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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales

revista

De carácter multidisciplinar y de periodicidad cuatrimestral, aborda temas de actualidad nacional, latinoamericana y mundial, con énfasis en las ciencias sociales. Publica la revista la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

De acuerdo con la base Scimago Journal Ranking 2018 Latinoamérica, categoría Ciencias Sociales, en su evaluación del periodo 2014-2018, la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales ocupa la posición 13 (de 36 revistas) y se ubica en el cuartil Q3, con un H-Index = 3.

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Ganador del nobel dice que la cuarentena mató más personas de las que salvó

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La estrategia de la mayoría de países del mundo para controlar la pandemia del coronavirus ha sido el confinamiento obligatorio decretado por sus gobiernos. Sin embargo, este procedimiento ha recibido fuertes críticas de parte de personas que consideran que no era necesario sacrificar el estilo de vida de las personas para controlar la enfermedad.

Este es el caso de Michael Levitt, científico ganador del Premio Nobel de Química en 2013, que ha descalificado la cuarentena, especialmente la que se realizó en el Reino Unido por decisión del primer ministro Boris Johnson.

“Creo que las cuarentenas no salvaron ninguna vida”, dijo el científico en una entrevista con ‘The Telegraph‘.

“Creo que pueden haber costado vidas. Habrán salvado algunas vidas en accidentes de carretera y en cosas así, pero el daño social por el abuso doméstico, los divorcios, el alcoholismo, ha sido extremo. Y además, están los que no fueron tratados por otras enfermedades”, señaló el científico.

Levitt ganó el galardón con Martin Karplus y Arieh Warshel por el “desarrollo de modelos multiescala para sistemas químicos complejos”, pero ahora está dedicado a investigar los efectos del coronavirus junto con su equipo, con la idea de identificar el comportamiento del virus en los países.

El investigador angloamericano e israelí cree que si se hubieran tomado medidas sociales menos severas, desde el inicio de la pandemia, como el uso obligatorio de tapabocas y mantener el distanciamiento social, como se está haciendo ahora, se habría logrado controlar el virus.

“Creo que el verdadero virus fue el virus del pánico”, dijo Levitt, y agregó al respecto: “Por razones que no me quedan claras, creo que los líderes entraron en pánico y la gente entró también; considero que hubo una gran falta de discusión”.

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Jornadas sobre Patrimomio. Universidad Nacional de Chimborazo

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Desde la Cátedra de Patrimonio de la Carrera de Arquitectura en la Universidad Nacional de Chimborazo (Riobamba, Ecuador) invitamos a toda la comunidad científica en red a participar de esta propuesta, que se celebrará todos los jueves a las 12:00 del mediodía (UCT-5).

Para ello debes estar a esa hora de Ecuador en cualquier parte del mundo, de forma que puedas impartir tu ponencia en Facebook Live a través de esta misma página. Todas las ponencias tendrán una duración de 30 minutos, dejando 10 minutos más para preguntas, que pueden ir formulándose en el chat de la ponencia y serán respondidas al finalizar la misma.

Si estás interesado o interesada en participar con una ponencia sobre Patrimonio Cultural, de cualquier ámbito o región, puedes enviarnos la propuesta a la dirección de correo pcarretero@unach.edu.ec, haciendo constar el título de la misma, un resumen de 300 palabras, tus nombres y apellidos, filiación institucional y un resumen de tu hoja de vida de máximo 300 palabras.

Para más información, puedes escribir a la dirección de correo señalada más arriba.


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Desde el Sur, revista de Ciencias Humanas y Sociales (Universidad Científica del Sur, Lima, Perú)

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Publica artículos originales de investigadores de todo el mundo en el campo de las Humanidades y las Ciencias Sociales, orientados preferentemente a la problemática de América Latina.

Desde el Sur aparece con carácter semestral, y su acceso es gratuito tanto en su versión impresa como electrónica.

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Manuel Ferrer. Reinventar el turismo

turismo

Quién sabe si la pandemia del coronavirus ha sido la ocasión para cambiar las bases y reorientar los enfoques de la actividad turística, tradicionalmente poco respetuosa con el medioambiente, sobre todo desde que se convirtió en fenómeno de masas en la década de los sesenta del pasado siglo.

En todo caso conviene observar que la avidez posesiva y destructora del patógeno turista-tipo venía de lejos, como lo prueban algunos pasajes de Años y leguas que aquí transcribimos y comentamos: reparemos en que el año de publicación de esta novela señera de Gabriel Miró es ¡1928!

