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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Latin-American Journal of Computing

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We invite you to submit and publish your scientific results to Latin-American Journal of Computing LAJC. This journal publishes research papers related to the diverse academic and professional fields of Informatics, Computer Sciences and Information Technologies; produced in the context of projects or contributions of academics worldwide.

The submission deadline is August 26th, 2014.

Call for Papers LACJ 2014: http://lajc.epn.edu.ec/call-for-papers

Yours sincerely,

LACJ Editorial Committee
lajc@epn.edu.ec


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Francisco José Denis. El papel de los medios de comunicación de masas en la conformación de la identidad personal y colectiva

media

Desde mediados del siglo XX apareció un gran medio de comunicación de masas, la televisión, el cual posee una enorme capacidad de penetración psicológica y desde el cual se nos vienen lanzando discursos unidireccionales que están elaborados como un producto económico, que, evidentemente, sirve a los intereses de los emisores. En este artículo voy a comentar brevemente la influencia que pueden poseer este tipo de productos audiovisuales y los mensajes que lanzan a la población constantemente como medios que promueven cambios sociales desde ciertos núcleos de poder fáctico.

 

LA CULTURA CONSUMISTA Y SUS VALORES

Para entender la totalidad de la capacidad de persuasión de las élites político-económicas es necesario hablar de la cultura consumista que emana de la cultura Neoliberal y del papel esencial que tienen los grandes emisores audiovisuales, que no por casualidad pertenecen a las grandes corporaciones mediáticas e informativas, lo que hace que en definitiva sean las élites económicas y las políticas (en su caso, en los medios públicos) las que controlen los mensajes que se lanzan a la ciudadanía.

La presión social sobre el individuo

Ni que decir tiene que los modelos de comportamiento e ideales de belleza socialmente aceptados suelen ser los mismos o muy similares a los que los medios de comunicación de masas colocan ante la opinión pública como objeto de culto, como sinónimo de triunfo y de aceptación social. Evidentemente estos modelos poseen y, a su vez, se basan en unos valores y en un modo de entender la vida y las relaciones humanas, los cuales pueden estar en mayor o menor medida prefabricados por aquellos profesionales de la comunicación, la publicidad y la información que trabajan para la oligarquía que controla los medios de comunicación de masas globales, lo que, sin lugar a dudas, puede provocar que exista una intención a la hora de realizar este tipo de productos publicitarios e informativos, los cuales jamás podemos olvidar que son realizados por profesionales y que tienen unas intenciones muy concretas, es decir, buscan provocar en el receptor de la información una respuesta psicológica predeterminada: que lo consuma, darle una buena impresión, que se comporte de un modo determinado, que sea más tolerante con cierto tipo de cuestiones, que acepte y se resigne con la situación actual… Hay que tomar conciencia de que, desde los noticiarios informativos hasta las películas y pasando por cualquier serie de televisión, ídolo de masas, publicidad o icono de belleza, absolutamente todos son unos productos diseñados y elegidos por profesionales que trabajan a sueldo de un oligopolio con unos intereses comunes y que pretenden obtener el mayor beneficio posible o el intentar crear en la sociedad unas actitudes que inciten a un comportamiento determinado, que generalmente se basa en fomentar la cultura del consumismo, que es la que incita a un consumo exacerbado al mismo tiempo que irradia los valores de la Bestia neoliberal.

La idea es muy sutil a la par que efectiva, y consiste en que los emisores de la información y el ocio audiovisual producen una serie de iconos y modelos de triunfo social al mismo tiempo que proyectan constantemente una serie de valores a través de sus productos audiovisuales que repercuten profundamente en la sociedad, debido a la enorme capacidad de penetración psicológica que éstos productos poseen sobre los individuos. La sociedad, al estar continuamente recibiendo productos informativos de manera unilateral -los cuales además vienen cargados con cientos de estímulos de todo tipo cuyo objetivo es hacerlos lo más atractivos posible ante los ojos de los receptores-, tiende a aceptar y asimilar como propios los estereotipos de belleza, triunfo social y, en última instancia, los valores que estos modelos de comportamiento llevan implícitos. De esta manera es como va quedando estipulado el marco social en la que los hombres-mercancías van a tener que ofrecer y demandar bienes y servicios recíprocos debido a que aquellos individuos que se parezcan más a los iconos de belleza y se adapten mejor al comportamiento que los medios de comunicación de masas encumbran como ídolos a imitar serán los que compitan en ventaja, lo que les permitirá acceder con mayor felicidad a las relaciones personales de “usar y tirar” que ellos desean. Es decir, el único camino para que el individuo-mercancía triunfe o simplemente sea aceptado en esta sociedad deshumanizada, ultraindividual, egoísta y economicista es que asimile los modelos de conducta que los mass media fabrican y la presión cultural normaliza e impone.

