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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Manuel Ferrer Muñoz. La Universidad de Guayaquil en el ojo del huracán

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Que la Universidad de Guayaquil padece carencias estructurales no es noticia de hoy ni de ayer. Las inmoralidades que condujeron a su doble intervención -en 2013 y 2018- no desaparecieron por arte de magia con los procesos de acompañamiento. Persisten todavía, como lo prueba el vergonzoso caso de la exvicepresidenta Vicuña, que se adornó con un título de posgrado falso hasta que la pillaron (¡tremenda perspicacia la del presidente Moreno en la elección de sus colaboradores más cercanos!).  La destitución anunciada por el rector de trece funcionarios -docentes y administrativos implicados en la expedición graudulenta del título de Vicuña- no deja de ser un pañito caliente que sólo intenta salvar la imagen de una institución hundida por los profundos vicios arraigados. Bastaría pensar, para ejemplificar tantísima sinvergonzonería, en la falsedad de algunas ofertas académicas a incautos docentes atraídos con promesas de salarios privilegiados, o en la descarada cuota mensual que algunos decanos exigen como chantaje a sus docentes, si quieren ver renovados sus contratos.

Nada de cuanto aquí se dice es desconocido en el mundo académico ecuatoriano, pero nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. Cuando en 2012 se cerraron catorce universidades, por diversas falencias, se excluyó de esa medida a otras que padecían problemas análogos, sólo por temor al impacto político y social de su cierre. Y la Universidad de Guayaquil ha ido escabulléndose hasta el día de hoy, amparada en esos miedos.

En una próxima entrada comentaremos el atropello de un numeroso grupo de docentes de la Facultad de Ciencias Económicas de esa Universidad, cuyos contratos no han sido renovados con el mentiroso argumento de la austeridad.

La excelencia académica exige una previa tarea, no precisamente grata: la limpieza de las cloacas. Mientras no se acometa este trabajo imprescindible, seguiremos incursos en discusiones bizantinas sobre el sexo de los ángeles. Y, si ese ejercicio de purificación implica que algunos rectores de instituciones universitarias deban trasladar su domicilio a instituciones penales durante un tiempo, ¡adelante con esa cirugía y bienvenidos a Latacunga!