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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Canarias en Ecuador. Sesión solemne de ingreso del Dr. José Manuel Castellano en la Academia Nacional de Historia del Ecuador

El Mercurio

Desde que llegué a esta bendita tierra en 2013, como miembro del Proyecto Prometeo del Gobierno ecuatoriano, mi labor ha estado dirigida a sumar, a contribuir como ciudadano, historiador e investigador, y en estos momentos como docente en este ilusionante proyecto de transformación social a través de la educación que es la UNAE.

Mi estancia en estos últimos cuatro años en este pluri-multicultural Ecuador ha supuesto un duro ejercicio de reconversión de conocimientos de una nueva realidad sociohistórica y una experiencia, sin duda, altamente enriquecedora, tanto en el ámbito personal, social y profesional. Mi trabajo se ha centrado en el territorio y en sus gentes, en la historia, en el patrimonio, en la cultura y en la educación. Mis primeros espacios de atención fueron Machala, Guayaquil, Babahoyo y en este último año y medio la UNAE y en el incipiente interés por contribuir a la reconstrucción histórica del Cañar. De modo que seleccionar uno esos temas locales en los que he investigado para elaborar este Discurso me generaba un mar de dudas, a pesar de que tenía en la recámara una segunda opción: centrarme en un objeto de estudio de carácter nacional, como las Casas Flotantes de Ecuador o el impacto social de la Guerra del 41, pero esta segunda alternativa tampoco me convencía del todo.

Evidentemente un aspecto sobre la historia del Cañar hubiese sido el más pertinente, sin duda. Sin embargo, todavía me encuentro en una fase de formación, de adquisición de conocimientos y en la etapa preliminar de un proyecto encaminado en esa dirección, dentro del contexto de creación del cantón del Cañar durante el período de la Gran Colombia.

Por tanto, opté por una tercera vía: abordar un breve ensayo vinculado a una de mis grandes inquietudes, mi vocación americanista en el ámbito de las relaciones Canarias-América y de esta manera compartir con ustedes un elemento específico de la presencia de Canarias en Ecuador.

Nací en un archipiélago atlántico norteafricano, cuyas islas históricamente han buscado en el horizonte la silueta de la costa americana, hasta el punto que la identidad histórica de Canarias no puede entenderse sin el aporte esencial de América, desde el sur del Río Grande hasta La Patagonia. Y de igual manera podemos decir que la conformación de muchas sociedades americanas cuenta con un substrato y aporte de canariedad. Ambos territorios han recorrido una historia paralela, sufrieron las brutales consecuencias de la codicia conquistadora y colonizadora, aunque con un desenlace distinto, pero con un sentimiento forjado en una identidad compartida como consecuencia de esa estrecha relación de ida y vuelta a lo largo de más de cuatro centurias.

La presencia canaria en América tuvo un definido carácter agrario, pequeños campesinos que vinieron a roturar y cultivar la tierra y que se insertaron e integraron plenamente en la sociedad americana hasta el punto de que tomaron las armas a favor de los movimientos emancipadores de la América Latina.

Desde que llegué a Ecuador no he parado de buscar esa huella canaria en esta tierra. Y eureka, a los pocos días descubrí uno de esos temas que me acompaña desde que era un joven estudiante de los últimos años de primaria: San Borondón. Este va a ser el eje central de este Discurso que se articula a través de un viaje histórico desde Canarias a Ecuador.

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