El proceso se podría resumir en que los grandes emisores generalizan progresivamente y de un modo muy sutil unos valores y comportamientos para que sean aceptados por cada vez más individuos, hasta que sea la propia sociedad la que los convierta en los valores y el modo de comportamiento aceptados por el establishment. Esta cultura vomitada como producto es la que crea el marco general de los valores, los modos de comportamiento e ideales de belleza en el que se van a tener que basar los individuos-mercancías para triunfar, ya que la capacidad de cada individuo para imitar o aparentar estos modelos de triunfo social será vital para el desarrollo de su vida social. Es así como los grandes emisores consiguen que sea la propia sociedad la que presiona a los individuos para que éstos tengan un comportamiento y unos valores prefabricados, porque usan la necesidad natural intrínseca a nuestra especie de sentirse aceptados por la comunidad de la que forma parte. Es aquí donde entra en juego la necesidad imprescindible de sentirse aceptados e integrados en una sociedad deshumanizada que rinde culto a la apariencia y la superficialidad, ya que esta necesidad de tener que aparentar y actuar del modo que los grandes emisores incitan con el objetivo de no quedar marginado es todavía mayor en una sociedad neoliberal muy descohesionada, sin redes sociales sólidas ni estables y que aísla a los individuos, los desestabiliza y los vuelve vulnerables frente a las condiciones que impone la condicionada e influenciada sociedad para ser aceptado por el resto. Un ejemplo evidente de hasta qué punto este ataque cultural hacia los individuos es tan potente, son las enfermedades mentales como la anorexia, la bulimia, la vigorexia, la tanorexia o cualquier tipo de trastorno dismórfico corporal, las cuales se han extendido brutalmente durante estos últimos años y que se caracterizan porque el enfermo desea imitar hasta el extremo los ideales de belleza que promulgan los medios de comunicación de masas con la finalidad de ser aceptados socialmente. Esta necesidad de pertenencia y aceptación por el grupo del que se forma parte es muy fuerte y una forma de condicionar a los individuos para que actúen de un modo u otro, por eso es tan explotada por este sistema.

Nuestra idea de la misma realidad viene muy determinada por los productos informativos que consumimos diariamente, es por ello que vuelvo a insistir al espectador que somos extremadamente permeables frente a ellos, tanto a un nivel consciente como inconsciente. El poder y la influencia que las grandes corporaciones ejercen sobre el individuo y la propia colectividad es mucho mayor del que podríamos pensar a priori, por eso creo que una medida imprescindible sería la de romper con los oligopolios informativos para fomentar una verdadera libertad de información y democratizarla. Son las grandes corporaciones informativas las que realmente poseen la mayoría de la influencia cultural de nuestros días ya que, gracias a su potente capacidad de difusión, logran influenciar a toda la sociedad para que ésta acepte y adopte unos valores, un comportamiento, unos ideales de belleza o modelos de triunfo social. Como los individuos intentan parecerse a los diferentes modelos de triunfo social y de belleza que se presentan en los medios de comunicación, progresivamente y con el paso del tiempo, la nueva cultura que emana de los mass media va siendo aceptada cada vez más por mayor cantidad de individuos hasta convertirla en el mainstream o el pensamiento aceptado mayoritariamente por la sociedad. Un claro ejemplo de este proceso ha sido el impacto social que tienen los diferentes ideales de belleza femeninos que nos imponen los mass media y que se caracteriza por ser raquítico y totalmente artificial y que han multiplicado los problemas alimenticios sobre todo del sector de la sociedad más permeable al mensaje de los mass media, los adolescentes. Este proceso se produce debido a que nuestro subconsciente, lo queramos o no, nos avoca a sentirnos atraídos por aquellos individuos que consideramos como modelos de triunfo social, porque en última instancia nuestra propia biología considera que aquel que triunfa o es colocado como modelo de triunfo social es el individuo que mejor se adapta al medio en el que nos desenvolvemos, ya que no olvidemos que, aunque nuestras sociedades sean un producto cultural y surgida de la modificación y adaptación del medio al ser humano, nuestro cerebro sigue pensando con estrategias aplicables en el medio ambiente en el que nos hemos venido desenvolviendo como especie durante la mayor parte de nuestra existencia.

