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Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades


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Manuel Ferrer Muñoz. Ausencias

La mayoría de los lectores de La Clave son jóvenes, aunque imagino que no faltan veteranos que compartirán puntos de vista y experiencias por los que el autor de estas líneas ha atravesado en los últimos años: modos de pensar y usanzas que seguramente avivarán en ellos recuerdos similares. A unos y otros -jóvenes y menos jóvenes- se dirigen estas reflexiones nacidas de la propia vida y maduradas entre alegrías y penas.

En la vida del jubilado hay, indudablemente, sobradas razones para el júbilo y el gozo, aunque no se traduzcan en una algazara estruendosa como la que suele experimentarse en los años de juventud. El cese de las obligaciones laborales y la oportunidad de gozar sin límites de la vida familiar constituyen poderosos estímulos para la alegría. Resulta además casi inevitable que, en el curso de una vida laboral dilatada, por muchas satisfacciones que ésta haya brindado, se acumulen decepciones y frustraciones, más frecuentes y de más hondo calado en sus últimos tramos, cuando se contempla el entorno con la calma del que ya no necesita acreditar méritos, en contraste con la actitud de muchos jóvenes arribistas, ávidos de crecer y de deslumbrar, poseídos de un entusiasmo paranoico que no pocas veces se sustenta en una visión ególatra de la vida y una distorsionada estimación de la propia valía. La universidad, el mundo del derecho, la política, los quehaceres relacionados con las nuevas tecnologías, constituyen terrenos abonados para esas conductas no pocas veces prepotentes y ridículamente vanidosas.

¡Qué tiempos aquéllos en que la senectud era sinónimo de prudencia y sensatez, hasta el punto de que la voz de los ancianos solía orientar las grandes decisiones políticas! Hoy el viejo es un fantoche inservible, un elemento retrógrado, una rémora para las arcas públicas, por mucho que se viertan ríos de tinta en hipócrita elogio solidario de eso que estúpidamente se llama la tercera edad. Basta observar las edades de personas que, apenas entradas en la década de los cuarenta, ocupan ministerios de gobiernos nacionales, regionales o locales, para verificar el valor descomedido que se otorga a la juventud en la política profesional. ¿Y qué decir de las jubilaciones anticipadas en el mundo de la banca, en busca de captación de nuevos talentos muchísimo peor remunerados que aquellos a quienes relevan, cuyos salarios habían ido creciendo en función de la antigüedad hasta el punto de convertirse en ‘inasumibles’ por los adinerados miembros de los consejos de administración de los bancos?

Qué distantes de las jóvenes promesas en las ciencias sociales se sienten profesores e investigadores universitarios de la generación anterior, moldeados en una tradición en que la formación intelectual relegaba a un segundo lugar instrumental lo metodológico y enfatizaba una visión más integradora del saber, sustentada en un conocimiento de las grandes líneas del pensamiento filosófico, de la historia, de las bases de la propia civilización.

¿Qué sabrán esos nuevos paladines del saber científico de Aristóteles, de San Agustín, de Lutero, de Spinoza, de Kant o de Hegel? ¿Habrán leído algo de Dante, de Santa Teresa de Jesús, de Molière, de Shakespeare, de Cervantes, de Voltaire, de Balzac? ¿Sabrían encuadrar históricamente a personajes como Séneca, Flavio Valerio Constantino, Marco Polo, Juan de la Cosa, Juan Huss, Horatio Nelson, Benito Juárez…?

La nostalgia que, de modo inevitable, mora cerca de cada jubilado le incita a comparaciones dolorosas y acentúa su espíritu crítico ante las decisiones de los gestores políticos, de los grandes capitalistas, de los autodenominados intelectuales, y ante los vergonzosos espectáculos televisivos, o la triste realidad de unos medios de prensa vendidos y sumisos sin recato a los intereses de quienes los financian.

El hombre y la mujer entrados en años trazan balances de la historia reciente que cortan las alas al optimismo, y prevén el advenimiento irremediable de desastres naturales que, en un tiempo que se acorta cada vez más, convertirán la Tierra en un planeta aún menos acogedor. Pero ante la conciencia de esos vacíos, de esas ausencias de talento, de vergüenza, de ética, de independencia de criterio, las mujeres y los hombres mayores tienden a sellar sus labios para no ser tachados de profetas agoreros de desgracias. Por lo demás, si hablaran, ¿quién daría crédito a sus palabras?

