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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Convocatoria I Congreso Internacional sobre el Mundo Árabe y Occidente

El Grupo de Investigación Al-Andalus-Magreb de la Universidad de Cádiz y el Grupo de Investigación en Comunicación, Cultura y Ciencia (HUM752) de la Universidad de Sevilla, en colaboración con Egregius congresos y eventos, convocan a este congreso, que se desarrollará en formato virtual durante los días 28 y 29 de octubre de 2021.

Fechas clave: 

CONGRESO

  • Fin del plazo para el envío de resúmenes de ponencias: 11 de octubre de 2021
  • Inscripción a precio reducido: hasta 11 de octubre de 2021: (140€) (85€ firmantes no residentes en Europa)
  • Envío de vídeos de defensa de ponencia: hasta el 25 de octubre
  • Fechas de celebración del congreso: 28 y 29 de octubre de 2021

PUBLICACIONES

  • Envío de los textos completos de la ponencia (el envío de textos completos es opcional): hasta el 29 de noviembre de 2021
  • Publicación del libro de resúmenes del congreso con la editorial Egregius: antes del 1 de agosto de 2022
  • Certificado de participación en libro de capítulos: disponible en el apartado “certificados” de su escritorio de trabajo a partir del 6 de diciembre de 2021.
  • Publicación del libro del congreso con la editorial Dykinson: antes del 1 de agosto de 2022

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I Congreso Internacional de Jóvenes Investigadores

Se realizará del 25 al 29 de octubre de 2021. El evento analizará los diferentes componentes de la situación actual así como proyectará líneas de actuación y mejora con respecto al futuro cercano del papel que deben jugar las universidades Latinoamericana y del Caribe desde una triple perspectiva: analítica, crítica y constructiva.

El I Congreso Internacional de Jóvenes Investigadores permitirá a todas las áreas de conocimiento (Ciencias Sociales y Humanidades, Ciencias de la Salud y Ciencias experimentales) el abordaje de los principales componentes desde su propia visión disciplinaria. Los trabajos remitidos deben enmarcarse única y exclusivamente bajo el género ensayístico científico, deben adscribirse a uno de los ejes temáticos que se relacionan a continuación:

Ejes temáticos:

  1. Calidad y calidez en las universidades latinoamericanas y del Caribe: compromiso o marketing.
  2. Las universidades Latinoamericanas y del Caribe en tiempos de pandemia: período de fracaso o de reestructuración.
  3. Universidad y sociedad: relación o desencuentro.
  4. Universidad e investigación: aportes, irrelevancia y mercantilización científica.
  5. Universidad y cultura: realidad o ficción.
  6. Universidad y estudiantes universitarios (prueba de acceso, cupos y sistema de becas): café para todos, esencia para nadie.
  7. La universidad, mercado laboral y el modelo económico: bloque de contención a la incorporación laboral y formación de mano de obra especializada.
  8. Ideología, crítica, libertad de expresión, centralismo y autonomía en las universidades Latinoamericanas y del Caribe: entre el adoctrinamiento, la pasividad y el librepensamiento.

Modalidades de ponentes:

  • Estudiantes de pregrado universitario
  • Licenciados y magísteres que hayan obtenido su titulación en los últimos tres años y candidatos a PhD.

Formato del Congreso:

  • Plataforma online

Género de las aportaciones:

  • Ensayo científico, que debe contener la siguiente estructura: 1) Introducción, 2) Desarrollo, 3)  Conclusiones y 4) Referencias bibliográficas.

Modalidad de las exposiciones:

La modalidad de la presentación será abierta (tradicional o innovadora) y deberá ajustarse al tiempo establecido.

