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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

Alexandra Kennedy-Troya, Docentes maltratados

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El escrito que hoy acogemos en la Red de SAICSHU responde a las reivindicaciones de la Federación Nacional de Profesores Universitarios y Politécnicos del Ecuador, y traza un sombrío retrato del actual panorama de la educación superior en el Ecuador. El párrafo final contiene un listado de varias de las razones por las que el director de SAICSHU, autor de estas líneas introductorias, optó por presentar su renuncia en la universidad donde desempeñaba su trabajo, en la ciudad de Ibarra.

Basado en esa experiencia personal, quien suscribe estas líneas preliminares puede dar fe de la irresponsabilidad con que actúan algunos decanos, conscientes de que son inviolables, porque fueron puestos a dedo por quienes detentan el poder (“detentan” en el sentido literal de la expresión, que puede consultarse en el diccionario de la RAE).

Asimismo constato, por experiencia propia, la descarada discriminación en la asignación horaria y el matonismo con el que se trata de amedrentar a los pocos que no se resignan a la condición de borregos, con el cobarde recurso al cese injustificado y tendencioso de la contratación laboral.

En mi caso particular agregaré que, después de haber presentado mi renuncia (las razones de esa renuncia claman al cielo), el decano de la facultad de la universidad pública donde impartía docencia en la ciudad de Ibarra dejó de entregar el preceptivo informe sobre el desempeño de mi tarea investigadora, con el descarado objetivo de impedir por ese medio que pudiera tramitar mi liquidación. Lo asombroso del caso es que, a pesar de haber denunciado esos manejos al rector de la institución, el pequeño y cobarde matón se salió con la suya. El tiempo pondrá a cada uno en su sitio.

Y ahora les dejo con el muy interesante y sugerente artículo de Alexandra Kennedy-Troya.

_____

La ley Orgánica de Educación Superior (LOES) expedida en el 2012 tuvo un impacto inusitado en el mundo de las universidades públicas. Supuso la pérdida de su autonomía, la centralización del poder en una figura emblemática del correato –René Ramírez- y, entre otros, la capacidad de imponer a los rectores designados por el gobierno. A su vez estos nombrarían a los decanos de las facultades dotándoles de un poder claramente alineado a los designios y necesidades del gobierno en cuestión. Se dio inicio al sectarismo y en consecuencia a la corrupción como correlato del mismo. El sometimiento se hizo cada vez más notorio, paralelo a la inyección de petrodólares invertidos en educación.

[…]

A partir de la crisis petrolera agudizada en el 2016, los recortes a la educación pública son fortísimos. Se han detenido los concursos para plazas estables; algunos decanos contratan a amigos y parientes poco preparados; hay una discriminación perversa en la asignación horaria. La frustración que viven buenos profesores/investigadores, algunos de los cuales llevan 10 o más años esperando estabilidad laboral, es inhumana. Si no te allanas, el semestre que viene sorpresivamente no te contratan. Se han perdido colegas de gran valor y se ha dejado sin voz a los contratados, atemorizados de perder su espacio. El debilitamiento del entorno educativo y la precarización del trabajo son un hecho. Se ha perdido la confianza entre docentes y sus superiores, se incrementan los chismes y las sospechas.

Texto completo en fuente original

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