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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Olga R. Sanmartín. Endogamia en la universidad española: el 70% de los profesores obtuvo el doctorado en la misma universidad en la que trabaja

endogamia

El 68,8% de los profesores obtuvo el doctorado en la misma universidad en la que trabaja. El dato es una muestra de la endogamia que existe en la educación superior española, en donde se contrata antes a los de dentro que a los que vienen de fuera, aunque sean mejores y tengan más méritos. En otros países, los docentes tienen que pasar un tiempo en otros campus antes de ser contratados en el de origen.

Lo denuncia la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD), un think tank que tiene como misión a promover la contribución de la universidad al desarrollo de España y que tiene en el patronato a los responsables de las principales empresas. Advierte que la mayor endogamia se produce en Canarias y en elPaís Vasco, donde más del 90% de los profesores que impartían docencia en las universidades públicas presenciales había leído la tesis doctoral en la misma universidad donde trabaja. Por el contrario, el porcentaje era inferior al 50% en Navarra y Castilla-La Mancha.

La Fundación CYD ha presentado estos días su radiografía sobre el sistema universitario español, un compendio de datos que profundizan en sus principales males. La endogamia es uno de ellos, según este informe.

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Acceso al informe de la Fundación CYD


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Andreu Navarra. Estamos creando una nueva Edad Media en las aulas

andreu

En España, como en casi el resto del mundo, el panorama de la educación es desolador en todos los niveles. El artículo de Andreu Navarra que hoy recomendamos muestra el grado de idiotización de los estudiantes de Secundaria, privados de una mínima riqueza de léxico y convertidos en zoombies, incapaces de fijar la atención en algo durante unos miserables minutos. Vaya nuestra enhorabuena a quienes han conseguido estos logros. Ciertamente en esas condiciones la apuesta por la educación en casa es una de las pocas salidas coherentes.

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El mundo educativo debate sobre las horas de clase, la evaluación del profesor y los malos resultados de España en las pruebas de PISA, pero todo eso es bastante secundario en el universo de Andreu Navarra, un profesor de Lengua y Literatura de Secundaria que retrata desde las tripas de la enseñanza, a pie de aula, una realidad de urgencias más acuciantes: desde la desnutrición de un buen porcentaje de alumnos a la incapacidad de concentrarse de la nueva generación de “ciberproletariado” o la ausencia de debate sobre el futuro al que esta sociedad quiere conducir a sus jóvenes. Navarra no es un teórico, pero sí un torrente de verdades que acaba de publicar Devaluación continua (Tusquets), un latigazo contra la ceguera, una llamada de emergencia ante la degradación del modelo educativo.

“Los profesores queremos crear ciudadanos autónomos y críticos, y en su lugar estamos creando ciberproletariado, una generación sin datos, sin conocimiento, sin léxico. Estamos viendo el triunfo de una religión tecnocrática que evoluciona hacia menos contenidos y alumnos más idiotas. Estamos sirviendo a la tecnología y no la tecnología a nosotros”, afirma Navarra. “El profesor está exhausto, devorado por una burocracia para generar estadísticas que le quita energía mental para dar clase”.

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“El papel de ascensor social de la educación está fracasando y estamos creando bolsas de guetos, de personas sin futuro”. Menciona también el maquillaje de la ignorancia que practican los colegios para mejorar la estadística. E insiste una y otra vez en la incapacidad de fijar la atención, gran carencia de una nueva generación con fotos en las redes, pero sin memoria. “Hemos conocido varios capitalismos y ahora mismo estamos en el capitalismo de la atención, en una economía de plataformas que mercantilizan tu atención. Si estás viendo unos mensajes, alguien gana dinero y si ves otros, lo gana otro alguien. No podemos repensar la educación si no pensamos cómo devolver la atención a las aulas, el regreso del mundo virtual. Ahora no podemos ensimismarnos, como defendía Ortega, porque todo es ruido, la política es gritos, eslóganes, nadie piensa, nadie escribe, todo es tontería y eslogan y eso ha llegado a las aulas: lo simplista, lo binario, el bien y el mal”. Los Steve Jobs o Zuckerberg, recuerda, recibieron educación analógica. Y los gurúes tecnológicos mandan a sus hijos a colegios analógicos. Por ello, concluye, “hasta que arreglemos la sociedad, no podremos arreglar el sistema educativo”.

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