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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Manuel Ferrer. Prometeo y las Humanidades

prometeo

Cuando se publicó esta entrada en la Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales (“Debate entre Ciencias y Humanidades”), el pasado 19 de mayo, creía de buena fe que en el Proyecto Prometeo de la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación de la República del Ecuador se valoraban las Humanidades.

Desafortunadamente la realidad me ha abierto los ojos. Las desprecian, y repudian a quienes las cultivamos.

La tramposa contraposición entre Ciencias y Humanidades que, en la mente de no pocos ignorantes, debería conducir a encerrar a las últimas en el más polvoriento y olvidado rincón del más deprimente y triste de los museos arqueológicos, se ve desmentida por el brillo de personalidades como Isaac Asimov, Stephen Jay Gould, Carl Sagan o Lewis Thomas, que desde el prestigio de sus quehaceres científicos enriquecen la nómina de los grandes humanistas de nuestro tiempo.

Y, sin embargo, los responsables de la mayoría de las universidades piensan que su objetivo es preparar a jóvenes para que se incorporen al tejido empresarial, por lo que se pliegan a las necesidades de la industria y la empresa, y dedican sus mayores esfuerzos a la formación técnica de los jóvenes.

Este planteamiento se sustenta en un gravísimo error de principio. Las universidades deben reconocer que sus clientes no son las empresas sino los estudiantes, y que éstos deben recibir una formación integral que los capacite no sólo para el trabajo científico y técnico, sino para ser actores útiles a la comunidad y a la sociedad.

Cierro esta breve consideración con una cita del filósofo Luis Enrique Orozco:

“La universidad representa aquel espacio para la búsqueda del conocimiento, la libertad de pensamiento, la excelencia, la posibilidad de crítica, de diálogo dentro de un clima científico de honestidad intelectual. Esta visión de la universidad contextualizada, enfocada y sintonizada dentro del más amplio concepto de desarrollo humano, de plano se contrapone a aquella que sólo ve en ella una máquina para producir profesionales”.