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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Manuel Ferrer. Pensar con claridad, entender y escribir con sensatez

pensar

 

Como investigadores de las ciencias sociales no podemos permanecer indiferentes ante el envilecimiento de algunas de nuestras disciplinas, en las que ha sido obviado el sustento humanístico y sustituido por auténticos galimatías que se nos quieren imponer con pretensiones pseudo científicas.

Se escriben además tantas tonterías que da miedo: por supuesto, también en los libros de texto a través de los cuales se supone que los escolares deben adquirir el conocimiento de las historias nacionales.

Valga como testimonio la ingenua descripción que encontramos en uno de esos manuales del deceso de Emilio Estrada Carmona, que accedió a la Presidencia del Ecuador el 1 de septiembre de 1911 y falleció tres meses después: “la muerte de Emilio Estada por paro cardíaco terminó con su vida”[1].

El siguiente ejemplo ilustra de modo dramático sobre la incapacidad de entender un elemental mensaje escrito, tan arraigada en nuestras sociedades iletradas. Viví esta experiencia apenas hace unos días, cuando trataba de hacerme entender por un agente de viajes, que había dejado de incluir en el mensaje que me remitió la información solicitada sobre la reserva de unos vuelos. Al advertir que faltaba ese documento, le escribí de forma escueta: “me parece que falta la información de la reserva”. Eso fue el 1 de septiembre, a primera hora de la tarde. El mismo día, al cabo de las horas, volví a dirigirme a esa persona para informarle de que “no me remitió los datos de la reserva”. La alucinante respuesta obtenida, seguramente después de una prolongada reflexión, fue: “¿eso quiere decir que no le llegó los datos de la reserva? [respeto la sintaxis original, con el único añadido del signo inicial de interrogación, que se había omitido]

Temo que nos hallamos zambullidos en un proceso de idiotización que puede adquirir caracteres irreversibles si no le ponemos coto. Empeñémonos en vacunar a nuestros estudiantes para que no se contagien de la estupidez que todo lo anega. Repasemos a los clásicos una y otra vez, y traslademos el entusiasmo por su conocimiento. Depuremos nuestros procesos lógicos y escriturísticos, y ejerzámonos en el difícil arte de escuchar con respeto para entender y compartir o discrepar.

 

[1]         Muñoz Y., Hernán, Estudios Sociales. Tercer Año de Bachillerato en Ciencias de todas las Especializaciones, Quito, Prolipa, 2007, p. 85.