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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Decisión crucial en Ecuador

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Editorial de El País, España, 3 de febrero de 2018:

Los ecuatorianos se enfrentan mañana a una decisión trascendente no solo para el futuro de su país sino para el rumbo político que pueden adoptar varios países de la región. El referéndum constitucional convocado por el presidente, Lenin Moreno, incluye una pregunta en la que los votantes podrán aprobar o rechazar la reelección indefinida sin límite de mandato alguno del jefe de Estado.

La Constitución ecuatoriana no preveía la reelección indefinida, pero el anterior presidente, el populista Rafael Correa, la introdujo mediante una votación parlamentaria y sin consulta al electorado. Ahora Moreno ha preferido someter la medida a voluntad de los ecuatorianos, aunque le haya costado un duro enfrentamiento con Correa, a quien sirvió como vicepresidente. Moreno ha convocado un referéndum con siete preguntas que incluyen, además de la anulación de la reelección indefinida, la inhabilitación política a los condenados por corrupción, la no prescripción de los delitos sexuales contra menores o la prohibición de la minería en zonas protegidas entre otras. Correa se ha opuesto enérgicamente a las propuestas, especialmente a la que terminaría con sus aspiraciones de perpetuarse en el poder.

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Jorge Ortiz. ¿Qué le pasa a la socialdemocracia?

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El desconcierto cundía una vez más: la socialdemocracia, que decenio tras decenio había sido la línea política predominante en Europa, había llegado —y a duras pe­nas— a un escuálido 20,5 por ciento de los votos, el peor resultado que jamás hubiera tenido en Alemania. El peor de todos, a pe­sar de lo respetable de su candidato, Martin Schultz, y de la tenacidad de su campaña. Por eso cundía el desconcierto la noche del 25 de septiembre: ¿qué les está ocurriendo a los socialdemócratas europeos?, ¿por qué pierden una elección tras otra?, ¿por qué esa declinación tan rápida y constante, sin que al menos vislumbren una luz al final del túnel?, ¿será, tal vez, que su ideología agoniza?

Y es que la debacle en Alemania, al cabo de una campaña electoral que la canciller democratacristiana Angela Merkel la asu­mió como una estimulante marcha de la victoria, fue para los socialdemócratas euro­peos la confirmación de que van cuesta aba­jo, confundidos, desconectados de sus vo­tantes, sin encontrar su lugar en el mundo y con una imagen cada día más visible de ago­bio y soledad. Ya habían perdido en Fran­cia, en abril, cuando el Partido Socialista se quedó en un insignificante 6,36 por ciento, y en la Gran Bretaña, en junio, cuando los conservadores volvieron a ganarles a pesar de los constantes errores de cálculo político de sus líderes. Pero la derrota en Alemania, en septiembre, sin duda fue la más dolorosa.

Se entiende que así haya sido: después de los años terribles del nacionalsocialismo y de la Segunda Guerra Mundial, en la pri­mera mitad del siglo anterior, los alemanes han demostrado con claridad y persisten­cia que ahora son alérgicos a los extremos. 80,1 por ciento de ellos se identifican con el centro, según un estudio de la Funda­ción Bertelsmann. Cuatro de cada cinco. Bastantes más que los franceses, con 51 por ciento que se consideran centristas, o que los españoles, con 56 por ciento. Más aún, parece claro que la enorme mayoría de los alemanes comparte, a grandes rasgos, un modelo de sociedad basado en la econo­mía de mercado, el pluralismo político, las libertades democráticas y la dispersión del poder. Que es, ni más ni menos, lo que les dio una sociedad próspera, libre y segura.

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