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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

Manuel Ferrer Muñoz. La descortesía en el ámbito universitario

1 comentario

descortesía

No es normal que, terminada la vinculación con la carrera a la que se han dedicado esfuerzos e ilusiones durante un semestre, en la doble condición de docente y de investigador, la única muestra indicativa de que ya no sigues ahí es que has sido dado de baja de modo abrupto en el grupo de WhatsApp. Ni una sola palabra de afecto o de agradecimiento por tantas horas de trabajo realizado con empeño, respeto a los estudiantes y amor a los detalles.

No es normal que, si una autoridad académica te cita un día a una hora determinada, llegues al despacho de esa persona y te enteres de que no hay entrevista porque a ese señor le ha surgido otro compromiso. Entonces uno, quizá iluso, piensa: ¿no podría haber dado instrucciones a su secretaria para que me avisara y me ahorrara el inútil paseo?

Nada de esto debería ser normal. Pero debo admitir con tristeza que constituye la norma de la institución universitaria donde trabajo.

Las excelencias del lugar -Ibarra, en la hermosa provincia de Imbabura (Ecuador)-, el calor de la gente que lo habita, el amor a la familia y la necesidad de aportar los ingresos necesarios para sacarla adelante constituyen argumentos de peso para pasar por encima de tamañas faltas de educación y mirar hacia otro lado para no amargarse la vida.

Espero que ninguno de mis lectores vaya a pensar que ese modo de comportarse constituya un rasgo identitario de la ibarreñidad. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Lo que sí diré es que en el mundo universitario ecuatoriano abundan comportamientos de esta calaña, que a casi nadie llaman la atención porque son la norma que nos han impuesto unas cuantas generaciones de gente maleducada y déspota.

Como diría el viejo Cicerón, Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? (¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?)

Un pensamiento en “Manuel Ferrer Muñoz. La descortesía en el ámbito universitario

  1. ¿Y debemos considerar normal que esa misma autoridad académica, cuando logras ingresar en su despacho un día después, no sólo no ofrezca disculpas por el plantón sino que ni siquiera te invite a tomar asiento? Porque el protagonista de la anécdota ha cumplido ya 64 primaveras…

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