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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Adeli Gutiérrez Padilla. Veinticinco años de lucha por la vida

Hoy, el blog de SAICSHU se ve honrado por el testimonio de vida de una persona a la que tuve el privilegio de conocer hace muy pocos años, no mucho después de mi regreso a España, terminada mi última aventura académica, otra vez en tierras americanas.

Desde hace un cuarto de siglo, Adeli lucha contra la ataxia, y ha encontrado en ese combate el sentido de una vida que constituye un maravilloso ejemplo de fortaleza y de servicio a los demás. No combate sola. A su lado, un hombre de una pieza, enamorado, fuerte y siempre alegre. Muy cerca, un pequeño entorno de amigas –soy el único hombre infiltrado en ese selecto círculo de allegadas-, que comparte un proyecto de escritura creativa en torno al cual se tejen ilusiones, intimidades, complicidades y, sobre todo, esperanzas. Cada una de las personas de ese estrecho círculo vive su día a día con toda intensidad, con los inevitables altibajos y zozobras, y las alegrías y tristezas que nunca faltan. La enfermedad es una invitada frecuente, a la que damos acogida cordial, como la que se dispensa a un familiar querido, pero inoportuno, con el decidido propósito de despedirla cuanto antes con la misma cordialidad con que le dimos la bienvenida.

El amor a la literatura, a la palabra escrita y al pensamiento creativo, crítico y comprometido, concebido como vía hacia la liberación del peso muerto de las pequeñas calamidades diarias, se ha convertido en el denominador común a partir del cual Adeli y sus ‘amigas’ hemos desarrollado trayectorias que se cruzan y que nos ayudan a elevar el vuelo.

Adeli no se queda a la zaga en creatividad ni en entusiasmo ni en fuerza expresiva, y aspira a que su voz resuene con fuerza y penetre en los oídos de todos aquellos que, ante las arremetidas de la enfermedad -o de lo que las gentes consideran desgracias-, andan encogidos, apocados, huérfanos de esperanza.

Presten atención a este mensaje; y, tras su lectura, enfréntense a sí mismos y adviertan que sólo se vive una vez. ¡Y la vida es un don divino!

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¡Hola! Mi nombre es Adeli, y tengo cincuentaiún años. Sufrí una hemorragia cerebral -un accidente cerebro vascular- cuando contaba poco más de un cuarto de siglo de vida: un aneurisma que estaba instalado en una arteria se inflamó y obstaculizó el riego normal del cerebro; la arteria reventó y entró sangre en el cerebelo, que es donde radica la coordinación y el equilibrio del cuerpo.  En consecuencia, me quedé como un bebé recién nacido que no tiene fuerza para sujetar su tronco ni su cabecita. Para que todos entendáis bien lo que me pasó, fue como si a un ordenador le entra líquido y se borran todos los datos. Mi cuerpo y mi cerebro no funcionaban al mismo ritmo: el primero mandaba órdenes al segundo, y éste no obedecía.

La hemorragia cerebral también produjo en mi cuerpo otros daños, como una hemiplejia en el lado izquierdo, una parálisis facial en media cara, y disartria en la voz. Se me puso la boca casi en la oreja; dormía cada noche con el dedo en la boca tirando para el otro lado, pues pensaba que durmiendo así se me pondría la cara bien; y cada mañana, al despertar, pedía un espejo para ver mi cara. Observaba también si mi voz volvía a ser normal. ¡Pero todo seguía igual un día tras otro!, y me decía a mí misma: bueno, puede ser que mañana sea ese gran día. A veces, sonrío recordando esas pequeñas cosas que yo hacía pensando que eran las correctas. ¡Qué ingenua era! Hoy, al pasar los años, me doy cuenta del significado de aquellas acciones: que la esperanza de volver a estar bien nunca me abandonó.

También afectó a mi deglución, padecía de atragantamientos, sobre todo con líquidos. Mi vista, de igual forma, se vio alterada: no podía fijarla en nada, ni en libros, ni en la televisión. ¡Tenía los ojos como Marujita Díaz, dando vueltas!

El diagnóstico de los médicos era que yo no podía caminar porque sentía miedo de hacerlo: al haber superado la hemiplejia, no encontraban otra explicación. De ese accidente cerebro vascular quedó una secuela, “la ataxia”, por entonces una perfecta desconocida. Se explica así que me diagnosticaran tan a la ligera. Tras dos meses de hospitalización me dieron el alta médica, y me comunicaron que ya no podían hacer nada más por mí; que, cuando estuviera rodeada por gente “normal”, me entrarían ganas de estar bien y que se quitaría todo. Suena un poco a risa, pero así fue. Visité a unos cuantos psicólogos, pero ninguno sabía decirme qué me pasaba: y era lógico, pues no padecía ningún trastorno psicológico. Yo tenía claro que algo se había apoderado de mi cuerpo, y miedo os puedo asegurar que no era.