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Paul Auster. En Estados Unidos aún seguimos luchando en la guerra civil

Auster acaba de publicar La llama inmortal de Stephen Crane, una excelente biografía sobre el autor de La roja insignia del valor

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Un tipo con mala suerte. Con talento y vida corta. Malditos, los llaman. Stephen Crane venía troquelado por mimbres distintos a otros Max Estrella del mundo. Voluntarioso, genialoide, con pulso periodístico, tempranas inclinaciones literarias en las volutas de su pensamiento y algunas derivas bohemias, más impuestas que elegidas, el escritor trabó amistad con el inhóspito Joseph Conrad (que le entregó su amistad sin reservas) y Ford Madox Ford. Fue admirado por la reservada Virginia Woolf, Hemingway o el autodestructivo Scott Fitzgerald. Su resuello le falló en 1900, «deshecho por la tuberculosis», antes de «conducir un automóvil», «contemplar un aeroplano» o «ver una película». Pero tuvo tiempo de conocer la bombilla de luz, la cerveza Budweiser, el kétchup Heinz, la Prensa, la máquina de escribir, la liga profesional de béisbol, cubrir la Guerra de Cuba y escribir un librazo: La roja insignia del valor. Ahí queda. A esta voluntad de mil caras, inaprensibles, ha empujado a Paul Auster, un autor tan alejado de su estilo, a dedicarle una sólida biografía, La llama inmortal de Stephen Crane. El autor de Leviatán y El libro de las ilusiones, en un rapto de entrega, lo califica de «poeta» y su voz tiembla al decirlo.

–A Stephen Crane no se le estudia ya en Estados Unidos

–No sólo ha sucedido con La roja insignia del valor. De la lista han caído otros muchos autores y libros, como La letra escarlata, de Hawthorne, la primera gran novela americana. Muchos estudiantes ahora no entienden ese lenguaje ni su sintaxis. Los profesores, desesperados para que lean, ceden y ponen a su alcance libros mediocres y más accesibles. No los culpo, porque vamos pasos hacia atrás. Sucede en España, Italia, Alemania…

No es bueno.

– Los gustos cambian. Y no siempre para bien. A mí me deprime bastante. Pero piensas en todas las distracciones que tienen… Es difícil concentrarse en un libro, como hacíamos antes. Internet ha supuesto un cambio radical. Tiene cosas buenas y otras negativas, aunque creo que ha sido muy dañino. Distrae y la gente se pierde dando vueltas durante horas.

La roja insignia del valor es una novela sobre la guerra civil americana. ¿EE. UU. está dividido hoy?

–En Estados Unidos todavía seguimos luchando la guerra civil. El sur perdió la batalla militar, pero la ganaron por otro lado. Siguen con esas abominables hogueras, se imponen en la guerra de la propaganda. La causa del sur, la causa noble, decían… El filme más exitoso de todos los tiempos es «Lo que el viento se llevó», horrible película, pero se lleva todos los méritos. El sur sigue ganando, aunque nosotros somos más. A veces parece que va a haber otra guerra civil, real, a nivel físico, en mi país, porque los bandos están divididos. No existen grises. Solo blancos y negros. Son lenguajes totalmente opuestos. No sé y no me atrevo a predecir qué es lo que va a pasar. Tengo miedo de que vayamos a perder la democracia y el país.

Texto completo en fuente original


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II Congreso Internacional Tierra y Derechos Humanos

Fechas: 13 y 14 de diciembre de 2021 (participación on line)

Simposios disponibles:

  • Derechos de pescadores artesanales
  • Modalidades de contratación y derecho agrario para el desarrollo de las zonas rurales
  • Tierra, campesinos y alimentos en África
  • Cooperación para el desarrollo en las zonas rurales
  • Tenencia de tierra, acaparamientos y derechos a la tierra
  • Mujer y mundo rural: emprendimiento, iniciativas y desarrollo
  • Derechos Humanos y desarrollo. Especial atención a los ligados a la Declaración de Derechos de los Campesinos.
  • Turismo, sostenibilidad y desarrollo local comunitario en áreas rurales
  • Derecho a la alimentación, seguridad alimentaria, políticas públicas
    Sistemas alimentarios, agrobiodiversidad, agroecología, protección de semillas
  • Agua, derecho al agua, protección medioambiente
  • Los sistemas de tenencia de tierra, alimentarios y campesinos en perspectiva histórica
  • Derecho Alimentario, Derecho Público, ordenación del territorio
  • Situación de los campesinos. Especial referencia a los inmigrantes
  • El mundo rural en los medios de comunicación
  • Otras líneas de trabajo