Los valores del consumismo

En el aspecto puramente económico, los valores del consumismo tienen la finalidad de hacer que los individuos compren cada vez más para, de este modo, aumentar los beneficios empresariales y poder continuar con la dinámica productivista. Una buena parte de la cultura, los valores, los modelos de triunfo social e incluso los ideales de belleza que fabrican y venden las grandes corporaciones audio-visuales y que bombardean constantemente a la sociedad incitan o directamente implican consumo. Como ya vimos, en una sociedad productivista la inmensa mayoría de esfuerzos se encaminan a aumentar constantemente la producción, poniendo incluso al propio discurso oficial y a la cultura al servicio de dicha tarea.

La aparición del periodo vital de la adolescencia (hasta por lo menos el primer tercio del siglo XX no existía una etapa del periodo vital de los individuos en el que no eran considerados ni niños ni adultos, ya que el paso desde la infancia hacia la adultez era inmediato) es el mejor ejemplo que puede existir para explicar, en primer lugar la enorme influencia que la cultura que emana los mass media tiene y ha tenido en nuestra sociedad y, en segundo, para demostrar que su finalidad es la de incitar al máximo el consumismo. Primeramente la concepción de la adolescencia como periodo de transición entre la vida infantil y la adulta se democratizó en un contexto socio-económico muy favorable, la Edad de Oro, y partir de este punto, se ha venido desarrollando y ampliándose temporalmente hasta nuestros días. Podríamos decir que los jóvenes, los adolescentes -es decir aquellos que la sociedad no considera como niños pero tampoco como adultos- fue uno de los nuevos grupos sociales que aparecieron a partir de la segunda mitad del siglo XX y cuya impronta cultural en toda la sociedad fue innegable: Mayo del 68 o el movimiento Hippie fueron movimientos intrínsecamente ligados a este nuevo grupo social de jóvenes o adolescentes que habían vivido en unas condiciones mucho más acomodadas que sus padres y que habían tenido acceso a una cultura y estudios que sus progenitores no hubieran ni tan siquiera soñado. Desde el primer momento, los medios de comunicación de masas y el propio mercado se dieron cuenta de que éste era un grupo muy permeable a su mensaje y que además tenía una excelente capacidad de consumo (en algunas ocasiones gracias al propio trabajo que éstos realizan o las pagas mensuales o semanales asignadas por los progenitores porque el adolescente no tenía edad para trabajar o estaba cursando estudios superiores o de especialización laboral). Del mismo modo que hacía con las amas de casa, los varones adultos o las mujeres que comenzaron a integrarse en el ámbito laboral, los mass media no tardaron en crear un discurso específico para este nuevo grupo social que hacía incidencia en los nuevos valores que buscaban definir y adaptarse al nuevo modo de vida adolescente con el objetivo de fomentar el consumo de los bienes y servicios que se asociaban a esta nueva etapa en el desarrollo personal. Los adolescentes consumían un tipo de música concreto, vestían de forma diferente y, en definitiva, tenían unos valores diferentes a los tradicionales. Podríamos decir que los adolescentes de la Edad de Oro fueron el primer grupo social en comenzar a sacudirse los valores tradicionales y en a dar el paso hacia un nuevo tipo de comportamiento.