Caminar era para mí, y lo es todavía, como ir sobre un cable, como los equilibristas en el circo. Como hay más de doscientas patologías (los propios enfermos sabemos más de la ataxia que los especialistas de la medicina), la mía es muy desconocida porque, a simple vista, no se distinguen los síntomas; además, muchos (la forma de hablar, de andar) son parecidos a los de una persona ebria. Ante el desconocimiento, ¿qué es lo más fácil? Juzgar a la ligera, ¿verdad? Y por eso mucha gente, cuando me ve, piensa que estoy borracha; o peor aún, puesto que se me dificulta el habla, me toman por discapacitada psíquica, y se ponen a hablar con la persona que me acompaña, ante mis propias narices, preguntándole cosas sobre mí, ¡como si fuera invisible! ¡Eso me da más rabia!  Que conste que yo sólo hablo de mi experiencia personal con la ataxia, de mi perspectiva y de mis vivencias. Cada cual sabrá el camino que lleva recorrido y las piedras que ha debido sortear.

¿Ayuda psicológica? Afortunadamente no necesité, supe llevar la situación bastante bien. Yo misma me sorprendo cuando recapacito sobre todo lo vivido. En un mismo día pasas de tu rutina diaria (trabajo, sueños, ilusiones…, como cualquier chica de tu edad que empieza a vivir) a una cama de hospital con tubos y máquinas por todos lados, sin capacidad para moverte por ti misma, y con plena conciencia de todo.  Y rondan preguntas sin respuesta: ¿qué está pasando, si ayer celebraba en las fiestas de mi pueblo que había aprobado el carnet de conducir, y ahora me veo clavada en esta cama? ¡Ufff!, es bastante duro. ¿Para qué engañarnos? Pero la esperanza ayuda mucho, y es lo último que se pierde.

En una de mis revisiones me tocó un médico del que no querría acordarme. Me dijo que iba a ir degenerándome hasta quedar hecha un vegetal. Cada persona es un mundo y generalizar es, sencillamente, una barbaridad. Se puede causar mucho daño con unas palabras desafortunadas sólo porque tú tengas un mal día. Lo que él no imaginó nunca es cuánto me ayudó al hablarme así, porque, lejos de hundirme, sus palabras me sirvieron como trampolín para mi recuperación. Basta que te digan que no puedes hacer algo, para que digas: mira cómo lo hago.

Mi madre, que me acompañaba durante esa revisión, al escuchar aquellos disparates, sintió como si le clavaran una estaca en el corazón. Resultaba todo tan surrealista que llegué incluso a pensar que aquel “sabio doctor” se habría equivocado de informe médico. Así que, atónita, miré de reojo a mi madre. Ese doctor sin alma no se había dignado saludarme cuando entré a su consulta; no levantó la vista del papel que sostenía en sus manos, ni tan siquiera mostró curiosidad por conocer el rostro que había detrás del informe que atrapaban sus dedos.  ¿Y, así, a ciegas, se atrevió a valorarme? ¿Cómo se aventuró a decir aquellas sandeces sin poseer apenas conocimientos de la enfermedad? ¿De qué autoridad se creyó investido en su prepotencia? Eso fue lo que más daño me causó: la cara de dolor de mi madre, sus ojos brillantes, su nudo en la garganta que le impedía articular palabra. Jamás olvidaré ese momento tan horrible. Aunque resulte incomprensible, salí de aquella consulta con más fuerza que nunca. Había perdido la batalla, pero supe que iba a ganar la guerra.

Ahora no estoy bien al cien por cien, pero tampoco tan mal como me dijeron. Muchas lágrimas y sudores llevo derramados durante estos años para conseguir disfrutar de una mejor calidad de vida y de una independencia total en mi casa. En la calle necesito ayuda, y sigo teniendo dañada la voz.  A los afectados de ataxia nos queda un largo camino que recorrer todavía, necesitamos mucha investigación para que se encuentre la cura o algún tratamiento que frene su evolución, porque hay casos altamente invalidantes. Nuestra medicina, hoy por hoy, es mucho ejercicio físico. Yo tuve que reeducar mi cerebelo, fui a fisioterapia, natación, logopedia, acupuntura, utilizaba las cartillas ésas de “Rubio”, que, cuando éramos pequeños, usábamos en el colegio para aprender a escribir.

Un buen día se me ocurrió la idea de compartir mi experiencia, así que escribí mis vivencias con la ataxia en redes sociales, y recibí una multitud de comentarios agradeciéndome el haber hecho esta enfermedad un poco más visible. Decidí entonces escribir un libro contando más detalles. Y a ese libro siguió otro. Yo quería hacer algo por ayudar a los afectados, lo tenía claro, así que decidí vender los ejemplares del libro por Facebook.  Me sorprendió que me pidieran tantos, la verdad, y lo recaudado fue íntegro para investigación de la ataxia. Mis libros no habían pasado por ningún editor, ni se vendían en ninguna librería, sólo a través de mí se podían adquirir. Un amigo me ayudó a encuadernarlos y prepararlos, aunque él no se dedicaba a eso. Tal vez nos parezca que nuestro esfuerzo es insignificante, pero todos podemos ayudar, somos como una simple gota en el océano, pero sin esas gotas no existiría el océano.