Fechas clave:

CONGRESO

  • Fin del plazo para el envío de resúmenes de ponencias: 17 de noviembre de 2021
  • Inscripción a precio reducido: hasta 17 de octubre de 2021: (140€)
  • Envío de vídeos de defensa de ponencia: hasta el 9 de diciembre
  • Fechas de celebración del congreso: 13 y 14 de diciembre de 2021

PUBLICACIONES

  • Envío de los textos completos de la ponencia (el envío de textos completos es opcional): hasta el 24 de enero de 2022
  • Publicación del libro de resúmenes del congreso con la editorial Egregius: antes del 1 de agosto de 2022
  • Certificado de participación en libro de capítulos: disponible en el apartado “certificados” de su escritorio de trabajo a partir del 31de enero de 2022.
  • Publicación del libro del congreso con la editorial Dykinson: antes del 1 de agosto de 2022

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Por qué fracasan los países que someten a las mujeres

Después de que Estados Unidos y sus aliados derrotaran a los talibanes en 2001, la matriculación de niñas en los colegios de primaria en Afganistán aumentó del 0% al 80%. La mortalidad infantil se redujo a la mitad. El matrimonio forzoso se convirtió en ilegal. Muchas de esas escuelas eran lugares sucios y muchas familias ignoraban la ley. Pero nadie duda de que las mujeres y niñas afganas han logrado grandes avances en los últimos 20 años, y de que esos logros están ahora en peligro.

Estados Unidos está “comprometido con el avance de la igualdad de género” a través de su política exterior, según el Departamento de Estado. Dejar miles de millones de dólares en armas y un país de tamaño mediano a un grupo de misóginos violentos es una forma extraña de demostrarlo. Por supuesto, la política exterior implica concesiones difíciles. Pero cada vez hay más pruebas de que Hillary Clinton tenía razón cuando dijo, hace una década, que “el sometimiento de las mujeres es una amenaza para la seguridad de nuestro mundo”. Las sociedades que oprimen a las mujeres tienen muchas más probabilidades de ser violentas e inestables.

Hay varias posibles razones que lo explican. En muchos lugares, las niñas son seleccionadas para abortar o quedan desatendidas. Esto ha provocado desequilibrio en los géneros, lo que significa que millones de hombres jóvenes están condenados a quedarse solteros. Los jóvenes frustrados tienen más probabilidades de cometer delitos violentos o unirse a grupos rebeldes. Los reclutadores de Boko Haram y del Estado Islámico lo saben y les prometen “esposas” como botín de guerra. La poligamia también crea un excedente de jóvenes solteros. Múltiples esposas para los hombres en la parte de arriba genera hombres solteros para los que están en la parte de abajo.

Todos los conflictos presentan causas complejas. Pero puede que no sea una coincidencia que Cachemira tenga una de las proporciones de sexos más desequilibradas en India, o que los 20 países más turbulentos en el índice de Estados Frágiles compilado por el Fondo para la Paz en Washington practiquen la poligamia. En Guinea, donde hubo un golpe el 5 de septiembre, el 42% de las mujeres casadas de entre 15 y 49 años corresponden a uniones polígamas.

Fuera de las democracias ricas, el grupo de parentesco masculino sigue siendo la unidad básica de muchas sociedades. Estos grupos surgieron en gran parte para la autodefensa: los primos varones se unían para repeler a los forasteros. Hoy, en su mayoría son foco de problemas. Las disputas entre clanes han dejado un reguero de sangre en Oriente Medio y el Sahel. Las tribus compiten por controlar el estado, a menudo de forma violenta, para poder repartir trabajos y saquear a sus vecinos. Esos estados se vuelven corruptos y disfuncionales, alienando a los ciudadanos y aumentando el apoyo a los yihadistas que prometen gobernar de manera más justa.