No deja de resultar significativo que las lamentaciones del gran escritor alicantino apunten a una de las franjas del litoral mediterráneo de España más afectadas por la atolondrada urbanización que siguió al descubrimiento de las potencialidades económicas de un turismo de masas. Ya nos ocupamos del tema en una entrada del blog todavía reciente: Benidorm hace un siglo.

Pero cedamos la palabra a Miró, quien en el capítulo titulado ‘Calpe. Excursionismo’ lleva a cabo unas consideraciones que deberían remover la conciencia de los académicos, de los empresarios turísticos y de las autoridades públicas con competencias en el sector: también, por supuesto, y sobre todo, en el ámbito inmobiliario.

Así, al evocar ese “mar grande” al que se asoma Calpe, Sigüenza -el otro yo de Miró- se deleita en el rumoroso silencio de un “mar sin bullicio democrático de verano” que sirve de marco a una población, “Calpe, todo de lumbre ancha de verano sin jovialidad, en una íntima clausura. Cantonadas y callejones con calma de portal en un atardecer de invierno; calma que se queda respirando entre los aletazos y torbellinos del viento salobre”. Silencio y calma.

Un lugar, Calpe, callado, “sin verano de gentes forasteras”, “sin colonia de veraneantes regocijados y orfeónicos” envuelto en el “olor de barcos en el sol de la arena, de redes y de tiestos de alhábegas y geranios”. Y estalla Sigüenza: “¡gracias a Dios, sin turismo!”.

También el turismo, se dice a sí mismo Sigüenza, “hunde su raíz en edades muy viejas. Los griegos fueron turistas de Etruria, de Asiria, de Roma; turistas aprovechados y provechosos: vendían un ánfora y se dejaban una leyenda, un mito, un nombre de Dios, la claridad de una cultura”. Como los romeros y peregrinos, los turistas dejaban una huella enriquecedora en la tierra que visitaban, su paso no dañaba la hierba que pisaban. “El verdadero turismo origina una técnica de viaje y de curiosidad arqueológica. Pero junto al tronco de toda técnica se cría siempre la hierba borde de la afición. Son tiempos ahora de afición; es decir, de facilidad”.

Y del turismo salta Siguënza al excursionismo, que maldice por su carácter invasor, por la prisa del que se agobia por registrar los lugares que visita sin mirar.

“El pueblo más escondido, los campos más silenciosos, ya están a merced de un Ford bronquítico. Un día de fiesta, un automóvil de familia o de amigos, y ya la comarca que Sigüenza caminó a pie o en jumento y que le acogió en toda su pureza se queda desgarrada de bulla de ciudad, delante de todos los ojos”.

Al carácter depredador del excursionista se suma su rechazo del silencio contemplativo y su perentoria necesidad de ensuciar con ruido la calma secular del campo: “jarana, júbilo colectivo, emoción en mangas de camisa o con guardapolvo de dril. Facilidad y proselitismo. El veraneante que se aburre apetece el grupo; se origina la colonia; querencia inflamada de los lugares; prurito de mejorarlos. El campo se trueca en arrabal y patio, en un número de programa de festejos estivales”.

Ese hombre de aluvión, caído como una plaga sobre la tierra que maltrata con sus pisadas, quiere posesionarse del paisaje, hacerlo suyo y reacomodarlo a su conveniencia, porque no sabe mirar sin codicia.

“Si además hubiera ruinas, más o menos gloriosas, el excursionista aconsejará el derribo, el aprovechamiento y hasta las restauraciones. El excursionista se complace en una parcela de campo a costa del paisaje. Le agrada concretamente un sitio, y los ojos que ven con precisión, con limitación, un paisaje, se cansan pronto de mirarlo. De otra manera, también confinada, se sirve del paisaje el elegante y el deportista: para jugar en él separados de él. A la postre, en un fragmento del campo realizan el mito de sentirse dueños de la creación, sin importarles la creación; y de toda la Naturaleza, lo único que no tiene límite ni contorno que le inquiete son ellos”. No hay, ni puede haber, fusión entre el paisaje y los advenedizos que se asoman a él con ojos de mercaderes.