Muchas personas se sentían identificadas conmigo, y otras, que no tenían discapacidad, veían que también se puede ser feliz con ciertas limitaciones. Yo lo soy, aunque tengo mis días malos como todo el mundo; suelo buscar el lado positivo de todo lo que nos pasa.

Ya han pasado siete años desde que mi primer libro viera la luz, y aún hay personas que me escriben emails o me mandan mensajes en los que me cuentan sus vidas con una confianza sorprendente. Yo me siento encantada de que compartan conmigo su intimidad.

Hoy, que casi he logrado salir de ese mundo de la discapacidad, miro atrás, y veo que todo el esfuerzo llevado a cabo ha merecido la pena. Así que aconsejo a todo aquel que me esté escuchando, y que tenga una discapacidad, que trabaje y luche por obtener una mejor calidad de vida, aunque no haya cura; que, sentándose en un rincón a llorar y a lamentarse por el propio estado, no se soluciona nada. No hay que dar saltos de alegría encima de la cama por tener ataxia, pero tampoco hay que esconderse debajo de ella. La vida es así: a quien le toca, le toca; y mejor afrontar lo que venga. Hay que coger el toro por los cuernos, que hay mucha vida detrás de la ataxia. ¿Sabéis eso que dicen?: al que le duele la muela, es el que se la saca. Pues eso mismo.

¿Rechazo por ser discapacitada?… Yo puedo darme con un canto en los dientes en lo referente al apoyo familiar: por ese lado no lo sentí. Lo de los amigos es otra historia, triste en apariencia. Ya no podía realizar ciertas actividades que compartíamos, y mis necesidades también eran diferentes. Por eso, algunos de ellos, los más diplomáticos, empezaron a distanciarse poco a poco;  otros, más bruscos, cortaron de golpe. Yo no quiero gente a mi lado que no me quiera sin mis galones, y esa poda me vino muy bien. Ahora sé que los que están es porque quieren estar.

Con la sociedad en general, sí hay rechazo todavía. Sólo diré que, si no hubiera exclusión, no existiría la palabra inclusión, que ahora está tan de moda. Vamos de solidarios y de “guays”, pero la realidad es muy distinta. Podría enumerar infinidad de obstáculos y estorbos que tiene que sortear un usuario de sillas de ruedas para circular por la calle: rampas tan empinadas que parecen toboganes, escalones kilométricos en establecimientos públicos, o señores-señoras que dejan el coche en aparcamientos reservados para minusválidos, o en bajadas de las aceras.

Yo tengo la capacidad para sostenerme en pie, aun con esfuerzo, y saltar tanto las barreras arquitectónicas como las mentales, que suelen ser peores. Pero ¿qué hace quien está obligado a permanecer siempre sentado? No le queda otro remedio que quedarse en el sofá de su casa, contratar Netflix, hacer las compras por Amazon, y encargar que le lleven la comida a su domicilio. Para esas personas, salir a la calle en silla de ruedas es una auténtica aventura, que enfada, quita las ganas de respirar fuera de casa y las emplaza a esta pregunta descorazonadora: ¿por qué tiene que ser la vida tan difícil para mí?

Entenderéis muy bien, a la vista de cuanto llevo dicho, que el aislamiento social es una realidad cercana que acecha a muchas, muchísimas personas; y que curar el dolor que causa esa sensación de soledad exige bien poco: tan sólo la capacidad para ponerse en los zapatos de esas personas. Porque vosotros mismos, en un viraje brusco de los que da la vida, podríais veros obligados a afrontar el resto de vuestras existencias desde esa otra perspectiva que seguramente nunca habéis imaginado.


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Las titulaciones otorgadas por la Atlantic International University no son válidas en ninguna parte del mundo

Transcribimos un texto remitido por un usuario de SAICSHU en relación con este delicado asunto.