Texto completo en La Razón


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¿Cómo contribuir al empobrecimiento de la mente humana?

A través de un amigo lector nos ha llegado este texto, que compartimos gustosos, desde el penoso convencimiento de que la pérdida del hábito de lectura ha idiotizado ya a más de una generación.

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El coeficiente intelectual medio de la población mundial, que desde la posguerra hasta finales de los años 90 siempre había aumentado, en los últimos veinte años está disminuyendo…

Es la vuelta del efecto Flynn. Parece que el nivel de inteligencia medida por las pruebas disminuye en los países más desarrollados. Muchas pueden ser las causas de este fenómeno. Una de ellas podría ser el empobrecimiento del lenguaje. En efecto, varios estudios demuestran la disminución del conocimiento léxico y el empobrecimiento de la lengua: no solo se trata de la reducción del vocabulario utilizado, sino también de las sutilezas lingüísticas que permiten elaborar y formular un pensamiento complejo. La desaparición gradual de los tiempos (subjuntivo, imperfecto, formas compuestas del futuro, participio pasado) da lugar a un pensamiento casi siempre al presente, limitado en el momento: incapaz de proyecciones en el tiempo. La simplificación de los tutoriales, la desaparición de mayúsculas y la puntuación son ejemplos de “golpes mortales” a la precisión y variedad de la expresión. Solo un ejemplo: eliminar la palabra “señorita” (ya inusual) no solo significa renunciar a la estética de una palabra, sino también fomentar involuntariamente la idea de que entre una niña y una mujer no hay fases intermedias.

Menos palabras y menos verbos conjugados implican menos capacidad para expresar las emociones y menos posibilidades de elaborar un pensamiento. Los estudios han demostrado que parte de la violencia en la esfera pública y privada proviene directamente de la incapacidad de describir sus emociones a través de las palabras. Sin palabras para construir un razonamiento, el pensamiento complejo se hace imposible. Cuanto más pobre es el lenguaje, más desaparece el pensamiento. La historia es rica en ejemplos y muchos libros (Georges Orwell-1984; Ray Bradbury – Fahrenheit 451) han contado cómo todos los regímenes totalitarios han obstaculizado siempre el pensamiento, mediante una reducción del número y el sentido de las palabras.

Si no existen pensamientos, no existen pensamientos críticos. Y no hay pensamiento sin palabras. ¿Cómo se puede construir un pensamiento hipotético-deductivo sin condicional? ¿Cómo se puede considerar el futuro sin una conjugación en el futuro? ¿Cómo es posible capturar una tormenta, una sucesión de elementos en el tiempo, ya sean pasados o futuros, y su duración relativa, sin una lengua que distingue entre lo que podría haber sido, lo que fue, lo que es, lo que podría ser, y lo que será después de que lo que podría haber sucedido, realmente sucedió?

Queridos padres y maestros: hablemos, leamos y escribamos a nuestros hijos, a nuestros estudiantes. Enseñemos y practiquemos el idioma en sus formas más diferentes; aunque parezca complicado: especialmente si es complicado. Porque en ese esfuerzo está la libertad. Quienes afirman la necesidad de simplificar la ortografía, de descontar el idioma de sus “fallas”, de abolir los géneros, los tiempos, los matices, y de todo lo que crea complejidad, son los verdaderos artífices del empobrecimiento de la mente humana. No hay libertad sin necesidad. No hay belleza sin el pensamiento de la belleza.


