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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Manuel Ferrer. Necrológicas de Guayaquil, verano de 1892

vejez

Durante la mañana del pasado viernes, 8 de agosto, mientras leía prensa ecuatoriana del último semestre de 1892, para documentar una investigación que llevo a cabo sobre el significado en el Ecuador del cuarto centenario de la llegada de Colón a América, reparé en algunas notas necrológicas que incluía El Globo, un periódico que se editaba en Guayaquil.

No pude resistir la tentación de fotografiar la que abre esta página, correspondiente a las inhumaciones efectuadas el 9 de agosto de 1892. Además de la llamativa frecuencia de infantes fallecidos y de la reiterativa señalización de la ‘fiebre’ como causante de decesos –lo que constituye una triste constante de la época-, quedé muy sorprendido por la razón de la muerte de Lucas Llerena, de 60 años: ¡vejez!

Quien redacta estas líneas, que ya cumplió esa edad hace varios meses, no ha podido dejar de mirarse en el espejo y de tratar de insuflar optimismo en su ánimo, repitiendo por lo bajito: “¡no será para tanto!, algo más llevó al otro barrio al pobre Llerena”.

En busca de consuelo concluí que peor suerte correspondió a Mercedes Astudillo, enterrada el 10 de agosto y fallecida a los 40 años ¡por irritación!


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Francisco Moreno. Monrovia, 1991. Recuerdos de Informe Semanal

monrovia

Hace 23 años que visité el Hospital de San José, en Monrovia, la capital de Liberia. Lo visité en plena Guerra Civil, cuando era el único hospital que se mantenía en funcionamiento en todo el país, a pesar de los bombardeos y pillaje a que era sometido. Creado y sostenido por los Hermanos de San Juan de Dios, en aquella época más de una veintena de su personal eran españoles de esa orden. Recuerdo vivamente el compromiso de todos ellos con la suerte de los habitantes del país. Cuando los Gobiernos de todas las potencias evacuaron a sus nacionales, en medio de una enorme carnicería que devastó a un país que unos años antes era conocida como la Suiza de África, ellos decidieron quedarse.

Enviado por Informe Semanal para cubrir la caída de la capital y del Régimen del dictador Samuel Doe, junto a Juan Ramón Gómez como Reportero gráfico y Fernando de Rada como Ayudante de Reportero, aquellos ocho días siguen siendo uno de los más intensos vital y profesionalmente que he vivido. Fuimos el único equipo de televisión que permaneció en la capital durante el asalto final a Monrovia. En un país sin leyes ni compasión, siempre encuentras mucha depravación, pero también descubres a otra mucha gente dispuesta a poner cordura en medio de la locura general.

Mi visita a ese hospital, el mismo en el que Miguel Pajares se contagió del Ébola luchando precisamente contra ese virus que finalmente le alcanzó, siempre quedará en el recuerdo… y en alguna de esas viejas cintas de video que aún conservo. Hoy, con un poco de tiempo, convertí a digital unos cuantos planos de aquella visita a aquel Hospital y monté estas imágenes como homenaje a todos los hombres y mujeres que voluntariamente dedican su vida a ayudar a otros a seguir vivos.

Me parece un poco lamentable la polémica sobre quién debe pagar ese traslado. Es un español que ayudaba y merece que su país le ayude a no morir. Al margen de creencias, todos los voluntarios merecen toda nuestra ayuda y consideración. Que los recortes y la insolidaridad no nos vuelva tan huraños: pago a gusto la parte de mis impuestos que se dediquen a traerlos a casa e intentar curarlos.

Mi homenaje a todos ellos.

Vídeo (quizá sólo puedan visionarlo quienes tengan una cuenta de Facebook)