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Después de leer todos los comentarios en este blog sobre la Atlantic International University me doy cuenta de una cosa: ¡a la gente no le gusta leer! El director del blog se ha tomado la molestia de responder un montón de veces a la misma pregunta: «¿en mi país me van a reconocer por titulación ofrecida por AIU?».
La respuesta es clara: las titulaciones otorgadas por la AIU no son válidas en ninguna parte del mundo: ninguna de ellas, ni licenciaturas, ni maestrías, ni doctorados, ni nada. Soy de Uruguay y conozco un par de personas que estudiaron másteres y doctorados en AIU y están desesperadas porque nadie les reconoce el título.
La ASIC (Accreditation Service for International Schools, Colleges and Universities), que es la agencia privada que concede alguna clase de acreditación a la AIU, no tiene el poder de suplantar a la Secretaría de Educación de EE.UU. De hecho, ASIC en realidad no tiene el poder de acreditar universidades en el Reino Unido propiamente dicho: no es una agencia reconocida ni por Ofqual (Office of Qualifications and Examinations Regulation) ni por la QAA (Quality Assurance Agency for Higher Education) que, en Inglaterra, son las agencias acreditatarias de programas de formación terciaria, sean superiores, profesionales o vocacionales.
Para que un título universitario o terciario sea reconocido mundialmente, el primer paso es que sea reconocido por la autoridad oficial estatal del país donde se estudió el programa formativo. Sin ese reconocimiento oficial, el título no vale nada, académicamente hablando, y jamás será reconocido en ninguna parte del mundo.
Es lo que pasa con los másteres propios españoles, que no son másteres como tales, son formación permanente y de posgrado, pero no son una titulación de máster como tal. Sin embargo, los que son otorgados por universidades acreditadas y reconocidas, sí tienen algo de valor y de prestigio, al menos en el sector privado y a la hora de estudiar masters oficiales, ya que es posible revalidar ciertas materias de másteres propios a másteres oficiales.
Por supuesto, los másteres propios otorgados por universidades de verdad -un máster propio de la Universidad Complutense de Madrid, por ejemplo- otorgan prestigio a quien lo posee. Eso está fuera de discusión.
He leído consultas de varios usuarios que piden recomendaciones para estudiar online títulos reconocidos. La respuesta es algo genérica: si se quiere estudiar online y se requiere que el título sea reconocido en los países de residencia, lo ideal, por regla general, es estudiar en universidades acreditadas por la autoridad educativa competente (generalmente secretarías o ministerios de educación) en los países donde se encuentran esas universidades o instituciones de educación terciaria (también pueden ser escuelas de negocios o de idiomas, de prestigio).
Si se quiere tener por ejemplo, una maestría en el área que sea y que esa maestría sea reconocida en otros países, debe ser una maestría o máster oficial. Los títulos de másteres propios españoles no serán reconocidos académicamente como titulaciones de másteres , pueden ser reconocidos como posgrado, pero no como una maestría que lleva a poder estudiar un doctorado.
Si me preguntan a mí cuál es el mejor país para estudiar carreras o posgrados oficiales del mundo, la respuesta es Inglaterra (hay que tener un nivel de dominio avanzado de la lengua inglesa para ello).
En Inglaterra existe algo llamado Educación Vocacional/Profesional, que está regulado por el Estado, más específicamente por la agencia de educación pública llamada Ofqual, que es el organismo público encargado de la acreditación de programas educativos vocacionales y profesionales que tienen equivalencia directa universitaria.
Por ejemplo, uno puede estudiar un Diploma de educación vocacional de Nivel 7 en un área determinada (educación, finanzas, administración de empresas, etcétera), que equivale en nivel a un máster; presentarse después a una universidad con el Diplomado de Nivel 7 acreditado por Ofqual, e ir directamente a la disertación del trabajo final de máster: no hay que cursar ninguna materia en la universidad, pues ese máster universitario oficial es reconocido en todo el mundo.
También es posible hacer el Doctorado bajo esta modalidad, por ejemplo, un DBA o Doctorado en Administración de Empresas (estudiando previamente un Diplomado de Nivel 8 en Administración de Empresas), completamente acreditado y reconocido por la autoridad pública de Inglaterra.


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II Congreso internacional de innovación en la docencia e investigación de las Ciencias Sociales y Jurídicas

Plazo de presentación de las propuestas: ampliado hasta el 30 de mayo

El II Congreso internacional de innovación en la docencia e investigación de las Ciencias Sociales y Jurídicas pretende propiciar un espacio virtual de aprendizaje interdisciplinar a partir del intercambio de experiencias en la universidad.

La experiencia acumulada en la primera edición del congreso, con una importante participación y una destacable producción de literatura científica en la colección «Conocimiento contemporáneo» (Dykinson), anima a desarollar esta segunda edición.

Por esta razón, desde la organización del Congreso se invita a la comunidad universitaria a participar en los diferentes simposios temáticos especializados en las siguientes disciplinas:

  • Derecho
  • Ciencias Económicas y Empresariales
  • Ciencias de la Educación
  • Ciencias del Comportamiento
  • Ciencias Sociales

La participación se realizará de manera virtual y en diferido, para facilitar la participación de los ponentes y que el evento se adapte a diferentes horarios y agendas de los mismos.

Las propuestas podrán presentarse en español, inglés o portugués.

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Forthcoming Issue: Philosophy International Journal

Trasladamos a los usuarios de SAICSHU esta invitación que nos ha llegado.

Más información: https://medwinpublishers.com/PhIJ/
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Philosophy International Journal (PhIJ) [ISSN: 2641-9130] is an open access, scholarly academic journal that aims to publish the best work from leading international scholars across the range of philosophical study in English.

PhIJ is delighted to invite you to participate in Upcoming Issue by submitting an article on or before June 10, 2022. Articles dealing with any aspect of philosophy are considered for publication.