Para comprender mejor este proceso que trato de explicar, es necesario que nos paremos a reflexionar sobre cuáles son los rasgos que caracterizan a la adolescencia como periodo vital. El más definitorio es que podríamos catalogarla como una etapa caracterizada por su inestabilidad e incertidumbre, debido en buena medida a que es concebida como un periodo de transición a través del cual el individuo va a sentar las bases de lo que será su futura vida como adulto. Podríamos decir que es un periodo que se caracteriza en todo momento por la incertidumbre sobre el futuro a largo plazo. El adolescente tiene una enorme presión social, porque se encuentra en un momento de formación, de desarrollo físico y psicológico, donde debe de prepararse para encontrar un trabajo y una pareja sentimental con la que ir trazando y definido su proyecto vital como adulto. También es la etapa fisiológica donde los seres humanos nos comenzamos a desligar en mayor proporción del ámbito familiar y comenzamos a adquirir una vida social propia como individuos adultos, por lo que también los adolescentes suelen ser mucho más influenciables por la presión del entorno social que los rodea de lo que lo son los niños o adultos. La adolescencia es el momento donde comienzan a forjarse las relaciones sociales fuera del ámbito familiar, el grupo de amigos y el entorno pasan de pronto a tener un peso enorme que determina la conducta del sujeto, que en todo momento intenta ser aceptado por el grupo o incluso intenta convertirse en un modelo de triunfo social dentro del entorno en el que se mueve (es por eso que muchas de las enfermedades como la anorexia, la vigorexia etc., se desarrollan en esta etapa de la vida). En definitiva, la necesidad y la presión por ser aceptado es muchísimo mayor que la que pudiera sentir por ejemplo un adulto que ya ha formado su familia y está plenamente integrado en ella o un anciano. Aparte, tampoco podemos olvidarnos que la adolescencia sea un momento de desarrollo físico pero también psicológico, lo que evidentemente también provoca que una mente que todavía no está madura sea más vulnerable y manipulable por la presión que ejerce el entorno y el discurso de los grandes emisores de la información (el grado de desarrollo cognitivo es de vital importancia en este asunto. Incluso la publicidad destinada al público infantil está regulada porque es extremadamente sencillo manipular y condicionar mentalmente a los niños si así lo desearan los especialistas). Por eso, desde algunos sectores se fomenta al máximo la infantilización de la sociedad, porque esto implica que los individuos sean más manipulables y sean menos capaces de procesar y analizar con objetividad la información y el mensaje que se les presenta por parte de los mass media y la propaganda.

Son estas características de incertidumbre en el futuro, inestabilidad en el ámbito laboral y personal, preocupación por su apariencia, la necesidad de ser aceptado a toda costa por el grupo, etc., las que hacen a la juventud un grupo muy permeable al mensaje que irradian los medios de comunicación de masas y a la presión social que ejerce la sociedad sobre él. Otros grupos sociales donde los individuos no se sienten tan indefensos y dependientes ante la presión social y donde sus capacidades cognitivas están plenamente desarrolladas fisiológicamente hablando, son capaces de generar un mayor grado de resistencia ante el ataque cultural que realizan las élites político-económicas a través de los mass media, salvo evidentemente que estén infantilizados y existan mecanismos muy sofisticados para que el mensaje de los grandes emisores les cale hondo. El proceso para hacer que los individuos se comporten de un modo determinado es el mismo que el que he comentado en el epígrafe anterior: se fomentan unos valores, conductas e iconos de triunfo social por parte de los grandes emisores de medios audiovisuales que progresivamente van filtrándose en la sociedad hasta que llega un punto que es ésta misma la que ejerce presión sobre los individuos para que acepten e imiten los modelos prefabricados que nos imponen al mismo tiempo que se continúa con la constante presión cultural a través del cine, las series de televisión o la publicidad que observamos constantemente y que termina convirtiéndose en una parte de cómo los propios individuos ven, entienden y se adaptan a la realidad que habitan. Es así como se abre paso la cultura que emana de los mass media y se asienta en la sociedad.

