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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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José Ramón Cossío Díaz. Modernizar sin razón

modernismo

La noticia es cíclica y en las últimas semanas frecuente. Diversos gobiernos han decidido minimizar o suprimir las ciencias sociales y las humanidades de los programas de estudio. En las propuestas se acepta un poco de literatura, un tanto de historia, pero prácticamente nada de filosofía o ética. Las justificaciones tratan de ser objetivas y distintas. Para los japoneses, lograr alta productividad tecnológica; para los británicos, ingentes austeridades económicas; para los españoles, diversificar la oferta, religión incluida. Lo que pareciera querer distinguirse hasta llegar a ser propio, no lo es tanto. Finalmente se trata de educar a fin de potenciar las posibilidades tecnológicas nacionales, lo que desde luego no implica ciencia. La tecnología como objeto y fin, como eje rector de la educación y ésta, a su vez, del consumo incesante y autojustificado. El consumo como eje del proceso educativo de, en el experimento, varios años y numerosos alumnos hasta que las mayorías electorales resistan. Saber para producir y producir para consumir, como motto y horizonte.

En los numerosos trabajos producidos para explicar el fenómeno nazi, llama la atención la mala incorporación de la Ilustración a la cultura alemana. El desplazamiento de la razón es uno de los elementos mejor estudiados; la subordinación a la técnica es otro, siempre relacionado con aquél. Lo relevante no fue producir Zyklon b, sino lograr que fuera más barato, transportable y efectivo para los fines elegidos. El progreso, marchando a su propio ritmo, desplazó las consideraciones críticas sobre la dirección y los valores a seguir. Lo relevante fue la marcha y la velocidad, no el sentido ni los efectos. Jeffrey Herf dio cuenta de ello en el libro que en su título, El modernismo reaccionario, encerró tan complejos procesos (Cambridge, 1984).

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