Email: philosophy@medwinpublishers.com (OR) philosophy@medwinpublishers.org


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Mentiras que, por repetidas, cuelan como verdades

Miente Biden cuando afirma que los niños son de los profesores mientras están en el aula.

Ésta es una de las mentiras tremendas que amparan las legislaciones de algunos estados –y no precisamente Estados Unidos- que niegan el derecho de los padres a educar a sus hijos en casa.

Los niños no pertenecen a nadie, tampoco a sus padres. Pero las figuras materna y paterna en la crianza son insustituibles, y el ámbito familiar es mucho más decisivo que el escolar en la educación de los niños.

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Manuel Ferrer Muñoz. Fábrica de héroes

Terminado el partido de ida de las semifinales de la Champions League, entre Liverpool y Villarreal, en el que el equipo inglés dio un repaso en el juego a sus contrincantes, un exjugador de la Premier League y comentarista en un programa televisivo, hizo declaraciones insolentes sobre el club de Villarreal, un pequeño pueblo de la provincia de Castellón, de poco más de 50.000 habitantes: “El Villarreal es una desgracia para esta competición. [Se trata de] un equipo que no es lo suficientemente bueno para llegar a la Europa League. Así de malos son». En el partido de vuelta, el Villarreal realizó una primera parte extraordinaria, en que arrolló a su oponente y empató la eliminatoria, aunque el Liverpool logró doblegarlo en la segunda mitad. Una rápida comparación de los recursos económicos en que se sustentan uno y otro equipo desarma la arrogancia de aquel ignorante tertuliano: el Liverpool fue comprado en 2010 por un grupo de inversores estadounidenses que pagó unos 340 millones de euros, en tanto que el actual propietario del Villarreal compró en 1997 el club, que militaba entonces en Segunda División, por 432.000 euros. No cabe duda de que la increíble resistencia que el Villarreal opuso al todopoderoso Liverpool en esa competición, que reúne a los mejores clubes europeos, fue propiciada y alentada por el despectivo comentario de aquel soberbio parlanchín que, dicho sea de paso, nunca dejó de ser un jugador de fútbol de segundo nivel. La engreída Albión, que se expresaba en este caso por la boca del irrespetuoso crítico, había erigido un monumento al heroísmo del pequeño David, que, enardecido, a punto estuvo de tumbar a Goliat.

Cuando Vladímir Putin pensó que lograría cambiar el curso de la guerra en Ucrania –a la que cínicamente sigue refiriéndose como una ‘operación militar especial’- mediante brutales bombardeos de la ciudad de Mariúpol, que la han convertido en un desierto de destrucción y muerte, cometió un tremendo error que elevó a la condición heroica a los soldados ucranianos resistentes en los subterráneos de la acería Azovstal. El oso ruso, encarnado en el paranoico Putin, acaba de consagrar el mito de unos cientos de héroes decididos a pagar con sus vidas el sacrificio reclamado por la nación en armas. Y contra los mitos de nada sirven las armas de destrucción masiva.

Tal vez venga a la memoria de algunos lectores que acceden a la Tribuna Internacional de La Clave la resistencia ofrecida por el pueblo español en 1808 a los afanes expansionistas del entonces poderoso emperador de los franceses, Napoleón Bonaparte, que, aprovechando la crisis institucional abierta en la monarquía española, quiso convertir a España en un feudo francés. Seis años después, se consumaba el fracaso del coloso con pies de barro, cuya estrella se eclipsó ante la ferocidad y el pundonor de un pueblo en armas. La prepotencia del que había sido militante nacionalista corso, después oficial del ejército que combatía los anhelos nacionalistas de Córcega y, finalmente, emperador de los franceses, se disolvió como un azucarillo cuando hubo de enfrentarse al orgullo de quienes rechazaron, por dignidad, rendirse ante el invasor. Las atrocidades cometidas contra los civiles alzados en armas, en mayo de 1808, dotaron de un sentido a la resistencia y derramaron la sangre heroica que enardecería a los patriotas. Y podrían aducirse, hasta el cansancio, tantísimos otros ejemplos que ilustran la torpeza de quienes levantan muros contra sí mismos al procurar alas, inadvertidamente, a pueblos a los que buscan oprimir: las luchas por la independencia de los pueblos americanos, la tenacidad del nacionalismo irlandés, el carácter indómito del pueblo judío avasallado tantas veces en tantos espacios geográficos, la valentía con que húngaros, checoslovacos o polacos lucharon contra la tiranía soviética…

Parecía llegado un nuevo ciclo en que, como consecuencia de la racionalización de los mitos y del carácter crítico y ‘científico’ con que pretende adornarse la nueva narración histórica, empezaba a remitir el proceso de canonización de modelos dignos de ser imitados y ofrecidos por los Estados a los ciudadanos como generadores de legitimidad y como guías de conducta. No obstante, tal vez empieza a revertirse esa tendencia por la reacción colectiva de grupos de personas o de pueblos enteros que, subestimados, humillados o amenazados por un agresor externo, redescubren su propia valía y afrontan con orgullo retos que, desde un planteamiento pragmático, podrían considerarse insuperables.

