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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

Manuel Ferrer Muñoz. Tedio y decepción, los compañeros de una emigrante retornada

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indiana2

Después de haber compartido con los lectores del blog pensamientos muy personales que ocuparon mi mente durante una convalecencia de tres semanas en un hospital de Gran Canaria (España), no me resisto a trasladar copia de algunos pasajes de un escrito recibido de una compañera de nacionalidad española regresada recientemente a nuestro país con la que he compartido experiencias en universidades ecuatorianas a lo largo de los cinco años precedentes.

La única condición que me impuso esta colega y amiga para publicar el texto que se reproduce a continuación ha sido el respeto de su intimidad: por razones más que convincentes prefiere que no se dé a conocer su nombre, consciente de que algunas de sus manifestaciones podrán herir la susceptibilidad de amigos y colegas.

Formuladas estas advertencias previas, cedo la pluma a una universitaria a quien ustedes leerán ciertamente con asombro y estupefacción. En lo que a mí respecta, he de reconocer que la lectura de estos párrafos no sólo no me ha causado ninguna extrañeza, sino que incluso me ha permitido establecer sorprendentes paralelismos con mi experiencia personal.

Estimado amigo:

Después de una larga incomunicación, atribuible a la dureza de las circunstancias que han rodeado el día a día de mi familia durante casi un año, paso a exponerte la situación que originó nuestro retorno y el actual panorama a que nos enfrentamos. Debes saber que, de un modo casi impremeditado, volvimos a España hace diez meses, porque las condiciones de trabajo en Ecuador empeoraban a ritmo preocupante y se hacía inviable la permanencia en un país que había dejado de constituir un contexto atractivo y prometedor para los que habíamos llegado desde el extranjero.

Ecuador atrajo en su momento a profesores universitarios de otros países como estrategia para la mejora de la educación superior (tú y yo acudimos ilusionados a ese reclamo), pero las cosas empezaron a cambiar hace ya unos cuantos años, y poco a poco fue haciéndose obvio el designio de prescindir paulatinamente de los extranjeros para sustituirlos por nacionales. Conoces de sobra, por experiencia propia y ajena, el sistemático recurso a tretas, acosos, injurias y amenazas para desalentar a quienes habíamos dejado de ser bienvenidos, con el declarado propósito de convertirnos en “bienmarchados”. Con ese empeoramiento brusco de las condiciones de trabajo, muchos nos sentimos empujados a buscar vías de escape para no vernos sometidos a los caprichos de los señoritos de turno. Me consta, Manuel, que tú te viste forzado a comulgar con ruedas de molino y que, si aguantaste el tipo durante tanto tiempo, fue por tu responsabilidad de padre de familia.

He llegado a la dramática conclusión de que, en realidad, la educación superior no interesa en Ecuador (ocurre lo mismo en otros países de la región), y que sólo importa mantener una burocracia que sirva a los intereses creados y dé cobertura legal a prácticas muchas veces corruptas, sin que importe poco ni mucho la competencia profesional de los que ocupan cargos a los que se asocia una cuota de poder: basta que obedezcan las consignas y guarden las apariencias.

Así que, a la vista de esas circunstancias, mi marido y yo tomamos la decisión de retornar para buscar oportunidades que nos abrieran mejores horizontes laborales, aun cuando el presente de España siga siendo muy difícil, por la falta de oportunidades de trabajo y la inutilidad de los esfuerzos supuestamente acometidos por los gobiernos para combatir el desempleo. Al menos sentimos el calor del terruño y el afecto de la familia y de los amigos; y, cómo no, disfrutamos con la espontaneidad y la franqueza de la gente de a pie, tan alejada de los patéticos y encopetados espantapájaros incrustados en puestos de relevancia académica de las universidades ecuatorianas, que tanta repugnancia nos inspiraban.

Un pensamiento en “Manuel Ferrer Muñoz. Tedio y decepción, los compañeros de una emigrante retornada

  1. A la vista de la que está cayendo en Ecuador pienso que podemos considerarnos afortunados los que decidimos hacer la maleta a tiempo. Y lamento muchísimo este panorama, pues son muchos los amigos que van a verse afectados por una coyuntura económica que, previsiblemente, no hará sino empeorar. Al margen de opiniones partidistas, entiendo que el actual Gobierno carece de ideas y de recursos para enderezar el rumbo. Moreno no es sino un paracaidista que cayó en Carondelet, con cierta ayudita en el recuento de los votos, carente de un proyecto y del necesario talento para guiar un país que antes tuvo un líder como Correa: y esto no quiere decir que ignore o que menosprecie el daño que la corrupción del correísmo ha causado al país. Como dice el refrán, de aquellos polvos, vienen estos lodos.

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