ICSH

Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Manuel Ferrer. Hasta luego, Ecuador

ciao

Apenas dentro de unas horas emprendo viaje de regreso a Canarias (España), después de un año de estancia en Quito, que encontrará continuidad a partir de enero, gracias a mi nueva vinculación con la Pontificia Universidad Católica del Ecuador-Sede Ibarra (PUCE-SI).

Han sido doce meses trepidantes, con muchas alegrías, momentos de enorme ilusión, algunas decepciones, y la constatación de que en todas partes cuecen habas. Las gentes sencillas de los barrios populares de Quito me han dado una enorme lección de cordialidad, disfrazada casi siempre con la timidez entrañable del serrano. Entre las “clases ilustradas” he cosechado amigos formidables, pero también he encontrado lo mismo que abunda en el país de donde vine: presunción, envidia, defensa a ultranza de santuarios en los que el ingreso por el mérito es una utopía.

Pero me quedo con lo bueno, que es sobreabundante: amigos generosos que me han abierto las puertas de sus casas, que me han orientado en situaciones que provocaban el desconcierto, que han sabido disculpar con generosidad el espíritu sectario de otros colegas…

El Proyecto Prometeo, que fue la causa inmediata de mi venida, me ha brindado muchas satisfacciones y también la decepción de quien ha seguido de cerca la marcha errática de su actual gestión, lastrada por graves deficiencias estructurales y una carencia inquietante de sentido jurídico en sus resoluciones, contrarias muchas veces a lo dispuesto en su propio Reglamento.

Por sentido de lealtad y de agradecimiento no considero adecuado airear en este foro detalles que sonrojarían a sus actuales dirigentes. Prefiero quedarme con lo positivo y rememorar con gozo los últimos doce meses de mi vida, que me brindaron la oportunidad de conocer un país que me ha enamorado hasta el punto de no querer alejarme de él.

La PUCE-SI me ha acogido con un afecto que no es fácil encontrar en otras instituciones universitarias del país. Desde este foro proclamo mi compromiso de servirla con lealtad, y de poner todos los medios a mi alcance para colaborar, en la medida de mis posibilidades, en el realce del prestigio de una institución que, sin hacer ruido, y próxima ya a los cuarenta años, está contribuyendo con eficacia a que la sociedad ibarreña se enriquezca con el aporte de sus egresados, provistos de una formación integral, basada en valores.


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María Rodríguez. Mos maiorum

Would-be immigrants wait on arrival to L

Una vasta operación de “búsqueda y captura” de inmigrantes sin papeles a escala europea está teniendo lugar en estos mismos momentos, delante de nuestros ojos. Se llama “Mos maiorum”: empezó el día 13 y terminará el 26 de este mes. ¿No lo sabían? No es de extrañar. Aquí nos ha llegado la información por canales no oficiales (asociaciones, movimientos políticos…): vía internet, por supuesto. No voy a perder más tiempo dejando de nuevo en evidencia a la prensa de este país, Francia, que clama voz en grito su libertad e independencia, al tiempo que curva la espalda hasta tocar la nariz con el suelo cuando truenan órdenes venidas de altas esferas ministeriales o policiales. Si algún día volvieran al poder aquellos que brevemente lo tuvieron durante la Ocupación, encontrarían en este “cuarto poder” automatismos bien rodados, potros ya domados y perros con correa y bozal. Mais ne tirons pas sur l’ambulance… Hoy lo grave ni siquiera es eso.

La mayor parte de esas personas que en este mismo momento están siendo interceptadas por nuestros amables y corteses CRS pidieron en algún momento el asilo político en Francia o en otro país europeo. Vienen de países en guerra o donde la violencia más brutal e inimaginable es moneda corriente en las relaciones entre el estado y el ciudadano: Angola, Nigeria, Congo Kinshasa…Muchos de ellos han sido víctimas de tortura y violación, han presenciado la muerte atroz de un hijo, de un amante, de un amigo, de un padre, de una hermana embarazada, la desaparición de un esposo… Han militado por la democracia en su país, ellas o sus maridos, han protestado contra una injusticia, han osado pedir en la calle el fin de los abusos, han sido públicamente repudiados en tanto que homosexuales. Por lógica debería habérseles acordado el estatuto de refugiado, pero la lógica se pierde aquí entre burocracias, papeleos, deshumanización, indiferencia y mala fe. Las oficinas en las que el estado ha delegado el derecho de vida y de muerte sobre miles de personas (OFPRA) rechazan 90% de las demandas de asilo. No hay pruebas. ¿Su marido ha desaparecido? Pruébelo. ¿La violaron delante de sus hijos y le mataron al benjamín, aún lactante? Pruébelo. ¿Está sordo porque lo golpearon en la cabeza con una matraca durante interminables minutos? Pruébelo: la automutilación es práctica corriente por esos lares. Los detalles de su tortura son estereotipados. La próxima vez pensará usted en pedirle un recibo a su verdugo, indicando con precisión quién, cuándo y por qué lo molieron a palos y lo tiraron a una cuneta una noche de noviembre dejándolo por muerto.

Sin asilo, sin papeles, sin nada. Los refugiados no deberían existir en la CEE. Habría que crear zonas tampón, no –man’s lands, a las fronteras de Europa y aparcar allí en campamentos de fortuna a todos los que llegan desde Siria, desde Nigeria, desde Iraq, Armenia, Georgia… pasando ahora por Lampedusa (antes por Fuerteventura) o por Atenas, estropeando el paisaje con su hambre y su miseria. Habría que mandarles a nuestros humanitarios un signo de buena voluntad y esperar pacientemente a que se murieran del asco o de frío, o de alguna de esas extrañas enfermedades que nacen de dejar junto a tanto pobre. Es normal que haya refugiados en Turquía, pero no en París. ¡Hasta ahí podríamos llegar!

“Mos maiorum”, bonita expresión latina (es Italia, Presidenta del Consejo europeo, la que coordina las operaciones -¡re-romanicemos Europa!)-, expresión que significa “las costumbres de nuestros ancestros” o “de nuestros mayores”. La caza al miserable debe formar parte de esas costumbres, a lo que parece. Volvamos, pues, a las costumbres romanas, ¿o es a las costumbres medievales? ¿Habrá que retroceder hasta las cruzadas? ¿Quiénes son estos mis mayores, que me dictan lo que tengo que hacer o que pensar en este siglo XXI? ¿Y los negociantes de barcos negreros, son mis también ésos ancestros?¿Dónde empiezan y terminan las costumbres de mis antepasados, señores de Bruselas? Por favor, que alguien me explique…

(Nota bene: las horribles historias que aparecen aquí sin nombre y sin contexto son reales y forman parte de mi archivo de horrores, amasado en dos pequeñitos años de trabajo voluntario en un colectivo de individuos e individuas de una pequeñísima ciudad del Norte de Francia. Nada ha sido inventado, ni exagerado)