El ‘más difícil todavía’ que tronaba en los antiguos circos resuena con renovadas fuerzas. Cuanta mayor sea la presión ejercida para sojuzgar a una nación, más firme y determinada será su resiliencia, incluso si, llegado el caso, la fuerza bruta logra un éxito que nunca dejará de ser transitorio. El viejo vae victis! cede el paso al vae victoribus!: porque la sangre derramada por quienes plantaron cara al agresor fertiliza la tierra patria y rebaja al tirano a la condición de bellaco que sólo inspira desprecio y odio.

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I Congreso Internacional de Innovación Docente, Educación y Transferencia del Conocimiento

Fechas: 7 y 8 de julio de 2022

Modalidad: online

PRESENTACIÓN

La innovación docente es una preocupación para la comunidad educativa, comprometida con la renovación y la mejora de las prácticas docentes en el aula. La pandemia mundial provocada por la COVID-19 ha obligado a profesores y estudiantes a trasladar los procesos de enseñanza-aprendizaje al mundo virtual, evidenciando la necesidad de implementar nuevas estrategias didácticas y pedagógicas encaminadas a mejorar la motivación y la implicación del alumnado, así como a ayudarles a aprender en un nuevo contexto.

Con este punto de partida, el Congreso Internacional en Innovación docente, Educación y transferencia de Conocimiento (CIINECO) se configura como un punto de encuentro entre investigadores y docentes de todas las áreas de conocimiento pero que comparten una preocupación común. Se pretende, de este modo, fomentar la investigación en el ámbito educativo, prestando especial atención a la innovación como factor diferencial para la motivación de los estudiantes.

De este modo, este congreso tiene como objetivos:

Generar un espacio de debate, intercambio y reflexión sobre modalidades innovadoras de enseñanza / aprendizaje para profesores e investigadores.

Presentar actividades de innovación educativa emergentes que pueden ser aplicadas en todas las áreas de conocimiento.

Trasladar los principales resultados a la comunidad educativa, de manera que docentes de cualquier disciplina puedan aplicar prácticas innovadoras emergentes en el aula.

Los asistentes podrán participar en el congreso presentando ponencias en los diferentes simposios.

Las ponencias pueden entregarse en español, inglés, portugués, italiano o francés (un idioma solo).

RESULTADOS CURRICULARES PARA PARTICIPANTES

Certificado de presentación de la ponencia en el congreso.

Certificado de participación en el congreso y en el libro de resúmenes.

Publicación (garantizada) del resumen de ponencia en libro colectivo (digital) con la editorial Egregius (ISBN)

Publicación (garantizada) de la ponencia completa como capítulo de libro en una publicación digital realizada con una de las editoriales colaboradoras.

FECHAS CLAVE

CONGRESO

Envío de resúmenes de comunicación: hasta el 6 de junio de 2022

Inscripción a precio reducido (150€): hasta el 6 de junio de 2022

Inscripción a precio normal (180€): del 7 de junio al 7 de julio de 2022

Envío del vídeo de la comunicación: hasta el 4 de julio de 2022

Celebración del congreso: 7 y 8 de julio de 2022

PUBLICACIONES

Envío del texto: hasta el 5 de septiembre de 2022

Publicación del libro de resúmenes con la editorial Egregius: antes del 31 de diciembre de 2022

Publicación del volumen colectivo (no se trata de actas) con la editorial Dykinson: antes del 31 de diciembre de 2022

Certificado de participación en la publicación: disponible en el apartado “Certificados” de su escritorio de trabajo: a partir del 19 de septiembre de 2022
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Congreso de Investigadoras de Iberoamérica

La distribución del trabajo femenino en las diversas disciplinas científicas muestra claros sesgos que confirman la menor presencia femenina en la investigación: por eso urge avanzar en los procesos de igualdad de oportunidades entre género en todos los aspectos de la vida social, académica y profesional.

El IV Congreso de Investigadoras del Sistema Nacional de Investigadores y de Iberoamérica se propone fortalecer las posibilidades de incidir en las condiciones de inclusión y equidad con las que deberán operar las políticas públicas de ciencia y tecnología de Iberoamérica.

Fechas: del 10 al 12 de noviembre de 2022.

Modalidad híbrida.

Lugar: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México

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Manuel Ferrer Muñoz. La verdad descarnada

“Este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar; mas cumple tener buen tino para andar esta jornada sin errar”. Estos versos de Jorge Manrique proponen un estilo de vida que quedó arrinconado y abandonado en el baúl de los recuerdos por los valores consagrados en la llamada Posmodernidad. El hombre light, carente de referentes morales e incapaz de asumir compromisos, no mira más allá de lo que entreven su encubierta miopía y su obtusa mollera. No interesa lo que se alce más allá del muro de su pequeño y estrecho universo, que, por tanto, no existe.