Y, sin embargo, sería desleal con los nuestros -familiares, amigos, entorno social- mirar hacia otra parte, bajar la cabeza y hacer mutis por el foro. Recordemos, con Unamuno, que el sufrimiento nos hace personas, y enfrentemos la ola de miseria y de podredumbre que amenaza con devorarnos con el valor de quienes no se rinden, porque ansían rescatar los valores de nuestros antepasados que una horda de vándalos se ha empeñado en aniquilar.

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Manuel Ferrer Muñoz. La sumisión de los ciudadanos al Estado

Hace más de dos siglos, los súbditos de algunos países europeos empezaron a convertirse en ciudadanos titulares de derechos y de deberes. Este giro revolucionario constituiría uno de los elementos claves que marcaría la desaparición del Antiguo Régimen.

Los totalitarismos del siglo XX, que golpearon con fuerza al Viejo Continente, no lograron derribar la fortaleza de los Estados liberales, que, para adaptarse a los nuevos tiempos, evolucionaron hacia el modelo de la socialdemocracia, concebido como una rectificación parcial del individualismo liberal para reforzar las instancias públicas y contener el ‘desenfreno’ liberal, permaneciendo intactos los principios políticos básicos del liberalismo democrático.

La segunda década de la actual centuria asistió en algunos países de Europa a un renacer apresurado y efímero de los modelos comunistas, supuestamente purificados de la brutalidad de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, de sus satélites del este de Europa, y de los bárbaros experimentos registrados en países asiáticos, de los que no se libra la China de Mao. Y los partidos socialistas occidentales, que habían abrazado mayoritariamente el credo socialdemócrata, acometieron la búsqueda de unas renovadas señas identitarias que impidieran la fuga de sus votantes hacia formaciones políticas más genuinamente de izquierdas. Fue éste el caso del Partido Socialista Obrero Español que, de la mano de su actual secretario general, ha emprendido una trayectoria desconcertante y errática, asumiendo cuantas causas puedan reportarle votos, por más que esas reconversiones sucesivas empiecen a marcar una deriva hacia ninguna parte.

Profesionalizada cada vez más la actividad política y alejada de su sentido originario de defensa de los intereses de los ciudadanos, en muchos países se ha convertido en un envidiable medio de vida, bien remunerado, que garantiza un régimen de privilegios a quienes ingresan en las estructuras partidistas y se acomodan en ellas con vocación de perennidad.

La consecuencia lógica del auge y desarrollo de esa nueva ‘aristocracia’ -llamémosla así- es un alejamiento creciente y alarmante entre gobernantes y gobernados, convencidos estos últimos de la inanidad de sus esfuerzos por desmontar el tinglado de intereses creados.

Obviamente, quienes detentan el poder -según el riguroso significado del verbo detentar, desconocido por la ignorante clase política- se esfuerzan por garantizar su permanencia en los centros de decisiones y de manipulación, al costo que sea. Y, conscientes del desprecio que inspiran en la sociedad civil, traman mil argucias legales para perpetuarse en su pequeño mundo paradisíaco por medio de la eliminación de contrapesos y de organismos autónomos de fiscalización.

Sentados esos precedentes, y tras la insólita experiencia de la pandemia del coronavirus y de los poderes excepcionales que asumió el Ejecutivo tras la proclamación del estado de alarma, se entiende que las neuronas de los asesores del césar que gobierna reclamando para sí la confianza ciega de los españoles -los pocos que quedan, si se excluye a catalanes, vascos, gallegos…-, se ocupen en diseñar mecanismos que prevengan el peligro de una reasunción por los ciudadanos del espíritu crítico. Por eso, la demencial y aberrante política en materia educativa, que conducirá a la canonización de la idiotez; por eso, la creciente censura de la libre expresión, y, quién sabe si también por eso, el anteproyecto de reforma de la Ley de Seguridad Nacional aprobado recientemente en el Consejo de Ministros, que no ha tardado en levantar suspicacias y recelos entre intelectuales no adoctrinados, que, aun desconocedores de los detalles de la reforma, alertan de «importantes riesgos» de extralimitaciones y abuso de poder del Ejecutivo, y de la amenaza que se cierne sobre derechos fundamentales de los ciudadanos.