No sé si se habrán percatado que casualmente la adolescencia es un periodo vital que comparte unos rasgos comunes con el modelo de sociedad que el neoliberalismo concibe e impone a través del ataque en las condiciones materiales y laborales. Es un periodo inestable, de constante incertidumbre sobre cómo será el futuro, de necesidad de esforzarse por ser aceptado, de triunfar socialmente, de constante reconversión, donde el individuo se siente vulnerable debido a que se encuentra en un mundo que es nuevo para él y que no termina de entender porque la percepción que él tiene de sí mismo y del propio mundo que le rodea cambia constantemente. En definitiva, muchos de los rasgos que lo caracterizan como etapa vital casan a la perfección con las condiciones materiales que nos impone el sistema político-económico. Es esta vulnerabilidad, incertidumbre e inestabilidad la que lleva a los jóvenes a adoptar con mayor rapidez las pautas de conducta social que les lleven a ser aceptados o a destacar en el grupo del que forman parte o en la sociedad en general y el principal motivo por el que la cultura neoliberal ha potenciado al máximo los valores, conductas y modo de vida característicos a la adolescencia y a la juventud y extrapolarlos a todos los grupos sociales, porque esta etapa, aparte de ser la que mejor se adapta a las condiciones materiales en la que nos sumen las políticas neoliberales, también es la que más vulnerable nos vuelve al mensaje cultural que constantemente emiten. Podríamos decir que todo lo que envolvía a la adolescencia era más proclive a hacer que los individuos se adapten la modernidad líquida en la que nos desenvolvemos. Es por esto que la cultura que emana de la Bestia intenta sobre todo hacer hincapié en esta etapa vital y las características que se ligan a ella, porque al sistema económico-social le interesa una sociedad cuyos individuos acepten que es normal la constante incertidumbre e inestabilidad que le impone el mercado laboral neoliberal y que se sientan en todo momento vulnerables para que intenten ser aceptados en la sociedad a través de imitar los valores y conductas que el neoliberalismo promueve. Es por esto que nuestra cultura realiza una oda constante a la juventud eterna y al modo de vida adolescente, el cual, en última instancia, se basa en disfrutar al máximo del momento sin pensar demasiado a largo plazo ni en las consecuencias que se puedan derivar de las acciones que se realizan, se incentiva un carpe diem extremo porque, si el futuro es tan inestable e inseguro que impide desarrollar un proyecto vital y unos sentimientos estables y trascendentes, lo único que queda es fomentar lo inmediato, la compulsividad, las sensaciones, los estímulos pasajeros, la apariencia sobre la esencia y el cortoplacismo sobre el largo plazo.

Para que quede totalmente claro, podríamos decir que al establishment le interesa que todos los individuos nos comportemos como adolescentes, en el sentido que seamos fáciles de manipular por estar infantilizados, que nos movamos por impulsos poco reflexivos, que seamos más dependientes de la influencia de los mass media, que nos obsesione nuestra apariencia e intentemos imitar los modelos de conducta que se nos proponen, que nos acostumbremos a vivir constantemente en una situación de incertidumbre laboral, personal y sobre el fututo que, en definitiva, encaja a la perfección con las condiciones materiales que nos imponen las medidas neoliberales, nos incitan al consumo y al mismo tiempo consiguen que los individuos se encuentren más indefensos y vulnerables frente al ataque material y cultural que nos aplican. Ni que decir tiene que dentro de toda esta aparente oda a la cultura joven subyace una concepción del ser humano que se asimila al ideal de hombre-mercancía neoliberal.