De nada importan hoy los errores acumulados jornada tras jornada, si con ello se rasca algo del placer que mendigamos a cualquier costo. Aferrados al presente y angustiados ante el vacío que la pérdida de la fe abre tras la muerte, importa sólo el aquí, ahora. Carpe diem, aférrate al momento presente, atrapa el efímero instante, libérate del peso fetichista de la responsabilidad de tus actos, cubre las apariencias y finge cumplimiento de las normas, aunque, al mismo tiempo, rebusques argucias legales para burlarlas. Huye de conceptos abstractos, como la verdad, los ideales, el sentido de la existencia.

Finjamos. Construyamos un mundo de apariencias, de amor y respeto a la infancia y a las personas mayores, exceptuados, eso sí, los niños cuya llegada al mundo era causa de incomodidad, y los viejos renqueantes a los que, en nuestra generosidad, abrimos las puertas de la eutanasia.

Aparentemos que todo va bien, convenzámonos de que éste es el mejor de los mundos posibles, escondamos la cabeza y cerremos los ojos para evitar el encuentro con las miserias que nos envuelven, con la desfachatez que permea las estructuras sociales, con la hipocresía de una clase política que se proclama cínicamente servidora de la ciudadanía.

Apartemos de nosotros el pensamiento metafísico, y aboguemos por el materialismo, la permisividad, el hedonismo, la cortedad de alas. Aprestémonos a volar como alas de corral y renunciemos a volar como las águilas, que miran al sol de hito en hito. No, no nos conviene tamaña soberbia: conformémonos con ser la cola del león, y rehuyamos la tentación de aspirar a convertirnos en cabeza de ratón, capaces de pensar por cuenta propia.

Mendiguemos salarios que nos permitan satisfacer nuestras aspiraciones consumistas, siempre crecientes, y bendigamos los subsidios como los antiguos romanos bendecían el pan y el circo. Aceptemos con docilidad el mandato de los que se encaramaron al poder mediante procesos electorales diseñados para un reparto equitativo y sucesivo del pastel entre quienes previamente han sido cooptados. Cerremos los ojos a la corrupción de unos y otros, de todos aquellos que logran acceder a un puestecito en el organigrama político, en sus diversas escalas.

Robin Hood desvalijaba a los ricos para distribuir el producto de sus robos entre los pobres. Nuestra noble clase política ha mejorado la estrategia: se hace con nuestros dineros para atender a sus necesidades y negociar apoyos de amigos poderosos y, luego, en noble gesto dadivoso, nos obsequia con las migajas de un pastel que se cocinó con nuestros bolsillos.

Pero hay que callar; si acaso, mascullaremos acobardadas protestas cuando la satisfacción de los de arriba priva de satisfacciones a los de abajo; siempre sottovoce, siempre temerosos de las delaciones, asustados ante las consecuencias del qué dirán.

Eludiremos cuestionar el sistema, entre otras razones porque el pensamiento filosófico se ausentó de las aulas donde se amaestra a nuestros jóvenes. Idiotizada toda una generación y carente de criterios sólidos, ha sido adoctrinada en el convencimiento de que las miserias del presente se explican por la cerrazón, la ceguera mental y el fanatismo religioso de nuestros antepasados. Somos hijos de la luz, mientras que ellos se debatían en las tinieblas. ¡Pobrecillos!

Tal vez un día, al contemplar la trayectoria descrita por una vida llena de vacío, nos interroguemos: y después, ¿qué? Y aflorará la tragedia, dolorosamente punzante, porque algo habíamos intuido en aquellas escasas ocasiones en que nos atrevimos a asomarnos al espejo; y es que, después de todo ese inquieto bullir, llega el cara a cara con la personal inanidad: “Mené, mené, teqel, ufarsin” (Daniel 5, 25-28).

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Manuel Ferrer Muñoz. Si yo fuera niño

Algunos de mis lectores recordarán esta bellísima canción de la película El violinista en el tejado, de 1971, adaptación del musical de Broadway del mismo nombre estrenado en 1964: Si yo fuera rico. Tal vez a otros lectores más jóvenes suene más familiar una boba y pésima comedia española titulada Si yo fuera rico, rodada en 2019: a estos últimos les recomendaría que borren ese recuerdo superfluo de sus memorias.

Tevye, el protagonista de El violinista en el tejado, una película ambientada en la Rusia zarista del siglo XIX, reflexiona sobre la tradición y las dificultades que enfrenta una persona que, además de su condición de pobre, pertenece a una comunidad judía acosada por sus vecinos y perseguida por las autoridades del Estado. Y sueña, con la ingenuidad de un niño, lo que haría de su vida si fuera rico.

