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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Desmitificando a Bolívar

ibsen

En este artículo, Ibsen Martínez pone en solfa la mitología bolivariana. Aunque su voz discrepe de los acostumbrados discursos oficiales, su condición de intelectual venezolano le confiere el pleno derecho a hacerse oír: también desde este blog, que proporciona un espacio para el libre debate y la expresión de las personales opiniones. Martínez, periodista de profesión, ha escrito dos novelas que han conocido notable éxito: El mono aullador de los manglares (Caracas, Mondadori, 2000) y El señor Marx no está en casa  (Bogotá, Norma, Colección La otra orilla, 2009).

En lo personal agregaré, en refrendo de la decisión de brindar acogida a este texto en el blog de la RIIN, que un poquito de ironía fina nos viene bien a todos, aburridos como estamos de la imposición de héroes y superhéroes.

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Ibsen Martínez. FARC, Chávez y la teología bolivariana

La Vulgata del culto a la memoria de Bolívar —algo que comenzó poco después de su muerte en 1830— brinda imágenes semejantes a una Historia Sagrada narrada en clave de cómic. El cómic de un superhéroe predestinado, se entiende.

Bolívar amamantado por una nodriza esclava a quien el Héroe nunca desamparó porque no era racista; Bolívar, señorito, juega a la pelota con el futuro Fernando VII en un frontón del Madrid de Carlos IV y le tumba el gorro de un pelotazo; Bolívar jacobino, rijoso y ligón en París, aborrece a Bonaparte cuando éste se corona Emperador. Y así, hasta llegar al capítulo titulado Última proclama y muerte, acaecida no sin antes exclamar, decepcionado, que “Jesucristo, Don Quijote y yo hemos sido los tres grandes majaderos de este mundo” y aquello de “he arado en el mar”.

Nadie en Hispanoamérica ha denunciado el culto a Bolívar tan lúcidamente como el venezolano Luis Castro Leiva. Lo delató no sólo como martingala autoritaria y militarista, sino también como el misticismo moral que ha envenenado durante casi dos siglos nuestra idea de la república, de la política y del ciudadano. Según Castro Leiva, el bolivarianismo es un historicismo de la peor especie que entraña una moral inhumana e impracticable y, por ello mismo, tremendamente corruptora de la vida republicana. En su libro De la Patria Boba a la Teología Bolivariana, Castro Leiva mostró cómo la biografía ejemplar de Simón Bolívar ha sido la única filosofía política que los venezolanos hemos sido capaces de discurrir en toda nuestra vida independiente. Esa “filosofía” no es, según él, más que una perversa “escatología ambigua” que sólo ha servido para alentar el uso político del pasado. “Escatología” está aquí no en relación con lo excrementicio sino en la primera acepción que ofrece el DRAE: “Conjunto de creencias y doctrinas referentes a la vida de ultratumba”.

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