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Imaginación o Barbarie, núm. 24. Edición especial: S.O.S. Colombia

Índice

·         A nuestros lectores. Equipo editorial IoB.

·         El reino de los 7 enanitos por John Castro Lozano

·         Una generación de cristal templado por Sergio Olave Rodríguez

·         Las disputas por la justicia cultural: otro aspecto presente en el Paro Nacional por Yusmidia Solano Suárez

·         Colombia desnuda. Des-adaptarse para hacerse cargo por Oscar Espinel

·         ¿Qué le digo a Flor? por Jairo Benavides Martínez

·         ¿Cuál es el problema entonces? por Manuel Mejía

·         Ilustraciones en el marco del Paro Nacional por Yonathan Virgüez Rodríguez  – Libreta de Bocetos

·         Soy sangre de Colombia por Mario Hurtado

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Presentación del libro de Francisco Javier Sánchez-Verdejo. Última parada: La estética del terror radiofónico

El sábado, 10 de julio, tendrá lugar la presentación del libro de Francisco Javier Sánchez-Verdejo Pérez, Última parada: La estética del terror radiofónico o cómo pasar del microrrelato a la lectura dramatizada. Ediciones Atlantis.

Lugar y hora: Madrid, Casa de Castilla-La Mancha (C/ de la Paz, 4), 19 horas.


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El creador del informe PISA: “La educación en España prepara a los alumnos para un mundo que ya no existe”

Entrevista con Andreas Schleicher,  padre del informe PISA, la mayor y más influyente prueba educativa internacional, organizada por la OCDE. PISA mide los conocimientos en matemáticas, ciencias y lectura de los alumnos de 15 años y ofrece una gran radiografía comparada de los sistemas educativos: en 2018 participaron 79 países.

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P. En España supone un gran cambio desde el actual currículo (el sistema de aprendizaje y evaluación), que suele describirse como enciclopédico, con centenares de ítems muy específicos de cada asignatura que los alumnos deben aprender y los profesores evaluar.

R. El actual currículo en España tiene, digamos, un kilómetro de amplitud y un centímetro de espesor, y creo que no es bueno para los estudiantes. El futuro para España debería pasar por enseñar menos cosas, pero de forma más profunda, generando más compresión. Apilar por ejemplo muchos contenidos de Física y Química por sí solo no va a resultarte de gran ayuda. La cuestión es: ¿puedes pensar como un científico, diseñar un experimento?, ¿entiendes el concepto de causa y efecto? Eso es lo más importante. Y lo mismo sucede con la Historia. Recordar todos los nombres y lugares no te ayuda. La cuestión es: ¿puedes pensar como un historiador, entender cómo ha emergido y evolucionado la narrativa de una sociedad? El mayor éxito de la escuela es dar a los jóvenes estrategias y actitudes para que cada día puedan aprender y puedan también desaprender y reaprender cuando el contexto cambia.

R. Cambiar el currículo siempre exige mucha valentía. Todos nos ponemos muy ansiosos cuando nuestros hijos dejan de aprender lo que solía ser importante para nosotros. Y nos ponemos todavía más ansiosos cuando empiezan a aprender cosas que ya no entendemos. Es un fenómeno habitual. Pero el mundo a nuestro alrededor está cambiando. Las cosas que eran fáciles de enseñar y evaluar son también fáciles de digitalizar, automatizar y externalizar, y están desapareciendo de nuestro entorno.

P. Una de las críticas al cambio sostiene que perjudicará especialmente a los alumnos de aquellas familias que no tienen la cultura o el dinero necesarios para proporcionarles conocimientos adicionales fuera de la escuela.

R. Hay mucha gente en España que completa titulaciones universitarias avanzadas y tiene dificultades para encontrar un buen trabajo. Y al mismo tiempo, los empleadores españoles dicen que no encuentran a las personas con las habilidades que necesitan. Ese es el problema fundamental. Tienes al sistema educativo preparando para un mundo que ya no existe y no haciéndolo para el mundo que estamos viendo emerger. Es duro para los padres aceptar que el mundo de nuestros hijos es diferente a la imagen que tenemos del nuestro. Pero en eso consiste la educación. En preparar a los estudiantes para su futuro, no para nuestro pasado.

