ICSH

Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades

Esteban Rodríguez García. Vergüenza

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maspalomas

 

Con este comentario se abrió un reciente programa radiofónico de Radio Faycan

Podría pasar de este suceso y ocupar mi pensamiento en miles de cosas y casos que suceden en el mundo. Alguien incluso podría indicarme que mejor me ocupe de lo mío. Y esta observación me haría reflexionar en… ¿Qué es lo mío?

Pues sí, lo mío hoy es calificar de vergüenza social y colectiva los acontecimientos que sucedieron ayer en la playa de Maspalomas (Gran Canaria). Las fotos de hoy no son más que un exponente llamativo de lo que viene sucediendo año tras año en muchas partes del mundo sin que se inmute la conciencia de los que manejan económica y políticamente los destinos de millones de personas de este castigado planeta.

Conocer la noticia de la llegada de una patera con 23 personas exhaustas, agotadas tras un traumático y desesperado viaje a la deriva. Verles medio muertos sobre la arena acordonados por las fuerzas de seguridad y medios asistenciales y sanitarios aterrados ante el pánico por el miedo al contagio de esa mortífera enfermedad del ébola no justifica lo más mínimo que sean tratados como escombros para trasladarlos en un camión del servicio de limpieza.

Sin duda alguna este humillante trato se convierte en un escándalo de grandes dimensiones. Le podíamos dar muchas lecturas que ahondarían más en lo miserable de un pensamiento único dominado por los intereses materialistas y económicos a los que este tipo de incidentes sólo les afecta en términos estéticos y crematísticos deshumanizados (claro, podría afectarnos desde el punto de vista turístico y económico). Vergüenza.

Pero no se apuren, esto es tan solo una anécdota más que la opinión pública digerirá con extraordinaria rapidez, pues ya saben que cuando de algo hay mucho, en nada se queda. Y pasaremos al próximo capítulo de despropósitos de esta interminable novela, donde los actores principales se encuentran fuera de escena guiando los mandos del expolio con inusitada tiranía y avaricia.

No sigamos el juego de esta inmoralidad. No nos dejemos arrastrar por los miedos. No nos sumemos a esta hipocresía vergonzosa de mirar para otro lado mientras suceden, cada minuto, hechos como estos donde seres humanos se ven sometidos a la humillación, al castigo y al abandono mientras permitimos que unos pocos continúen gobernando un mundo que no es de ellos. No nos dejemos embaucar por la propaganda y los parabienes de una sociedad de consumo que maltrata a pueblos enteros mientras roba sus riquezas para ofrecerlas después de sacarles suculentos beneficios.

Esto que ha ocurrido en Maspalomas no es un hecho aislado. Está pasando en miles de lugares. Es producto de la enfermedad más contagiosa y mortífera de la tierra. Pero esta no es el ébola. Es la AVARICIA, y esta enfermedad está vacunada con el dios del dinero al que sólo la conciencia del alma puede combatir.

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