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Antonio Caballero. El uribato y la paz de Santos

“Mano firme, corazón grande”, anunció Uribe. Había practicado su mano dura en Antioquia como gobernador, donde había presidido la creación de setenta organizaciones cívicomilitares armadas llamadas paradójicamente Convivir, que combatían con terror el terror de la guerrilla. Con el respaldo financiero del Plan Colombia negociado por Pastrana con el presidente norteamericano Bill Clinton, Uribe emprendió una política de guerra total contra las Farc (y secundariamente contra el ELN) bajo el rótulo de “seguridad democrática”. Hizo aprobar un impuesto de guerra. Duplicó el pie de fuerza del Ejército y la Policía. Organizó una retaguardia de “soldados campesinos”, y quiso, sin lograrlo por razones presupuestarias, respaldarla con un millón de informantes pagados. Devolvió la presencia de la Policía a doscientos municipios que carecían de ella. Y pronto se vieron notables resultados, en especial en la recuperación del control de las carreteras troncales del país, en las que la guerrilla practicaba mediante retenes móviles armados el secuestro indiscriminado de viajeros, que llamaba “pesca milagrosa”. En resumen, y aunque a costa de numerosos abusos y detenciones arbitrarias, la “seguridad democrática” del presidente Uribe puso a las Farc en retirada por primera vez en muchos años.

Por la existencia del conflicto armado —que negaban el propio Uribe y sus principales consejeros, para quienes lo que había en el país desde hacía cuarenta años era simplemente ” narcoterrorismo” dentro de un paisaje que no era de desplazamiento forzoso y masivo de personas, sino de robusta y saludable “migración interna”—, Colombia se convirtió en una excepción en la América Latina del momento, donde proliferaban los gobiernos de izquierda: Venezuela, Ecuador, Bolivia, Chile, la Argentina, el Brasil, Uruguay. La población colombiana siempre ha sido predominantemente reaccionaria, “un país conservador que vota liberal”, lo definía con acierto el líder conservador Álvaro Gómez, sin precisar el motivo de ese voto contradictorio: el miedo a los gobiernos conservadores; en respuesta al accionar de las guerrillas, que se calificaban de izquierda, la derechización se pronunció todavía más.

Colombia ya era para entonces un país de desplazados. Unos seis millones de refugiados del interior, la mitad de la población campesina, campesinos expulsados de sus tierras expoliadas por los narcos y los paras con la complicidad de políticos locales, de notarios y jueces, y de las fuerzas armadas oficiales. Cinco millones de colombianos en el exterior, de los cuales unos miles exiliados por razones políticas y los restantes millones emigrados por motivos económicos, a Venezuela (más de dos millones), a Europa (sobre todo a España), a los Estados Unidos (600.000 sólo en la ciudad de Nueva York), al Canadá, a Australia, al Ecuador, a la Argentina. Colombia exporta su desempleo, y recibe a cambio anualmente varios miles de millones de dólares en remesas familiares. Y eso va acompañado por una concentración creciente de la propiedad de la tierra: una tendencia que viene desde la conquista española, continuada en la eliminación de los resguardos indígenas por los gobiernos republicanos, agravada por el despojo a los pequeños propietarios en los años de la Violencia liberal-conservadora y rematada luego por las adquisiciones de los narcotraficantes y los desplazamientos del paramilitarismo.

 Si a las guerrillas el gobierno de Uribe les presentó guerra total, a los paramilitares les ofreció en cambio puente de plata. No en balde las zonas dominadas por el paramilitarismo habían sido claves en su victoria electoral del año 2002. Y es por eso que, cuando empezaron las investigaciones judiciales a los políticos por paramilitarismo, el presidente mismo les recomendó a los congresistas de la bancada gobiernista que votaran por los proyectos del gobierno antes de que los jueces los metieran a la cárcel. Pero entre tanto, algunos de los más conspicuos jefes del paramilitarismo fueron llevados por el gobierno para ser oídos por el Congreso: Salvatore Mancuso, Ernesto Báez (que más tarde serían condenados a muchos años de cárcel). Otro más, Carlos Castaño, se convirtió en una estrella de la televisión dando entrevistas en las que exhibía ostentosamente sus armas, sus hombres y sus uniformes camuflados de las AUC, Autodefensas Unidas de Colombia. Y finalmente el gobierno les dio una generosa ley de “Justicia y Paz” que propició la desmovilización de más de treinta mil combatientes, cuando sus diferentes grupos sumaban, según se decía, sólo 18.000. Entregaron 16.000 armas. Algunas de las rendiciones fueron tan grotescamente de sainete que acabaron siendo causa de que se acusara penalmente al Alto Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, de “falsas desmovilizaciones”. Mientras estaban en teoría concentrados en el pueblo de despeje de Santa Fe de Ralito, los “paras” seguían organizando contrabandos de droga sin que pasara nada. Cuando empezaron a declarar ante la justicia, catorce de sus cabecillas fueron extraditados a los Estados Unidos para ser juzgados allá por narcotráfico, dejando pendientes sus crímenes en Colombia: masacres, descuartizamientos, desapariciones.