P. Un sector de los docentes también rechaza el nuevo modelo educativo.

R. Es duro, si siempre has enseñado de determinada manera, cambiar tus hábitos, planteamientos y creencias. Creo que es muy importante apoyar bien a los profesores en el cambio. No puedes decir simplemente: cambiamos el currículo, arréglatelas. El sistema debe invertir para ayudarles y prepararlos. De otra manera, los cambios no desarrollan raíces profundas.

P. Algunas autonomías españolas han puesto en marcha el aprendizaje por ámbitos de conocimientos, la mezcla de asignaturas, por ejemplo Lengua e Historia o Matemáticas y Tecnología, para hacer el aprendizaje menos compartimentado y más aplicado. ¿Qué opina?

R. Es muy importante que los estudiantes sean capaces de pensar más allá de los límites de las asignaturas. La innovación hoy no consiste en ser muy, muy bueno en un aspecto muy restringido, sino en ser capaz de conectar los puntos. Así que me parece muy prometedor. Pero es muy difícil hacerlo bien. Si quieres que los estudiantes piensen más allá de los límites de las disciplinas, los profesores tienen que colaborar más allá de esos límites. El profesor de Historia y el de Lengua deben trabajar juntos para implementarlo bien. Es una idea sencilla y buena, pero hacerla bien requiere mucha capacidad.

P. Ha habido una gran diferencia en la duración de los cierres escolares, incluso entre los países desarrollados. En España los colegios se han mantenido siempre abiertos este curso, pero en otros lugares los cierres han durado más de un año. ¿A qué lo atribuye?

R. El caso de España ha sido muy impresionante. Cuando se produjo el cierre escolar el país también fue muy rápido a la hora de establecer una alternativa digital. Las autoridades lo han hecho bien. Las diferencias tienen que ver con la prioridad que da a la educación cada sociedad. ¿Cierras primero los centros comerciales o las escuelas? Suecia nunca cerró las escuelas primarias. Incluso cuando la situación de la pandemia era muy grave lo consideraron una prioridad. También tenían la capacidad. Depende mucho de tener profesores que puedan manejar bien la pandemia en la escuela.

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Comunicar, 68

Se ha publicado recientemente el último número de Comunicar, 68, con el título: “Redes, movimientos sociales y sus mitos en un mundo hiperconectado”.

Como en anteriores ocasiones, la revista cuenta con una sección monográfica y una amplia variedad de artículos en la sección Miscelánea. Todos los artículos están disponibles a texto completo y de manera gratuita en la web oficial:

http://grupocomunicar.mailrelay-iii.es/mailing/2014263/82.html?t=5c53494b5800035352400d5d065f033150565750050d07080d0d52575755085753151b0c05565954420406


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Juan Carlos Garzón y Alberto Sánchez. Cali: la protesta y las varias violencias

Una mezcla compleja

El estallido social durante el paro nacional mostró la cara más activa y pacífica de la ciudadanía, pero también exhibió distintos tipos de violencia (incluida la estatal) y creó una crisis que parece no tener solución.

Cali se convirtió en uno de los epicentros de la protesta, la movilización y la violencia en Colombia. Allí mientras los grupos armados intentan sacar ventajas, la exagerada respuesta del gobierno revela y empeora los problemas políticos y sociales de esta urbe.

La situación actual es complicada y no puede reducirse a los enfrentamientos entre los manifestantes y la fuerza pública, ni a la presunta conspiración gestada por las organizaciones criminales que pretenden desestabilizar el país. En realidad, existen muchas capas superpuestas.

Además de su dimensión política y social, el paro tiene implicaciones en el ámbito de la seguridad. Por eso es necesario dialogar sobre la violencia y el papel de quienes la usan. Subestimar este último punto contradice el deber de proteger a los manifestantes y de enfrentar las dificultades de manera diferenciada y proporcional.

Cali: el orden en disputa

Desde mediados de los años ochenta, Cali carga con el peso de ser una de las ciudades más inseguras y violentas de Colombia.

Cali es el centro estratégico de una región marcada por la fragmentación territorial y la proliferación de las economías ilícitas. Esta situación acentuó la desigualdad socioeconómica, la violencia crónica y la corrupción política que afligieron a los ciudadanos.

La violencia en la ciudad surgió como un mecanismo paralelo de orden, distribución de recursos y construcción de legitimidad, desde la presencia del M-19, la respuesta militar y la disputa entre el Cartel de Cali y el Cartel de Medellín, hasta la implosión del Cartel del Norte del Valle.

