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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Héctor E. Schamis. Nacionalismos

Hector_Schamis

La idea fundante del nacionalismo es que el estado, una construcción jurídica y política, es—o debería ser—el reflejo de una comunidad basada en identidades y anhelos comunes, relativamente homogénea culturalmente, y para muchos también étnicamente. Formada por personas que ni siquiera se conocen, no obstante esa comunidad opera como si fuera una familia extendida, en la célebre metáfora del gran Ben Anderson. Es, así, una utopía, una comunidad imaginada.

Sin embargo, la propia idea de estado-nación es contradictoria, e inclusive oximorónica. No existe, en realidad, estado-nación alguno, concebido como una homogeneidad étnica y/o cultural. La vasta mayoría de los estados son multinacionales, formados por múltiples y diversas comunidades. De ahí que sean esencialmente heterogéneos, ahora y siempre, aunque desde el poder sea conveniente ocultarlo. Ello resalta que aquella premisa utópica del nacionalismo, no importa cuán romántica sea, también es problemática para crear un orden político estable, pacífico y mínimamente democrático.

[…]

Más allá de los métodos, el nacionalismo es una realidad contradictoria y resbaladiza, simultáneamente generador de procesos sociales que lo convierten en excluyente más que inclusivo, homogéneo en lugar de diverso, cerrado en vez de abierto. La utopía de los estados verdaderamente nacionales no es la democracia, no es la polis: es la comunidad cultural y normativa, si no étnicamente, homogénea. La metáfora de la nación como familia extendida es muy útil. Sabemos que hay estructuras familiares que favorecen la endogamia, la cual no alienta el pluralismo en la organización social. Si eso tiene valor explicativo para la política, también sabemos que sin la diversidad que concibe el pluralismo las formas democráticas son improbables. La endogamia en la política, usando la metáfora en reverso, es el simple autoritarismo.

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