Texto completo en fuente original


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Juan Manuel Santos dialoga con Ingrid Betancourt

En Oxford (Inglaterra), tan lejos de Colombia, nació Una conversación pendiente (Planeta, 2021), que es la historia de dos vidas y el retrato de un país. Los recorridos de Juan Manuel Santos (Bogotá, 70 años) e Ingrid Betancourt (Bogotá, 59 años), dos de los personajes políticos colombianos más destacados de los últimos treinta años, se cruzan decenas de veces hasta juntarse en un pub inglés, en el que se hablan como nunca lo habían hecho. Él, ya expresidente, Nobel de la Paz 2016, abuelo de dos nietos. Ella, excandidata presidencial, secuestrada seis años por las FARC en la selva, abuela de tres.

Ambos nacieron en cunas de la élite económica y política bogotana y crecieron saludando en la sala de su casa a los más poderosos del país. En los noventa desembarcaron en la política. Él iba a ser director del periódico El Tiempo, en manos de su familia, pero prefirió “el poder a la influencia”. Ella, que vivía en Francia, decidió volver al país cuando Pablo Escobar mató al aspirante a presidente Luis Carlos Galán, con el que trabajaba su madre y sobre el que gran parte de la sociedad colombiana había puesto sus esperanzas para romper la cada más estrecha alianza entre la política y el narco.

Empezaron a conocer casi de la mano los entresijos del poder colombiano, que ahora desmenuzan desde su posición de testigos irrepetibles. El secuestro de Betancourt por la guerrilla de las FARC en 2002, un cautiverio atroz que dio la vuelta al mundo, los acabó de unir para siempre en un rescate de película. Santos era el ministro de Defensa del Gobierno de Álvaro Uribe cuando la Operación Jaque, en 2008, rescató a Betancourt y otros secuestrados sin pegar un solo tiro.

De esto hablaban Ingrid y Juan Manuel en un pub de Oxford hace un par de años. Uniendo las visiones, anécdotas y sentimientos de ambos desde los dos lados de un episodio del que fueron protagonistas. Santos pensó que aquello era “una historia maravillosa” que había que escribir. Lo que siguió fueron cuarenta horas de conversación virtual a lo largo de quince meses, en medio de la pandemia, moderada y ordenada por el escritor Juan Carlos Torres. El resultado son más de quinientas páginas de dos personajes claves que “desde el alma”, asegura Betancourt, cuentan su visión de un país que convivió con la guerra durante más de cincuenta años.

Entre el cariño y la admiración mutuos, la víctima de las FARC y el promotor del acuerdo de la paz con la guerrilla despellejan la realidad colombiana. Critican o alaban, sin compasión ni rubor, a expresidentes o ministros del presente y del pasado. Una conversación pendiente llegó a las librerías en Colombia esta semana, a las puertas de un año electoral clave para el país. Los autores conversan con El País, él desde Colombia y ella desde Francia, en una entrevista en línea, como se fraguó el libro.

Acceso a la entrevista, a cargo de Inés Santaeulalia


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Manuel Ferrer Muñoz. Homo homini lupus

Vivimos tiempos de barbarie. Tal vez todos los tiempos que miden el paso del hombre sobre la tierra hayan sido de barbarie, sin excepción alguna.

