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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

Exposición de Alena Kárpova en Cuenca (Ecuador)

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Alena Kárpova pinta inviernos de cielo amarillo y piso de hielo; prados, también amarillos, impresionistas -que estimulan el sentido de la visión-; un árbol diseccionado hasta encontrar su alma y su sangre; paisajes de estepa y de montaña, como el desfiladero que atraviesa el tren de Don Eloy, por la senda que trepa a la Nariz del Diablo…estas son algunas de las obras de la artista, que se hallan expuestas en el centro cultural República Sur, donde inauguró su muestra, el jueves por la noche.

Algunas de sus obras parecen como cubiertas por una niebla, por un velo, dan la impresión de haber sido lavadas, a ratos su pintura recuerda la de Eudoxia Estrella… paisaje de montaña que parece submarina, naturaleza de rosas; y también, una cruz, plena de geometría diagonal en verde o volcanes en deshielo, en azul.

La artista cuenta que llegó a esta muestra tras dos años de recorrido por Finladia, España y Ecuador, un proceso migratorio desde su patria, Belarús (o Bielorrusia, la exrepública de la Unión Soviética), cuya alma tampoco olvida, pero además trasunta un gusto por los impresionistas, como Joaquín Sorolla, al que admira.

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A continuación recogemos un texto de José Manuel Castellano, colega, amigo y admirador de Elena, que sirven de complemento a la reseña que apareció en El Mercurio, arriba reproducida:

Elena cuenta con una amplia y dilatada trayectoria formativa y con una brillante experiencia científica. Es una mujer de Paz, una de sus principales líneas de investigación. Y su “Paz” la dibuja, la pinta, la busca y la reencuentra en el paisaje de cualquier rincón de este planeta, a donde le lleva su diáspora vital y profesional. Y ahora la exhibe en este sagrado recinto de la cultura cuencana, ideado por dos valencianos, los amigos Jordi y Gustavo, a quienes felicito por esa ingente labor solitaria que llena, sin duda, todo un espacio de cultura. República Sur es un eje referencial para esta ciudad Patrimonio de la Humanidad, que no es mi segundo hogar, sino mi casa. Casualidad de la vida o no. Mi ciudad originaria, San Cristóbal de La Laguna (Tenerife-Islas Canarias) es casi una gota de agua de esta Atenas ecuatoriana. Y tanto es así, que además ambas ciudades compartieron su nominación de Patrimonio de la Humanidad el mismo año, 1999, en Marrakech. Lazos históricos de sangre, porque Canarias forma parte también de “Nuestra América”, la de José Martí y Simón Bolívar.

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