Sobre las ruinas de aquellas jerarquías proliferó la actividad de bandas criminales, oficinas de cobro, rebuscadores, mediadores, “traquetos”, sicarios independientes y pandillas que tras casi treinta años no acaban de conformarse.

A diferencia de Medellín, donde una operación criminal cada vez más ordenada desembocó en la regulación criminal del uso de la violencia, en Cali ese orden es fragmentado, con una estabilidad que depende de la capacidad de pagar la nómina.

En la ciudad confluyen tres tipos de violencia:

  • La violencia diaria que va desde riñas entre conocidos y desconocidos hasta la violencia intrafamiliar.
  • La violencia “autoafirmativa” que ejercen los criminales con poca organización y capacidad armada.
  • Y la violencia organizada de quienes tienen poco arraigo territorial, pero mucho armamento y disciplina interna.

Las violencias y el paro

Actualmente la violencia se privatizó y ahora atraviesa las relaciones sociales. En este contexto es importante preguntarse cómo se desarrollan la movilización y la protesta, teniendo en cuenta que la capacidad de respuesta de las instituciones es reducida.

La respuesta no es fácil: no es suficiente con identificar si hay infiltraciones o si las organizaciones criminales están detrás de los hechos violentos. El asunto es saber cómo se expresan y exacerban las condiciones de base en medio del paro.

La situación actual revela las complejidades de la seguridad que atraviesan la vida de los ciudadanos, pero que el Estado suele simplificar con el uso de categorías como las de “riñas”, “intolerancia” o “ajuste de cuentas”.

Por eso importa reconocer (1) La herencia del conflicto armado, (2) El hecho de que las distintas formas de violencia organizada y su privatización juegan un papel importante y (3) la manera infructuosa como el Estado entiende la seguridad —con la inercia de la lucha contrainsurgente y la identificación del “enemigo”.

Tensiones acumuladas

Lo ocurrido el 21 de noviembre de 2019 fue una alerta sobre los riesgos de la desigualdad, el racismo, la exclusión, la corrupción y el uso de la violencia. Pero el gobierno no le prestó atención.

Por eso las restricciones impuestas para contrarrestar la pandemia agravaron la situación y exacerbaron la incertidumbre y exclusión, así como la desconfianza en las instituciones.

Debido a esto la convocatoria del paro nacional conectó los motivos nacionales con los locales (e incluso con los microlocales) que no lograron tramitarse a lo largo del último año.

La movilización que comenzó el 28 de abril fue masiva y pacífica, pero —como ocurrió en noviembre de 2019 —también dio paso al vandalismo, los bloqueos, la destrucción de la infraestructura y los saqueos y hostigamientos a las estaciones de policía. El Estado respondió desplegando el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) y otras especialidades de la Policía Nacional.

Esto causó enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes. El resultado fue el uso excesivo de la fuerza, la extralimitación de funciones y los casos susceptibles de investigaciones penales (homicidios, lesiones, acoso sexual, omisiones y violencia verbal) por parte de los uniformados. También se registraron civiles armados operando y disparando en conjunto con algunos miembros de la Policía Metropolitana de Cali.

Los rumores proliferan en medio de la crisis; el panorama es confuso y no está exento de estigmatización y acusaciones creadas en el calor de los hechos.

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Delfín I. Grueso. Las raíces del descontento social en Cali

“Odio a Cali, una ciudad que espera, pero no les abre las puertas a los desesperados”
Infección, Andrés Caicedo.

El régimen y la ideología

Esta cita de Andrés Caicedo podría servir para entender por qué el Paro Nacional en Cali adquirió una forma particular donde estalló el descontento social.

Otras frases, como las que alaban a esta ‘Sucursal del Cielo’ (definida por Neruda como un ‘sueño atravesado por un río’), podrían describir las líneas de apoyo a los llamados ‘puntos de resistencia’, las expresiones artísticas, las ollas comunitarias; en fin, todo un movimiento organizado, impregnado de calidez barrial y creatividad juvenil. Pero ninguna frase logrará penetrar, como la de Caicedo, en el subsuelo de exclusión social donde se enraízan tanto la voluntad de resistencia como el coraje y el vandalismo.

Que la explosión del descontento no se limita a Cali; nadie lo niega. Que no puede explicarse a partir de tendencias continentales, tampoco. Mas allá de lo local y más acá de lo internacional, está la crisis social nacional: resultado de los estragos producidos por un régimen y por una ideología.