Puestos a soñar, yo prefiero imaginar que vuelvo a ser niño, porque el niño es el hombre en estado prístino, antes de que su entorno se haya encargado de recortarle las alas. Además, aquel hombre sabio en quien los creyentes reconocemos al Hijo de Dios invitó a los que le escuchaban a que se hicieran como niños; y ese mensaje, que viene de una fuente tan fiable, ha traspasado ya la barrera de veinte siglos y sigue resonando como un reto difícil de alcanzar. Probaré a adentrarme por ese sueño tan atractivo, que tantos desafíos plantea…

Si yo fuera niño, seguiría pidiendo la luna, como han hecho casi todos los niños desde que el mundo es mundo; y dejaría para los mayores la mesura y el pesimismo supuestamente realistas.

Si yo fuera niña, rechazaría los vestidos de color rosa, jugaría con muñecas y competiría en un equipo federado de fútbol: obviamente, no hablo de fútbol americano sino del bueno, del soccer que se dice en Estados Unidos.

Si yo fuera niña, iría proyectado mi boda con mucha anticipación, y dejaría muy clarito a quien se atreviera a casarse conmigo que me importa un bledo la presencia de muchos invitados, y que si deseo casarme por la Iglesia es porque soy creyente y quiero poner a Dios por testigo de mi amor a la persona que elija para compartir el resto de mi vida.

Si yo fuera niña, le diría a la ministra de Igualdad de España que no me gusta volver a casa sola ni borracha: que se quede ella con esa estúpida aspiración.

Si yo fuera niño –o niña, que igual da-, me costaría mucho entender por qué los políticos que juegan con la educación de los niños, y quieren impedir que éstos jueguen, no se dejan caer de vez en cuando por las escuelas. ¿Acaso esa pandilla de sanguijuelas no se ha enterado de que el acoso escolar se da a diario en todos los rincones del mundo, sin que los servicios sociales hagan nada efectivo por impedirlo? ¿Ignoran quizá que hay miles de niños a los que algunos compañeritos hacen imposible la vida, hasta el punto de incitarles a optar por el suicidio? ¿Son incapaces de entender que los ‘deberes’ con que nos acogotan en las escuelas son un atentado a nuestra creatividad y que, en aras a esa imposición tiránica, sacrificamos un tiempo que necesitamos para jugar? ¿Por qué quieren encerrar a todos los niños en las escuelas tantísimas horas diarias, cuando es posible –y más divertido- aprender desde la libertad y el cariño que se respiran en el propio hogar?

Si yo fuera niña o niño, escribiría una carta a la ministra de Igualdad de España y, en un esfuerzo tremendo por mostrarme cortés, le contaría que eso de niño, niña, niñe es, con diferencia, la tontería más grande de que he oído hablar; y le diría también que los niños –todos los niños, sin necesidad de la repetidera cansina de niños/as- estamos hasta el copete de tanta palabrería insulsa y necia.

Si yo fuera niño –el género importa un pimiento también en este caso-, levantaría en armas a mis compañeros de clase para que impidieran que en los colegios se hable de Manualidades cuando se quiere tratar de la Expresión Artística. ¡Como si la escultura, la pintura o el origami no exigieran actividad de la inteligencia!

Promovería plantones ante las sedes de todos los ayuntamientos del mundo, para que las autoridades municipales dejaran de construir parques infantiles concebidos y diseñados como si los niños fueran hámsteres, obligados a ser felices con las infinitas vueltas a una noria que trata de disimular su cautividad.

Si yo fuera niño, hablaría seriamente con mis padres para que pensaran más en mí y menos en las cosas de sus trabajos, y les preguntaría por qué les obligan sus jefes a pasar casi todo el día fuera de casa.

Reclamaría más días en el campo o en la playa, al aire libre y en libertad, y menos encerronas aburridas en casa, alejado de mis amigos y pegado a aparatos tan hipnóticos como el iPad (incluso estaría dispuesto a reconocer que en esto –quizá sólo en esto- mis padres y mis abuelos, puestos de acuerdo por esta única vez, tienen toda la razón).

Disfrutaría como un enano haciendo construcciones, junto a mis amigos, con los materiales que encontráramos tirados por el campo, y montaríamos una casita en un árbol que fuera nuestro centro de operaciones aventureras.

Me las ingeniaría para pasar muchas horas con mis abuelos, y me esforzaría por no olvidar las conversaciones con ellos, ni las historias que me narraran.

Me quejaría de lo difícil que es practicar la gimnasia artística, porque hay muy pocas instalaciones. ¿Por qué todo tiene que ser fútbol, fútbol y más fútbol, por mucho que a mí me guste el fútbol?

Si yo fuera niño recordaría a todos los mayores, a grito pelado, que también ellos fueron niños. Y añadiría que, si somos como somos y si hay cosas que no les agradan en nuestro modo de ser, culpen a la genética, a tanto tiempo encerrados entre cuatro paredes, a su falta de habilidad para llevarnos por las buenas, al exceso de prohibiciones… Bueno, concedería a lo sumo que un poquito, sólo una mínima parte de lo que desagrada a los adultos de nosotros, los niños, se debe a nuestros pequeños errores propios de niños pequeños a los que cuesta moderar sus emociones y mostrarse siempre ecuánimes y circunspectos.

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