Estas grandes corporaciones de mass media forman parte de la oligarquía financiero-empresarial, fomentan una cultura consumista que en última instancia lo único que desean es a aumentar a toda costa los beneficios empresariales que se derivan del consumo exacerbado. Es por ello que la cultura que promueven se basa ante todo en la apariencia, el consumo irreflexivo, en considerar a lo antiguo o viejo como algo pernicioso y en definitiva, busca incitar la demanda de bienes y servicios a través de todos los valores, modelos de conducta o iconos de belleza que promueven. Ellos imponen unos estereotipos artificiales para que sean el modelo a imitar y que implican una necesidad de consumo por parte de aquellos que desean imitarlos. Cirugía estética, dietas, todo tipo de productos de belleza, las tendencias en la moda que cambian cada varios meses, etc., todo ello está diseñado para ejercer una presión social que incite a los individuos a consumir una serie de productos concretos con los que poder imitar los roles que se les presentan como modelos de triunfo social. Cualquiera de nosotros que reflexione se dará cuenta de que la inmensa mayoría los individuos no realizan ejercicios físicos ni acuden a gimnasios con la finalidad de mejorar su salud, sino principalmente para transformarse en los cuerpos hipermusculados –en el caso masculino- y extremadamente delgados –en el caso femenino- que se nos venden como ideal de belleza y de triunfo social. Tampoco podemos obviar que, en un sistema que crea infelicidad de un modo crónico debido al ritmo de vida que nos imprime y a como está vertebrado tanto el ámbito laboral como las relaciones personales, curiosamente estos modelos de conducta e ideales de belleza nos prometen la felicidad si logramos parecernos a ellos, porque pasaremos de ser alguien aislado y parte de una masa de individuos-mercancías que se sienten mal consigo mismo y con el modo de vida que la sociedad les impone, a ser admirado y reconocido por los que nos rodean. Es decir, el incentivo es el de encontrar la felicidad personal a través de la cultura el consumismo en un mundo diseñado para hacernos infelices irremediablemente. Ni que decir tiene que la felicidad es un sentimiento trascendente que jamás podrá ser alcanzado plenamente a través de los no-valores consumistas basados en la apariencia, en lo pasajero, en lo vacuo y en definitiva, en lo consumible. De este modo, la población está más preocupada de consumir los productos y adaptar su comportamiento a los iconos de triunfo social que se nos venden que en reconstruir unas redes sociales desechas que pongan fin a este sistema enfermizo, que nos trata como mercancías. El concepto de alienación al que se han referido multitud de autores desde el siglo XIX adquiere en nuestra sociedad lo que probablemente sea su cénit.

El ataque a los individuos

No creo que nadie discuta la evidencia de que la inestabilidad social y laboral permanente unida a la ruptura de las redes sociales avocan a los individuos a sentirse desamparados y vulnerables, lo que irremediablemente provoca una fuerte sensación de insatisfacción personal. De este modo, tenemos una sociedad compuesta por individuos desestructurados e insatisfechos que desean ser aceptados o triunfar en el ámbito social o laboral para dejar de sentirse mal y los cuales de forma natural tienden a asimilar los valores, apariencia y conductas que emiten constantemente los medios de comunicación a toda la sociedad, la cual finalmente termina por asimilar esta cultura como propia. Es decir, el vulnerable individuo de la sociedad neoliberal es presionado tanto por la saturación que recibe por parte de los grandes emisores como por la propia sociedad, que finalmente termina por asimilar los cánones de belleza y modelos de conducta que éstos han creado como productos audio-visuales. Es un hecho que, cuanto más desestructurada está una sociedad y más desesperados se encuentran los individuos, ambos –es decir tanto la sociedad como colectivo como el individuo en particular- tienden a aceptar pasivamente cualquier discurso que les prometa aceptación social por muy demagógico, populista, irracional o radical que sea. Creo que el funcionamiento del modelo neoliberal tiene muy presente esta situación al realizar de forma coordinada el ataque material y el ataque cultural, ya que está consiguiendo que aceptemos –aunque sea a regañadientes y a costa de nuestra infelicidad- a la Bestia que se cierne sobre nosotros.

