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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Bernardo (Minejo) Pimentel Blondet. En la muerte de Manuel Díaz Sánchez

manuel díaz

Paula Pimentel nos remite este artículo de su hermano Bernardo (Minejo), redactado a raíz del fallecimiento de Manuel Díaz Sánchez, a quien califica de “enorme ser humano y maestro del pueblo dominicano y de los actuales maestros y maestras de educación física”.

“Honor, a quien honor merece”, agrega Paula. Y porque, de ordinario, se tributan honores sólo a los blancos, los corruptos, los millonarios, habrá que prevenirse para que “no se cumpla aquella maldición de nuestro ilustre pensador y escritor Henríquez y Carvajal, ante los restos del gran educador caribeño que fuera Eugenio María de Hostos, quien en su panegírico dijo estas famosas e históricas palabras: Oh, mi América infeliz, que reconoces tus grandes vivos, cuando son tus grandes muertos, palabrita más, palabrita menos”, matiza Paula, siempre respetuosa con los textos ajenos.

Generosa, Paula hace una entrañable presentación de Minejo, su hermano –otro personaje-, y rememora los tiempos en que conoció a Manuel Díaz Sánchez. Le cedo la palabra:

“Don Manuel fue nuestro primer profesor de educación física. Mi hermano es también profesor de esta disciplina, y árbitro de baloncesto y de voleibol… y estudió también periodismo, aunque no ejerce.

“Bernardo ya ha pedido su jubilación como maestro, pero nadie lo sacará de las canchas de basket, porque ahí está parte importante de su vida. Fue uno de los primeros árbitros de baloncesto de mi país, con diploma de la mismísima NBA yanki. Pero esto a él le da igual. Y es que raya en la sencillez y humildad: claro, así nos educaron.

“Pues, como les decía, don Manuel fue una persona muy querida y respetada en la capital dominicana y en todo el país por su trabajo deportivo en los patios de nuestras escuelas públicas. Cuando asistí por primera vez a sus clases, con unos cinco o seis añitos, era una niña educada por mi abuela con todos los mimos habidos y por haber, y esa separación fue muy dura para mí. Entonces, este señor, todavía joven en aquellos años finales de la dictadura trujillista, me tomaba de la manita y me sentaba a la sombra, porque veía que no podía con todo eso. Volví a reencontrarme con él en otra escuela de la capital, cuando cursaba el 8º grado.

“Ya adolescente mi hermano, don Manuel y él coincidieron como colegas de trabajo y siempre mantuvieron la amistad que entonces se fraguó. Por eso, Bernardo ha comenzado a escribir sobre este insigne maestro, el profesor Díaz Sánchez. Paz a sus restos y gracias por invitarme a esta presentación”.

Les dejo ya con la lectura de ese emocionado recuerdo, que a mí me ha servido para redescubrir algunas facetas de la identidad dominicana, tan rica y tan opacada por la historia oficial.

Falleció hace apenas unos días en esta capital [Santo Domingo] el profesor de profesores, el destacado maestro de educación física don Manuel Díaz Sánchez. Tenía noventa y cinco años de edad.

Don Manuel, como era conocido, se graduó en la primera promoción de educadores físicos en el año 1925. Era nativo del Distrito Nacional y siempre manifestaba con orgullo su condición de “Serie Palito”.

Murió en su residencia de la calle Cambronal, esquina Padre Billini, de Ciudad Nueva, en la casa donde residió durante toda su fructífera vida. Su compañera de vida, doña Dilia Sánchez, nativa de Azua, había fallecido hace unos cinco años. Tuvo un solo hijo, el conocido doctor Juan Antonio Díaz, encargado del dispensario médico del ensanche Capotillo.

Me siento sumamente apenado, ya que don Manuel durante más de cuarenta años se convirtió en mi mentor y guía dentro de la educación física y el deporte escolar. Se le reconocía por ser un gran consejero de las viejas y nuevas generaciones de profesores de educación física. Trabajó en todos los Juegos Deportivos Nacionales desarrollando la función de encargado de transporte.

Se caracterizó, además, por ser un consuetudinario madrugador, y bien tempranito, durante la celebración de los Juegos Deportivos Nacionales Escolares, caminaba todos los alrededores de la Villa Deportiva supervisando y dándoles los buenos días a todo el mundo.

Don Manuel estuvo estrechamente ligado a mi familia por más de cuarenta años. Lo conocí por vez primera, en año 1957-58, allá en mi querida escuela República del Perú, en mi natal barrio del Mejoramiento Social –Bameso-. En esos años él se desempeñaba como inspector de educación física escolar. Nunca olvidaré los sabios consejos que nos brindó a un grupo de niños y niñas, a través de nuestros profesores don King Peláez y don Liberato, cuando ensayábamos una exhibición de gimnasia. Yo tenía siete años de edad.

Don Manuel me reveló en una ocasión que era descendiente directo del Padre de la Patria Francisco del Rosario Sánchez. En varias ocasiones fue reconocido y homenajeado por varios presidentes de la República. Recuerdo su destacada labor en el montaje de los famosos Doce Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en el país en el verano del 1974.

Acompañado por su característica voz ronca, ya que fue durante toda su vida un gran fumador, lo recordamos trasladándose siempre a pie para cumplir fielmente con su trabajo.

Don Manuel contribuyó mucho y de modo notable a mi formación de educador físico y dirigente deportivo. Se vanagloriaba siempre repitiendo a quien quería escucharle que el éxito alcanzado por mí se debía a las orientaciones y los consejos que siempre me ofrecía.

Descansa en paz, don Manuel Díaz Sánchez.