“Muchas veces ha proclamado Sigüenza […] que el paisaje natal, el nuestro, es el que nos mantiene la emoción y la comprensión de todo paisaje. Pero un paisaje para un lírico es el paisaje, la evocación de todos, con lo que puede poblarlo nuestra vida y con las regiones solitarias de nuestra vida. Un paisaje, y, entre todos, el nuestro, abre la mirada desde lo lineal, desde el rasgo más sutil, hasta la esencia del campo sin confines, y, al contrario del turista y del deportista, Sigüenza no sentirá más agobio de límites que los de sí mismo”. Desde la lírica, desde la contemplación, un paisaje evoca a otros, no se encierra en unos límites que lo coarten.

Ciertamente, esta miopía no es privativa de “las gentes contemporáneas”. Ya la desenmascaró el mismísimo Horacio. “Había momentos en que el poeta no podía resistir más la corte, la política, las visitas, los intelectuales, y se escondía en su granja. Roma entonces, socialmente, quizá se pareciese a España. Era de buen tono el veraneo, el entusiasmo embustero por el sosiego rural, por la Naturaleza, trasladando a ella los mismos gustos urbanos externos -y aquí no repudiamos los refinamientos personales y de hogar, sino los que prueban que de la Naturaleza únicamente se busca un fondo escénico-, con los mismos artificios de calle, de club, de hall de hotel. Simuladores apologistas de un deseo de soledad que escalan una cumbre por una actitud de elegancia”…

El cierre de esas meditaciones de Sigüenza es un elogio al andarín que, como expresó Machado, “hace camino al andar”. El excursionista [concluye Sigüenza] no tiene otro goce ni propósito que llegar a un punto concreto del mundo: valle o cumbre, árbol, peña, playa; y, desde allí, casi únicamente desde allí, mirar a la redonda y volver. Yo, no. Y si soy excursionista, para mí la excursión no consiste en llegar, sino en ir”.

Hasta aquí la revisión de estos textos luminosos de Gabriel Miró. Ojalá la cacareada ‘nueva normalidad’ incorpore la sensatez de amar la tierra de nuestros mayores y de concedernos la pausa para la complaciente contemplación de ese patrimonio inmaterial, amenazado -cuando no destruido- en tantos sitios por una industria turística atenta más que nada al afán de lucro inmediato.


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El impacto en África de la pandemia del coronavirus

africa

¿Por qué son tan bajas las cifras del coronavirus en África? Según Xavier Aldekoa, corresponsal de La Vanguardia para África subsahariana (La Vanguardia, 2 de mayo), puede que África no tenga las herramientas propicias para afrontar con garantías suficientes la pandemia de coronavirus; pero lo cierto es que los números, sin ser positivos, sí eran relativamente bajos a principios de mayo. Solamente Marruecos, Egipto y Argelia acumulaban 1.000 muertes del total de alrededor de las 1.600 de toda África. Entre las causas de la poca mortalidad en todo el territorio habría que considerar la baja media de edad y los aspectos climatológicos del terreno.

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El 11 de mayo, Norberto Paredes se preguntaba en BBC : ¿qué hay detrás de la aparente resistencia del continente africano a la pandemia”?

Desde que se reportó el primer caso en África, el 14 de febrero, medios de comunicación en todo el mundo, expertos, gobiernos y hasta la Organización Mundial de la Salud pronosticaron una “catástrofe” en el continente.

Aunque los expertos advertían que todavía era muy pronto para cantar victoria, el ‘desastre inminente’ que vaticinó John Nkengasong, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, aún no había ocurrido.

Mientras que Europa contabilizaba entonces más de 1,5 millones de casos confirmados, Estados Unidos superaba los 1,3 millones y América Latina se acercaba a los 250.000, el continente africano había reportado alrededor de 55.000 contagios.

Su relativamente baja cifra de muertos sorprende aún más: hasta el 8 de mayo, esta región del mundo había registrado poco más de 2.000 muertes, un saldo muy inferior al de otros continentes o incluso si se compara con una ciudad como Nueva York, que ya ha superado las 20.000 víctimas mortales.

Estos números impresionan más si se toma en cuenta que África es el segundo continente más poblado.

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Según las noticias más recientes, que tomamos de El País, 27 de mayo, África supera el umbral de los 120.000 contagios y suma 3.613 fallecidos por el covid-19. Sudáfrica es el país con más casos (24.264). Egipto, por su parte, registraba el 26 de mayo un nuevo máximo diario de contagios: 789 en 24 horas.

La lectura íntegra de ese artículo, que recomendamos vivamente, permite recabar una información bastante minuciosa, con desglose por países: Libia, Senegal, Kenia, Sudáfrica…