  • Al primero lo definen las reformas neoliberales que van desde Uribe hasta Duque, pasando por Santos. Un régimen que socavó conquistas sociales y alejó ese Estado social de derecho que prometió la reforma constitucional de 1991.
  • La ideología es el uribismo, que se nutre de un otro fantasmal (el ‘narcoterrorismo’, el ‘castrochavismo’, la ‘revolución molecular disipada’) para apuntalar un moralismo patriotero que nos retiene en la retórica de la guerra, mientras anula los compromisos en materia de justicia social consignados en los Acuerdos de Paz.

Apagar el incendio con gasolina

Este paro, que de alguna forma es la segunda parte del que comenzó en 2019, se multiplicó en formas de protesta social que ya no tienen dueño.

El pliego de negociación, que está empolvado desde hace más de un año en algún escritorio de la Casa de Nariño, fue rebasado por una multiplicidad de demandas provenientes de distintas regiones, etnias y sectores de la economía. La juventud, más que nadie, vino identificando su propia agenda.

Y aunque nadie niega el papel de convocante que cumplió el Comité del Paro, es evidente que a mucha gente salió a la calle, en plena pandemia, por la rabia que le producían las actitudes desafiantes de este gobierno, su silencio cómplice frente al asesinato de líderes sociales, su catastrófico manejo de la pandemia, las ‘jugaditas’ a las que acudió para quedarse con los órganos de control y para legislar por decreto.

El presidente no supo tramitar políticamente el momento. Tratemos de entenderlo: no negoció porque no tiene permiso para hacerlo y tampoco tiene liderazgo propio (ni un solo voto propio, ninguna experiencia como concejal de algún remoto municipio o como presidente de una junta de acción comunal). En general, Duque no conoce este país, no tiene empatía con él, y no tiene músculo político para tomar decisiones osadas.

Entonces, fiel al talante ideológico del partido que lo puso allí, no podía hacer otra cosa que reprimir policialmente la protesta. Y esto, debido el historial militarista de nuestra policía, se tradujo en tratar a quienes marchan como el ‘enemigo interno’, llevándose por delante todos los formalismos en materia de derechos humanos y desprestigiándose —si es que puede hacerlo más— en el plano internacional.

Mala táctica: querer apagar con gasolina el incendio que él mismo ayudó a encender con su inhumana propuesta de reforma tributaria.

El estallido en Cali

A Cali no le faltaba sino esa chispa para incendiarse con su propia leña seca.

¿Qué tan lista estaba ya esa leña para la combustión? Es algo que cualquiera puede entender con revisar las cifras del DANE sobre los efectos, tanto de las mencionadas reformas neoliberales como de la pandemia en Cali. Esa revisión de estadísticas puede complementarse con explicaciones más recientes (entre las cuales recomiendo el valioso volumen del Centro de Investigaciones y Documentación Socioeconómica (CIDSE) de la Universidad del Valle, Pensar la resistencia: mayo del 2021 en Cali y Colombia.

En cualquier caso, quien repase las cifras del DANE entenderá cómo las políticas que favorecen al capital financiero acabaron golpeando al aparato productivo de una ciudad que no ha sido predominantemente industrial. Cali no produce empleo al ritmo de su incesante aumento poblacional, pues tampoco cesan las causas del desplazamiento forzado que producen la guerrilla, el paramilitarismo y los carteles de la droga en las áreas circunvecinas.

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José Manuel Castellano. Canarias: el nuevo protectorado marroquí

Canarias es una entidad archipelágica surgida a partir de erupciones volcánicas submarinas en el océano Atlántico, cuyo nombre proviene, según algunos estudiosos, de una raíz proto-indoeuropea (sostener o soportar), vinculada a la mitología griega que hace referencia a Atlas, un joven titán que fue condenado por el dios Zeus a cargar sobre sus hombros el cielo. En cambio, otros lingüistas apuntan la posibilidad de que su origen etimológico pueda proceder de una adaptación a la lengua latina del nombre asignado por los bereberes (pueblo nómada norteafricano) a la cordillera montañosa del Atlas, que se extiende de SO a NE de Marruecos, Argelia y Túnez, desde la costa Atlántica hasta el Mediterráneo.

