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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

Manuel Ferrer. Guerra Civil de España, 1936-1939, siempre por desentrañar

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monjas profanadas

Franco acaba de abandonar la residencia que lo ha acogido durante 44 años: una estancia más longeva que su permanencia al frente del Estado español, que se prolongó durante 37 años.

Franco se fue del Valle de los Caídos, donde quedan más de treinta mil muertos, muchos sin identificar.

Y, entretanto, el mito de la memoria histórica persevera en su macabro juego, como si la historia fuera unívoca. En el caso de España, los nuevos vencedores de la Guerra Civil, vencidos en 1939, son ahora los héroes, las víctimas, los auténticos patriotas. Y no cabe otra interpretación, porque quien se atreviera a negar esa verdad de fe sería conducido enseguida al cadalso donde terminan los que no se alinean con el pensamiento único que contribuyera a implantar la Ley de Memoria Histórica de diciembre de 2007, tan distante del espíritu de reconciliación y concordia y del respeto al pluralismo que inspiró la Transición, invocados mendazmente en su Exposición de Motivos.

Pero hubo crímenes terribles de parte de ambos contendientes.

La foto de Alfonso Sánchez Portela, uno de los grandes fotógrafos españoles del pasado siglo, que aparece en portada, habla por sí misma de la brutalidad de que hicieron gala sin tapujos los milicianos que lucharon del lado del Gobierno legítimo.

La fotografía, tomada a las afueras del Convento de la Concepción, en Toledo, muestra a un grupo de milicianos posando con los cadáveres de dos monjas cuyas sepulturas habían sido profanadas en el cementerio del citado convento: un testimonio dramáticamente monstruoso de la intensidad de los sentimientos de odio exacerbados al calor de la contienda.

Imágenes atroces como ésta nos ayudan a entender que la pérdida de los valores y la consiguiente obcecación no son patrimonio de una u otra corriente de pensamiento político. En todos los tiempos, al amparo de las más dispares ideologías, o sin subterfugios ideológicos, el cainismo ha campado a sus anchas cuando determinados contextos sociales propiciaban la conversión del hombre en lobo.

En relación con la foto de la portada remitimos a un artículo de publicación reciente, que puede consultarse aquí en fuente original.

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