Implantan un sistema socio-económico que genera una inestabilidad crónica y que promueve que las personas se encuentren solas, vulnerables y desesperadas por sentirse aceptadas e integradas, mientras que, de forma paralela, usa los mass media para dar solución a estos problemas dándoles a entender sutilmente a los individuos que si se comportan y consumen todo aquello que se les dice serán felices. Es decir, mientras que se destruyen las redes sociales y condiciones laborales que crean una sociedad fuerte, cohesionada, estructurada y feliz, al mismo tiempo -y gracias al monopolio informativo y la capacidad de penetración de los mass media– consiguen dar unas falsas esperanzas a la población proponiendo unos valores, modos de ver la realidad y maneras de vivir que sólo buscan aumentar beneficios empresariales y que vienen cargados de los no-valores consumistas, en última instancia son incompatibles con las bases sobre la que nos hemos venido basando como civilización desde finales del siglo XVIII por sus radicales concepciones del hombre-mercancía y su visión neoliberal de la sociedad. Podríamos decir que este sistema neoliberal fomenta unos individuos desestructurados y aislados que son atacados por la propia estructura económica, política y cultural hasta que provocan que no se acepten a ellos mismos y se vean en la necesidad de adaptarse a los valores que imponen sus dogmas, y cuya última finalidad es la de transformar a cada individuo a través de la presión material y cultural en el producto que el mercado reclama, en un individuo-mercancía que se comporta únicamente a través de la lógica economicista. Se aprovechan que la propia psicología humana nos incita a tomar estrategias que nos aseguren la supervivencia y la aceptación en la sociedad y, de forma indirecta, nos plantean los iconos de la cultura de consumismo para adoptemos sus no-valores y modos de comportamiento.

Evidentemente, este proceso es muy complejo y daría para escribir varias tesis doctorales en historia, psicología y antropología. Mi intención en todo momento ha sido la de intentar trazar las líneas generales sobre las que este proceso se viene desarrollando para que pueda ser entendido a grandes rasgos por todos. Este proceso que he descrito es bastante difícil de percibir de forma individual, porque el ataque cultural está perpetrado de tal modo que una buena parte de la información va dirigida principalmente hacia nuestro subconsciente, por lo que, una buena cantidad del mensaje y los valores que nos lanzan con cada producto informativo o publicitario se escapa a nuestro estado de consciencia. Además de ser un proceso muy sutil y progresivo donde además el ataque material y el cultural se producen al mismo tiempo y a que cada uno intenta dar soluciones y complementa al otro.

Podríamos decir a modo de resumen, que todo parece estar planificado para que el golpe de estado que nos están imponiendo no levante sospechas al individuo de a pie, incluso podríamos decir que todo este proceso global funciona aplicando todas y cada una de las diez estrategias de manipulación de masas propuestas por Noam Chomsky: (1ª) la distracción -que desvía la atención de la ciudadanía de temas importantes-, (2ª) crear problemas y posteriormente ofrecer soluciones, (3ª) la gradualidad (o la progresividad), (4ª) la estrategia de diferir –decir que las propuestas que nos imponen son la únicas posibles pese a ser injustas-, (5ª) infantilizar al público –dirigirse a él como si fuera un ser estúpido e incapaz, creando la sensación de que la sociedad está infantilizada y que necesita un ente adulto o maduro que la tutele-, (6ª) fomentar la emoción sobre la reflexión, (7ª) mantener a la ciudadanía en la mediocridad e ignorancia, (8ª) fomentar la mediocridad, –a través de una educación que no genera conocimientos significativos ni capacidad de análisis y los no-valores de la sociedad consumista-, (9ª) reforzar la autoculpabilidad –que criminaliza e incita a los individuos a culparse a sí mismos, su actitud, su comportamiento o su apariencia como únicos responsables de su situación en lugar de al sistema que lo margina- y (10ª) conocer el funcionamiento psicológico de los individuos mejor de lo que ellos mismos lo conocen. Por cierto, esta última estrategia de manipulación se refiere a los avances de la psicología aplicada de los últimos decenios, los cuales conocen a la perfección los profesionales que trabajan para las élites político-económicas, ya sea realizando su propaganda o los productos audiovisuales de los medios de comunicación y los cuales tienen un profundo conocimiento del funcionamiento de la psique humana, lo que les permite influir en ella aunque el individuo concreto que recibe el producto informativo no tenga conciencia de ello. El lector ha de tener en cuenta que lo que he realizado ha sido un breve resumen y que es muy recomendable que consulte esta información –si lo desea- para poder tener una explicación más detallada de estas estrategias, cosa que puede hacer en apenas en unos minutos en internet.