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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Docencia y evaluación

evalua

Con el término reactivo -“sustancia que se emplea para provocar una reacción química”, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua- se designa en algunas instituciones educativas del Ecuador a los exámenes de opción múltiple en los que los estudiantes deben elegir una entre varias respuestas.

Aparte las objeciones que quepa formular a esa peculiar terminología, cualquier docente posee pleno derecho a cuestionar su eficacia y a elegir otros medios de evaluación que juzgue más pertinentes.

Sin embargo, por obra y gracia de los controles que se padecen en las universidades ecuatorianas, el reactivo ha adquirido carta de naturaleza, sin que existan medios de cuestionarlos ni de rechazarlos.

La demanda de esos reactivos alcanza caracteres agobiantes, como en el caso de una universidad cuyo nombre se obvia por razones lógicas, que exige la presentación de diez reactivos por cada asignatura en el mes de mayo, “validados con acta por el área correspondiente, y en el formato adjunto”.

No nos resistimos a la tentación de mostrar ese formato, que visualiza los excesos a que puede llegarse por la vía del afán compulsivo de medición que se ha impuesto en la enseñanza universitaria, con pleno menosprecio a enfoques pedagógicos, como el constructivista, que se apoyan en la estructura conceptual del estudiante y propician las condiciones para lograr su participación en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Así, para infortunio de quienes estamos convencidos de la insuficiencia de los “reactivos” como instrumento evaluador, el “ordeno y mando” impide siquiera la discusión del tema.