Hace ya unas décadas, cuando estalló la Guerra de los Balcanes, revivimos horrores que los europeos no habían experimentado desde la II Guerra Mundial: eso sí, existía hasta entonces un Telón de Acero que ocultaba de su mirada la brutalidad imperante en la Unión Soviética y en sus países satélites. Por eso llama la atención que la derrota del comunismo en el Este de Europa resultara incruenta en la mayoría de los casos, con la sola dramática excepción de Rumanía. Pero el veneno del nacionalismo infestó los Balcanes y propició una lucha de todos contra todos que conmovió al mundo. Y, si dirigimos la mirada al occidente de Europa, España, que padeció desde mucho antes y durante varias décadas la violencia desatada por los terroristas de ETA, constituye un caso particular: en nombre del irredentismo vasco, se cometieron auténticas masacres abominables.

¿Y qué decir, si nos trasladamos a otros continentes, de las brutales dictaduras de Uruguay, Argentina o Chile, de la destrucción de las Torres Gemelas, de las guerras en Irak y Afganistán, del terrorismo de Al-Qaeda, del de Boko Haram en Nigeria, de los bárbaros dictadores africanos cuyo simple listado causa horror…?

En todos los rincones del planeta se han cometido crímenes execrables, invocando razones políticas o étnicas, esgrimiendo argumentos religiosos o ideológicos.

¿Qué monstruo anida en el corazón humano que, sosegado habitualmente por los convencionalismos sociales, estalla de pronto y ante nada se detiene?

Cuesta admitir que los artífices de aquellas vilezas, que han costado las vidas de tantas personas, alcanzaran a pasar página sin reprocharse nada, y llegaran a representarse a sí mismos ante sus conciudadanos como héroes salvadores de un pueblo o como sacrificados gobernantes amantes de su nación. ¿Acaso, en la intimidad de su conciencia o ante la inminencia de la muerte, permanecerían insensibles ante el mal que sembraron y ante el daño inferido a personas inocentes?

Los talibanes que, después de veinte años, han recuperado el gobierno de Afganistán, ¿pensarán honradamente que la Sharía posibilita el imperio de la justicia en la sociedad, y que las mutilaciones de ladrones y el desprecio a la mujer, relegada a una condición sumisa y alejada del acceso a la educación, llegarán a ser bendecidas por Alá?

Las manos manchadas de sangre ¿pueden acariciar a los hijos o a la esposa? ¿Cómo olvidar las miradas de aquéllos a quienes esas mismas manos torturaron o privaron de la vida? ¿Puede un asesino de ETA cruzarse con familiares de una de sus víctimas y permanecer insensible?

Se trata, indudablemente, de preguntas lanzadas al viento, para las que no existen respuestas; pero sí se abre el camino a una reflexión personal. ¿Cómo superar el odio? ¿Cuál es el camino que conduce al perdón? ¿Cómo preservar la esperanza en un mundo en que priman los egoísmos, la corrupción, el insulto, la subordinación del hombre a la economía, la mentira institucionalizada? ¿Cómo vivir en coherencia con las personales convicciones frente a las burlas, el ninguneo, la presión mediática de un mundo donde la libertad de pensamiento es acosada y acorralada? ¿Cómo convivir en familia, a pesar de los errores que todos cometemos, y cómo mantener encendido el fuego de un enamoramiento que culminó en la fundación de un hogar?

¿Qué hacer para que el hombre deje de ser un lobo para los otros hombres? Si el camino para cambiar y renovar el mundo exige el abandono de cualquier forma de violencia, queda claro que la solución no consiste en exterminar a los lobos. ¿Cómo, entonces, rehumanizar a los lobos?

Si a alguno de los lectores interesa conocer mi convicción personal, no ocultaré que mis creencias católicas constituyen la única fuente en que logro calmar la sed de justicia y sustentar la esperanza. Pero cada hombre ha de actuar de acuerdo con su propia conciencia, pues no hay remedios universales ni varitas mágicas de venta en las tiendas de los chinos que encontramos en todas y cada una de las ciudades de Occidente.

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