Un archipiélago desconocido durante la Historia Antigua pero que formaba parte del imaginario mítico de las sociedades grecolatinas, que concebía la existencia del mundo bajo una figura plana y que esas islas se encontraban al borde del precipicio y representaban el paraíso terrenal bajo distintas denominaciones (Islas de los Bienaventurados, Campos Elíseos, Jardín de las Hespérides, Islas Afortunadas), a donde iban a descansar los “hombres buenos” en vida tras su muerte. Unas islas bondadosas, de eterna primavera, con riachuelos de plata, manzanas de oro custodiadas por ninfas y donde se vivía sin sacrificio alguno y en abundancia.

Esa concepción mitológica grecolatina se desmorona sangrientamente a partir de la entrada del Archipiélago canario en la Historia, con las primeras expediciones de reconocimiento a finales del siglo XIV, que daban lugar a la conquista y colonización, por medio de la espada y la cruz, promovida por la “Santa” corona hispana desde 1402 hasta 1496. Un proceso que diezmó de forma considerable a las sociedades originarias asentadas en el Archipiélago (procedentes de las culturas líbico-bereberes norteafricanas) a través de las guerras, las enfermedades introducidas por los conquistadores, la esclavitud y las deportaciones y la imposición de una nueva cultura, una nueva sociedad, una nueva economía, una nueva religión y unas nuevas instituciones.

El mal llamado “descubrimiento de América” (1492) y la posición geoestratégica del Archipiélago, favorecida por la corriente de los vientos alisios, que facilitaba la navegación de las embarcaciones a vela entre Canarias y América, convirtió al Archipiélago en un punto esencial como último puerto europeo de recalada de los veleros que partían hacia el “Nuevo Continente” y en el primer puerto europeo para los que regresaban desde América. Y como consecuencia de ello fue un espacio de intervención para ingleses y franceses a través de acciones corsarias y piráticas, junto al productivo comercio clandestino, para debilitar el papel hegemónico de la corona hispana en el escenario internacional.

Ese fue el primer papel que jugó el Archipiélago como pieza clave en el escenario geopolítico durante gran parte de la etapa moderna, para representar un papel geoestratégico similar durante el periodo contemporáneo. Primero en el contexto emancipador latinoamericano (primer tercio del siglo XIX); después con la intervención imperialista europea en el continente africano (último tercio del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX); posteriormente con la guerra hispano-cubana-norteamericana (1898); seguida por la I y II Guerra Mundial (1914-18 / 1939-45); con la ambición expansionista marroquí sobre la vieja colonia española del Sahara Occidental mediante la “marcha verde” (invasión marroquí del Sahara, 1975); la ocupación militar marroquí del islote Perejil (2002); las reivindicaciones de Marruecos sobre Ceuta, Melilla y el Archipiélago canario; hasta llegar a la reciente aspiración intervencionista militar de los EE.UU. en el continente africano.

La traición española al proceso de descolonización del Sahara Occidental (1975), como ha evidenciado la reciente desclasificación documental de la CIA, donde el propio príncipe Juan Carlos fue informante y negociador ante el gobierno norteamericano para ceder a la pretensión marroquí a cambio de garantizar su corona de Rey; las claras políticas pro-marroquíes de los partidos políticos españoles que han vejado los derechos de independencia reconocidos por la ONU, al pueblo saharaui, que vive continuamente en un estado de represión brutal y criminal; el reconocimiento de la soberanía marroquí del Sahara Occidental por EE.UU. (2020); la normalización en las relaciones entre Marruecos e Israel (2020); junto a la actual crisis de Melilla (2021); las recientes operaciones militares conjuntas entre EE.UU. y Marruecos en las proximidades del Archipiélago Canario (2021); el establecimiento próximo de una base militar en Alcazarseguir (territorio marroquí situado en el litoral mediterráneo entre Tánger y Ceuta), bajo la excusa norteamericana de controlar el terrorismo y garantizar la estabilidad en la región pero con la finalidad real de dominar el Estrecho del Mediterráneo, como punto neurálgico para el intervencionismo logístico en los conflictos actuales del Oriente Próximo y como cabeza de puente en las próximas operaciones militares de EE.UU. sobre los países africanos.

Todo un proceso geopolítico internacional que concluirá en un futuro próximo con unas Canarias bajo el protectorado marroquí, en el mejor de los casos, o en una provincia más del reino alauita, en la peor de las posibilidades.

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