destrucción de toda forma de disidencia, critica, debate, producción cultural o económica. Su modelo es neoliberal consumista, extractivista, ecocida y clientelar.

“Es por esa razón que frente al fraude electoral fue surgiendo rápidamente el repudio concentrado en una generación sub 25, muy joven y urbana, que fue la protagonista de esta resistencia de casi 20 días”.

Pero vale la pena que nuestros lectores accedan al texto íntegro, para formar sus propias opiniones.